INTRODUCCIÓN
La visita de Francisco Franco a Guadiana del Caudillo con motivo del inicio de los riegos del Cijara se inscribe en la política hidráulica y de colonización agraria impulsada por el régimen durante los años cincuenta, orientada a transformar amplias zonas de secano en regadío y a crear nuevos núcleos de población agrícola en Extremadura. En este discurso, el régimen presenta las obras hidráulicas como símbolo de progreso, autosuficiencia alimentaria y justicia social, al tiempo que vincula la producción de pan y bienestar al esfuerzo colectivo y a la acción del Estado. El acto tenía también una clara dimensión propagandística: mostrar resultados tangibles de la política de obras públicas en un contexto de escasez y reconstrucción económica.
Extremeños y españoles todos aquí congregados:
Yo quisiera que este acto que aquí celebramos, de iniciación de los riegos del Cijara en estas tierras de Montijo, pudiera ser contemplado por el resto de la Nación, por todos los españoles que con vosotros ansían el pan y la justicia. Mas no puede haber en una nación pan si ésta no lo produce. Los que creen que las cantidades ingentes de divisas que representa el pan que se trae del extranjero se logran sin que se cambien por otros bienes, están completamente equivocados.
El pan ha de ganarse con el sudor y con el trabajo. Es ley divina, y ley de vida, a la que no podemos sustraernos. Pero es obligación de los Estados y de los Gobiernos llevar la justicia y facilitar este pan y este trabajo.
Los que habéis vivido en los pueblos, los que habéis: visto allí la malicia del usurero Y la explotación de- la miseria, podéis comprender mejor estas palabras. Lo mismo en los pueblos que entre las naciones existen también los usureros, los que comercian con la miseria. Y lo mismo que el usurero en el pueblo se desesperaria de ver logrado el bienestar. porque ello mermaría sus caudales, así les pasa a las naciones ricas y a los poderosos, a todos los que explotan la miseria humana: que no quieren el bienestar para ellos poder seguir comerciando con aquélla miseria.
Y esto es lo que le pasa al Régimen español: que es odiado por los usureros, por los especuladores, por los comerciantes de la miseria humana, que quisieran ver hundido este Régimen elevado sobre la sangre de nuestros mejores para volver a comerciar con vuestras vidas…
Se acusa a nuestro Gobierno y a nuestro Régimen de que gasta los caudales de la Nación, y yo les pregunto: ¿Qué podemos gastar si se llevaron el oro, si les dieron las llaves de los Bancos para que se lo llevaran a Rusia, y quisieron dejarnos una España imposible? ¿Es que esta agua que discurre por estos canales no es oro liquido? ¿Es que esa vega no va a valer miles de millones? ¿Es que estas tierras antes yermas no van a producir toda clase de cosechas, tan deseadas para el bienestar de España? ¿Es que esto no va a ahorrarnos millones de divisas? ¿Es que esto no es pan, hogar y bienestar? Pues ésta es nuestra obra. ¡Insultar y ladrar, pues galopamos!
Y de esta obra, amigos y camaradas, llevamos realizado lo necesario para no fracasar. Fracasaron en el mundo muchas reformas agrarias, y ello fué porque
la mató la gallina de los huevos de oro, se destruyó la economía, se destruyó la confianza y se perdió el bienestar.
Todas estas obras importan muchos cientos de millones y hemos de obtenerlos de otros sectores de la economía nacional, del ahorro público y privado, que hemos de encauzarlo y dirigirlo para que las gentes que más lo necesitan, para que las regiones más pobres, lleguen a convertirse en regiones como ésta, que va a representar cuatro o cinco veces la riqueza valenciana, admirada en Europa y en todo el mundo.
Esto quisiéramos para vosotros, y esto no son nuestras promesas, sino nuestras obras.
¡Arriba España!
CONCLUSIÓN
El discurso de Franco en Guadiana del Caudillo resume bien la retórica desarrollista de la etapa inicial de los años cincuenta: exaltación del trabajo, defensa de la autosuficiencia productiva y presentación de las grandes infraestructuras hidráulicas como motor de transformación social del mundo rural. Más allá de la retórica, estas intervenciones permiten analizar el papel central que el régimen otorgó a los planes de regadío y a la colonización agraria en Extremadura como instrumentos de legitimación política y de promesa de modernización económica. Hoy, el valor histórico del texto reside en mostrar cómo las políticas hidráulicas se integraron en el relato oficial del franquismo sobre progreso, orden social y redención de las regiones consideradas más atrasadas del país.
