INTRODUCCIÓN
El 29 de octubre de 1933 se celebró en el Teatro de la Comedia de Madrid un acto político que marcaría un momento decisivo en la historia de la España contemporánea. Bajo el título de «Afirmación nacional», el mitin reunió a tres figuras que darían forma a un nuevo movimiento político: Alfonso García Valdecasas, Julio Ruiz de Alda y José Antonio Primo de Rivera.
Ante un auditorio compuesto en gran parte por estudiantes y simpatizantes de diversas organizaciones nacionalistas, aquel acto supuso la presentación pública de un proyecto político que aspiraba a superar la división entre izquierdas y derechas mediante una nueva concepción nacional y social de la política. En ese mismo escenario surgió el nombre que identificaría al movimiento: Falange.
Sin embargo, el nacimiento de la organización no tardó en verse acompañado por la violencia política que caracterizaba aquellos años. Apenas unos días después del mitin, el asesinato de José Ruiz de la Hermosa se convertiría en el primer episodio trágico vinculado al nuevo movimiento.
El grupo que acaudillaba José Antonio Primo de Rivera intentó su primera salida un 7 de octubre, aniversario de la ocasión de Lepanto, en Burgos, cabeza de Castilla. Fracasado el primer propósito, se presenta en Madrid, en la Comedia, el día 29, en un acto anunciado como de «Afirmación nacional».
Participaron tres oradores: un profesor universitario que había militado en la Agrupación de Intelectuales al Servicio de la República, Alfonso García Valdecasas, a quien García Lorca había dedicado el último poema de su Romancero gitano; un famoso aviador, Julio Ruiz de Alda, y el hijo del general Primo de Rivera. El teatro lo llenaron por mitades estudiantes y antiguos admiradores del dictador. No faltaron los jonsistas, con Ramiro; los del Frente Español y de la Agrupación Escolar Tradicionalista. Aquella mañana nació la Falange, incluso el nombre, debido a una sugerencia de Ruiz de Alda.
El acto no pasó desapercibido; sin embargo, en cierto modo, decepcionó a los asistentes. José Maria Carretero comentaría: «Yo tengo la impresión de haber asistido a una aimable causerie literaria.» No se vieron jóvenes uniformados, como los más deseaban por mimetismo fascista; por el contrario, Valdecasas había afirmado:
«Se ha dicho que este acto es fascista ¡tendremos quizá en el porvenir un contacto con el ideal del fascismo, pero no debemos imitar nada extranjero. España debe extraer sus fórmulas políticas de su propio ser.» Por otra parte, el discurso de José Antonio Primo de Rivera, que se presentó en el escenario con impecable traje azul y cuello blanco almidonado, no tenía nada que ver con la oratoria insultante, con el tópico y el lugar común. Esta absoluta discrepancia con los modos al uso seria uno de los factores que llevarían, tras la bandera que se alzaba, a los estudiantes fascinados por el anuncio de «un movimiento poético que no se detendría ante la violencia». La radio dio amplitud al mitin. En el casino de Salamanca Unamuno escuchó el discurso de José Antonio y quedó sorprendido. «Este chico, este chico…», murmuró.
El acto fundacional hubiera tenido una marcada tendencia intelectual de haber participado, como se pensó en el proyecto de presentación en Burgos, Eugenio Montes, a quien José Antonio había conocido en el Ateneo de Madrid.
La reproducción íntegra del discurso de José Antonio por el diario La Nación, órgano de la Unión Patriótica, y en Acción Española, revista teórica de los monárquicos, dio confusión a los propósitos de F. E.
La tendencia a la simplificación haría que pese a la afirmación de Valdecasas y al discurso de José Antonio, en el que no había una sola referencia «fascista», Informaciones titulara el acto: «Los señores Valdecasas, Ruiz de Alda y Primo de Rivera alzan la bandera fascista.» En el fondo no era otra cosa que el deseo conservador de contar con un grupo de choque frente a la violencia marxista. Un intelectual girado a «la izquierda, José Bergamín, sería más exacto, y tratando de quitar importancia al acto de la Comedia, diría con ironía en el periódico Luz: «Tres eran, tres, los jóvenes españolistas; tres eran, tres y ninguno fascista.»
