Y llegamos a la fatídica fecha del jueves, 1 de octubre de 1975. Que fue aciaga para la Policía española y para el país en general. Fueron asesinados simultáneamente en Madrid cuatro miembros de la Policía Armada. Parece que la fecha no fue buscada de propósito por los asesinos, aunque luego la tomaran para su autodenominación, pero la trascendencia de sus crímenes fue aún mayor al coincidir con la que sería última aparición de Franco en el balcón de la Plaza de Oriente ante muchos miles de personas allí congregadas en desagravio por la actitud de varios países europeos que condenaban los fusilamientos del 27 de septiembre anterior de cinco terroristas asesinos de miembros de las Fuerzas de Orden Público, como hemos señalado. Nadie recordaba a los seis asesinos perdonados ni mucho menos a las víctimas de ellos. Pero el PCE (r) quiso tomar su “represalia” en venganza por los repetidos fusilamientos
Por aquel entonces la Policía Armada prestaba servicio de vigilancia en entidades bancarias, circunstancia conocida por la banda, que eligió a los policías que se hallaban en bancos situados en la Avenida del Mediterráneo y en las calles Marqués de Corbera, Agustín de Foxá y Valmojado, en el barrio de Aluche.
Agustín Ginés Navarro prestaba servicio en la sucursal de Banesto de la Avenida del Mediterráneo 17. Fue asesinado por un grupo mandado por Cerdán, “Costa” e integrado por Pío Moa, “Verdú” y un estudiante de la ODEA (Organización de Estudiantes Antifascistas), una pantalla del PCE (r), que conducía el coche utilizado en el crimen. Cerdán hizo los disparos. Falleció en la Residencia Sanitaria Francisco Franco a consecuencia de graves lesiones por arma de fuego.
Según relataron los empleados a la prensa (ABC), el policía había recibido unos disparos y sus atacantes, no satisfechos con los balazos le habían golpeado además con un martillo o una barra de hierro. Pío Moa recogió el arma del muerto según declararía Cerdán, que había robado el coche.
En 2004 Pío Moa declaró en “Crónica”, del diario “El Mundo”, que según algunos testigos, le habían visto golpear con un martillo al policía herido de muerte, pero en realidad, dijo: “… el cuerpo del policía tapaba la funda de su arma, me incliné sobre él, lo volteé ligeramente para poner la funda al descubierto, y, procurando emplear los nudillos, no las yemas de los dedos para no dejar huellas dactilares, la abrí y extraje el arma… no hubo, por tanto, martillazo, aunque algunos testigos, viendo desde atrás que me inclinaba sobre el cuerpo con un martillo en la mano, pudieron pensar otra cosa.
Agustín Ginés era natural de Viso del Marqués (Ciudad Real), contaba 45 años, llevaba 15 de servicio en la Policía Armada y dejó viuda y dos hijos.
Antonio Fernández Ferreiro estaba de servicio en otra sucursal de Banesto de la calle Marqués de Corbera 30. Otro grupo de asesinos lo mató en la puerta del establecimiento. Eran Delgado de Codes, Bueno de Pablos y Sánchez Casas. El autor material de los disparos fue Bueno de Pablos. Una vez abatido en el suelo lo remataron de varios disparos más. Falleció en la Residencia Francisco Franco
Antonio Fernández contaba tan sólo 23 años, llevaba meses prestando servicio en el Cuerpo y se hallaba aún en el período de prácticas. Era natural de Baleira Cubileiro (Lugo).
Los asesinos Abelardo Collazo, Ballmón Castells, ayudados por otro que se quedó en el coche, fueron quienes mataron al policía Miguel Castilla Martín que se hallaba custodiando la entidad bancaria de la calle Agustín de Foxá 23, próxima a la Plaza de Castilla. Miguel no murió instantáneamente. Fue intervenido quirúrgicamente dos veces en el cerebro donde tenía alojada una bala. Entró en estado de coma y falleció el 8 de octubre. Natural de Morcejón (Toledo), contaba 31 años de edad, estaba casado y era padre de una hija de tres. Llevaba nueve en al Policía Armada.
