El golpe de Estado había fracasado en Madrid, Barcelona, Valencia y Bilbao, así como en los principales centros industriales. España se dirigía a una guerra civil.
Inmediatamente comenzaron los juicios sumarísimos y los fusilamientos. En la zona republicana, los generales Fanjul, Fernández Burriel, García-Aldave, Goded, Milans del Bosch y Patxot fueron fusilados por sublevarse. Los frentepopulistas asesinaron a cuantos identificaban como enemigos. Sacerdotes y frailes fueron especialmente perseguidos. En las grandes ciudades se generalizaron los paseos[1].
En Madrid, los milicianos produjeron una masacre en el Cuartel de la Montaña, inmediatamente después del Alzamiento. El 19 de julio de 1936, el general Joaquín Fanjul Goñi[2], sin mando de tropas, pero encargado del Alzamiento en Madrid, entró vestido de civil en el Cuartel de la Montaña. En su interior había unos 1.200 hombres, de los que unos 140 eran oficiales. Esperaba refuerzos de las guarniciones de Campamento, Getafe y Cuatro Vientos, que nunca llegaron. Esa misma tarde, el cuartel fue rodeado por tropas del ejército de la República, guardias de asalto y milicias frentepopulistas. A las dos de la madrugada del día 20 se desencadenó el primer ataque importante contra el cuartel. Se produjo un tiroteo continuo, con esporádicos bombardeos de artillería. Al amanecer del día 20, dos aviones procedentes de Getafe y Cuatro Vientos bombardearon el cuartel. A las ocho y media de la tarde fracasó una salida para tratar de unirse a las fuerzas de Campamento. Los defensores se rindieron, tras sufrir unas 500 bajas.
Los asaltantes rojos entraron en el recinto, llevando a cabo una matanza sobre hombres desarmados. Al menos 130 defensores fueron asesinados in situ. Fanjul fue hecho prisionero y conducido a la cárcel Modelo. El 15 de agosto de 1936 tuvo lugar la vista del juicio sumarísimo. Fanjul fue fusilado el 17 de agosto de 1936. Su hijo José Ignacio, teniente médico, fue asesinado el 23 de agosto en la Cárcel Modelo por milicianos afectos a la causa republicana.

Para librar la guerra ya desencadenada, el Frente Popular contaba con muchos más recursos[3] de todo tipo, salvo efectivos militares[4]. La República recibió numerosos voluntarios encuadrados en las Brigadas Internacionales[5], así como una gigantesca ayuda de la URSS en todos los sectores de armamento, material, gran número de militares en activo de las tres armas y miembros de la NKVD[6]. Contribuyeron a impedir que Franco se apoderara de Madrid[7]. A continuación, Hitler y Mussolini enviaron también combatientes, que se integraron en el ejército nacional.
Francia y la URSS eran aliados del Frente Popular y la Gran Bretaña estaba al margen. Así, Franco acudió a Alemania e Italia para obtener armas[8]. En los primeros compases de la guerra, Franco sólo disponía del 25% de la anticuada fuerza aérea española. El mismo 19, Franco envió a Luis Antonio Bolín a Lisboa para informar a Sanjurjo de la situación. El 19 de julio, el gobierno destituyó a Franco. El 20 de julio, el avión que trasladaba al general Sanjurjo a Pamplona se estrelló en Estoril. Sanjurjo, encargado de liderar el golpe de Estado, murió.
El 22 de julio, el marqués de Luca de Tena y Bolín se entrevistaron con Mussolini en Roma. El 27 de julio llegaron a España doce bombarderos italianos. El 25 de julio, Hitler recibió al grupo enviado por Franco[9]. Franco reclutó voluntarios marroquíes y condecoró[10] a Sidi Hamed Ganmia, Gran Visir del protectorado español de Marruecos, con la Cruz Laureada de San Fernando.
Franco tenía dificultades para trasladar las tropas del Ejército de África[11] y sus pertrechos a la Península[12]. El general Kindelán[13] le propuso organizar un puente aéreo, pero fue insuficiente. El 5 de agosto, Franco consiguió transportar 8.000 soldados. En los tres meses siguientes, 868 vuelos trasladaron 14.000 hombres, 44 piezas de artillería y 500 Tm. de pertrechos. Fue una estrategia militar innovadora que aumentó el prestigio de Franco[14].
El 22 de agosto, la cárcel Modelo (Madrid) fue asaltada por las turbas izquierdistas, que asesinaron a la mayoría de los internos políticos[15]. Éstos lo eran en su condición de sospechosos de congeniar con los alzados. A las 16:00 horas de ese día 22, los reos comunes, buscando su salida, incendiaron parte de la cárcel, acusando del hecho a los presos políticos.
Los milicianos de la CNT hicieron correr por Madrid el rumor de que se estaba produciendo una fuga general de la prisión, aprovechando el incendio. Las turbas hicieron acto de presencia, exigiendo el asesinato de los presos “fascistas”. Previamente, liberaron a los presos comunes y empezaron a disparar contra el patio desde edificios colindantes.
A las 19:00, un grupo de milicianos de filiación anarquista, comunista y socialista entró y se hizo con el control[16].
Durante la madrugada siguiente comenzó el asesinato sistemático de conocidos políticos y militares que habían sido hacinados allí tras su detención. Los crímenes se efectuaron en dos fases y acabaron con 70 de los presos políticos[17].
La reputación del gobierno republicano resultó grave y negativamente afectada[18] por la masacre de la Cárcel Modelo.
El presidente Giral dimitió a primeros de septiembre. Azaña, a pesar de considerar a los sindicatos como los mayores responsables del desorden imperante, aceptó como presidente del gobierno a Largo Caballero[19], líder de la UGT, al frente de un gabinete formado por socialistas, republicanos, comunistas y el PNV.
Con sus tropas situadas en Maqueda[20], Franco decidió desviar efectivos de las tropas que se aproximaban a Madrid para liberar el Alcázar de Toledo, un foco de heroica resistencia nacional donde en los primeros días de la sublevación se habían refugiado guardias civiles y falangistas con sus familias[21], ofreciendo una resistencia numantina[22]. Las tropas de Franco los liberaron el 27 de septiembre, convirtiendo esta liberación en una leyenda[23].
Muerto Sanjurjo, Mola propuso a la Junta de Defensa establecer un mando supremo, considerando a Franco el más indicado para ocuparlo[24]. Franco fue designado jefe de Gobierno el 28 de septiembre de 1936[25].
Por entonces, Franco tenía 43 años y era uno de los militares más prestigiosos del Ejército[26]. Fue elevado, el 1 de octubre de 1936, a la jefatura del Estado de la España nacional[27] en la Junta Técnica que tendría vigencia hasta el 30 de enero de 1938.
Franco dirigió la guerra con criterios conservadores, muy alejados de la guerra rápida que propugnaban sobre el papel las doctrinas estratégicas más avanzadas de su época[28]. La unidad nacional contrastaba con los enfrentamientos que desangraban al bando leal a la República; la disciplina, profesionalidad y motivación de sus fuerzas eran el polo opuesto de la politización y voluntarismo de las fuerzas armadas frentepopulistas.
Durante la noche del 6 y la madrugada del día 7 de noviembre de 1936, milicianos del PCE, el PSOE y la UGT, a las órdenes de Santiago Carrillo, iniciaron en Madrid una carnicería que sólo se detuvo el 4 de diciembre, más de 6.000 muertos después. Los asesinados[29] fueron ametrallados, la mayoría en Paracuellos del Jarama, cerca de Madrid.[30]
La matanza se gestó tiempo atrás. Mijail Koltsov, consejero soviético enviado a España por Stalin[31], pensaba que existía una hipotética quinta columna de profesionales, religiosos, militares y conservadores cristianos, la cual constituiría una grave amenaza para el gobierno del Frente Popular. Para eliminar ese riesgo, dispuso que los sacaran[32] de las cárceles madrileñas y los asesinaran sin más trámite.
De acabar[33] con ellos se encargó Santiago Carrillo, quien ese mismo día 6[34] se había pasado en masa con las Juventudes Socialistas Unificadas al Partido Comunista de España[35]. El PCE filtró los ficheros de las cárceles madrileñas (Cárcel Modelo, Porlier, San Antón, Ventas) y sus miembros ejecutaron las órdenes de Moscú.
No fue esa la única actuación criminal del Frente Popular en los territorios que controló durante la Guerra Civil. Un elemento fundamental y permanente del terror que se extendió por las capitales fueron las llamadas checas[36], que en número muy elevado[37] se constituyeron para acabar con personas de significación opuesta al Frente Popular o cuando menos no implicada en él. Todos los partidos del Frente Popular[38] tuvieron sus propias checas. Participaron en sus crímenes destacados militantes de esos partidos del Frente Popular, quienes gozaban de absoluta impunidad. No sólo impunidad: el gobierno de la República, personificado en el cargo del director general de Seguridad, Manuel Muñoz Martínez, diputado en Cortes por Izquierda Republicana, confirió estatus oficial a por lo menos una de las checas de Madrid[39].
