INTRODUCCIÓN
José María Fernández Ladreda y Menéndez Valdés fue una de las personalidades más destacadas de la vida militar, científica y política española de la primera mitad del siglo XX. Oficial de Artillería, químico de prestigio internacional y catedrático universitario, desarrolló una intensa actividad pública que abarcó desde la docencia y la investigación científica hasta la gestión municipal, parlamentaria y ministerial. Su trayectoria refleja la estrecha relación entre técnica, política y Estado en un periodo decisivo de la historia contemporánea de España.
Fernández Ladreda y Menéndez Valdés, José María. Conde de San Pedro. Oviedo (Asturias), 14.III.1885 – Bobes, Siero (Asturias), 20.IX.1954. Ministro, militar y político.
Estudia el bachillerato en el instituto de su ciudad natal e ingresa (1903) en la Academia de Artillería de Segovia continuando la tradición familiar. Su padre, del mismo nombre y apellido, había sido coronel de Artillería y director de la Fábrica de Cañones de Trubia.
Terminados sus estudios militares, sale en 1908 con el grado de teniente destinado al Regimiento de Artillería de Valladolid. Su siguiente empleo es en la Comandancia de Melilla, donde presta servicios en puestos avanzados como las Cabrerizas Altas. En marzo de 1910, regresa a la Península, por ser designado profesor ayudante en la Academia de Artillería de Segovia. Durante año y medio centra su actividad en el estudio de la Química, su gran pasión, y junto con el capitán Martínez Vivas, también profesor de la Academia, publican cuatro libros que pasaron a ser textos oficiales. En agosto de 1911, es destinado a Carabanchel (Madrid).
Ascendido a capitán en julio de 1914, pasa al año siguiente al Taller de Precisiones, Laboratorio y Centro Electrotécnico de Artillería.
Durante su estancia en el citado centro pudo desarrollar su afición por la Química, y publicó otros dos libros. En 1919 recibe una pensión de la Junta para la Ampliación de Estudios para viajar a Estados Unidos, donde se especializa en Metalografía en los laboratorios del Bureau of Standards (Washington) y en la Universidad de Columbia (Nueva York). Tiempo después solicita la excedencia voluntaria en el ejército, y regresa a su ciudad natal, dedicándose a la dirección de industrias privadas y publica artículos en diversas revistas, como en el Boletín del Centro de Estudios Asturianos. En esta época, termina sus estudios en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Oviedo, como licenciado en Química en 1924. Ese mismo año contrae matrimonio con Carmen García San Miguel Uría, de la alta burguesía liberal asturiana.
El 22 de noviembre de 1924, es designado por Miguel Primo de Rivera, alcalde de Oviedo. A su gestión se debe el inicio del gran Macelo Municipal y Mercado de ganado; la construcción de casas baratas para empleados y obreros municipales; el Depósito de Aguas circular; la edificación de un grupo escolar; el abastecimiento de aguas a barrios, etc.; todo ello a pesar de que sólo permanece en el cargo veintiún meses.
Mientras, en abril de 1925, asciende a comandante.
Un decreto de Primo de Rivera anulando la escala cerrada en el escalafón de Artillería provoca la protesta del citado cuerpo, a la que se suma Fernández Ladreda.
En solidaridad con sus compañeros de armas, dimite como alcalde el 3 de septiembre de 1926. Resuelto el problema con la rectificación de Primo de Rivera, reingresa en el Ejército (marzo de 1927), destinado como ayudante de campo del general inspector de Artillería de la Séptima Región Militar. Pocos meses después pasa a la situación de supernumerario.
Se doctora en Ciencias químicas, en diciembre de 1927, con un trabajo sobre las propiedades químicas de los latones. Se reincorpora al Ejército en 1928 y se retira definitivamente al año siguiente, cuando decide dedicarse a la docencia universitaria, y es nombrado profesor auxiliar de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Oviedo (1929-1933).
Tras la proclamación de la Segunda República inicia una intensa actividad política. Organiza en Asturias una nueva fuerza política, Acción Nacional, siendo elegido presidente de la misma en la asamblea del día 2 de julio de 1931. Publica en la prensa regional algunos artículos criticando ciertas medidas del gobierno de Azaña y dos folletos dirigidos a sus partidarios.
En Asturias, ante las elecciones generales de noviembre de 1933, Acción Popular (nueva denominación de Acción Nacional) forma coalición electoral con el Partido Republicano Liberal Demócrata.
La alianza gana las elecciones y Fernández Ladreda ocupa la segunda posición de la lista, tras Melquíades Álvarez, con 125.155 votos, el 46,1 por ciento de los votantes, y ocupa el escaño de diputado en Cortes.
Ante los trágicos sucesos de octubre de 1934, solicita un castigo ejemplar para los revolucionarios, en un discurso pronunciado en las Cortes españolas el 7 de noviembre siguiente, reproducido en la revista Razón española (número 8, diciembre de 1984). Presidente de la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA) en Asturias, nuevamente es elegido diputado en las elecciones generales de febrero de 1936, en la candidatura de coalición entre la CEDA y el Partido Liberal Demócrata. En esta ocasión logra el primer puesto de la lista conjunta con 151.480 votos, el 46,8 por ciento de los votantes. En las Cortes ocupa la vicepresidencia segunda del grupo parlamentario de la CEDA.