En la oficina del Banco Occidental de la calle Valmojado se hallaba de servicio Joaquín Alonso Bajo. Fue asesinado por disparos hechos con una escopeta de cañones recortados, es decir como trabajan los atracadores, con la temible lupara siciliana para cazar lobos. Los autores del crimen fueron Manuel Gil Araújo y Fernando Hierro Chomón, autor de los disparos. Falleció en el Hospital Gómez Ulla a causa de las heridas. Todas las armas fueron llevadas a casa de Cerdán.
Joaquín tenía 33 años. Natural de la salmantina Vitigudino, llevaba nueve años en la Policía Armada. Dejó viuda y una hija de dos años de edad.
El Gobierno en pleno, presidido por Carlos Arias Navarro, asistió al funeral por los asesinados en la explanada de la Academia de Policía Armada, en Canillas. Asimismo estuvieron el Presidente de las Cortes, el del Tribunal Supremo, Fiscal del mismo, presidente del Consejo Supremo de Justicia Militar, capitán general de la I Región Militar y otras autoridades. Asistieron más de cuatro mil personas.
Es de destacar que el día 2 la Diputación Provincial de Vizcaya otorgó la Medalla de Oro de la provincia al Cuerpo de Policía Armada. Esa misma distinción había sido otorgada recientemente al Cuerpo General de Policía y al de la Guardia Civil.
La prensa de la época, incluida la BBC londinense, atribuyó en principio los asesinatos al FRAP, y hasta que fueron detenidos los verdaderos autores en la desarticulación de los GRAPO en 1977, no se sabría la verdad. Los datos de estos asesinatos fueron facilitados en su día por el director general de Seguridad en rueda de prensa. Pocos meses después se produciría el primer indulto.
Días más tarde, atentan contra la Policía Armada en Barcelona. Cinco muertos
A la una de la madrugada del 7 de octubre, varios individuos, desde el interior de un coche Morris, ametrallaron la fachada principal del cuartel de la Policía Armada de la Verneda, en Barcelona. Los policías del servicio de seguridad del cuartel repelieron la agresión, produciéndose un intenso tiroteo que alcanzó en fuego cruzado a los ocupantes de otro coche, que, desgraciadamente, quedó en medio de la refriega y se produjeron tres muertos entre los cuatro ocupantes del mismo, a saber: José Martínez Vélez, de 50 años, su esposa Antonia Pérez Fuentes, de 49 y el hijo de ambos, Antonio Martínez Pérez, de 22. El cuarto ocupante, Rafael Gutiérrez Porras resultó herido de gravedad
Simultáneamente aparecieron frente al cuartel dos patrullas policiales que regresaban por la calle Prim, alertadas por el ruido de los disparos. Fueron también víctimas del fuego cruzado el cabo 1º Antonio Alba Escalera y el cabo José Antonio San Nicolás Sánchez que fallecieron. Un tercer miembro de la patrulla, Manuel Fernández Brito resultó herido.
Las investigaciones policiales indicaron que el ametrallamiento del cuartel había sido obra de un comando de los GRAPO, pero la identidad de los autores no pudo ser esclarecida.
Los funerales por las cinco víctimas se celebraron al día siguientes en la iglesia del Hospital de la Santa Cruz y San Pablo. El duelo fue presidido por el capitán general de Cataluña, teniente general Bañuls Navarro, gobernador civil de Barcelona, Rodolfo Martín Villa, alcalde de la ciudad, Viola Sauret, presidente de la Diputación Provincial, Samaranch Torelló, jefe superior de Policía, Joaquín Apestegui, autoridades civiles y militares, familiares y amigos de los cinco fallecidos etc. Ofició la ceremonia el vicario general castrense fray José López Ortiz.
Las honras fúnebres por el alma del cabo José San Nicolás tuvieron lugar en Abanilla (Murcia) y a ellas asistieron el gobernador civil de la provincia, el gobernador militar accidental y otras autoridades. La misa fue concelebrada por seis sacerdotes, entre ellos el vicario episcopal José María García, que ostentaba la representación del obispo de Cartagena.