FRANCISCANISMO
En el naciente movimiento, la muerte se anticipó a los reglamentos. El 2 de noviembre muere apuñalado José Ruiz de la Hermosa, mientras apostrofaba a sus enemigos, durante un mitin socialista en el teatro Ayala, de Daimiel. José Ruiz de la Hermosa, que encabezaría la más impresionante lista de mártires de la política española, se afiliaba, en 1931, siendo estudiante, a las JONS de Daimiel, en donde otros dos estudiantes, los hermanos Galiana, conseguían formar un grupo decidido y eficaz. El primer caído del sindicalismo nacional había ganado unas oposiciones al Cuerpo de Hacienda y se trasladó a la capital para escuchar a José Antonio en la Comedia. A su regreso, en plena concentración marxista, les recordó el crimen de Casas Viejas. El socialista que le asesinó se llamaba como él. Comenzaba así, con esta sobrecogedora coincidencia, una guerra entre hermanos que durante seis años se enfrentaron despiadadamente con lamentable frecuencia.
La revista JONS, con la pluma de Juan Aparicio, le pagó su sacrificio con un poema; de él eran estos versos:
«Tu cuerpo juvenil se ha desatado del haz de nuestro escudo. Revivirás allí, con el triunfo de las flechas y el yugo.»
El 6 de noviembre se presentan en la Dirección General de Seguridad los Estatutos de Falange Española. Julio Ruiz de Alda sentía una gran prisa por encuadrar la avalancha de adhesiones que había suscitado el acto de la Comedia. Entre las primeras recibidas figuraban estudiantes de Madrid y también de provincias, como la de Pedro G. Cantolla, futuro poeta falangista, que, en Santander, junto con Manuel Felipe de la Mora, estudiante en Oviedo78 Manuel F. Oruña y Manuel Mijancos, formarían el núcleo inicial. En Murcia, otro estudiante, Manuel Muñoz, fue encargado de articular las adhesiones primeras. Por todo el Segura la identificación con los jonsistas fue completa y sin necesidad de la fusión oficial. Muñoz y Torrecillas asumirían desde el primer momento las tareas del mando. Mientras, José Antonio proseguía su campaña en la provincia de Cádiz. En las elecciones convocadas para diputados a Cortes, el 12 de noviembre, en un mitin en San Fernando, unos pistoleros mataron a una persona, hiriendo a cuatro más. A partir de aquel atentado acompañó a José Antonio un estudiante de Medicina, Narciso Perales, con su escuadra. El triste suceso, no obstante haber ocurrido en un acto organizado por Acción Ciudadana de Cádiz, y el asesinato de José Ruiz de la Hermosa, inspiraron a Fernández-Flórez un comentario, en el que reflejaba insospechadamente, y al margen de su irónica intención, una de las características más hondas del pensamiento de José Antonio; decía uno de los párrafos del artículo, aparecido en ABC: «Si el fascismo paga dos cadáveres con unas protestas verbales, no es fascismo: es franciscanismo. Y hay que felicitarse de que así sea. Pero no creemos que el espíritu laico de la España actual permita desenvolverse y afirmarse una orden religiosa más.»
FUNDACIÓN DEL S.E.U.
El 19 de noviembre, las derechas españolas, unificadas en una confederación de agrupaciones autónomas—C. E. D. A.— y dirigidas por Gil Robles, ganaban en las urnas, lo que José Antonio llamó «victoria sin alas», aun cuando él mismo había obtenido un acta de diputado. Aparece entonces el plan del ingeniero Lorenzo Pardo para la corrección hidrográfica de la península con el trasvase de parte de las aguas del Tajo al Segura. El Gobierno de radicales y derechistas lo arrinconó.
El día 21, un estudiante de Arquitectura, Manolo Valdés, campeón de España de natación en 100 metros libres, presentaba en la Dirección General de Seguridad, los Estatutos de un Sindicato Español Universitario. El triunfo electoral derechista no modificó el criterio de prudencia revolucionaria de separar para la Ley la Falange y el S.E. U.; así en los Estatutos no se hacía la menor alusión a F. E. Antes de esta presentación legal, los estudiantes falangistas habían comenzado su organización bajo el nombre de Sindicato Universitario Español. El Reglamento presentado, redactado con evidente menosprecio por la Leyde Asociaciones, fue rechazado el 24 de noviembre por la Asesoría Jurídica de la Dirección General de Seguridad.
La Falange, si atendemos a su constitución humana, nacía con un inconfundible eco juvenil y universitario. Ello explica que sin haber transcurrido un mes del mitin de la Comedia se hubieran cubierto ya los trámites legales para el funcionamiento del S. E. U. Julio Ruiz de Alda escribió: «Fueron los estudiantes los primeros que llegaron. Fueron los primeros y los más entusiastas» .