Se encontraba en Oviedo al iniciarse la Guerra Civil y el comandante Fernández Ladreda forma la Compañía de Voluntarios Ladreda, para colaborar en la defensa de la ciudad, bajo el mando del coronel Aranda. En agosto de 1937 es nombrado director de la Fábrica de Armas de La Coruña y, meses después, de la de Oviedo. En febrero de 1939 asciende a coronel de Artillería, y en octubre le nombran jefe de la Sección de Armamento y Material de la Dirección General de Industria en el Ministerio del Ejército. En 1942 logra, por oposición, la cátedra de Química en la Universidad de Sevilla, y pasa luego, por traslado, a la de Oviedo. Al final de ese mismo año es nombrado vicerrector de la Universidad. En abril de 1943, es designado director de la Escuela Politécnica del Ejército, cuando ya ostentaba el grado de general de brigada.
Tras desempeñar otras altas responsabilidades, el 20 de julio de 1945, Francisco Franco le nombra ministro de Obras Públicas, cargo que ocupa hasta el 19 de julio de 1951. Paladín de la electrificación de la Red Nacional de Ferrocarriles, en el Decreto Ley de enero de 1946 se programan la electrificación de 4.500 km de la red (tramos Madrid-Segovia, Barcelona- Mataró, Busdongo-Puente los Fierros, Asturias, etc.); construcción de nuevas líneas ferroviarias (Cuenca-Utiel, Balaguer-Tremp, etc.); nuevo régimen jurídico de la Red de Ferrocarriles de Vía Estrecha; autor del Plan de Modernización de Carreteras. Su labor al frente del Ministerio fue ingente, superando numerosos problemas derivados de la difícil etapa que atravesaba España. Durante dos años (1951-1953) fue vicepresidente de las Cortes españolas.
Autor de doce libros y numerosos artículos y folletos sobre su especialidad en Ciencias químicas, escribió también el prólogo del libro Regionalismo de Sabino Álvarez Gendín (1932), y el de Moreno Luque sobre alimentación humana y economía agrícola (1939). Cuando en 1942 se publica en España el trabajo de Roberto Wizinger, Carbón, aire y agua, Fernández Ladreda tuvo a su cargo la revisión, puesta al día y adaptación del texto al caso de España del citado libro. En 1949 imparte, en la Universidad Central de Madrid (de la que es catedrático de los cursos de doctorado entre 1945 y 1953), la conferencia de inauguración del curso académico 1949-1950, con el título “El doctorado en Química industrial y la formación de los químicos para la industria”. En 1950 escribe la introducción a los tres tomos de El estudio de la teología entre los seglares cultos, del doctor Cesáreo Rodríguez y García-Loredo.
Presidente de la Asociación Nacional de Químicos de España; miembro del Patronato “Juan de la Cierva” del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC); presidente de la Comisión Técnica de Metalurgia (1940); académico de número de la Real Academia de Farmacia (1947) y de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (1948). Estaba en posesión de numerosas condecoraciones: Cruz de Guerra, Laureada de San Fernando colectiva, Medalla de Primera Clase al Mérito en el Trabajo, Mérito Militar, Gran Cruz del Mérito Naval, Gran Encomienda de San Benito de Aviz y Gran Cruz de Cristo (portuguesas), Gran Cruz de Carlos III, del Mérito Agrícola, de San Hermenegildo, de San Gregorio Magno, Medalla de Oro de la villa de Mieres. Además, comendador de la Orden de Alfonso X el Sabio, caballero de las Órdenes Militares de Malta y Santo Sepulcro, hijo predilecto de Asturias y de Oviedo, hijo adoptivo de Vegadeo, Salas, Gijón, Grado y otras villas asturianas.
Era conde de San Pedro. Y general inspector del Cuerpo de Armamento y Construcción (1946), presidente del Casino de Madrid y presidente honorario de la Asociación de la Prensa de Oviedo.
José María Fernández Ladreda falleció en su residencia de Bobes (Siero) el 20 de septiembre de 1954, constituyendo su entierro en Oviedo una impresionante manifestación de duelo popular.
CONCLUSIÓN
La figura de José María Fernández Ladreda y Menéndez Valdés encarna el modelo de servidor público formado en la disciplina militar, la excelencia científica y el compromiso político. Desde su temprana carrera en Artillería y la Química industrial hasta su etapa como ministro de Obras Públicas, su labor fue decisiva en la modernización de infraestructuras clave como los ferrocarriles, carreteras y sistemas energéticos de la posguerra. Reconocido con numerosas distinciones civiles y militares, su fallecimiento en 1954 provocó una honda conmoción popular en Asturias, dejando tras de sí el legado de una vida dedicada al estudio, al servicio del Estado y al desarrollo material de España.
