INTRODUCCIÓN
La retirada de monumentos, placas conmemorativas, escudos y nombres de calles vinculados al franquismo ha sido uno de los fenómenos más visibles en la transformación del paisaje urbano español desde la Transición. En las Islas Baleares, este proceso se inició ya a finales de los años setenta, aunque se intensificó especialmente con la aprobación de las leyes de memoria histórica y memoria democrática.
Mallorca, Menorca e Ibiza han visto desaparecer o transformarse numerosos elementos relacionados con la Guerra Civil y el régimen surgido tras el conflicto. Cruces dedicadas a los caídos, placas conmemorativas, escudos institucionales o denominaciones de calles han sido retirados, modificados o reinterpretados. En muchos casos estas actuaciones han generado debates políticos, controversias públicas e incluso reinterpretaciones del patrimonio histórico.
El presente estudio recoge algunos de los casos más significativos en las Baleares, mostrando cómo estos cambios han afectado tanto a monumentos emblemáticos como a elementos más discretos de la memoria pública.
MALLORCA
Quizá uno de los primeros monumentos en caer bajo la piqueta, fue el dedicado a los caídos nacionales en el frente de Porto Cristo (Manacor). Este monumento sería inaugurado el 4 de noviembre de 1937, y recordaba a dichos caídos durante los combates de agosto y septiembre de 1936 contra las fuerzas llegadas de Cataluña bajo el mando del capitán Alberto Bayo. En ese mismo año se inauguró otro en Pollensa, pero de él hablaré en otro apartado. Obviamente una de las primeras cruces retiradas dedicadas a los caídos, fue la que había justo entre la antigua Capitanía General (hoy COMGEBAL) y la entrada principal de la catedral. También por esas fechas «cayeron» bajo la piqueta la placa dedicada a José Antonio Primo de Rivera, situada en la avenida que llevaba su nombre; la que reproducía el último parte de guerra, y que estaba colocada en el muro de la Delegación del Gobierno; y, entre otros muchos escudos «con el águila» el que estaba situado en la pared de entrada a la oficina central de correos, así como paulatinamente todos y cada uno de los que «decoraban» los distintos acuartelamientos militares. Paradójicamente siempre han sobrevivido, y sobreviven, algunos escudos de la República, como el situado en la entrada principal de la antigua Delegación General de Salud Pública, frente al edificio de Hacienda.
Como anécdota añadir que durante la guerra civil, en el nuevo aeropuerto de Son San Juan, que en sus inicios se llamó aeropuerto Arturo Ricci (por el aviador italiano caído en Mallorca), se colocó una enorme estatua con el busto de Benito Mussolini. Incluso antes de terminar la guerra, el aeropuerto retomó el nombre de Son San Juan y, obviamente, el busto fue trasladado al cuartel de Artillería Antiaérea de Son Banya, y en la década de los 50 simplemente desapareció. Su autor fue el legionario italiano Heros Giusti.
A fin de no extenderme demasiado, pues al igual que en el resto de España, fueron cientos de monumentos dedicados a los caídos los retirados en Baleares. Incluyo a continuación una tabla con un pequeño resumen de algunos de aquellos que cada pueblo de Mallorca dedicó a sus caídos, y que en la mayoría de las ocasiones constaba de una cruz con una lápida con sus nombres, o incluso simplemente con dicha lápida:
POBLACIÓN MONUMENTO O LÁPIDA RETIRADO
| Alaró | Monumento y cruz a los caídos | 1986 |
| Artá | Monumento y cruz a los caídos | 2024 |
| Binissalem | Monumento y cruz a los caídos | 1982 |
| Búger | Cruz y lápida a José Antonio | 1975 |
| Calvià | Monumento y cruz a los caídos | 1979 |
| Esporles | Monumento y cruz a los caídos | 1982 |
| Inca | Monumento y cruz a los caídos | 1984 |
| Lloseta | Monumento y cruz a los caídos | 1986 |
| Llubí | Lápida a los caídos | 1977 |
| Manacor | Lápida a los caídos | 2003 |
| Montuïri | Monumento y cruz a los caídos | 1979 |
| Muro | Monumento y cruz a los caídos | 1987 |
| Petra | Cruz a los caídos | 2009 |
| Port de Sóller | Monumento a los Jinetes de Alcalá | 2013 |
| Porto Cristo (Manacor) | Monumento a los caídos | 2006 |
| Sa Pobla | Lápida a los caídos | 1988 |
| Sóller | Monumento y cruz a los caídos | 2015 |
| Son Servera | Lápida a los caídos | 1976 |
| Villafranca | Cruz a los caídos | 1977 |
