Fotografía histórica de Francisco Franco como Jefe del Estado español
Hace ya cincuenta años que murió el general Franco. Para la mayor parte de los españoles debería ser a estas alturas una figura más de la Historia de España como Antonio Cánovas, el general Prim, Pablo Iglesias o Alfonso XIII. Pero no es así.
La sociedad española sigue dividida, aunque sea una división de salón sin mayores consecuencias, entre antifranquistas, no-antifranquistas y franquistas, lo que no deja de ser curioso, pues buena parte de los actuales españoles -los de menos de cuarenta y cinco años- conocieron el Régimen de Franco de oídas. Todo lo que se publica sobre la Guerra Civil Española, el Régimen de Franco y su figura tiene garantizado el éxito editorial. Es devorado por los lectores con avidez. ¿A qué se debe este éxito? ¿Es que siguen existiendo las dos España? ¿Son la Guerra Civil y el Franquismo el último de los grandes temas de la Historia de España y por eso sigue existiendo un interés generalizado por esta parte de nuestra historia? No lo sé. Lo que sí es cierto es que biografía que aparece en las librerías del general Franco logra unas ventas más que razonables.
El éxito de las biografías dentro y fuera de nuestras fronteras viene a constatar dos cosas. En primer lugar que entre el público el género biográfico tiene un tirón incuestionable. Para comprobarlo sólo hace falta acercarse al escaparate de cualquier librería. En segundo lugar que la concepción historiográfica marxista está en plena crisis. La individualidad, los héroes, ha recobrado su importancia sobre la masa: Julio Cesar, Leonardo Da Vinci, Napoleón, Nietzsche, Calvo Sotelo o Stalin vuelven a estar en el lugar fundamental de la Historia que siempre tuvieron.
Al hilo del actual giro hacia la cordura de la historiografía se ha editado en España un libro apasionante El Hitler de la Historia. Juicio a los biógrafos de Hitler de John Lukacs, Turner, Madrid 2003. Salvando cualquier paralelismo, por cierto imposible, entre Hitler y Franco, el libro logra suscitar una serie de reflexiones sobre el tratamiento que ha tenido la figura del general Franco por parte de sus biógrafos.
El hecho de las abundantes publicaciones existentes, dentro y fuera de España, sobre la figura del anterior Jefe del Estado -especialmente si tenemos en cuenta que su protagonismo histórico gira esencialmente entorno a España- nos hace catalogarlo por su papel relevante en la historia como un <gran hombre>, si se quiere un <gran hombre malo> como califica un prestigioso historiador inglés a Napoleón y a Cromwell, pero en definitiva un gran hombre. El hecho incuestionable de que cuatro décadas de la Historia de España sea historia de Franco y del franquismo convierten la afirmación anterior en irrefutable. Pensemos que Napoleón rigió los designios de Francia y de Europa sólo dieciseis años (1799-1815); Mussolini los de Italia entre 1922-1943; Stalin los de Rusia durante veintiseis, y en la actualidad el Papa Juan Pablo II celebra sus 25 años de largo y fructífero pontificado.
En relación a sus biógrafos resulta necesario señalar previamente la existencia de fundamentalmente tres tipos: Los partidarios, los contrarios -ambos por lo general con posiciones predeterminadas antes de comenzar a escribir- y en tercer lugar el aún escaso grupo compuesto por aquellos que en un principio intentan ser neutrales y que generalmente terminan por ser catalogados, aunque de forma moderada, de pro o antifranquistas por los partidarios y/ó enemigos del fallecido general Franco.