El 19 de abril de 1937, el general Francisco Franco, que para entonces[40] ostentaba la jefatura militar en el bando nacional durante la Guerra Civil Española, decidió unificar las fuerzas políticas que le apoyaban e integrarlas en una misma organización bajo el nombre de FET de las JONS. Ello se materializó a través del Decreto de Unificación[41], que se publicó el día 20 de abril.[42]
Los acrónimos correspondían a “Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista”. La innovación estaba en el logo de la FET, pues la Falange y las JONS estaban ya unificadas. La FET indicaba la fusión de Falange Española y la Comunión Tradicionalista. Esta era la novedad y la innovación estratégica.
Fue una imposición sin paliativos. Franco deseaba evitar a toda costa que se reprodujera entre los suyos el enfrentamiento suicida que estaba teniendo lugar en el bando frentepopulista, responsable de las muchas derrotas consecutivas de su ejército, de los asesinatos en retaguardia, de la inseguridad general y de las malas perspectivas que, al cabo, se materializaron en una derrota completa[43]. La analogía entre las dos partes de España era conceptualmente improbable, pero no se quisieron dejar cabos sin atar.[44]
Veamos los antecedentes y la trayectoria de los protagonistas de los partidos mencionados. Las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (JONS) fueron fundadas por Onésimo Redondo[45] y Ramiro Ledesma Ramos[46], el 10 de octubre de 1931. A su vez, Falange Española fue fundada el 29 de octubre de 1933 por Rafael Sánchez Mazas y José Antonio Primo de Rivera.[47]
Anteriormente, el 11 de febrero de 1934, el Consejo Nacional de las JONS se había reunido para considerar la posible fusión con Falange Española, y el 15 de febrero se acordó llamar FE de las JONS a la nueva formación, que estuvo dirigida por José Antonio Primo de Rivera, Julio Ruiz de Alda[48] (FE) y Ramiro Ledesma (JONS). El 4 de marzo de 1934, la unión se materializó en un acto celebrado en el teatro Calderón de Valladolid.
En julio de 1936, la FE de las JONS se sumó al Alzamiento. Durante los primeros meses de la guerra, la organización masculina del partido creció rápidamente, pasando de ser miles a decenas de miles. La rama femenina, llamada Sección Femenina, amplió sus filas análogamente.
El jefe nacional de Falange Española de las JONS, José Antonio Primo de Rivera, se encontraba encarcelado desde antes del inicio de la guerra[49]. Para reemplazarle mientras salía eventualmente de prisión, el 2 de septiembre de 1936 se formó en Valladolid una Junta de Mando Provisional encabezada por Manuel Hedilla, un político menor, opacado por la memoria de José Antonio y lastrado por los enfrentamientos internos. La Junta de Mando se trasladó a Salamanca a principios de octubre para estar lo más cerca posible del Cuartel General del Generalísimo. El 20 de noviembre, José Antonio Primo de Rivera fue asesinado en prisión. El 21 de noviembre se celebró el III Consejo Nacional de Falange.
En cuanto a la Comunión Tradicionalista carlista, su líder Manuel Fal Conde intentó mantener la independencia de su organización y de los requetés. Su primera decisión fue también la última: en diciembre de 1936 intentó crear una Real Academia Militar de Requetés, distinta y ajena a las academias militares. El Generalísimo reaccionó de inmediato: insubordinación y traición. Le dio a elegir: o un Consejo de Guerra, o fuera de España. Fal Conde se expatrió en Portugal. Acto seguido, el 20 de diciembre de 1936, Franco militarizó las milicias carlistas y falangistas.
¿Eran éstos todos los partidos que apoyaban el Alzamiento Nacional? No. Hay que contabilizar otras fuerzas políticas, como los monárquicos de Renovación Española o los católicos de la CEDA, pero aportaban menos combatientes y apenas tenían influencia, por lo que quedaron al margen. Por situar las cifras en perspectiva, en octubre de 1936 había unos 36.000 falangistas, unos 22.000 carlistas y unos 6.000 alfonsinos y cedistas en los frentes.
En primavera de 1937 se materializaron tensiones entre carlistas, católicos de la CEDA, falangistas y monárquicos alfonsinos. No sólo eso; en la madrugada del 17 abril de 1937, dos falangistas murieron[50] en enfrentamientos entre los dos sectores de la Falange: los partidarios de la fusión y consecuente subordinación al poder militar (encabezados por Sancho Dávila y Agustín Aznar) y los contrarios a ella, encabezados por Hedilla. Los sucesos de Salamanca resultaron el catalizador de la decisión de Franco, quien entendía que no cabía la posibilidad de aceptar esa situación.
El Cuartel General de Franco intervino. El 18 de abril, cuando los falangistas contrarios a la fusión celebraban un Consejo Nacional en el que eligieron a Manuel Hedilla como jefe nacional[51], el propio general Franco anunció en un magnífico discurso[52], que causó una excelente impresión entre el sector tradicionalista, su resolución de promulgar el Decreto de Unificación de Falange Española y la Comunión Tradicionalista, que pasaban a estar bajo su jefatura directa y única como jefe nacional.

(Cuadro de 1941)
Tras la unificación, las reacciones fueron variadas. Hedilla y muchos camisas viejas[53], por un lado, y Fal Conde más un importante número de carlistas por otro, rechazaron integrarse en el nuevo partido. Hedilla no reconoció la unificación con los tradicionalistas ni aceptó el puesto de consejero nacional que le ofreció Franco. Siguió considerándose el jefe de Falange, por lo que Franco lo mandó detener una semana después, junto con otros falangistas disidentes. Condenado a muerte por un tribunal militar por su “manifiesta actuación de indisciplina y de subversión frente al Mando y el Poder únicos”, Franco indultó a Hedilla, quien cumplió condena de cárcel en Las Palmas de Gran Canaria hasta 1943 y luego fue desterrado a Palma de Mallorca hasta 1947.
Manuel Fal Conde siguió oponiéndose a la unificación desde Portugal. En octubre de 1937 fueron nombrados por Franco los 50 miembros del Consejo Nacional de FET y de las JONS, la mitad de los cuales eran falangistas, una cuarta parte carlistas, cinco monárquicos y ocho militares, incluido el general Queipo de Llano. Después, Franco en persona invitó a Fal Conde a formar parte del Consejo Nacional de FET, en noviembre de 1937. Fal Conde no aceptó y el ofrecimiento fue retirado el 6 de marzo de 1938. Tomás Rodríguez Arévalo, conde de Rodezno, que sucedía a Fal Conde al frente de los carlistas, fue nombrado ministro de Justicia en el primer gobierno[54] del general Franco, que pervivió entre el 30 de enero de 1938 y el 9 de agosto de 1939.
Los altos mandos militares, incluidos los generales Mola y Queipo de Llano, aceptaron la nueva situación. La mayoría de los militantes carlistas se adaptaron. Renovación Española se disolvió por decisión de su líder, Antonio Goicoechea. José María Gil-Robles instruyó a Acción Popular (el principal partido de la CEDA) para que acatara el decreto.
El Decreto de Unificación consiguió su objetivo. FET y de las JONS se convirtió en la pieza básica de la estructura institucional política del Estado. Permitió captar militantes procedentes de todas las clases sociales. Amplió la base social de la dictadura, estabilizó la situación y sentó las bases para el desarrollo político del Régimen con el Movimiento Nacional.
Llevar la tranquilidad política a la zona nacional, eliminando las luchas políticas intestinas, permitió concentrar los esfuerzos en las operaciones militares. Como Franco quería y logró. Una vez más.
El 4 de mayo de 1938, el Estado Vaticano reconoció al gobierno de Francisco Franco, embarcado en una guerra que le enfrentaba al gobierno de la II República, que hasta ese momento era reconocido como legítimo por el Vaticano. Las tornas habían cambiado.
Mucho había tardado Roma en tomar esa decisión. Recuérdese que desde el principio de la autodeclarada II República española, los ataques a las propiedades de la Iglesia, tanto oratorios como iglesias, locales, universidades y colegios, como cualquier lugar de culto o asociado a la iglesia católica, fueron un factor permanente en la vida social y política. Más aún, desde la fraudulenta victoria del Frente Popular en las elecciones generales de febrero de 1936, la persecución devino directamente asesinato masivo, genocidio. El número de religiosos asesinados en la retaguardia republicana/frentepopulista/roja[55] fue de 6.832, de los cuales 4.184 eran sacerdotes, 2.365 frailes y 283 monjas. Muchos de ellos, antes de su asesinato, fueron sometidos a torturas.