Los estudiantes que acudían a Falange no lo hacían pensando en un sindicato profesional. Incluso su incorporación, aun siendo numerosa, no suponía automáticamente la existencia del S. E. U. Sigamos la creación de un núcleo falangista, el de Baleares. Al inaugurarse el primer local social en Palma, Alfonso de Zayas señala:
«Acudieron numerosos simpatizantes, de los cuales se afiliaron muchos estudiantes.» Más adelante dice, refiriéndose ya al año 1934: «El número de afiliados iba en aumento; eran principalmente estudiantes» . En las primeras salidas por las calles actuaron estudiantes. Sin embargo, después de todo esto, en Palma de Mallorca seguía sin sentirse la necesidad de constituir el sindicato.
El curso escolar se presentaba, como el panorama nacional, cargado de negras nubes; un ambiente entre incómodo y divertido llenaba las aulas. Discusiones encrespadas, incidentes continuos, entremezclados en contradictorio maridaje con la invencible alegría estudiantil. Numéricamente, los Estudiantes Católicos tenían una ligera preponderancia, pero la hegemonía oficial seguía en manos de la F. U. E.
El 1 de octubre, en la apertura de curso en la Central, presidida por el vicerrector, León Cardenal, mientras actuaba la Orquesta Escolar Universitaria, dirigida por Benedito, se escucharon gritos de «¡Revisión del profesorado!» y «¡Viva la F. U. E. revolucionaria!». Al comenzar su discurso el representante escolar, Francisco Pérez, perteneciente a la Facultad de Derecho, fue desplegada una bandera roja, con el alboroto correspondiente. Al terminar el acto, varios estudiantes pronunciaron arengas políticas.
Quienes habían echado al rey no se resignaban a presenciar pacíficamente cómo la República caía en la esfera de dominio de unas derechas, tibias en lo que a la forma de régimen se refería. Las izquierdas comenzaron una áspera etapa de violencias, convencidos de que en ese terreno los conservadores españoles se batirían en retirada. Especialmente las juventudes socialistas intensificaron su entrenamiento militar, y sus concentraciones y desfiles mostraban cada vez mayor insolencia provocativa. Simultáneamente, la F. U. E. seguía el mismo camino. Por esto la presencia de la Falange fue acogida con alborozo por quienes la veían como fuerza de choque para defender sus vidas y haciendas.
El S. E. U. dio sus primeros pasos bajo el mando de un triunvirato, del que era máxima autoridad Manolo Val- des; le acompañaban José Manuel Fanjul y Luis Zaragoza, y como secretario, Manuel Gordejuela, de la Facultad de Farmacia. Eran escasas las preocupaciones académicas; el amenazador frente marxista, más peligroso fuera del marco universitario, obligaba a la formación de milicias. Se eligió un sistema triangular, integrado en su base por grupos de tres, uno de los cuales servía de enlace; cada tres elementos o grupos constituían una escuadra, más un jefe y subjefe; tres escuadras componían una falange; tres falanges, una centuria, y tres centurias, una bandera. La centuria que obedecía a José María Fanjul estaba formada por dos falanges, una de Ciencias y otra de Derecho, que tenían por jefes a José María Díaz Aguado y Leopoldo Martínez Campos, respectivamente, y dos escuadras, que pronto se convirtieron en falanges, de Filosofía y Letras y Farmacia, con Alejandro Salazar y Manuel Rodríguez Gimeno al frente. Los demás estudiantes, comprendidos los de escuelas especiales, se integraban en la centuria de Luis Aguilar.
Mandaba las milicias el comandante Arredondo, primer capitán seleccionado por Millán Astray para organizar la Legión, pero pronto se vio que su valor militar no era suficiente para conducir adecuadamente el fervor político de la juventud universitaria, que componía la inmensa mayoría de la llamada Primera Línea falangista.
IDEAS DE PLATÓN A VEINTE CÉNTIMOS
Las calles de Madrid conocieron el primer despliegue de las milicias falangistas con motivo de vocear y proteger la venta del primer número del semanario F. E., el jueves 7 de diciembre.
El dibujo sencillo y fuerte del título era del estudiante de Arquitectura Víctor d’Ors. El periódico tendría muchas más cosas «orsianas». José Antonio consideraba a don Eugenio d’Ors como uno de sus maestros.
En la Puerta del Sol, «cuya acera roja», la situada enfrente del Ministerio de la Gobernación, se consideraba feudo comunista, así como la glorieta de Cuatro Caminos, hubo de venderse el periódico a golpe limpio, pero ni un solo ejemplar fue roto o quemado. Acompañando a José Antonio, recibió Gordejuela un palo en la cabeza que le obligó a un riguroso vendaje. Las milicias eran como se pedía en el semanario que voceaban: «una juventud sana, limpia y heroica».