La primera biografía de Franco, un simple esbozo de carácter propagandístico, aparece en 1937, en San Sebastián, de la pluma de Joaquín Arrarás, seguida de un estudio de Victor Ruiz Albéniz, El Tebib Arrumi, Héroes de España: Francisco Franco, Avila 1937. Ambas son seguidas de dos obras de importancia menor impresas fuera de España: La primera aparecida en Zurich en 1937 General Franco del Dr. Rudolf Timmermans. La segunda en París, el mismo año, Franco en la nouvelle Espagne de Georges Rotvand. En 1939 Millán Astray publica su <hagiografía> Franco el Caudillo, Salamanca 1939, de carácter más propagandístico que histórico. Ese mismo año se publica en Leipzig el trabajo de Johann Froembgen Franco: Ein Leben für Spanien. Tendrán que pasar cuatro años para que aparezcan dos nuevos trabajos sobre la figura de Franco. Se deberán a las plumas de Fernando de Valdesoto, Francisco Franco, Madrid 1943, y de A. Pérez Rodrigo Franco una vida al servicio de una Patria, Madrid 1943.
Como señala Stanley G. Payne «tras el intervalo de más de una década, en 1955, apareció la primera publicación extranjera seria, S. F. A. Cole Franco of Spain, Londres 1955″. Poco después aparece la primera biografía oficial, las más importante y de indudable calidad de las publicadas durante la vida de Franco, la de Luis de Galinsoga Centinela de Occidente, Barcelona 1956: en ella se presentaba a Franco desde una nueva perspectiva, el enemigo del comunismo, dentro del contexto de la Guerra Fría.
En los años siguientes aparecen varias apologías de la figura de Franco de escasa calidad: Fernando Rubio Francisco Franco, Madrid 1958; Francisco Salva Miguel y Juan Vicente Francisco Franco, Historia de un español, Barcelona 1959; J. M. Sánchez Silva y J. L. Saéz de Heredia Franco, ese hombre, Madrid 1964, cuya versión cinematográfica reviste indudablemente mayor interés; Rafael Benitez, Francisco Franco, Madrid 1964; llegando a publicar J. M. Garate Córdoba un artículo en la revista Punta Europa, año IX, nº 106 titulado Franco y sus biógrafos.
Serán en estos mismos años cuando aparezcan los primeros trabajos de naturaleza histórico críticas a la figura de Franco. En 1964, en París, se publica el trabajo de carácter psicológico de Luis Ramírez (pseudónimo) Franco, historia de un mesianismo, seguida de la sátira de Salvador de Madariaga publicada en Méjico Sanco Paco. Poco después tres autores extranjeros publican sus respectivos trabajos, extensos y documentados, que nacen intentando aportar luz sobre la figura biografiada: la neutralmente favorable de Claude Martin, Franco, soldat et chef d´Etat, París 1965, publicada en España bajo el título Franco, soldado y estadista, Madrid 1966; F. Gerstacker Der General Franco, Berlín 1965; Brian Crozier, Franco: A Biographical History, Londres 1967, publicada en España bajo el título Franco: historia y biografía por Magisterio Español en 1969. También aparece en estos años el primer trabajo especialmente dedicado a Franco de Stanley G. Payney Franco´s Spain, Londres 1968; George Hills Franco: The Man and His Nation, Londres 1976. De carácter más breve y con importancia historiográfica menor aparecen entre 1968 y 1970 los trabajos de Sven Andersen, Francisco Franco, Estocolmo 1968; Anton Stefenescu Francisco Franco Caudillo, París 1969; Alan Lloyd, Franco, Nueva York 1969; y J. W. D. Trythall, Franco, Nueva York 1970. En estos años aparecerán en España, Alemania y Francia algunas obras menores carentes de todo interés. Al tiempo que se publican trabajos abiertamente críticos, se inicia también en estos momentos, el lento proceso por parte de muy pocos historiadores de intentar llegar al equilibrio en el tratamiento a la figura del general Franco
En los últimos años del Régimen Franquista aparece, en dos volúmenes, -según el acreditado juicio de Stanley G. Payne, «la última de las biografías oficiales y, con mucho, la mejor y la más informativa»- la biografía de Ricardo de la Cierva, Francisco Franco: Un siglo de España, Madrid 1972-1973. En 1986 se volverá a publicar este libro en una edición revisada y más objetiva. También aparece el trabajo de Philippe Noury, una biografía de los primeros años del Generalísimo español Francisco Franco: La conquete du pouvoir 1892-1937, París 1975, editada en España por Jucar en 1976 bajo el título Francisco Franco, a la conquista del poder. Otro francés, Edouard de Blaye, analiza los últimos años de la vida política del General en su libro Franco, ou la Monarquie sans Roi, París 1974. La muerte del Franco se ve próxima y las posturas se acentúan en pro y contra de su figura, no sólo en la sociedad española, también entre los historiadores que analizan y estudian al líder de los vencedores en la Guerra Civil Española de 1936-1939.