José Antonio San Nicolás Sánchez había nacido en 1948 en Abanilla e ingresado en el Cuerpo en 1971, siendo destinado a Barcelona
El funeral por Juan Antonio Alba tuvo lugar en la capilla del acuartelamiento de Córdoba. Al mismo asistieron el gobernador civil Mariano de Nicolás, gobernador militar, general Rey Ardid y nutridas representaciones del Ejército, Policía Armada, Cuerpo General de Policía, Guardia Civil, familiares y amigos del difunto. Finalizada la ceremonia fue enterrado en el cementerio de San Rafael.
Juan Antonio Alba Escalera había nacido en Córdoba en 1945 y había ingresado en la Policía Armada en 1970, siendo destinado a Barcelona
Campaña terrorista del 18 del julio del PCE (r) y gran respuesta policial
El 18 de julio era la fecha emblema del régimen de Franco que conmemoraba el día del Alzamiento Nacional, es decir el inicio de la Guerra Civil. Y el Partido Comunista de España (reconstituido) quiso sumarse a la conmemoración, a su manera: sembrando el terror.
Lo hicieron en catorce ciudades, en las que tenían alguna implantación, a lo largo y ancho de la península. La campaña consistió en las siguientes actividades, teniendo como eje dicha fecha:
El día 17 se produjo el lanzamiento de dos cóckteles molotov contra la Jefatura Local del Movimiento en Sans (Barcelona), otros dos cóckteles fueron lanzados contra coches de la Policía Armada en Madrid y otros cuatro contra autocares del Parque Móvil de los Ministerios. En Vigo la explosión de un artefacto en la Delegación de Sindicatos produjo serias heridas a cinco personas. Y finalmente, en Hospitalet hubo explosivos contra el Monumento a los Caídos.
El día 18, explosionaron artefactos en la Delegación de Sindicatos de Barcelona, Baracaldo y Bilbao; en El Ferrol explosiona otro en la Cruz de los Caídos; en Labajos (Segovia) son tres las bombas que lo hacen en el monumento a Onésimo Redondo; en Madrid, se registran explosiones en el Consejo Nacional del Movimiento, dos en el Ministerio de Justicia (causando dos heridos), dos más en un centro sindical, y otro en el monumento a los Caídos. También se descubrió otra, que no explosionó, en el Gobierno Militar.
En San Fernando (Cádiz) no fueron tan violentos, se limitaron a lanzar pintura roja contra un monumento al Ejército y otro al del general Varela.
En Sevilla arrojaron también pintura roja al monolito a los Alféreces Provisionales, al monumento a los Marineros Voluntarios y al de José Antonio Primo de Rivera. Lanzaron cóckteles al Banco de Madrid y a El Corte Inglés y explotaron dos bombas, una en la Jefatura Provincial del Movimiento y otra en los Juzgados de Instrucción.
En Valdepeñas (Ciudad Real) fueron más modestos, tan solo explosionó un artefacto en el monumento al Ángel de la Victoria, y en Zaragoza solamente se registró el lanzamiento de un petardo contra el Gobierno Civil.
El día 19 se registró el lanzamiento de otro cócktel contra el monumento a los Caídos. Ese mismo día explosionó un artefacto en la Magistratura del Trabajo en Gerona
Para finalizar, el día 31 se registra una explosión en el Palacio de Justicia de Barcelona, otra en el monumento a los Caídos de Bilbao, lo mismo que en el de Madrid y en el Juzgado Municipal de Pontevedra. Finalmente hubo una última explosión en el monumento a Cristóbal Colón de Sevilla, pero ésta con resultado inesperado: murieron los dos terroristas.
No puede calificarse, pues, de jornadas sangrientas, pues salvo este último incidente y los heridos mencionados, no hubo más sangre, pero tampoco se trataba de eso, sino de llamar la atención y eso sí lo consiguieron.