Otro de los pueblos que vería desaparecer su simbología franquista fue la villa de Santa Eugenia, en el centro de la isla. En esta no solo desaparecería la correspondiente cruz de los caídos, sino la única otra calle dedicada en Mallorca a la División Azul (actualmente Carrer Sa Costa -Calle de La Cuesta-). El 11 de febrero de 1962 sería inaugurada dicha calle con presencia de la corporación municipal (quienes la habían concedido) y una numerosa presencia de la Hermandad de la División Azul mallorquina, así como numeroso público. Pero no sería únicamente dicha calle la que recordaría esta gran unidad de voluntarios en Rusia, sino que además el ayuntamiento de este pueblo nombró «hijo adoptivo» a todos cuantos hubieran pertenecido a ella, fueran de donde fueran, otorgándoles el correspondiente título con su nombre que dicha Hermandad sería la encargada de ir distribuyendo. Esto produciría una triste anécdota en agosto de 2007, cuando uno de estos divisionarios, llegado en un viaje familiar a Mallorca, decidió ir a este pueblo a agradecer dicho detalle. El hecho fue aprovechado por la oposición municipal causando cierto revuelo mediático en el que, erróneamente, se atribuía dicha concesión: “que, antiguamente, había sido nombrado hijo adoptivo de Santa Eugenia por el dictador Francisco Franco”[1]. Como acabamos de ver no fue Franco quien lo concedió, sino sus representantes municipales en pleno. Obviamente ya no existe ni la cruz ni dicha calle, y desconocemos si se sigue manteniendo a los divisionarios como hijos adoptivos.
Si bien es verdad que desde finales de los años setenta y durante los ochenta la «piqueta demoledora» trabajó sin descanso, durante los noventa tuvo un fuerte frenazo, dejándose los que quedaban a merced de las inclemencias de su propia degradación. Nada nuevo, pues como todos sabemos esto mismo sigue ocurriendo con la mayoría de monumentos que, amparados por motivos artísticos, legales o arquitectónicos aún sobreviven en España con más que evidentes signos de dicha degradación; en román paladino: se les ha abandonado a morir por causas naturales.
Alguno de los elininados recientemente en Mallorca (marzo 2024), ha sido el monumento y cruz dedicado a los caídos en la villa de Artá, al norte de la isla, y situado justo junto a las murallas de dicha ciudad. Otro de ellos ha sido el monumento dedicado a los caídos durante los combates en Son Servera, al que ya hacía años se le habían retirado las placas con dichos nombres. Este se hallaba en la calle Joana Roca de esa localidad, y hace unos meses fue totalmente retirado. Y, como veremos más adelante, en Menorca este año pasado (2023), se retiró la lápida que había delante del cementerio de Es Castell en memoria del alcalde republicano Francisco Gimier Sintes, asesinado en esa misma ubicación el 16 de noviembre de 1936 por los frentepopulistas. En el caso de Sóller, que como vemos en la tabla se retiró en 2015, una persona del pueblo intentó negociar con el alcalde que en lugar de destruirlo, simplemente se quitara la simbología y se instalaran en piedra una bandera constitucional y otra republicana, a fin de homenajear a todos los muertos de esa localidad. Obviamente obtuvo una negativa por respuesta. Algo parecido pasó en la misma comarca de Sóller, concretamente en Muleta, cuando fue retirada la cruz dedicada al teniente Lizasoain (quien también contaba con una calle en Palma), y se pretendió trasladarla en el 2013 al mismo Puerto de Sóller para que dejara de sufrir actos vandálicos. Al final simplemente desapareció.
MONUMENTOS RECICLADOS
Sin duda alguna el más representativo de todos estos, es el dedicado a las víctimas del Crucero Baleares, sito en el parque municipal de Sa Feixina en Palma. De una imponente monumentalidad fue erigido en 1947 e inaugurado por el propio Franco. Su diseño corrió a cargo de los arquitectos Francisco Roca Simó y su hijo Antonio Roca Cabanellas, siendo ejecutado por el escultor José Ortells López, y su costo se recaudaría por suscripción popular llevada a cabo por el periódico Última Hora. En su vertical monolito se podía leer en grandes letras: «Mallorca a los héroes del Crucero Baleares. Gloria a la Marina Española. Viva España«. La primera amputación que tuvo dicho monumento, fue la retirada del marino que, en posición «dolida» alzaba el brazo derecho apoyándose en un ancla. Éste, sin mayor explicación, fue retirado con la excusa de su restauración, aunque sus fragmentos destrozados serían vistos en uno de los almacenes municipales. Años después, concretamente en el 2010, la alcadesa socialista Aina Calvo y su regidora de cultura Nanda Ramón, llevaron a cabo la eliminación de la leyenda mencionada, y se rodeó al monumento con una nueva leyenda en cinco idiomas que reza: «Este monumento fue erigido en el año 1948 en recuerdo de las víctimas del hundimiento del crucero Baleares, durante la Guerra Civil (1936-1939). Hoy es para la ciudad símbolo de la voluntad democrática de no olvidar nunca los horrores de las guerras y las dictaduras. Palma 2010″.