Muerto ya el general Franco, en los ochenta, aparece la obra de J. M. Fontana Franco, radiografía del personaje para sus contemporáneos, Barcelona 1979; Ricardo de la Cierva publica Francisco Franco; biografía histórica, Barcelona 1982; Juan Alarcón Benito Franco y su tiempo, Madrid 1983; Carlos Fernández, El general Franco, Barcelona 1983, en la que se encuentran algunas nuevas aportaciones y el escritor Faustino Moreno Villaba Franco héroe cristiano en la guerra, Madrid 1985. Juan Pablo Fusi publica con enorme éxito de crítica y ventas su biografía Franco: autoritarismo y poder personal, Madrid 1985; un libro que a pesar de su brevedad, resulta especialmente inteligente y en el que se nota, dentro de su moderado escoramiento hacia el antifranquismo, una voluntad decidida de presentar al biografiado de forma rigurosa y profesional.
Sin ser exactamente biografías son de reseñar las dos historias de la España de Franco, articuladas sobre su figura, nacidas de dos conocidos historiadores españoles de pensamiento y capacidades absolutamente opuestas. Luis Suárez Fernández, publica en ocho volúmenes Franco y su tiempo, Madrid 1984, utilizando la documentación inédita del archivo privado de Franco, propiedad de la Fundación Nacional Francisco Franco. Esta y otras publicaciones sobre Franco y el franquismo escritas por Suárez en estos años se pueden considerar sin ningún género de dudas profranquistas, siendo técnicamente impecables en su rigor histórico y en la documentación manejada. Muchos de los documentos que aporta en estas obras Suárez resultan absolutamente desconocidos o habían sido pasados por alto por otros investigadores. En una línea absolutamente opuesta está la obra del ya fallecido Manuel Tuñon de Lara y de J. A. Biesca España bajo la dictadura franquista 1939-1975, Madrid 1980; en ella Tuñon y su colaborador, ambos historiadores abierta y militantemente antifranquistas, utilizan su trabajo para atacar sin cuartel al ya fallecido Franco. Sobre esta obra dice Payne «ofrece un tratamiento temático que ridiculiza el Régimen sin intentar presentar una historia sistemática».
Sin lugar a dudas los trabajos más interesantes de un autor no español sobre Franco y la España franquista sean los de Stanley G. Payne, especialmente El Régimen de Franco, Madrid 1987. El historiador norteamericano, destacar por su honestidad y búsqueda permanente de la verdad. Ha dedicado la mayor parte de su vida profesional al estudio de los fascismos y los movimientos autoritarios, así como a historiar la II República Española y el Franquismo.
En 1992 aparece una biografía psicológica que, como la mayoría de este género, hace aguas en buena parte de sus hipótesis y especulaciones, de Enrique González Duro, Franco, Madrid 1992. También aparece la claramente profranquista de Ángel Palomino, Caudillo, Barcelona 1992.
Seguramente la más conocida y difundida de todas las biografías de Franco editadas en España es la del inglés Paul Preston. Hace ya treinta años de su publicación pero sigue siendo reeditada. Bajo el título Franco Caudillo de España, Barcelona 1994, Preston presenta un voluminoso trabajo repleto de errores en los datos y que no aportar nada nuevo, salvo las interpretaciones de su autor sobre la figura de Franco, y por tanto de escaso interés pues defiende las tesis de Tuñon de Lara. Dos años después el coronel Carlos Meer de Rivera publica su biografía cien por cien pro franquista Generalísimo, Madrid 1996. En 1998 aparece el trabajo de Eduardo Chamorro Francisco Franco anatomía de un mito, Barcelona 1998.
