La entrevista (preguntas y respuestas) debía durar sólo tres minutos. La verdad es que en pantalla duró unos segundos, con una sola pregunta y una sola respuesta mutilada.
INTRODUCCIÓN
La entrevista grabada para RTVE el 8 de noviembre de 2005, con motivo del trigésimo aniversario de la muerte de Franco, recoge las reflexiones de Blas Piñar sobre la memoria del franquismo, la evolución política de España y las consecuencias de la Transición. A través de una serie de preguntas directas, el entrevistado ofrece su visión crítica sobre lo que considera una reinterpretación interesada del pasado y sobre la situación política y social del país tres décadas después.
Lejos de un simple ejercicio de nostalgia, el contenido de la entrevista aborda cuestiones como la lealtad o traición a la memoria de Franco, el papel de los antiguos dirigentes del régimen en el proceso de la Transición, la estigmatización política de determinados sectores y el futuro del franquismo como corriente ideológica. El texto se presenta así como un testimonio que permite comprender una determinada lectura del periodo histórico posterior a 1975 y las tensiones políticas que aún seguían vivas en el debate público de comienzos del siglo XXI.
Pregunta: Una reflexión al mirar, treinta años después de la muerte de Franco, las imágenes de TVE que retransmitían la despedida de miles de españoles ante la capilla ardiente. ¿Siente que mucha de aquella gente ha traicionado su memoria? ¿Se siente defraudado o piensa que es natural que se haya rebajado el fervor?
Respuesta: Han traicionado los rupturistas de la Reforma que fueron ministros o colaboradores de Franco. Los demás, o han sido fieles o son víctimas de la manipulación histórica que los coautores de la Transición han puesto en práctica. El proceso no ha sido natural, sino artificial, y, por lo tanto, no me defrauda, pero sí me apena.
Pregunta: ¿Dónde están hoy por hoy esos miles de seguidores y admiradores de Franco? ¿Existen? ¿Quiénes les representan?
Respuesta: Han pasado 30 años. Unos murieron. Otros, muchísimos, aunque dispersos, le recuerdan con gratitud y afecto; y otros, siguiendo la pauta del mal menor, militan o votan al Partido Popular. Sin atribuirnos la exclusiva, en Fuerza Nueva, siendo o no partido, mantenemos, sin arriar las banderas, lo que Franco representó para España y los españoles. Creo que con esta línea se halla también el partido Alternativa Española.
Pregunta: Insisto en el hecho de si se siente defraudado.
Respuesta: Hay que tener en cuenta que una cosa era la esperanza en un desarrollo perfectivo y respetuoso del pasado histórico, y otra la actitud adoptada por quienes han hecho la Transición, cada día más fuerte, aguda y perniciosa para la solidaridad y el entendimiento. La oposición al régimen anterior –con toda la fuerza que da el poder– se ha vuelto contra quienes hemos asumido los ideales que Franco defendió en beneficio de España y de los españoles. Nosotros hemos sido acorralados a través de dos campañas: la de calumnias repetidas (que, ello no obstante, te hace estar en el escaparate, es decir, en los medios de comunicación) y la más práctica y efectiva, que es la del silencio absoluto, para dar la impresión de que hemos dejado de existir.
Pregunta: ¿Qué es lo que opina cuando se suele identificar a seguidores de Franco y Fuerza Nueva con la extrema derecha?
Respuesta: Lo que puedo decir es que nunca he pertenecido ni he dirigido ningún grupo violento. Lo que sí he justificado es la legítima defensa. En los cinco libros que tengo publicados sobre la Transición política, demuestro que la misma fue gestada y llevada a cabo no sólo por la oposición, sino también, y de forma decisiva, por quienes desempeñaban en el franquismo puestos muy importantes. Los cuadros dirigentes de la Transición, aun conociendo la verdad, nos atribuyeron, incluso, la inspiración y organización del 23-F, calificándonos —como a otros movimientos similares de Europa y América— de extrema derecha, ultras, fascistas y nostálgicos. Todo esto, gracias a Dios, lo tengo superado y mi conciencia está tranquila; y no con simple resignación, sino con la alegría de haber llevado esta pequeña cruz, al saberme perseguido por la justicia, lo cual es una Bienaventuranza.
Pregunta: ¿Se ha desvinculado de toda esa ideología que últimamente ha tenido esos episodios de agresión a Carrillo?
Respuesta: Yo no tengo nada que ver con las agresiones a Carrillo que, naturalmente, han sido provocadas por la actitud de los hombres de la Transición que han exaltado a un genocida, de cuyo genocidio hay pruebas documentales, publicadas no solamente en la prensa sino en varios libros. Creo que durante la política de la llamada reconciliación no se había hecho nunca un homenaje a Carrillo, y precisamente, en el mismo día en que con motivo de su cumpleaños se le obsequió con la retirada del monumento a Franco, que, guste o no guste, estaba en la Plaza de San Juan de la Cruz. Por último, nombrarle, como se le ha nombrado, por la Universidad Autónoma, nada menos que doctor «honoris causa», provoca una reacción lógica en quienes son familiares o están identificados ideológicamente con aquellos que fueron asesinados y enterrados en el cementerio de Paracuellos de Jarama.
