INTRODUCCIÓN
El 27 de junio de 1951, Francisco Franco visitó diversas instalaciones industriales en Aranjuez en un contexto en el que el régimen buscaba proyectar una imagen de modernización productiva tras los años más duros de la autarquía. En su intervención pública, el discurso subraya la necesidad de impulsar la industrialización como vía para elevar el nivel de vida, reducir la dependencia exterior y ofrecer nuevas fuentes de empleo a una población en crecimiento. Estas palabras se insertan en la narrativa oficial del franquismo sobre el “desarrollo nacional”, que combinaba el apoyo a la iniciativa privada con un fuerte papel del Estado como garante de estabilidad y planificación.
27 de junio de 1951.
Solamente unas palabras después de haber escuchado las del Ministro de Industria y Comercio, para felicitar a los directores y a los técnicos de estas empresas por las realizaciones industriales que nos han expuesto y que son una de las significaciones más claras del progreso español.
Es muy satisfactorio para nosotros, como bien dijo el Ministro de Industria y Comercio, que la iniciativa privada, estimulada por la presencia de un Estado que le ofrece confianza y seguridad en el futuro, se haya enfrentado con problemas de esta naturaleza, que repercuten en el bienestar de nuestras clases más numerosas y directamente favorecen y fecundan la economía nacional.
Esa cantinela que más de una vez habrá cantado en vuestros oídos, inspirada por el extranjero, de que España no debe industrializarse, de que España es un país agrícola y campesino, encierra la pretensión encubierta de que España sea una colonia. Si España no ha de ser colonia, porque no puede ser colonia cuando tiene veintiocho millones de habitantes, demografía superior a lo que puede alimentar nuestra tierra, necesita del esfuerzo de todos para alcanzar una industrialización, para que no prevalezca la España pobre, que haya fuentes de riqueza y de trabajo y puedan intercambiarse nuestros productos; porque uno de los secretos de nuestra 8ituación económica de hoy es que habíamos llegado al año 1950 y no teníamos apenas que intercambiar, se habían casi agotado nuestras minas y se habían extinguido muchas de nuestras riquezas.
Muchas bocas están pidiendo los frutos que producimos, y, por lo tanto, si aspiramos a poder vivir, y vivir más ampliamente, como viven otros pueblos, y queremos consumir el mismo tanto por ciento de electricidad, carbón, hierro y otros productos por cabeza que señalan el nivel de vida de las naciones, tenemos que industrializarnos. Y esta obra nuestra que cada día veis surgir es la más clara expresión de la política de un Régimen tan difamado por las voces enemigas, por las organizaciones internacionales, las conjuras de cierta Prensa y las radios al servicio del comunismo o la masonería, que llevan diez años gritando contra España porque no quieren que España alcance su hora de plenitud y pida un puesto en la mesa de las naciones de igual a igual.
Y estas realizaciones a que hoy asistimos, como las que periódicamente venimos inaugurando, son la prueba de que nuestro Régimen tiene un contenido, de que en España existen cerebros, gentes inteligentes, empresarios, técnicos y obreros a la altura de los mejores de otros pueblos, como cuantos venís acometiendo estas obras; generación que tiene una fe y que sabe crear y multiplicar las riquezas, ir a los laboratorios a arrancar a la Naturaleza sus secretos y crear estos emporios industriales, demostrando que no vivimos al amparo de los demás y que podemos afirmar con aquel espíritu que anunciamos al comenzar el Movimiento Nacional que perseguimos el orgullo de sabernos y sentirnos españoles.
Al felicitar a cuantos pusisteis vuestras manos en estas obras, el Ministro de Industria y Comercio, que las viene estimulando con esa tenacidad tan gallega como la mía, felicito a España, a la que con ellas ofrecemos nuevas fuentes de producción y de trabajo, que acabarán por abrir los ojos y despertar a los que todavía permanecen ciegos, envenenados por los cantos de sirena de las propagandas extranjeras, y a los que podríamos preguntar cuál ha sido la época en España en que ha habido más seguridad en el trabajo, más asistencias sociales, que se hayan creado más fuentes de producción y de trabajo, en que más familias hayan alcanzado un jornal decente y que haya existido espíritu social mayor que el nuestro, bajo un Gobierno que no comercia con sus votos ni engaña.
Esto es el alma de toda esta obra, la que vosotros levantasteis estas tareas difíciles, enfrentándoos con todas las dificultades para lograr una España mejor. No nos importa que aplaudan ni que ladren fuera de España, sino que ésta progrese.
¡Arriba España!
CONCLUSIÓN
La alocución de Franco en Aranjuez refleja uno de los ejes del discurso económico del régimen a comienzos de los años cincuenta: la reivindicación de la industrialización como condición para la soberanía económica y la mejora del bienestar social. Más allá del tono propagandístico, el texto permite situar el momento de transición desde la autarquía más cerrada hacia una etapa de mayor énfasis en la producción industrial y la tecnificación. Como fuente histórica, este discurso ayuda a comprender cómo el franquismo articuló su relato sobre empresa privada, Estado y desarrollo económico en la antesala de los cambios que, a finales de la década, desembocarían en el giro tecnocrático y el Plan de Estabilización de 1959.