Otros monumentos no destruidos, pero sí reubicados, son por ejemplo el dedicado al alférez Juan Cerdá Bisquerra y al soldado Antonio Marroig Crespí, muertos en un enfrentamiento con fuerzas republicanas en el Puerto de Pollença el 20 de julio de 1936, cuando trasladaban la intendencia a dicha localidad. Otro de ellos sería el monolito dedicado a los alféreces provisionales salidos de la academia de dicho empleo, que estuvo provisionalmente ubicada durante la guerra civil en el Santuario de Lluc, en Escorca, y cuya placa reza: «Academia Militar de Alféreces Provisionales de Lluch. Marzo-Diciembre 1937. XXV Aniversario. SEPBRE MCMLXII». Como anécdota decir que ambos monumentos fueron trasladados en los años ochenta al incipiente museo militar en el Castillo de San Carlos. Ambos fueron colocados en un semi-oculto rincón para no llamar la atención de los visitantes, pero con tanta mala pata que ese rincón acabaría siendo el acceso directo al bar que se abrió años después, siendo por tanto de lo «más visto» del museo. Actualmente siguen en la misma ubicación.
Otro monolito que fue trasladado de su posición original, era la gran piedra tallada con los nombres de los caídos de la Legión Condor, y que estaba ubicado en la Base Aérea del Puerto de Pollensa. Se desconoce su actual ubicación.
Para terminar este apartado no quisiera obviar la «purga» llevada a cabo por el propio Ejército en su Museo Militar del Castillo de San Carlos, donde, entre otros objetos allí depositados, fueron retirados hace aproximadamente dos años los óleos dedicados a Francisco Franco y a Manuel Goded ¡en su calidad de comandantes generales de Baleares! Imaginamos que dicha restauración debe ser exquisitamente lenta y profesional, pues aún no se sabe nada de su retorno.
CAMBIO DE CALLES
En Baleares, al igual que en otros puntos de España, no se inició la retirada de monumentos, placas y calles en base a la ley de Memoria Histórica, sino muchísimo antes dependiendo de la localidad. Digamos que esta ley lo que ha venido a hacer es dar la estocada final, concediendo por parte del expresidente Zapatero cuanto presupuesto, subvención y ayudas hicieran falta, en primer lugar para una extensa labor de búsqueda y caza, para posteriormente ir «aplicando» dicha ley. Pero, insisto, con gobiernos incluso en mayorías anteriores a Zapatero, esta «limpieza» ya se venía dando desde el principio. En Mallorca el caso más significativo fue la retirada en 1979 de las calles Calvo Sotelo y División Azul. Después, en un imparable hasta la fecha efecto dominó, irían cayendo como era de esperar calles como Paseo del Generalísimo, calle General Mola, calle Gral Sanjurjo, etc a las que con los años seguirían Plaza Jinetes de Alcalá, Calle Ruiz de Alda, calle General Goded, etc. La «limpieza» más grande fue la llevada a cabo en el 2008 durante el gobierno municipal del Pacto de Progreso, durante el cual se llevó a cabo una auténtica «purga estalinista» de un total de 141 calles. Con esta drástica medida por su número, y según el gobierno municipal: «se da cumplimiento a una de las determinaciones de la Ley de la Memoria Histórica aprobada por el Congreso de los Diputados, además de concluir con la labor de sustitución y normalización lingüística y política iniciada por los primeros ayuntamientos democráticos». Esa labor de «sustitución lingüística» obviamente se refiere a catalanizar cuanta calle «española» tuviera la ciudad, incluso la toponimia y onomástica no mallorquina. Veamos dos ejemplos muy claros en la ciudad de Palma: sobre la onomástica lo tenemos en la calle dedicada al cónsul y general romano Quintus Caecilius Metellus, fundador de la primera ciudad romana de Mallorca (Pollentia) en el año 123 A.C. y que ha sido rebautizada como Carrer Cecil Metel; y en cuanto a la toponimia lo vemos en la actual calle Golf de Cadis, en lugar del correcto que sería Golfo de Cádiz. Eso sí, si en cualquier ciudad española se castellaniza tanto la toponimia como la onomástica catalanas, estos mismos «respetuosos» con la Ley lo considerarían un ataque a su cultura, historia e integridad.