El boicot decretado por los sindicatos marxistas contra F. E. impuso la costumbre de que fuera vendido por los propios afiliados. En Sevilla, otro estudiante, Antonio García de la Torre, fue el primero en vocearlo por las calles
La aparición del primer número de F. E., que se vendía al precio de veinte céntimos, coincidió con el comienzo de un nuevo levantamiento anarquista, la C. N. T. y la F. A. I. daban muestras de inagotable rebeldía. Los muertos y heridos volvieron a contarse por centenares, con incendios de fábricas en la provincia de Barcelona, combates por las calles de Zaragoza, actos terroristas como la voladura del rápido Barcelona-Sevilla, proclamación del comunismo libertario en numerosos pueblos y un episodio de valor alucinante en Villanueva de la Serena, en donde fue necesario utilizar la artillería para dominar un pequeño foco insurrecto. Así las cosas, en Madrid, al margen de la violenta «faísta», se preparaba otro Gobierno.
En esta situación, F.E. desconcertaba con su pulcritud. Ximénez de Sandoval lo encontró «con el aire de una revista intelectual de estudiantes de Filosofía». Ramiro Ledesma consideraba equivocado «el sumo propósito de conseguir una sintaxis académica y rango intelectual.» Para su apasionado sentir, resultaba absurdo «hablar de Roma o de Platón» en vez de lanzar consignas claramente revolucionarias. Si los propios afiliados se extrañaban, había de admitirse la perplejidad de los enemigos. Cuando murió el primer estudiante vendiendo el semanario, se diría con sarcasmo: «Primo de Rivera hace morir a sus muchachos por vender ideas de Platón a veinte céntimos.»
La Falange había perdido ya al profesor Valdecasas, que se apartó de sus campamentos sigilosamente, y había ganado a cambio «un tropel de escritores —decía F. E.— de intelectuales, de universitarios, de estudiantes, como nunca, como en ningún movimiento español se había conocido.»
En el primer número F.E. publicó los «Puntos iniciales de su doctrina.
«Los que lleguen a esta cruzada —decían— habrán de aprestar el espíritu para el servicio y para el sacrificio.
Habrán de considerar la vida como milicia, disciplina y peligro. Y servirán ese espíritu de una manera alegre y deportiva.»
No era un programa político de embaucadoras promesas. Sí un haz de ideas sugestivas para romper la decadencia nacional. Cuando los partidos mostraban unos programas concretos de gobierno, de cara al electorado, programas «con solución para todos los problemas», llamados a no cumplirse nunca, la Falange inicia su arquitectura ideológica con un cuerpo doctrinal, en el que comenzaba por plantearse: ¿Qué es España? Exponía a continuación su entendimiento de las disgregaciones y luchas internas. Plantea su idea del Estado, de la superación de las luchas de clases; eleva a la máxima dignidad la libertad del hombre; hace del espíritu resorte decisivo en la vida y plantea las relaciones con la Iglesia en un plano de autonomía sin privilegios ni intromisiones del Estado y niega la violencia como sistema e instrumento de mando.
El editorial del primer número de F. E. terminaba con un ¡Arriba España! Rafael Sánchez Mazas hizo prevalecer este vítor excluyendo el viva clásico, que las izquierdas torpemente habían dejado en boca del nacionalismo derechista. Ya en La Conquista del Estado se utilizó el grito «¡Arriba los valores hispanos!». Juan Aparicio mencionó un libro de Pedro Pidal, editado hacia 1920, en cuya portada estaba escrito un «¡Arriba España!», pero seguramente en Sánchez Mazas había influido más el Gora de los vascos.
CONCLUSIÓN
El mitin del Teatro de la Comedia marcó el nacimiento público de Falange Española y simbolizó la aparición de una nueva corriente política en la España de la Segunda República. Aunque el acto tuvo un tono más intelectual que combativo, su repercusión fue considerable y atrajo a numerosos jóvenes, especialmente del ámbito universitario.
La muerte de José Ruiz de la Hermosa pocos días después del mitin evidenció hasta qué punto la vida política española se encontraba inmersa en un clima de creciente violencia y confrontación ideológica. Aquella tragedia inauguró una cadena de enfrentamientos que, con el paso de los años, se intensificaría dramáticamente.
En medio de aquel escenario de radicalización política y crisis institucional, el surgimiento de nuevos movimientos y la movilización de la juventud anticipaban un periodo de profunda convulsión que marcaría el rumbo de España durante la década de 1930.