Con menos aspiraciones que la antes citadas aparece una nueva biografía de Ricardo de La Cierva, basada en sus muchos trabajos anteriores sobre el Caudillo, titulada Franco en la Historia, Madrid 2000. En las librerías también podemos encontrar un trabajo de no muchas extensión del siempre ácido y resentido, aunque no por ello menos brillante en algunos de sus juicios, Gabriel Cardona, Franco y sus generales, Madrid 2001.
Entre las biografías y estudios sobre Franco existentes habría que destacar varias cuestiones. Resulta digno de atención que de los cuarenta años de Gobierno tienen un prioritario interés para los historiadores la etapa de su gobierno que transcurre paralela a la 2ª Guerra Mundial, seguida de los años de la Guerra Civil Española. Es decir que una década aproximadamente de la vida de Franco, dividida en dos partes, despierta más atención e interés en los investigadores que los siguientes treinta años de su gobierno. ¿Por qué? Sin lugar a dudas porque estos años de 1936 a 1945 son una etapa que tiene más atractivo, color e interés, entre investigadores y público, que los años de paz en que se construye la realidad sociológica, económica y cultural de la España del último cuarto del siglo XX, de la actualidad y probablemente de los años futuros.
A los españoles nos sigue gustando más releer el asalto al Cuartel de la Montaña, la Revolución de Asturias, Brunete, Belchite, Teruel y El Ebro y los años de la División Azul que los muchos menos románticos y sugestivos años del desarrollismo, el boom turístico en tiempos de Fraga o la llegada al poder franquista de los tecnócratas y del Opus Dei. Quizás nos deberíamos de preocupar por esta fijación por parte de izquierdas y derechas por los años de guerra civil y conflicto mundial, en los que falangistas, anarquistas, comunistas, fascistas, socialistas y nacional socialistas eran los dueños indiscutibles del escenario político y sociocultural de España y del Mundo.
Como vemos la figura de Franco despierta aún un enorme e interés pero también una abierta polémica, e incluso fuertes enfrentamientos. En la lucha historiográfica existente en la actualidad los dos bandos en liza – franquistas y antifranquistas fundamentalmente- utilizan en muchos casos, la letra impresa como si de una cinta de ametralladora de la cultura se tratara para atacarse en lo profesional y en lo particular. Temas del pasado, algunos acaecidos hace más de sesenta años, cobran relevancia y actualidad, incluso en la política actual, fruto de este enfrentamiento. Así preguntas como si el Régimen de Franco era o no fascista, calificar a las fuerzas y partidarios de la República como Ejército Rojo o rojos adquiere, en algunos casos, la categoría de insulto y arma arrojadiza y no lo que son en realidad, datos y preguntas fundamentales para el conocimiento de nuestro pasado. Así entre algunos historiadores se esta produciendo una pugna, no por la legitima búsqueda de la verdad histórica, sino por la reescritura tergiversada del pasado.
En esta batalla por rehacer el pasado se llega en ocasiones a situaciones ridículas: Por ejemplo desde hace unos años se ha intentado simbolizar el apoyo de los intelectuales a la República en la figura de Unamuno, hipótesis construida únicamente sobre la base de su enfrentamiento el 12 de octubre de 1936 con el general Millán Astray, olvidando que fue perseguido por Azaña y que estaba en el acto como representante del propio Franco. Así sucesos como Paracuellos del Jarama, la toma de Badajoz, la defensa del Alcázar de Toledo, etc. se convierten en armas de la pseudo lucha de las ideologías y de la política, cuando son lo que son. Estos acontecimientos los podemos estudiar, analizar, explicar cómo y porqué ocurrieron, comprenderlos, justificarlos o denigrarlos, pero en ningún caso cambiarlos. Los hechos son tozudos.