Esto, por lo que se refiere a los hombres y mujeres directamente dependientes de la Iglesia como personas dedicadas a servir a Dios y a los hombres. Pero es que, además, miles de seglares siguieron el mismo camino por el hecho de ser católicos. Su número agregado ascendió en todo el período 1931-1939 a 113.178 personas asesinadas.
El Vaticano sabía todo esto. Lo sabía porque era del dominio público; lo sabía por la pastoral de 30 de septiembre de 1936 firmada por el obispo Dr. Enrique Plá y Deniel[56]; lo sabía porque el 1 de julio de 1937, los obispos españoles, en una Carta Colectiva[57], denunciaron la persecución religiosa en España[58]. Y lo sabía porque en la Encíclica Divini Redemptoris[59] del papa Pío XI[60], publicada el 19 de marzo de 1937, éste denunciaba la situación de España bajo la revolución. Pero siguió contemporizando con el gobierno de la II República española hasta el 4 de mayo de 1938.

¿Por qué tardó tanto? Fundamentalmente por cinco razones.
La primera fue la propia dinámica del Vaticano, de su Secretaría de Estado. Es muy pausada, muy lenta, muy premiosa. O si lo quieren así, muy prudente, muy cauta, muy reflexiva. No peca de precipitación. Actúa por escalones sucesivos. Va filtrando su posición y analizando el eco. Y eso lleva tiempo.
La segunda, asociada a la primera, fue que la Santa Sede había reconocido a la II República española y, a pesar de la deriva criminal[61] de ésta, durante cinco años no hubo alternativa formal[62]. Con todo, la Santa Sede esperó dos años más.
La tercera fue que, aunque nada más empezar la Guerra Civil, los alzados pidieron el reconocimiento al Vaticano en lugar del conferido a la República, el Vaticano había dicho que no. La reacción inicial del Vaticano tras el 18 de julio fue rechazar el Alzamiento y llamar rebeldes[63] a los nacionales. No era factible rectificar a tan corto plazo. Además, la Santa Sede no se atrevía a dar el paso porque temía que el régimen derivara en fascismo. La Santa Sede siguió reconociendo a la II República y a su embajador ante la Santa Sede, Luis de Zulueta.
La cuarta fue que Pío XI había pedido una tregua[64] al Generalísimo, quien se había negado a concederla. El Papa sabía, por los republicanos huidos a Francia, que la guerra la iba a ganar Franco porque tenía un ejército disciplinado y ordenado, mientras el ejército de la República, que inicialmente era más parecido a una banda con enfrentamientos internos que a un ejército digno de ese nombre, no había conseguido revertir la situación. Con todo, no se decidió.
La quinta fue que el Vaticano sólo movió ficha cuando comprobó que Francia estaba negociando el reconocimiento con el Estado de Franco y que el Reino Unido había llegado a acuerdos comerciales con los nacionales. Tampoco era cosa de quedarse solo.
Sólo entonces la Secretaría de Estado vaticana reconoció oficialmente al gobierno nacional de España, enviando a San Sebastián al nuncio Gaetano Cicognani. Franco había salvado a la Iglesia Católica. El pago del Vaticano fue tardío y sus secuelas, cicateras.
La deriva posterior del Vaticano con España, ya terminada la guerra, puso de relieve que el Vaticano no estaba cómodo con el régimen de Franco. Durante años, en lugar de la renovación del Concordato, sólo se produjeron acuerdos parciales en los años 1941, 1946 y 1950.
Cuando en 1951 Franco solicitó formalmente a Pío XII renovar el Concordato de 1851, las negociaciones resultaron lentas y difíciles. De hecho, la firma sólo se logró el 27 de agosto de 1953, bien poco antes de que, el 26 de septiembre de 1953, Alberto Martín Artajo, ministro de Asuntos Exteriores y James Clement Dunn, embajador de los EE. UU. en España, firmaran tres convenios bilaterales: uno sobre ayuda económica, otro de carácter defensivo y un tercero sobre ayuda para la defensa.
No vamos a ilustrar cada batalla de la Guerra Civil, pero sí conviene poner ejemplos del desempeño militar que otorgó la victoria a las tropas nacionales.
El 19 de junio de 1937, el ejército de Franco entró en Bilbao. Fue una catástrofe para el Frente Popular. Importante y también inesperada. A juzgar por las defensas erigidas en torno a la capital vasca, Bilbao no podría ser tomada fácilmente. Pero lo fue. Y lo fue porque Alejandro Goicoechea[65] pasó los planos de las defensas al ejército de Franco, que dispuso de información importante sobre los puntos del cinturón defensivo que se hallaban en fase de construcción. Llagados al Cinturón, lo rebasaron sin especiales dificultades y sus tropas pudieron entrar en una ciudad casi vacía sin problemas. El PNV se negó a destruir los altos hornos y los astilleros. Franco se hizo con ellos: ya no era el Frente Popular el único en tener producción de acero. A esta derrota siguió la rendición del Frente del Norte en Santoña, lo que supuso un mazazo para las tropas frentepopulistas.
Si a ello sumamos que una parte muy importante de las tropas que se rindieron pasaron a engrosar las filas nacionales, el panorama resultó desolador para la República. Para la amalgama oficialista, la caída de Bilbao intacta fue una genuina catástrofe. A partir de ahí, la defensa de las otras dos provincias bajo control republicano, Santander y Asturias, se hacía inviable. De hecho, ambas fueron derrotadas con rapidez y a finales de octubre estaban, con toda su potencia industrial, recursos y provisiones, en manos del ejército nacional.
El 15 de diciembre de 1937, sin preparación aérea ni artillera, comenzó la Batalla de Teruel[66], cuyo desenlace resultó decisivo para la Guerra Civil. Ese día, el ejército frentepopulista desencadenó su mayor ofensiva hasta entonces y lo hizo sobre un lugar que no tenía valor estratégico.
Pero sí lo tenía político[67]. Se trataba de atraer los ejércitos de Franco y aligerar así la presión sobre Madrid. Teruel se encontraba ya en situación de avanzada. La escasa[68] guarnición de los nacionales, al mando del coronel Domingo Rey D´Harcourt, reaccionó con vigor y decisión.
Las fuerzas frentepopulistas (Hernández Saravia) ascendían a 100.000 hombres en tres cuerpos de ejército[69]. Llevaban 400 piezas de artillería, 100 tanques y 120 aeronaves. El plan del ya general[70] Rojo era conquistar Teruel con seis divisiones y dejar dos para afrontar la contraofensiva.
Las tropas republicanas estaban seguras de la victoria por la gran desproporción de fuerzas existente. El día 19, las tropas frentepopulistas llegaron a los arrabales de Teruel, donde encontraron una fuerte resistencia. La aviación franquista, con temperaturas de -10°C, no podía obstaculizar el avance frentepopulista. La lucha dentro de Teruel fue casa por casa, con disparos de artillería por parte de los atacantes con los cañones a cero grados de elevación.
El día 23, Franco[71] envió el grueso de sus tropas para contratacar. El frío extremo (-18°C) paralizó las operaciones: los motores se helaban. Había un metro de nieve. El 7 de enero, Rey D’Harcourt rindió Teruel[72]. A mediados de ese mes, los prisioneros más notables, entre ellos los altos jefes militares y el obispo de Teruel, fueron trasladados a Barcelona. La euforia se desbordó en el bando republicano[73]. El gobierno de Negrín se ufanó de la victoria.
El contraataque de Franco ya estaba en marcha. Entonces, las fuerzas del gobierno pasaron a defender Teruel. Para ello, Rojo recurrió a sus reservas y entre ellas, a la 84 Brigada Mixta, cuyos hombres habían contribuido decisivamente a la toma de la ciudad. Entonces se produjo la insubordinación[74]. El día 19, la Brigada Mixta recibió la orden de suspender el permiso. Ello significaba que, a los dos días de llegar a Rubielos de Mora para descansar, se les obligaba a retornar al frente[75]. Unos 600 hombres de los batallones “Azaña” y “Largo Caballero” se negaron. Pero Indalecio Prieto había dictado órdenes estrictas de paliar el caos interno. El 20 de enero, el jefe de la 40 División, el teniente coronel Andrés Nieto Carmona, juzgó a 130 hombres. Tres sargentos, 12 cabos y 31 soldados fueron fusilados a las afueras de Rubielos de Mora.[76]
El general Varela fijó a los republicanos para que el cuerpo de ejército al mando del general Aranda pudiera cerrar el cerco cruzando el río Alfambra. El día 7 de febrero, el coronel Monasterio ejecutó la que resultó ser última carga de caballería del ejército español, que decantó la batalla a su favor.