Sobre esa tabla rasa de cambios de calles, veamos también dos ejemplos que muestran a las claras tanto las intenciones como el nivel de dichos nuevos «recicladores». Una fue la retirada en la barriada de Son Rapinya de la calle dedicada a Jorge Dezcallar Morell. Según su propio sobrino, Juan Alemany Dezcallar: «mi tío de 27 años, abogado y afiliado a la Confederación Española de Derechas Autónomas; el 24 de agosto de 1936 un grupo de milicianos se presentó en casa de mis abuelos maternos en Barcelona donde él residía, y le requirieron a que fuese a declarar; se despidió de sus padres: «Moriré como un buen cristiano. Rezad mucho por mí», fueron sus últimas palabras. A la mañana siguiente, mi abuelo recorriendo hospitales, lo encontró en un pasillo del Hospital Clínico de Barcelona entre una fila de cadáveres, con un tiro en la nuca». Por tanto se le debería aplicar el beneplácito de la Ley al ser una víctima inocente asesinada durante la guerra civil.
El segundo ejemplo, este más esperpéntico, lo tenemos en el 2021 con la retirada de tres calles en el barrio de Son Armadans por «su simbología franquista». Hasta aquí todo normal, pero resulta que esos tres franquistas eran nada más y nada menos que ¡los almirantes Cervera, Gravina y Churruca! Fue tal el aluvión de críticas, mofas y befas incluso a nivel nacional, que se vieron en la obligación de rectificar, eso sí para salvar su «metida de pata» lo hicieron: «tras analizar el estudio realizado por un grupo de historiadores, anunció que retiraba de este listado las de los militares Cervera, Churruca y Gravina ya que entendía que en estos tres casos el nombre de la calle se refiere a los almirantes en cuestión, y no a los destructores franquistas que llevaron su nombre a lo largo del siglo XX».
Otro caso igual de cuanto menos curioso, sería el cambio en el 2008 de dos plazas dedicadas a dos de los Franco. La primera sería ni más ni menos que la «Plaza del Caudillo», en el Polígono de Son Castelló (antes Polígono de la Victoria), así citada desde 1967, cuya curiosidad radica en su supervivencia durante tantas décadas ya en democracia. Y la segunda, no menos curiosa, sería la de su propio hermano Ramón Franco, denominada Plaza del Teniente Coronel Franco. ¿Y dónde radica la curiosidad? Para quienes no conozcan bien la biografía de este aviador decir que: «Ramón Franco alternó la carrera militar con su militancia política. Se sublevó contra la monarquía en 1930 y tuvo que exiliarse en Lisboa. Sin embargo, al declararse la Segunda República pudo regresar a España. En su etapa política consiguió un acta de diputado en el Congreso, al formar parte de la lista del partido Izquierda Republicana de Cataluña. Más tarde se uniría al levantamiento que lideró su hermano Francisco. Aunque muchas veces se declaró republicano, se sumó a la sublevación tras el asesinato de su amigo Julio Ruiz de Alda, el otro aviador que le acompañó en el vuelo del Plus Ultra, que murió fusilado por unos milicianos frentepopulistas en Madrid. Sería el propio Franco quien envió a su hermano a Mallorca. Lo ascendió a teniente coronel y lo nombró comandante de la base de hidroaviones de Pollença, aunque su presencia no fue bien recibida por los aviadores, ya que muchos de ellos recordaban su pasado republicano […] Falleció durante la contienda en octubre de 1938. Era piloto de avión y murió durante un vuelo que despegó desde la base militar de Pollença, donde llegó a ser su máximo responsable. Pilotaba un hidroavión cargado de bombas, que iba a descargar en Valencia. Ya partió de la base en unas malas condiciones meteorológicas. El avión iba cargado con más de mil kilos de peso y fue incapaz de mantenerse en el aire durante la tormenta. Cayó al mar cerca de Formentor y murió toda la tripulación»[2].
MENORCA
No conviene olvidar que Menorca sería republicana durante toda la guerra civil, por lo que más que analizar los monumentos retirados, habría que preguntarse por qué las brutales masacres frentepopulistas que se llevaron a cabo en la isla, no contaron con sus respectivos monumentos, al margen de las pocas placas que se circunscribieron sobre todo en el ámbito militar (como veremos hoy desaparecidas o «tuneadas») y únicamente se optó por el controvertido monumento de la Explana en Mahón y, eso sí, un solemne panteón en el cementerio de Mahón, donde se hallan enterradas todas las víctimas de los días 1 a 4 de agosto de 1936 en La Mola.
