INTRODUCCIÓN
La no participación de España en la Segunda Guerra Mundial fue una de las decisiones más determinantes del régimen de Francisco Franco. Tras una devastadora Guerra Civil, el país carecía de recursos materiales, económicos y humanos para afrontar un nuevo conflicto de dimensión mundial.
Tal como relata el libro Franco sin adjetivos, la presión ejercida por la Alemania de Adolf Hitler fue intensa y constante, especialmente tras las entrevistas de Hendaya. Sin embargo, Franco desplegó una estrategia política basada en la dilación, la exigencia de condiciones inasumibles y la firme defensa de la neutralidad española, logrando evitar la entrada en la guerra pese a amenazas directas y ultimátums explícitos del Tercer Reich.
Vean cómo Francisco Franco evitó entrar en la II Guerra Mundial. Lo cuenta el libro “Franco sin adjetivos”
“Tras el doble encuentro de Hendaya[1], no hubo más reuniones[2]. Franco ganó[3]; Hitler perdió. Franco utilizó sus pocos recursos (difirió las respuestas, exigió lo impensable, utilizó un lenguaje irritante, contradijo a Hitler en materias estratégicas y tácticas[4], pospuso las decisiones una y otra vez). ¿Hasta cuándo diferir una decisión cuya condición necesaria no se cumplía? No era fácil continuar ad infinitum con una política de procrastinación, pero las circunstancias vinieron en apoyo de Franco[5], quien el 21 de enero de 1941 rechazó de plano un ultimátum alemán (que el Embajador Von Stohrer leyó personalmente a Franco) para que España se incorporara a la guerra.[6]”
[1] Hubo una primera sesión de 15:30 a 18:00 y otra, acompañada de cena, entre las 21:00 y pasadas las 0:00 del día siguiente. Von Ribbentrop siguió insistiendo ante Serrano Suñer durante toda la noche en el tren Heinrich, transporte del ministro alemán, camino de Burdeos. Fue en vano. Von Ribbentrop maldijo al jesuita Serrano y al ingrato cobarde Franco. La derrota nacional socialista en las entrevistas fue completa, incluso en materia formal.
[2] No por parte de Franco, pero sí de Serrano Suñer. Como hemos sabido por haberlo mencionado antes, fue el 19 de noviembre, almorzando en Berchtesgaden con el Conde Ciano y Von Ribbentrop primero y en una postrer entrevista con el propio Hitler esa misma tarde. Las inmensas presiones de todos ellos fueron en vano. La amenaza de situar 186 divisiones ante los Pirineos para con ellas invadir España no surtió efecto. Y Serrano Suñer cerró el enfrentamiento afirmando que “El pueblo español se opondría a cualquier invasión”. El día 20 Hungría, el día 23 Rumanía y el 24 Eslovaquia firmaron su adhesión al pacto que las llevaría a la guerra junto con Alemania.
[3] Franco había vencido a Stalin en la Guerra Civil y sabía lo que podía significar una nueva guerra. Desde 1938 había declarado la neutralidad de España en futuros acontecimientos bélicos europeos, que como sabemos comenzaron el 1 de septiembre de 1939. El Reino Unido no se había rendido y los EE. UU. entrarían en combate para apoyarle antes o después. Con el previsible dominio del mar que se auspiciaba, Franco sabía que la beligerancia le supondría ser bloqueado o invadido. Se mantuvo al margen, pues.
[4] En las que Franco no tenía rival militar, así que Hitler difícilmente podía debatir siquiera. Tan es así que, en un momento dado, se levantó a hizo ademán de finalizar la entrevista.
[5] Hitler había decidido el 5 de diciembre que el 10 de enero de 1941 iniciaría la Operación Félix, pero el 10 de diciembre, tras un telegrama del Almirante Canaris, que estaba en Madrid con Franco, Hitler renunció … temporalmente. Como dijo el mariscal Keitel en Nüremberg antes de ser ajusticiado, “el Führer no quería verse obligado a transportar sus tropas contra la cólera de Franco”. El 20 de diciembre de 1940, Hitler instruyó la Operación Barbarroja, que significaba la invasión de la Unión Soviética, materializada el 22 de junio.
[6] El ultimátum constaba de seis puntos. El primero despreciaba el esfuerzo español en la Guerra Civil y afirmaba que “Sin la ayuda del Führer y del Duce no existirían hoy ni una España Nacional ni un Caudillo”. El ultimo finalizaba así: “Si el Caudillo no decide inmediatamente unirse a la guerra de las potencias del Eje, el gobierno del Reich no puede hacer más que vaticinar el final de la España Nacional. Fin del mensaje. Firmado Ribbentrop”.
CONCLUSIÓN
La negativa de Franco a comprometer a España en la Segunda Guerra Mundial no fue fruto de la improvisación, sino de un cálculo estratégico sostenido en el tiempo. Consciente del estado real del país, de la supremacía naval británica y del previsible desenlace del conflicto global, el régimen optó por mantenerse al margen mediante una política de resistencia diplomática frente a las presiones del Eje.
El rechazo formal del ultimátum alemán en enero de 1941 y la posterior prioridad de Hitler por la invasión de la Unión Soviética sellaron definitivamente la neutralidad española. Este episodio confirma que, más allá de afinidades ideológicas, la política exterior del franquismo estuvo guiada por el interés nacional y la supervivencia del Estado tras una guerra civil que había dejado a España exhausta.