A partir de ahí se desencadenó la victoria de Franco[77], quien había movilizado todas sus fuerzas en la zona. El 21 quedó casi cercada Teruel. Hernández Saravia ordenó a “El Campesino”, que se retirara[78]. Por la mañana del 22 de febrero, los franquistas entraron en Teruel sin resistencia alguna.
La batalla de Teruel fue crucial. Supuso un fuerte desgaste para ambos contendientes. Vicente Rojo consiguió desviar la ofensiva sobre Madrid, pero perdió la batalla. Franco recuperó la ciudad[79]. El 9 de marzo, dos semanas después de perder Teruel, las líneas frentepopulistas, desguarnecidas por haber desplazado el grueso de las tropas a Madrid para enfrentar el que suponían iba a ser nuevo ataque de las tropas nacionales[80], se derrumbaron. A través de Gandesa y Morella, los soldados de la 4ª División de Navarra, mandada por el general Camilo Alonso Vega, alcanzaron el Mediterráneo, ocupando Vinaroz y Benicarló y partiendo en dos el territorio enemigo. La derrota frentepopulista parecía ya sólo cuestión de tiempo.
La caída de Teruel en manos nacionales, la toma de Aragón y la división de la zona republicana en dos partes hacían difícil la situación frentepopulista. Con todo, el gobierno de Valencia poseía fuerzas considerables, reforzadas y modernizadas[81], así que el jefe del Alto Estado Mayor republicano, Vicente Rojo, decidió asestar a Franco un golpe en un arco de más de 60 kilómetros entre Mequinenza (Zaragoza) y Amposta (Tarragona). La II República iba a poner en juego la mayoría de sus recursos en una nueva batalla frontal.[82]

El factor sorpresa[83] favoreció a los frentepopulistas. A las 00:15 horas del 25 de julio, sin luna, unos 100.000[84] soldados frentepopulistas cruzaron[85] el Ebro por doce puntos distintos y cayeron sobre las defensas de los nacionales, muy inferiores en número[86]. El general Rojo había reunido a sus mejores mandos, antes en el 5º Regimiento: Juan Modesto, Enrique Líster y Manuel Tagüeña[87], además de Etelvino Vega[88]. Todos los comandantes principales y muchos mandos intermedios eran comunistas[89].
La idea era tomar Gandesa, el centro de comunicaciones más importante de la zona. El ejército frentepopulista cruzó el río, pero no alcanzó los objetivos previstos. Sin embargo, en los primeros momentos de la batalla del Ebro, el Frente Popular estaba eufórico. Azaña llegó a pensar que había cambiado el destino de la República. Fue un espejismo.
Franco[90] diseñó una batalla de desgaste para destruir al ejército enemigo[91]. La aviación franquista efectuó ataques masivos sobre los pontones frentepopulistas. La aviación de la República tardó más de dos días en intervenir[92]. Los tanques del Frente Popular no pudieron pasar el río, en ausencia de puentes. Además, la apertura por los franquistas de las compuertas de los embalses de Tremp y Camarasa generó una crecida del río que arrastró hombres, camiones y pasarelas.
El 21 de septiembre, Negrín retiró las Brigadas Internacionales para congraciarse con Francia y el Reino Unido, a la vista de lo que se estaba decidiendo en la Conferencia de Múnich[93]. El 3 de octubre, Franco despidió en Logroño a 10.000 voluntarios italianos[94], que regresaron a su patria desde Cádiz.
El 30 de octubre empezó la contraofensiva final. El 3 de noviembre, las fuerzas de Yagüe llegaron al Ebro. La línea frentepopulista se desmoronó y durante la madrugada del 16, los últimos contingentes del ejército rojo repasaron el rio Ebro por los puentes de Flix y Ribarroja. Los frentepopulistas nunca más volverían a tomar la iniciativa y retrocedieron hasta su rendición. La Segunda República estaba condenada.
La batalla del Ebro fue la más larga de la guerra[95], la que más combatientes enfrentó, la más mortífera y, sin duda, la decisiva: allí se decantó la Guerra Civil y quedó sellado el destino de la II República. La derrota en la batalla del Ebro supuso la absoluta descomposición del frente popular, como se vería más tarde.
Las líneas de defensa de Cataluña estaban preparadas desde abril de 1938. El general Rojo contaba con 220.000 hombres, además de con nuevo y poderoso armamento soviético[96]. Todo parecía preparado para un fuerte combate, pero éste apenas se produjo. A pesar de un ataque de distracción en Extremadura[97], ejecutado por el general Miaja, el ejército nacional desarrolló una ofensiva que, tras veinticuatro días, llegó a tomar Tarragona el 15 de enero de 1939. A partir de entonces, el avance de las tropas de Franco fue más rápido, al punto de que el 26 de enero, Barcelona fue tomada sin disparar un tiro.[98]
Tras la toma de Barcelona por Franco, sólo Negrín insistió en continuar la guerra[99]. Fue inútil[100].
A partir de ahí se desencadenó el reconocimiento internacional de la España de Franco. Comenzó Irlanda el 14 de febrero. Siguieron Polonia y Uruguay (19.2), Perú (20.2), Bolivia (24.2), Francia[101] (26.2) y, finalmente, el día 27 de febrero, la Gran Bretaña: ambos países lo hicieron público el mismo día 27.
No obstante, la guerra no había terminado. Todavía estaban en poder del Frente Popular Madrid, Valencia, Alicante y un territorio muy amplio en el interior de España. El frente republicano cedió en la zona centro y sur a finales de marzo de 1939. La derrota frentepopulista no tenía por qué ser inminente. De hecho, los medios de que ambas partes disponían eran muy poderosos. El gobierno frentepopulista contaba con 800.000 hombres en armas, 500 carros de combate, 1.000 piezas de artillería, gran cantidad de armas ligeras y 300 aviones, además de la escuadra de Cartagena[102], muy superior a la de los nacionales[103]. Franco sumaba 1.200.000 hombres, 650 carros de combate, 3.244 cañones de diverso calibre, 469 aviones y una escuadra mucho menor que la frentepopulista, pero que disponía de 3 cruceros y 5 destructores.
La idea de Negrín era prolongar la Guerra Civil hasta que comenzara la esperada contienda europea.[104]
Al frente del Ejército del Centro se hallaba el coronel Segismundo Casado. Las grietas entre los militares profesionales y el presidente Negrín se ensanchaban. Se planteaba incluso un gobierno alternativo con Julián Besteiro al frente. Franco hizo públicas sus condiciones para la rendición. La CNT se posicionó frente al gobierno socialcomunista.
El 6 de febrero, Franco transmitió al coronel[105] Segismundo Casado las condiciones para la rendición. El 10 de febrero, la CNT, a la vista de las contradictorias actuaciones de Negrín, decidió no continuar la guerra. Ese mismo día 10, Negrín y Julio Álvarez del Vayo[106] regresaron desde Francia hasta Alicante, en un avión francés.
El 13 de febrero, el Boletín Oficial de Burgos publicó la Ley de Responsabilidades Políticas[107]. El 16 de febrero, en el aeropuerto de Los Llanos (Albacete), Negrín, que seguía intentando materializar su idea, ordenó a los militares prolongar indefinidamente la guerra civil hasta enlazar con la guerra mundial. Como el presidente del gobierno se había alineado completamente con el PCE, poniéndose por completo en sus manos, Casado y Miaja planearon dar un golpe anticomunista.
El 27 de febrero de 1939, Manuel Azaña, presidente de la República, escribió a Diego Martínez Barrio (presidente de las Cortes) comunicando su dimisión. Ambos se hallaban huidos en Francia.[108]
El 28 de febrero, Casado se insubordinó, rechazando publicar en los diarios oficiales los nombramientos[109] efectuados por Negrín desde Elda[110].
El 3 de marzo, Negrín exigió a Casado que se presentara de inmediato en Elda, en una mansión convertida en sede del gobierno frentepopulista, llamada “posición Yuste”. El 4 de marzo, Negrín modificó la cúpula militar en favor de los comunistas[111] y esa misma noche se sublevó Cartagena[112]. El 5 de marzo, Negrín destituyó por teléfono[113] a Miaja, el cual rechazó la autoridad del gobierno. Ese mismo día le siguió Julián Besteiro (PSOE), quien descalificó a Negrín. En idéntica línea se situaron Segismundo Casado y Cipriano Mera[114]. Se constituyó un gobierno (Consejo de Defensa) anticomunista y antinegrinista.
El día 6[115], los tres Cuerpos de Ejército restantes[116], de obediencia comunista, atacaron al nuevo gobierno: era una guerra civil dentro de la Guerra Civil, entre comunistas y el resto del Frente Popular. Ese mismo día, desde el Aeródromo de Monóvar (Alicante), Negrín[117] y los principales políticos comunistas[118], huyeron a Francia[119], donde se encontraba el general Rojo, completamente desconcertado por las políticas de Negrín.