En primer lugar hablaremos de lo retirado o modificado en la famosa fortificación de Isabel II, más conocida como La Mola. En esta antigua fortificación, que además de cuarteles incluía la penitenciaría militar conocida como la Penita[3], se puede encontrar unos cientos de metros antes de llegar a su entrada, a la izquierda en la zona conocida como Els Freus, una cruz donde había una placa que rezaba: «A la memoria de los que aquí cayeron por Dios y por España el 2 de agosto de 1936«, en referencia a los doce jefes y oficiales allí asesinados. Actualmente la cruz sigue estando, pero obviamente la placa ha sido sustituida por otra más políticamente correcta. Por cierto, los doce asesinados fueron: José Bosch Atienza, general de brigada de Ingenieros y Comandante Militar de Menorca; Diego Casalé Gómez, capitán de Infantería; Jacinto Dolz del Castellar y Lozano, comandante de Infantería diplomado de Estado Mayor, y en esas fechas Jefe del Estado Mayor en la Comandancia Militar de Menorca; Claudio Gil Alós, capitán de Infantería destinado en el Batallón de Ametralladoras nº 1 en Ciudadela, quien paradójicamente se había mantenido fiel a la República, no participando en la sublevación; Luis Martos González, teniente coronel de Infantería; Bernardo Monclús Durango, teniente de Infantería destinado en el Cuerpo de Seguridad y Asalto; Manuel Quintero Ramos Izquierdo, comandante de Artillería; Julio Riera Terrado, teniente de la Guardia Civil; Sebastián Rodrigo Vinent, comandante de Infantería; Jaime Sampol Mercadal, comandante de Artillería; Jaime Vidal Villalonga, coronel de Infantería retirado; y Miguel Vila Olaria, teniente de Carabineros.
Ya en su entrada principal había una placa conmemorativa que rezaba: «¡Honor! A todos los que murieron en esta Fortaleza en Agosto de 1936 por Dios y por España«. Actualmente retirada. En el patio donde se asesinó a 88 jefes y oficiales del Ejército y de la Armada la noche del 3 al 4 de ese mes de agosto, se retiró hace tiempo una pequeña placa conmemorativa, no habiendo actualmente nada que lo recuerde, así como cerradas permanentemente las puertas y convertido el patio en una auténtica jungla de matorral alto. Algo más al norte, concretamente en la punta de S’Esperó (el punto más oriental de España) aún se encuentran la cruz y la pequeña placa que recuerdan el asesinato de la esposa del segundo jefe de la Base Naval (Capitán de Fragata Federico Garrido Casadevante), Hercelia de Sola Cuschieri, eso sí debidamente «actualizadas». La placa original de la cruz rezaba: «Hercelia de Sola Cuschieri de Garrido Condesa de Rocamari esposa del que fue el comandante de la Base Naval de Mahón y que pereció vilmente asesinada por las hordas rojas en este lugar el 23 de agosto de 1936«. Y la placa justo en el borde del acantilado recordaba: «Desde este lugar después de su fusilamiento y aún con vida fue arrojada al mar la condesa de Rocamari. R.I.P.«. Sin duda se debe a un error semántico, pues dicha señora no fue «fusilada», sino más bien primero ultrajada y después cruelmente asesinada de un tiro de pistola y arrojada al mar. En realidad en ese mismo punto fueron asesinados juntos la citada señora y el alférez del destacamento de Cabrera, Facundo Flores Horrach, tocándole el turno al día siguiente al brigada de la Guardia Civil de Ciudadela Toribio Molano María, quien se hallaba preso en La Mola.
En la Base Naval de Mahón, durante la guerra civil Base Naval Secundaria, en la que además de los cuatro submarinos de la serie B estaba también la única dotación de «Hidros», había una cruz con una placa con los empleos y nombres y apellidos de todos y cada uno de los jefes y oficiales de dicha Base Naval asesinados, de la que por cierto de toda su oficialidad únicamente sobrevivieron dos a la matanza antes citada del día 3 en La Mola. Actualmente la cruz se mantiene pero fue retirada la placa.
En Mahón, a lo que a calles se refiere, ya han sido cambiadas todas. Una de ellas su eliminación no estuvo ausente de cierta polémica. Me estoy refiriendo naturalmente a la citada como «Andén de los Mártires del Atlante«, dedicada a las víctimas de las sacas y linchamientos del buque prisión Atlante las tardes del 18 y 19 de noviembre de 1936, y que causaron un total de 50 víctimas el día 18 y de 23 el día 19. Hace unos años se intentó infructuosamente erigir un monumento en una de las rotondas de la ciudad. También han sido eliminados todos los escudos preconstitucionales de los edificios tanto militares (Gobierno Militar), como civiles (edificio de la Aduana en el Puerto etc). Otro de los eliminados fue la placa que había sustituido a la original «Plaza de la Parroquia» por la de «Plaza del Generalísimo Franco», enmarcada en un bello monumento sobre el muro de la Iglesia de Santa María, con un león a cada lado, y que actualmente lleva el nuevo nombre de dicha plaza «Plaça de la Constitució» y en un baldosín inferior el original de Plaza de la Parroquia.
