En este ambiente el rumor de que Franco va a ser destinado al mando del Tercio se extiende como la mancha de aceite. De hecho, el propio comandante, que está visitando el monasterio de la Visitación, es abordado por los periodistas que le descubren y le hacen una entrevista publicada en La Voz de Asturias prácticamente ignorada desde 1923:
«Un grupo de serios varones aparecen en la puerta. En medio, destacando el verde uniforme sobre la negrura de las levitas, vimos un militar: es Franco el casi legendario soldado de la brava Legión Extranjera…
Su aparición, hace surgir en nosotros el recuerdo de las inesperadas noticias que llegan de la Corte, que nos hablan de su posible destino a Melilla. Y el instinto del reportaje aparece enseguida. ¿Por qué no interrogarle?… ¿No nos podría él decir algo más de lo que tan escuetamente se nos ha transmitido?…
Rápidos, sin vacilaciones ni cortedades, con la audacia propia del periodista, nos vamos al abordaje.
–Mi Comandante –le dijimos– separándole resueltamente del grupo– ayer en la cabina de nuestro periódico nos ha sorprendido la nueva de su ascenso y probable designación para mandar las fuerzas del Tercio, y ahora se nos ha ocurrido al verle, que acaso pueda uste explicarnos…
–¿Explicar? –nos interrumpe sonriente– ¡Pero si no sé nada!… Mire, amigo; si a ustedes les sorprendieron ayer, a mí me han sorprendido esta mañana al leer los diarios. No sabía de ello ni una palabra.
–¿De veras?…
–Y tan de veras. ¡Cómo que he telegrafiado a Madrid pidiendo noticias! Le explicaré por qué. En primer lugar, para poder desempeñar ese cargo, se requiere mi ascenso al inmediato empleo de teniente coronel; y de este ascenso aún no se ha resuelto nada. Además, se trata de un puesto voluntario, que sólo se ocupa por expresa petición.
–¿…?
–Comprenderá usted que las circunstancias no son las más a propósito para ello. En vísperas de boda y cuando acaba como quien dice de regresar a la Península, después de una “regular” campaña…
–¿De modo, que aun cuando se cumpliera ese requisito previo, usted pondría reparos a la designación?
–No, de ningún modo –nos contesta con decisión–. Pertenezco al ejército y a la Patria me debo. Si me designan, iré; iré sin vacilar, sin pararme en minucias de procedimientos, y procuraré cumplir como siempre he procurado hacerlo, como a ello nos obliga nuestra profesión, el juramento que hemos prestado. Pero bien; estamos hablando en hipótesis. Aún no hay nada que podamos calificar de seguro.
¿A qué pensar en ello?… ¿No le parece?
Comprendiendo que estábamos reteniendo indebidamente al heroico militar, haciendo esperar a quien con más títulos que nosotros requería su presencia, nos despedimos del futuro teniente coronel, cruzando un fuerte apretón de manos.
Y como la conversación te interesa lector, de seguro, aquí queda trasladada».