El día 7 de marzo, las tropas comunistas ocuparon la zona de Manuel Becerra (Madrid). Las calles de Madrid eran un campo de batalla. La aviación, comandada por el coronel Camacho, abandonó la disciplina comunista y se unió a las tropas de Casado. El día 9 de marzo, la presión coordinada de las columnas de Cipriano Mera y del teniente coronel Pérez Salas, junto con la aviación republicana, hostigaron a las tropas comunistas, que el día 10 quedaron entre dos fuegos. El día 12, en Nuevos Ministerios, las tropas comunistas se rindieron a Casado[120].
El día 14 de marzo, la Federación Socialista Madrileña decretó la expulsión de Juan Negrín y de Julián Álvarez del Vayo de las filas del partido.
Tras varios días de tanteos y posteriores negociaciones entre los gobiernos de la República y de Franco, quien exigía la rendición incondicional, Casado aceptó y destacó el día 23 de marzo al Aeropuerto de Gamonal una delegación para concretar los detalles de la rendición. El 27 de marzo, los frentes de Madrid[121] y Andalucía se rompieron, abandonando los soldados frentepopulistas toda lucha. Casado se desplazó a Valencia y de allí, a Gandía. El día 28, las tropas del ejército rojo se rindieron masivamente. Las tropas de Franco, con Espinosa de los Monteros al frente, entraron en Madrid.
Cartagena y Murcia se rindieron el día 31 de marzo. En el puerto de Alicante permanecía una división frentepopulista, fuertemente armada. A primera hora de la tarde del día 1 de abril, las tropas de Franco desarmaron a los últimos reductos republicanos en los muelles del puerto de Alicante. Ahora sí: la guerra había terminado.
La guerra civil no fue un episodio menor. Movilizó 1,2 millones de soldados en el bando nacional y 1,7 en el frentepopulista. Franco acaso no sería el más brillante estratega[122], pero sí demostró ser el mejor táctico y, sobre todo, quien mejor leía el desarrollo de las batallas, una vez éstas desbarataban todos los planes preestablecidos[123]. El Ejército comandado por Franco venció en 1939 al del Frente Popular[124], vertebrado por comunistas e integrado por socialistas, comunistas, anarquistas, separatistas y republicanos sovietizantes, que había creado en España una situación social, política y económica insostenible.
Los costes fueron enormes. Quedaron destruidas casi 200 poblaciones, unas 250.000 viviendas, otras tantas toneladas métricas de flota mercante, el 50% de los parques automovilístico y ferroviario, así como la casi totalidad de la ganadería de la zona frentepopulista. Los daños en las infraestructuras habían sido asimismo muy considerables.
[1] El término paseos se refiere al secuestro de individuos por parte de un piquete de hombres armados para fusilarlos al poco, sin más trámite, en las cunetas o en calles apartadas. Solían producirse avanzada la noche.
[2] Tras sus últimas actuaciones, fue nombrado General jefe de la Comandancia General de Canarias. En las elecciones generales de 1936 obtuvo el acta de Diputado por la provincia de Cuenca. Fue cesado el 1 de abril por anulación de las elecciones según dictamen de la Comisión de Actas, en un pucherazo el que hubo más ejemplos. Tras el triunfo del Frente Popular, fue cesado, quedó sin mando de tropa y fue destinado forzoso en Madrid.
[3] Véase cómo se expresaba Indalecio Prieto el 9 de agosto de 1936 (texto resumido): “Una guerra no es simplemente heroísmo. Si la guerra, cual dijo Napoleón, se gana principalmente a base de dinero, dinero y dinero, la superioridad financiera del Estado es evidente. Con los recursos financieros totalmente en manos del Gobierno; con los recursos industriales de la nación, también totalmente en poder del Gobierno, podría ascender hasta la esfera de lo legendario el valor heroico de quienes impetuosamente se han lanzado en armas contra la República, y aun así, serían inevitable, inexorable, fatalmente vencidos”. (“Los mitos de la guerra civil”, Pío Moa. La Esfera de los Libros).
[4] Los aproximadamente ciento treinta mil soldados del ejército y la Guardia Civil (ésta, con 35.000 hombres, constituía un tercio del total), se dividieron casi a la par entre sublevados y republicanos. La mayoría de la aviación y la flota quedaron con la República. El territorio republicano era superior en extensión. Se trataba de las zonas de España más urbanas, más industrializadas y sindicalizadas, las que contaban con las explotaciones de agricultura intensiva. La República tenía en su poder los nudos de comunicaciones más importantes. En su territorio, albergaba 14 de los 25 millones de personas que había en España. El gobierno controlaba la capital política, Madrid, y la económica, Barcelona, así como los recursos financieros del Tesoro y del Banco de España. Durante la guerra, la plantilla de jefes y oficiales del bando nacional fue creciendo hasta alcanzar los 14.104 efectivos el 1 de abril de 1939; sensu contrario, de los 7.624 mandos que quedaron en la zona republicana, la cifra se fue reduciendo hasta 4.771. Las razones fueron el pase al bando rival de muchos jefes y oficiales durante la guerra, el fusilamiento de 1.729 de ellos y el encarcelamiento de una cifra similar. En el bando sublevado fueron fusilados o expulsados del Ejército 258 militares.
[5] Voluntarios reclutados por la Internacional comunista, procedentes de hasta 53 países, integradas por obreros y un escaso número de intelectuales. Su filiación era muy mayoritariamente comunista. Su número es incierto, pues oscila entre 35.000 y 70.000 en total, según las distintas fuentes, a lo largo de toda la guerra.
[6] “Los trabajadores de la Unión Soviética sólo cumplen con su deber prestando ayuda a las masas revolucionarias de España. Ellos se dan perfectamente cuenta de que la liberación de España del yugo fascista reaccionario no es una tarea privada de los españoles, sino una tarea común de toda la humanidad progresista y de vanguardia. ¡Salud, hermanos! Firmado: Stalin. (del libro “Hasta el último maravedí o Las orejas de oro”, Boris Cimorra, Ediciones del Orto, 2014, Madrid, página 43).
[7] La ayuda soviética a la República comenzó a materializarse en septiembre de 1936.
[8] Cosa que logró, a pesar de las escasas posibilidades de vencer que se le atribuían, tanto por parte de Alemania como por el lado de Italia.
[9] Hitler decidió enviar veinte Junkers Ju-52/3m.
[10] El 5 de septiembre de 1936.
[11] El Ejército de África era muy pequeño (unos 25.000 hombres), pero, a diferencia de las tropas de la República, estaba muy bien entrenado y tenía una alta moral de combate.
[12] Antes de su llegada a Tetuán se habían transportado unos pocos cientos de combatientes a Cádiz y Algeciras.
[13] Fundador de la aviación española y participante en la sublevación, que se hallaba en Cádiz.
[14] Y supuso eliminar los cuellos de botella de los primeros días del Alzamiento, críticos en hombres y material.
[15] La cárcel Modelo albergaba tanto presos políticos como comunes.
[16] El director general de Seguridad, diputado de Izquierda Republicana Manuel Muñoz, así como algo más tarde el propio ministro de la Gobernación, general Sebastián Pozas, estuvieron presentes sin actuar en absoluto. Muñoz, el último de los dos en hacerlo, abandonó la prisión al anochecer.
[17] Entre los cuales estaban los generales Oswaldo Capaz y Rafael Villegas, el doctor José María Albiñana (diputado y líder nacionalista), Melquíades Álvarez (expresidente del Congreso de Diputados), Ramón Álvarez Valdés (exministro de Justicia), José Martínez de Velasco (fundador del Partido Agrario), Elviro Ordiales Oroz (ex director de prisiones), Fernando Primo de Rivera (hermano de José Antonio Primo de Rivera y militar), Manuel Rico Avello (exministro y ex Alto Comisario de España en Marruecos), Julio Ruiz de Alda (condecorado aviador y fundador de Falange) y Rafael Salazar Alonso (exministro de la Gobernación, Partido Radical), entre otros diputados, algún policía y varios miembros de Falange.
[18] Poco pudo hacer en este caso el esfuerzo conjunto de Komintern y Profintern (sindicalista, desaparecida en 1937) que desde finales de julio de 1936 lanzaron desde París la labor de propaganda sobre la guerra de España, dirigida por Willi Münzemberg y por Arthur Koestler.