Pero el monumento significativo por excelencia en Mahón, y por tanto de permanente polémica, es el que se erigió en 1939 en la Explanada de Mahón. Actualmente se halla integrado en los jardines de la Residencia Militar. En su origen la placa (que sobre un altar da a la plaza) rezaba: «Caídos por Dios y por la Patria ¡Presentes!«, y que en el 2009 fue sustituida por la leyenda: «Honor a todos los que dieron su vida por España«, manteniéndose sobre ella una gran águila de San Juan sujeta a una enorme columna. Debido a la presión para su total demolición de los integrantes de la Asociación para la Memoria Histórica, en el 2021 la propia ministra de Defensa, Margarita Robles, confirmó su legalidad y permanencia.
En Alayor fue retirada la cruz y placa con los nombres de los caídos de esa localidad: «Alayor a sus caídos por Dios y por la Patria. RdoD [Reverendo Don] Rafael Mascaró Pons Pbro [Presbítero] RdoD Juan Mercadal Sans Pbro, RdoD Miguel Mascaró Pons Pbro, RdoD Antonio Pons Seguí Pbro, ¡Presentes!«. Obviamente también cayeron, entre otras, las calles Calvo Sotelo, General Sanjurjo, José Antonio y plaza Generalísimo Franco. En Ciutadella la Cruz de los Caídos en su cementerio actualmente lleva una placa que reza: «Ciutadella a tots els morts de la Guerra Civil 1936-1939«. En el nuevo edificio con la actual Oficina de Correos (antigua sede de Falange) había un enorme escudo preconstitucional, ya eliminado. En Ferrerías una de las calles desaparecidas era la de «Calle 9 de febrero«, en memoria del día que las fuerzas nacionales entraron en Menorca. En Mercadal únicamente las calles de rigor, ya que el monumento erigido en Monte Toro lo es en memoria de los menorquines caídos durante la Guerra de África (1921-1925).
He dejado para el final de esta isla los dos casos ocurridos este año pasado (2023) en la villa de Es Castell, antiguo Villacarlos, y que por la polémica suscitada y su resolución paso a incluir a continuación. El primero de ellos fue la retirada del pequeño monumento dedicado a la memoria del político menorquín asesinado Francesc Gimier Sintes, sita en el arcén justo donde fue asesinado enfrente de la entrada del cementerio de esta localidad. Para resumirlo incluyo a continuación un fragmento del escrito presentado por la Asociación Historia y Concordia de Menorca a dicho ayuntamiento: «El caso del exalcalde de Es Castell, Francesc Gimier Sintes es un ejemplo de cómo no deben hacerse las cosas. Durante años el sencillo monumento que le recordaba pasó desapercibido. La erosión y deterioro del monolito que le recordaba hacían prácticamente imposible leer el texto, la leyenda, e impidió de facto que la mayoría de los ciudadanos conocieran el dramático final de este personaje en los primeros meses de la Guerra Civil. […] Los hechos históricos son perfectamente conocidos y publicados por los historiadores locales: el Sr. Gimier Sintes fue sacado de su casa en la noche del 16 de noviembre de 1936 por parte de milicianos y paisanos, entre ellos dos conocidos militantes del Partido Comunista local, que habían tenido una diferencia con el ex-alcalde en tiempo de la República, en relación al transporte de materiales. Los autores del crimen eran ‘acompañantes’ habituales de las entonces autoridades locales, y aprovecharon el contexto y el margen de impunidad ofrecida para perpetrar una venganza. El Sr. Gimier fue conducido al cementerio de Es Castell y asesinado». Pues bien, después de varias gestiones el pequeño monumento no fue restaurado y devuelto, pero se colocó una placa en el cementerio que recuerda su nombre: «Delante de la entrada de este cementerio, el 16 de noviembre de 1936, fue asesinado Francisco Gimier Sintes, alcalde de este municipio entre los años 1924-1930. Su memoria nos guía para vivir en paz y libertad. Marzo 2023»[4].
El otro caso ocurrido en esta misma localidad fue en relación al panteón donde se hallan los asesinados en las ya mencionadas sacas del buque prisión Atlante, las tardes del 18 y 19 de noviembre de 1936, donde en unas operaciones bien organizada y dirigidas, se llevó a cabo el linchamiento de 73 personas, sin juicio previo ni amparo legal alguno. Debido a las presiones ejercidas por organizaciones relacionadas con la Memoria Histórica, su obispado optó por ceder fácilmente, eliminando en el 2019 de dicho mausoleo tanto el escudo preconstitucional, y la leyenda «Caídos por Dios y por España«, por la frase en latín «Hi sunt qui venerunt de tribulatione magna«. Afortunadamente se respetó tanto las placas como los símbolos incluidos en su interior. Obviamente ni que decir tiene que tanto las calles como los escudos preconstitucionales fueron eliminados de esa villa, como por ejemplo los que había en la entrada principal del antiguo cuartel del Conde de Cifuentes, el de la Plana Mayor del REMIX 92, etc; así como la cruz de los caídos y la calle José Antonio, entre otras.