Esta vez los GRAPO si asumieron la autoría de la campaña de bombas. A la delegación vasca del desaparecido diario Pueblo llegó una carta titulada: “El pueblo será libre si empuña las armas” y en el texto se indicaba: “Hemos elegido este 18 de julio, símbolo de la sublevación fascista, pero también fecha en que los pueblos de España comenzaron su resistencia armada contra el fascismo para proclamar la formación de los Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre”.
Con lo que no contaban los terroristas era con la rápida y eficaz reacción policial.
Fueron detenidos en Bilbao:
Joaquín Calero Arcones, que se resistió muy violentamente y con gran escándalo; había sido el autor intelectual del atraco a la empresa Artigraf, de Bilbao y planeó los atentados del 18 de julio en la capital vasca y Baracaldo. Tenia una pistola.
Josefina García Aramburu, esposa del anterior, quien, armada con la pistola que se le intervino colocó los explosivos en Bilbao y Baracaldo.
Pedro María Martínez de Ilarduya Aguirre, que también se resistió violentamente; participó en el atraco a Artigraf y fue el autor material de las explosiones habidas en las oficinas sindicales de Bilbao y Baracaldo.
Ignacio Veiga Tobía y su esposa Maria Luz Pérez Barrientos, que tenían en su domicilio el aparato de propaganda del partido y una pistola. En ese aparato de propaganda se confeccionaba el panfleto Bandera Roja, con una hoja suplementaria para Euzkadi.
En Barcelona lo fueron tres individuos pero no se les puso probar su participación en los hechos. En Cádiz se asestó un fuerte golpe al aparato de propaganda con diez detenciones, entre ellas las de: María Aurora Varo González y Rosa María Díaz Domínguez. En Córdoba lo fueron siete, de no mucha relevancia orgánica.
En Jerez de la Frontera lo fue Luis Torrijos Cantero que adquiriría notoriedad posteriormente con motivo de otra detención.
En Madrid se practicaron varias detenciones, entre ellas las de las hermanas Maria del Carmen y Rosa María López Millán ambas ex-militantes del FRAP, que se les había quedado pequeño, además de Antonio Calderón Sánchez Rojas, y Enrique Francisco Fossoul de la Sierra.
Tres detenidos lo fueron en el Puerto de Santa María, dos en San Fernando. Uno en Santiago de Compostela: Juan Caamaño Franqueira, novio de Isabel Moa Rodríguez hermana de Pío.
Y, finalmente, en Sevilla fueron dieciséis los detenidos, entre ellos José María Sánchez Casas, responsable de las actividades del partido en toda Andalucía, José Antonio Ramón Teijelo (que, tras agredir a los policías, se quiso arrojar por una ventana a la calle) los hermanos Ángel Luis y Antonio José Bravo Clavel, y Olegario Sánchez Corrales.
Digamos que este brillante servicio policial tuvo su contrapartida en la puesta en libertad poco tiempo después, de la mayor parte de los detenidos en Sevilla, y fue especialmente importante la de Olegario Sánchez Corrales, como veremos a continuación.
También en este servicio policial participó la Guardia Civil, que en Robledo de Chavela halló un bidón de plástico con tres pistolas reglamentarias de la Policía Armada que habían pertenecido a otros tantos de los policías asesinados el uno de octubre pasado en Madrid. Por cierto que uno de ellos había sido muerto con la que le arrebataron al guardia civil asesinado el 2 de agosto de 1975, Casimiro Sánchez Garcia.
Hay que señalar que, según indica Juan García Martin en su libro (4) los medios eran fabricados, casi enteramente por la llamada Sección Técnica, dirigida entonces por Juan Manuel Pérez Hernández, ingeniero de telecomunicaciones, y Victorino Diéguez Guerra, técnico electrónico.
Se les había encomendado la investigación y fabricación de temporizadores electrónicos, capaces de programar con toda seguridad la explosión de cargas con 99 horas de anticipación, lo que permitiría llevar a cabo un considerable número de voladuras en puntos muy distanciados, en un tiempo récord y por muy pocas personas.