[19] Quedan pocas dudas sobre la condición sanguinaria de Largo Caballero, quien buscaba desatar una guerra civil para así laminar completamente a las organizaciones de derechas. Tenía una alta opinión de sí mismo, como revela un intercambio de cartas con Stalin, que tuvo lugar en 1937. Éste se hallaba preocupado por el que entendía excesivo tono revolucionario de la dialéctica que utilizaba Largo Caballero, la cual podía enajenar voluntades de segmentos de la población no identificados con ella, granjeando su desafección. La idea era reforzar un cierto reconocimiento del parlamentarismo. El líder del PSOE no se mostró de acuerdo y respondió así a Stalin, por escrito: “La institución parlamentaria, entre nosotros (los socialistas), incluso entre los republicanos, no tiene partidarios entusiastas”. Así enmendó Largo Caballero la plana al líder comunista soviético.
[20] Población cercana a Madrid (74 kilómetros) y a Toledo (40 kilómetros).
[21] Los defensores eran 690 hombres de la Guardia Civil, unos 410 soldados de la guarnición de Toledo, ocho cadetes de la Academia de Infantería, uno de la de Artillería y 110 civiles, falangistas en su mayoría, acompañados de sus familias. Su armamento era muy escaso, consistente en 1.200 fusiles y mosquetones, dos piezas de artillería de montaña de 7 cm. (con 50 proyectiles), 13 ametralladoras Hotchkiss de 7 mm, 13 fusiles ametralladores de la misma marca y calibre y dos morteros de 50 mm. con 50 proyectiles, además de 250 granadas de mano Laffite, 25 granadas de mano incendiarias y 200 petardos pequeños de trilita.
[22] Murieron 90 de los defensores, en tanto 555 resultaron heridos como consecuencia de los miles de proyectiles, 1.500 bombas de mano y más de 2.000 cargas explosivas, provenientes de los 30 ataques aéreos, 8 asaltos de infantería y 3 minas, lanzadas contra los defensores del Alcázar.
[23] Franco era perfectamente consciente del retraso que supondría tal decisión, más política que militar. Para los nacionales españoles, Toledo representaba una prioridad ética, una obligación moral.
[24] El puente aéreo del Estrecho fue decisivo para el futuro del Alzamiento; la liberación del Alcázar de Toledo, un timbre de gloria. Ambas actuaciones propulsaron a Franco al liderazgo del Alzamiento.
[25] Previamente, el 24 de julio de 1936, quedó constituida la Junta de Defensa Nacional, que duraría hasta el 1 de octubre de 1936. Estaba presidida por el general de División D. Miguel Cabanellas Ferrer.
[26] Era militar, no líder de un partido o movimiento.
[27] Y sustituyó la bandera tricolor por la rojigualda de la Monarquía.
[28] Doctrinas que exigían un alto nivel de motorización de las tropas, elemento éste casi por completo ausente en la práctica.
[29] Algunos de los cuales eran niños.
[30] Otras lo fueron en distintos parajes del término municipal de Torrejón de Ardoz.
[31] Bajo la cobertura de corresponsal de Pravda en Madrid. Fue fusilado en Moscú por orden de Stalin el 2 de febrero de 1940.
[32] De ahí el término sacas con que se conoció el procedimiento.
[33] Para un comunista, acabar con alguien es un eufemismo. Recuérdese que Stalin definió el genocidio en Ucraina y Rusia central conocido por Holodomor como “acabar con los kulaks como clase social”. Lo hicieron mediante el terror, patentizado en el crimen directo e indirecto, retirando todos los alimentos disponibles. Asesinaron en torno a los 10 millones de personas, pues no hay acuerdo al respecto. Stalin se explicaba así: “una muerte es un drama; un millón de muertes es una estadística”.
[34] Ese fue también el día en que empezó la batalla por Madrid, el mismo día en que el gobierno frentepopulista evacuó la capital con destino Valencia.
[35] Los miembros del PCE, en ausencia del Gobierno, que había huido a Valencia, controlaban los mecanismos de seguridad de la República en Madrid.
[36] Que debían su nombre a su homónima inspiradora soviética, Cheka, acrónimo de “Comisión Extraordinaria Panrrusa para la supresión de la contrarrevolución y del sabotaje”. En el caso de España, no había ningún sabotaje que combatir. Eran centros de detención irregulares y consentidos por el gobierno y los partidos políticos que lo componían, en los que se despojaba, torturaba, violaba y en gran parte asesinaba a los prisioneros.
[37] Sólo en Madrid se han llegado a identificar 345 checas.
[38] PSOE, PCE, POUM, Partido Sindicalista, Izquierda Republicana y Unión Republicana.
[39] Se trata concretamente de la checa situada en el Círculo de Bellas Artes, en la Calle de Alcalá 40. El gobierno de la República le dio rango de “Comité Provincial de Investigación Pública”. En su fundación participó como impulsor el entonces director general de Seguridad Manuel Muñoz Martínez. Esta checa tiene en su haber una cifra superior a 2.000 asesinatos en sus instalaciones.
[40] Lo hacía desde el 21 de septiembre de 1936, día de la toma de Maqueda. Esa misma jornada se celebró una reunión de la Junta de Defensa en el aeródromo de Muñodomo, en Salamanca. De esa reunión salió Franco investido con el mando militar único. Durante una segunda reunión, el día 28 de septiembre, Franco recibió asimismo el poder político, la Jefatura del Estado. El general Cabanellas firmó el Decreto en día 29 y éste se publicó en el Boletín el día 30 de septiembre.
[41] El Decreto de Unificación fue la norma jurídica promulgada el 20 de abril de 1937 mediante la cual se fusionaban bajo el mando de Francisco Franco los partidos políticos Falange Española de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (FE de las JONS) y la Comunión Tradicionalista, creándose un nuevo partido único con el nombre de Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (FET y de las JONS). Los restantes partidos políticos existentes en la zona nacional fueron suprimidos.
[42] Y se consolidó de muchas maneras, entre ellas la imaginería. Es bien conocido un cuadro de Ignacio Zuloaga, en el que se ve a Francisco Franco, vestido de manera que presenta los elementos componentes de la unión (boina roja y camisa azul) en su persona.
[43] En la zona republicana, la presencia del enemigo común no fue suficiente para impedir los enfrentamientos intestinos. El odio entre comunistas, socialistas y anarquistas fue una constante. Nacionalistas catalanes y vascos iban a otra cosa. Cada partido tenía su ley, sus “partidas de la porra” y sus cárceles. Hasta una guerra civil interna hubo en Barcelona, culminada entre el 3 y el 7 de mayo de 1937, que se saldó con la obliteración del POUM y persecución y tortura de sus miembros (recuérdese a Andreu Nin, torturado por la policía soviética NKVD a las órdenes de Alexander Orlov) y sobre todo a la anteriormente hegemónica CNT. Las bajas (muertos) superaron las 218. Perdieron la guerra.
[44] Franco consideraba que, al final de la guerra, era preciso constituir un régimen fuerte, lo que había de hacerse “mediante la unificación de todas las fuerzas españolas, agrupadas en un solo ideal nacional”.
[45] Onésimo Redondo Ortega (Quintanilla de Abajo, Valladolid, 16/2/1905-Labajos, Segovia, 24/7/1936) fue un político español, fundador de las Juntas Castellanas de Actuación Hispánica (JCAH), organización política embrión, junto al grupo de La Conquista del Estado —de Ramiro Ledesma—, de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (JONS), cuya ideología era el nacionalsindicalismo. Redondo murió al comienzo de la guerra durante un enfrentamiento entre los ocupantes del vehículo en el que se dirigía al frente y una columna anarquista dirigida por un teniente del ejército republicano.
[46] Ramiro Ledesma Ramos (Alfaraz de Sayago, 23/5/1905-Aravaca, 29/10/1936) fue un ensayista, filósofo y político español. Director de La Conquista del Estado, su persona fue clave en la articulación intelectual y teórica del fascismo en su versión española. Enfrentado con Primo de Rivera, fue expulsado de la Falange en 1935, tras de lo cual volvió al trabajo intelectual. Tras el levantamiento del 18 de julio de 1936, fue detenido junto a su casa, en la calle Santa Juliana (Cuatro Caminos, Madrid), por milicianos socialistas e internado en la prisión de Ventas. En las “sacas” subsiguientes, orientadas a fusilar al margen de la legalidad a los detenidos, fue asesinado en las tapias del cementerio de Aravaca (Madrid) junto a otro notable intelectual, Ramiro de Maeztu y al falangista Albino Hernández Lázaro.
[47] José Antonio Primo de Rivera (24/4/1903, Madrid-20/11/1936, Alicante), fue el primogénito del teniente general Miguel Primo de Rivera y de Casilda Sáenz de Heredia. Tuvo cinco hermanos: Miguel, Carmen, las mellizas Angelita y Pilar y Fernando. Se licenció en Derecho por la Universidad Central de Madrid en 1923, ejerciendo la abogacía en Madrid (1925). En 1930 heredó de su padre el Marquesado de Estella. El 2 de mayo de 1930 fue Vicesecretario General de Unión Monárquica. En 1933 se publicó El Fascio, donde escribió un artículo: Orientaciones hacia un nuevo estado y, junto al aviador Julio Ruiz de Alda, creó el Movimiento Sindicalista Español, embrión de la Falange.