IBIZA
Curiosamente esta isla, pese a que también sufrió una cruel represión frentepopulista durante el mes de agosto de 1936, al ser ocupada por la columna de milicianos procedentes de Valencia, no contó nunca con monumentos erigidos en el centro de la ciudad. Únicamente se sigue conservando la placa con los nombres de las 93 víctimas de la noche del 13 de septiembre de 1936, en que fueron cruelmente ametralladas y asesinadas en el patio del Castillo de Ibiza. Dicha placa está ubicada en el interior de la Catedral de La Virgen de las Nieves. A sus pies se encuentra el mausoleo donde reposan todos esos cuerpos, y que está cubierto con la siguiente lápida: «PRO ARIS ET FOCIS. Aquí reposan los cuerpos de los asesinados en el Castillo de Ibiza la noche del 13 de septiembre de 1936. Sacerdotes y seglares murieron a causa de la Fe Católica. Su recuerdo nos estimula a buscar siempre la paz y a rezar por todas las víctimas de la guerra. RIPA»[5].
Apenas hubo que eliminar en la isla unas pocas calles dedicadas a hechos o personajes de la guerra civil y del Franquismo. Curiosamente una de ellas estaba dedicada a la memoria de Alejandro Rodríguez de Valcárcel, quien ocupó cargos importantes durante el régimen de Franco.
FUENTES Y COLABORADORES:
Asociación Historia y Concordia de Menorca
Fotos Antiguas de Mallorca (FAM)
Bartolomé Moragues
Siado Vila
Simón Gornés
Ramírez (museo Menorca)
Diario de Mallorca, digital
Última Hora, digital
Diario Menorca, digital
Diario de Ibiza, digital
PALMA MALLORCA
El Ayuntamiento de Palma cambió en el 2021 los nombres de 12 calles. La avenida Joan March pasará a llamarse avenida del Gran i General Consell
También cambiarán de nombre la plaza Almirall Churruca, la calle del Almirall Gravina, la del Almirall Cervera, el pasaje Castillo de Olite , la calle de Toledo, las de Alfambra y Brunete , la calle Josep d’Oleza, la plaza del Bisbe Planas, la calle Gabriel Rabassa y la del Canonge Antoni Sancho.
El Govern exige a 13 ayuntamientos que eliminen calles, monumentos y símbolos que exaltan el franquismo
El requerimiento de Vicepresidència el paso previo a la apertura de expedientes sancionadores que podrían concluir en multas
La Vicepresidència i Conselleria de Transició energètica, sectors productius i memòria democràtica ha enviado una carta a 13 ayuntamientos de Mallorca instándoles a retirar elementos y monumentos de simbología franquista de titularidad municipal y a cambiar el nombre de las calles incluidas en el Censo de símbolos leyendas y menciones franquistas de Baleares, presentado en el Parlament en 2020. Es el paso previo a la apertura de expedientes sancionadores que podrían concluir en multas, en cumplimiento de la Llei 2/2018 de 13 de abril de memoria y reconocimiento democráticos de las Illes Balears. Transcurridos los plazos legalmente previstos, si los ayuntamientos no actuaran conforme a la ley, el Govern podría retirar los símbolos y leyendas de forma subsidiaria.
La ley daba un plazo máximo de un año (a contar desde su publicación el 19 de abril de 2018 en el BOIB) para retirar todos los símbolos y referencias franquistas incluidas en el censo, pero solo una mínima parte han desaparecido a día de hoy, según la secretaría autonómica.
La misiva va dirigida a Ariany, Capdepera, Inca, Llucmajor, Mancor, Marratxí, Muro, Palma, Puigpunyent, sa Pobla, Santanyí, Ses Salines, Sóller.
La mayoría de referencias franquistas que quedan en espacios de titularidad municipal en Mallorca son calles con nombres que «homenajean a personajes ligados al franquismo en cualquiera de sus formas», según el censo oficial. Habría una en Ariany (Miquel Truyols Sureda), una en Capdepera (Joan March Ordines), dos en Inca (Mossèn Andreu Caimari y Rector Francesc Rayó Brunet), cuatro en Llucmajor (Gómez -Ulla, Almirante Moreno, Almirante Vierna, Marinero Moll Duniach), una en Manacor (José Ferrer Ibáñez), cuatro en Marratxí (Gabriel Fuster Mayans, Andreu Juan Carrió, Gómez-Ulla, Pere Canyelles Rigo), una en Muro (Gómez Ulla), siete en Palma (Bisbe Miralles, Canonge Antoni Sancho Nebot, Francesc Suau Saiz, Gabriel Cortés Cortés, Gabriel Fuster Mayans, José de Oleza y de España y Bisbe Planas), dos en sa Pobla (Calvo-Sotelo y Gómez-Ulla, dos en Santanyí (Gómez-Ulla y Crucero Baleares), una en Ses Salines (Joan March Orines) y un parque público en Sóller (Infante Lois).