Pregunta: ¿Qué futuro le ve al franquismo?
Respuesta: Hay que partir, para contestar a esa pregunta, de que se ha hecho una campaña, tanto con medios públicos como privados, para descalificar a Franco. Vamos a publicar en el próximo número de la revista cómo las alabanzas de la Corona al Caudillo han quedado en agua de borrajas, tolerando que constantemente se le llama dictador sanguinario. Tengo en mi archivo artículos con insultos a Franco que yo no repetiría contra mi peor enemigo. Por ejemplo, tengo uno de Pilar Miró, que fue directora de TVE, y, por cierto, muy amiga mía, pues conocí mucho a la familia (que era muy falangista), y que empieza: «Yo odio a Franco, le odio visceralmente…» «era un soldado mediocre con la mentalidad de un cabo»… y no son los cabos los que suelen ganar las guerras, ¿verdad? El insulto a Franco es una cosa que molesta a mucha gente y que produce un estado general de indignación. No hay derecho a que se insulte así a muchos españoles que no están de acuerdo con esa política abusiva cargada, muchas veces, de bilis y de odio.
Pregunta: ¿Cree todavía que hay muchos falangistas?
Respuesta: Creo que hay que distinguir entre el abandono, por el que uno se retira o deserta, y el empujón, casi irresistible, que obliga a sentarse. Lo que ocurre es que, tal y como está hoy la situación, y como consecuencia lógica, la gente que se enfrenta con la figura de Franco a través de la imagen que ofrece esa campaña de los coautores de la Transición —que es una falsificación de la historia— ve la realidad de España en un proceso de disolución (yo he dicho muchas veces que la España actual es algo así como un manicomio en régimen de autogestión al que han blindado las paredes para que nadie pueda entrar) y, si no queremos que lleve consigo la destrucción de España como unidad política e histórica, habrá que reaccionar de alguna manera. A esa reacción es a la que tienen miedo los hombres de la Transición, me refiero a los del PSOE y el PP, fundamentalmente. Hay, pues, que reaccionar.
¿Qué ocurrió para que se produjese el Alzamiento Nacional? Era una situación parecida a ésta. Y añado que ésta es peor que la de entonces. Porque entonces España estaba herida, pero herida en su carne, mientras que hoy lo que padece España es una enfermedad en su alma.
Han ido destruyendo la conciencia nacional, han despertado hasta el desafío al movimiento separatista, se ha cometido el tremendo error de entregar parte de la seguridad nacional a esas fuerzas separatistas e independentistas y llega un momento en que la solución se hace cada vez más difícil.
La gente empieza a pensar: ¿Por qué, entonces, Franco se puso a la cabeza del Alzamiento? ¿Por qué se hizo necesaria una guerra fratricida, pero que era una guerra necesaria, si queríamos salvar cosas fundamentales como la propia vida, la defensa de la Fe, la defensa de la Patria, la justicia social? (la Seguridad Social la creó Franco, no la crearon los socialistas).
La gente vuelve a mirar al pasado, sin que nadie le invite a ello; y puede resultar que surja un neofranquismo, incluso, en quienes no habían apoyado a Franco. Por eso hay muchos miembros del PSOE que se sienten españoles antes que socialistas, y eso es lo importante, porque mientras no suceda eso, poco hay que hacer.
Repito, la gente, sin una idea muy clara de lo que fue Franco, empieza a preguntarse: ¿Por qué aquel Alzamiento? ¿Por qué la guerra? Esto, para mí, es muy importante: si la indignación general y el amor a España se sobreponen a la fidelidad a los partidos, y si el movimiento que surja de ese amor a España y de esa indignación general es no sólo un dique que impida la continuación de este grave proceso degradante, sino un correctivo eficaz para que España se recobre a sí misma, con trabajo y paz.
CONCLUSIÓN
La entrevista a Blas Piñar constituye un documento significativo para entender una de las interpretaciones más críticas con la Transición española y con la evolución política posterior al franquismo. Sus respuestas reflejan una percepción de ruptura con el pasado, de deslegitimación del legado de Franco y de marginación política de quienes se identificaban con aquellos ideales, así como una preocupación por lo que considera un proceso de deterioro de la unidad nacional y de la conciencia histórica.
Más allá de compartir o no sus planteamientos, el testimonio ofrece una ventana a una sensibilidad política concreta que formó parte del debate público durante décadas. En este sentido, la entrevista permite contextualizar las tensiones en torno a la memoria histórica, el relato de la Transición y la persistencia de determinadas corrientes ideológicas en la España democrática, aportando una pieza más para el análisis plural de la historia reciente.