El 29 de octubre de 1933 se celebró el Acto Fundacional de Falange Española en el Teatro de la Comedia de Madrid. En noviembre de ese mismo año obtuvo el acta de diputado independiente por Cádiz. Desplegó gran actividad para propagar en provincias el ideario falangista y fundó varias revistas y periódicos con el mismo fin. Fusionó su movimiento con el de La Conquista del Estado de Ramiro Ledesma Ramos y con las Juntas Castellanas de Actuación Hispánica de Onésimo Redondo Ortega. Así nació Falange Española de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista, FE de las JONS, cuya dirección quedó a cargo de un triunvirato formado por José Antonio Primo de Rivera, Ramiro Ledesma Ramos y Julio Ruiz de Alda. En el I Congreso de FE de las JONS (octubre de 1934) se designó a José Antonio como jefe Nacional. En 1935, José Antonio constituyó el Sindicato Español Universitario, SEU.
El presidente del gobierno, Santiago Casares Quiroga, persiguió sañudamente a Falange Española de las JONS. La declaró organización ilegal. Sus dirigentes fueron detenidos y encarcelados en la Prisión Modelo de Madrid, aunque José Antonio siguió dirigiendo el movimiento desde la cárcel. El 5 de junio de 1936, José Antonio fue trasladado a la cárcel de Alicante. Cuando conoció los planes de sublevación, dio libertad a sus seguidores para unirse. Fue acusado el 17 de noviembre de 1936 de inspirar el Movimiento y condenado a muerte por un “tribunal popular”. Hubo intentos de salvarle por parte de los nacionales. En la mañana del 20 de noviembre, en el patio de la cárcel de Alicante, José Antonio fue fusilado irregularmente. Sus restos mortales fueron trasladados primero a El Escorial y luego al Valle de los Caídos.
[48] Julio Ruiz de Alda Miqueleiz (Estella, 7/10/1897-Madrid, 23/8/1936) fue un aviador y militar español, pionero de la aviación, cuya popularidad rebasó las fronteras cuando, junto con el comandante Ramón Franco, realizó el exitoso vuelo del Plus Ultra en 1926. Fue cofundador de Falange Española. Murió asesinado en la matanza de la Cárcel Modelo de Madrid, al mes de iniciada la guerra civil española.
[49] 14 de marzo, la policía detuvo en su domicilio a José Antonio Primo de Rivera. Fue acusado de múltiples cargos, entre ellos el de tenencia ilícita de armas.
[50] Los falangistas fueron Alonso Goya, jefe de milicias de la Falange santanderina muy próximo a Hedilla, y un escolta de Sancho Dávila. Franco apoyó a Hedilla, desplegó fuerzas de orden público y abortó el enfrentamiento.
[51] “Hasta que se reintegre a su puesto José Antonio Primo de Rivera o Raimundo Fernández-Cuesta”.
[52] Elaborado por Ernesto Giménez Caballero.
[53] Se refiere a los falangistas de antes de la Guerra Civil.
[54] Como hemos visto, los organismos anteriores fueron la Junta de Defensa Nacional y la Junta Técnica. Este fue el primer Gobierno con ese nombre.
[55] El lector puede elegir. De las tres formas se llamaban a sí mismos.
[56] Titulada “Las dos ciudades”, en la que la Iglesia de España declaraba “Cruzada” al Movimiento Nacional.
[57] Carta Colectiva de los obispos españoles
[58] La carta fue unánime, con la excepción del cardenal Vidal y Barraquer, con jurisdicción en Barcelona, quien no firmó para evitar posibles represalias. Firmaron 8 arzobispos, 38 obispos y 5 vicarios. No pudieron firmar los 12 obispos asesinados en la zona republicana. La Iglesia no podía quedar indiferente ni permanecer neutral. En todo el mundo se publicaron 36 ediciones en 14 idiomas diferentes.
[59] Publicada el 19 de marzo de 1937. Toda la jerarquía católica (900 obispos) apoyó la legitimidad de la carta y su contenido.
[60] Pío XI, Achille Damiano Ambrogio Ratti por nacimiento, (Lombardía, 31.5.1857-Ciudad del Vaticano, 10.2.1939), fue el 259º Papa de la Iglesia, que dirigió entre 1922 y 1939.
[61] Pío XI reaccionó con gran dureza en un discurso pronunciado en 1931 en el Vaticano, donde afirmó que «España es igual que la URSS”.
[62] Al estallar la revolución social-comunista de Asturias en 1934, donde quemaron la catedral de Oviedo y murieron 1.341 personas (entre ellas muchos sacerdotes), el Papa consideró la ruptura de relaciones.
[63] Los documentos del Vaticano de la época fueron desclasificados bajo Juan Pablo II. En ellos aparece este dato.
[64] El Papa solicitó a Franco que declarara una tregua en diciembre de 1938. Franco respondió así: «La guerra es la guerra y esta guerra la tenemos casi terminada. Y si hacemos una tregua, las treguas sólo sirven para que el que esté perdiendo se reorganice».
[65] Uno de los diseñadores del “Cinturón de Hierro”.
[66] Nada hacía presagiar que la menor de las capitales, con apenas 13.000 habitantes, iba a ser el teatro de la guerra durante dos meses en el más crudo invierno de que había memoria.
[67] El 17 de mayo de 1937, tras los enfrentamientos entre el PCE, el POUM, la CNT y el gobierno, Francisco Largo Caballero (PSOE) dimitió como presidente del gobierno. Le sucedió Juan Negrín (PSOE), quien optó – de acuerdo con el jefe de Estado Mayor, coronel Vicente Rojo – por una estrategia ofensiva con ataques de distracción en frentes secundarios.
[68] El bando nacional contaba con unos 3.000 hombres armados dentro de la ciudad de Teruel (de los cuales casi el 40% no eran militares). A ellos se sumaron 1.000 civiles no entrenados militarmente, llegando a alcanzar 4.000 defensores.
[69] El XVIII (coronel Fernández de Heredia), el XX (coronel Menéndez López) y el XXII (coronel Juan Ibarrola).
[70] Desde octubre de 1937.
[71] Quien captó rápidamente la importancia de la batalla para la moral frentepopulista y veía lo que estaba en juego.
[72] La actuación de Rey D’Harcourt fue analizada en la Auditoría de Guerra de Zaragoza para dilucidar los motivos de su rendición. Su expediente fue sobreseído en 1940; se habían satisfecho las «exigencias del honor y el deber”.
[73] «Minutos antes de las 21:00 el coronel D’Harcourt, que asumía la jefatura de los facciosos en la plaza pidió comunicación telefónica con el Ejército de Levante, general Sarabia, a quien ofreció su rendición y la de las tropas por él mandadas”. Así lo comunicó Rojo a Indalecio Prieto, ministro de Defensa. El coronel Rey D´Harcourt, prisionero de la República, fue asesinado el 7 de febrero de 1939 en un barranco de Can Tretze, no lejos de Pont Molins, Cataluña, junto a otro defensor de Teruel, el teniente Pérez del Hoyo, el obispo Anselmo Polanco y otras 37 personas más. Fueron ametrallados por un grupo dirigido por el comandante Pedro Díaz (PCE). Tras su muerte fueron rociados con gasolina y quemados.
[74] Los soldados estaban agotados. Su mando los exprimió y estallaron.
[75] Habían estado combatiendo un mes sin cesar. Habían caminado 60 kilómetros hasta Rubielos de Mora.
[76] Setenta y un años después (2009) los restos de 20 soldados de la 84 Brigada Mixta fueron descubiertos en una fosa común en el paraje del Pinar de Piedras Gordas.
[77] En pocos días, el gobierno de la República perdió 800 km2 y diez poblaciones; tuvo 15.000 bajas y 7.000 prisioneros. Gran cantidad de material bélico (armas, municiones y camiones) cayó en manos franquistas o fue destruida.
[78] 1.500 soldados del Frente Popular quedaron prácticamente abandonados.
[79] Teruel fue la primera capital de provincia que perdía Franco. No se resignó y la recuperó en un plazo de dos meses.
[80] Terminada la batalla de Teruel, Franco, que tenía en la zona al grueso de sus fuerzas, decidió avanzar inmediatamente sobre Cataluña para cortar en dos la zona frentepopulista y asestar el golpe final al ejército del ya general Vicente Rojo, quien pensó que Franco volvería sobre Madrid. Ese fue un grave error que minó gravemente las posibilidades de resistencia del Frente Popular.
[81] Además de controlar Cataluña, Madrid y Valencia.