En el listado hay también varios monumentos: la cruz de los caídos de Capdepera, el monumento de sa Feixina de Palma, dos medio relieves dedicados a Gabriel Fuster Mayas ‘Gafim’ y al religioso Atanasio de Palafrugell en Palma y una inscripción de piedra en la calle Palau Reial de Palma.
Desde su publicación en 2018 el Censo de símbolos, leyendas y menciones franquistas de les Illes Balears ha sufrido varias bajas, en Palma y Pollença. Se trata de las calles Almirall Cervera, Almirall Churruca, Almirall Gravina y Gabriel Rabassa de Palma que salieron del listado en 2021 en medio de una fuerte polémica y presión vecinal. Finalmente los expertos concluyeron que dado que los almirantes Cervera, Churruca y Gravina murieron antes de que naciese Franco, no cabía su retirada aunque algunos barcos franquistas llevaron su nombre. Siguiendo la misma argumentación la calle Toledo está «pendiente de recontextualización». La idea es que pase a llamarse calle Ciudad de Toledo para eliminar así cualquier posible referencia a la batalla de Toledo de la Guerra Civil. La calle Almirante Cervera de Pollença también ha salido del censo por los mismos motivos que la de Palma.
ARTÁ.
En el marco del proyecto de mejora paisajística que está llevando a cabo el ayuntamiento de Artà en la explanada de la Torre de Sant Miquel, se ha ejecutado la demolición del monumento a los caídos, una acción que, según explica la institución municipal, «se realiza para dar cumplimiento a lo que marca el Real decreto ley 10/2018, de 24 d agosto, por el que se modifica la Ley 52/2007, de 26 de diciembre, por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas a favor de quienes sufrieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura».
El consistorio ‘artanenc’ recuerda que «este tipo de monumentos (las cruces de los caídos) surgen al final de la guerra civil en todo el Estado por orden general del nuevo régimen franquista, que daba instrucciones claras para poner este tipo de cruces en todas las localidades con una estética determinada y dedicados sólo a los caídos en el frente del bando de los vencedores de la guerra civil».
Otra imagen de la intervención municipal. / AJUNTAMENT
Durante el primer ayuntamiento democrático del municipio de Artà se aplicó un cambio «sustancial» en el monumento fascista: se sustituyó la placa con la leyenda franquista por una nueva con el objetivo de honrar «a todas las víctimas de la guerra civil», pero les debió de parecer poco. No obstante, posteriormente fueron diversas las mociones presentadas en plenos municipales que ponían de manifiesto la necesidad de «realizar acciones» en esta cuestión ya que, «al fin y al cabo, el monumento había sido diseñado por el régimen franquista en la memoria de sus muertos y dejando al margen a las personas que sufrieron persecución y represión durante la dictadura», apunta el Consistorio.
[1] Última Hora digital de 2 de agosto de 2007
[2] MESTRE, J.F., en Diario de Mallorca (digital), «La tumba del otro Franco está en Palma», 26 de octubre de 2019.
[3] No confundir con los «cuarteles altos de Infantería» transformados en penitenciaría a la entrada de los nacionales en la isla el 9 de febrero de 1939, debido al alto número de prisioneros que fueron trasladados allí.
[4] Texto original en catalán, la traducción libre es responsabilidad del autor del capítulo.
[5] Ídem.
CONCLUSIÓN
El proceso de retirada, transformación o reinterpretación de monumentos y símbolos relacionados con el franquismo en las Islas Baleares refleja la complejidad de la gestión de la memoria histórica en España. Desde finales del siglo XX hasta la actualidad, numerosas localidades han visto desaparecer elementos que durante décadas formaron parte de su paisaje urbano, mientras otros han sido resignificados o trasladados a museos y espacios menos visibles.
Mallorca, Menorca e Ibiza constituyen ejemplos claros de cómo este fenómeno ha afectado tanto a monumentos destacados como a calles, placas o escudos institucionales. En muchos casos, las actuaciones han generado intensos debates sociales y políticos, evidenciando la dificultad de conciliar la conservación del patrimonio histórico con las nuevas interpretaciones del pasado.
Más allá de las decisiones concretas adoptadas en cada municipio, estos cambios muestran cómo la memoria colectiva sigue siendo un terreno de discusión permanente, en el que historia, política y patrimonio se entrelazan en la construcción del relato público sobre el pasado reciente de España.