[82] El ejército frentepopulista había mejorado mucho con el nuevo armamento procedente de Checoslovaquia, sobre todo artillería pesada y cañones antiaéreos. La fuerza aérea se había reforzado con la llegada de los modelos Supermosca/Rata I-16 Tipo 10 (Polikarpov I) y Superchato I-15 (Polikarpov) (URSS). Los tanques rusos T-26 eran considerablemente superiores a los Panzer I y a las Fiat-Ansaldo armadas sólo con ametralladoras. De hecho, los suministros comenzaron con los 133 aviones y los dos batallones de carros que envió la URSS para la defensa de Madrid, con pilotos soviéticos y mando del ejército rojo, a finales de septiembre de 1936.
[83] La operación fue audaz. En los tratados militares de la época, los ríos caudalosos como el Ebro eran considerados infranqueables.
[84] El denominado Ejército del Ebro, del Grupo de Ejércitos de la Región Oriental (GERO), estaba bajo la máxima autoridad de Juan Modesto Guilloto. Integraba dos cuerpos de ejército, comandados por Enrique Lister Forján y por Manuel Tagüeña Lacorte. Los tres eran comunistas. Sus cuerpos de ejército estaban organizados como unidades soviéticas. Llevaban distintivos con las estrellas rojas de cinco puntas. El saludo militar se hacía llevando el puño a la sien. Las unidades militares incluían comisarios políticos, remedo del ejército soviético.
[85] No todos. El ataque de distracción de Amposta no lo logró.
[86] El ejército de Franco reaccionó rápidamente, desplegando las reservas del Cuerpo de Ejército Marroquí desde la noche del 25 para impedir la toma de Gandesa, defendida por a 16ª Bandera de la Legión desde el mismo día 25. Las tropas nacionales aportaron más recursos y frenaron a los republicanos. El 3 de agosto, el Ejército del Ebro pasó a la defensiva.
[87] Tagüeña era licenciado en Física y Matemáticas. Ascendió vertiginosamente dentro del Ejército por sus excelentes dotes. Con 24 años, era el responsable del XV Cuerpo de Ejército de la República, con más de 30.000 hombres en armas a su cargo.
[88] Para evitar casos de deserción e insubordinación como los habidos en Aragón la primavera anterior, los sargentos tenían órdenes escritas de fusilar a los oficiales que se retiraran sin órdenes superiores por escrito. La prerrogativa fue ejecutada con alguna frecuencia.
[89] Reflexión efectuada por el presidente de la República, Manuel Azaña.
[90] Franco instaló su puesto de mando en el Coll del Moro, al oeste de Gandesa.
[91] Y dejarle sin recursos para tomar de nuevo la iniciativa.
[92] Durante la batalla del Ebro, los bombardeos frentepopulistas sobre la retaguardia de la zona nacional fueron muy escasos. Sin embargo, el 7 de noviembre se produjo el bombardeo de Cabra, el más mortífero de los realizados por la aviación republicana, precisamente sobre población civil.
[93] La Conferencia de Múnich fue una reunión entre los presidentes de los gobiernos de Alemania, Francia, Italia y el Reino Unido cuya finalidad era resolver la crisis de los Sudetes (la crisis de los Sudetes fue la invasión por Alemania de territorios de Checoslovaquia habitados mayoritariamente por ciudadanos germanoparlantes). Se pensaba en aquellos momentos que era posible el estallido de una guerra en Europa, guerra que se encadenaría con la Guerra Civil. Finalmente, el día 30 de septiembre de 1938, se llegó al Acuerdo de Múnich, que aprobaba la integración de los Sudetes a Alemania, evitando así temporalmente el estallido de la guerra, pero vulnerando el Tratado de Versalles de 1919.
[94] No eran todos; quedó en España la división Littorio del ejército italiano.
[95] Duró casi 4 meses, entre el 25 de julio y el 16 de noviembre de 1938.
[96] Que había llegado a Cataluña a través de la frontera francesa, totalmente abierta al respecto.
[97] La ofensiva de Valsequillo, el 5 de enero de 1939, fracasó.
[98] Los políticos habían huido anteriormente hacia la frontera. Las deserciones eran sistemáticas. La desmoralización cundía en el ejército frentepopulista. Las palabras del general Rojo fueron precisas: “Barcelona cae en poder del enemigo. El temido suceso se ha producido como fenómeno natural. La resistencia ha sido escasa, por no decir nula”. Con carácter más amplio, remachó luego: ”Pocos pueblos han vivido un derrumbamiento tan completo de su organización social como la España republicana, que tenía su sede en Cataluña: un Estado se deshace y se pulveriza en pocos días, víctima de su desintegración orgánica y moral”.
[99] Siguiendo instrucciones de Stalin, quien quería aguantar hasta la que veía inminente guerra mundial.
[100] El 10 de febrero se dio por terminada la guerra en Cataluña.
[101] Que supuso además la devolución (el 30 de julio de 1939) del oro español depositado en Mont-de-Marsan (equivalente a $ 26.783.000 de 1939. Fue menos de la décima parte del entregado a la URSS), la flota mercante, armas, vehículos y patrimonio artístico.
[102] Tres cruceros, trece destructores, cuatro submarinos y una docena de navíos de menor envergadura.
[103] Tres cruceros, cinco destructores (dos casi fuera de servicio), tres minadores, tres torpederos, cuatro cañoneros y dos submarinos, todos ellos anticuados.
[104] Idea nada descabellada en sus plazos, pues la Guerra Civil terminó el 1 de abril de 1939 y la II Guerra Mundial (en el escenario europeo) empezó el 1 de septiembre del mismo año: 5 meses entre una y otra.
[105] El coronel Casado fue nombrado general por el presidente Negrín a primeros de marzo de 1939, pero el propio Casado rechazó el nombramiento.
[106] Ministro de Estado.
[107] Las sanciones previstas eran pecuniarias y en ciertos casos, limitativas de las zonas de residencia. No afectaron más que a los mayores de 18 años (con alguna excepción). No contemplaban la privación de libertad y menos aún la pena de muerte. La fecha de inicio de las responsabilidades políticas era el 1 de octubre de 1934. Incurrían en esas responsabilidades miembros pertenecientes a 25 partidos y grupos, así como todas las logias masónicas.
[108] Se recuerda la huida de Azaña la noche del 5 de febrero, acompañado de Negrín, por un sendero de montaña de los Pirineos. Cuando Negrín volvía se encontró con otros tres altos cargos que escapaban de España: Lluís Companys, José Antonio Aguirre y Diego Martínez Barrio.
[109] El jefe del Estado Mayor Central sería Matallana. Modesto, ya general, sería jefe del Ejército del Centro.
[110] Allí tenía el presidente del gobierno su sede temporal.
[111] Véase: el general Modesto, jefe del Ejército del Centro; el coronel Líster, jefe del Ejército de Extremadura; el general Cordón, ministro (en funciones) de Defensa; Jesús Hernández, comisario general; Valentín González “El campesino”, inspector general de recluta forzosa; Tagüeña, gobernador militar de Murcia; Mendiola, gobernador militar de Alicante …
[112] La sublevación fracasó el día 6 de marzo.
[113] Según afirmaba el general Cordón.
[114] Jefe del IV Cuerpo de Ejército, anarquista, quien descalificó “la actitud absurda, alevosa y criminal de Juan Negrín, gobernante indigno de los combatientes y los trabajadores”.
[115] A las 6 de la mañana, el coronel Barceló, autonombrado jefe del Ejército del Centro, se lanzó sobre Madrid. Ocupó los Nuevos Ministerios y acampó en la zona.
[116] De los cuatro existentes, sólo el de Cipriano Mera seguía fiel a Casado; Los otros tres (Barceló, Bueno y Ortega, comunistas), ya planeaban la marcha sobre Madrid.
[117] Organizador y muñidor de una resistencia numantina que posteriormente abandonó.
[118] Los ministros Vicente Uribe y José Moix, Julio Álvarez del Vayo, Dolores Ibárruri, Juan Modesto Guilloto y Enrique Líster.
[119] Unos a Toulouse y otros a Orán.
[120] La represión de éste fue severa. Efectuaron limpias en los barrios más afectos al comunismo: Cuatro Caminos, Legazpi, Tetuán y Vallecas. Varios jefes (entre ellos, Barceló) fueron fusilados por orden del Consejo de Defensa.
[121] Batallones enteros de soldados de la República confraternizaban con los del Ejército Nacional.
[122] Sin embargo, su desempeño a lo largo de tantos combates atestigua lo contrario.
[123] “Ningún plan de operaciones puede ser visto con alguna seguridad más allá del primer encuentro con las fuerzas principales del enemigo”. Helmuth von Moltke, llamado “el Viejo”, (1800-1891).
[124] Un Ejército Rojo similar había derrotado en Rusia a los Blancos. La victoria de Franco no fue poca cosa.
