INTRODUCCIÓN
El 6 de agosto de 1952, en el marco de su visita oficial a Santander, Franco pronunció un discurso dirigido a la población local en el que evocó la historia de España, el sacrificio colectivo y el proceso de reconstrucción de la ciudad tras los años de guerra y devastación. El acto se celebró en un contexto marcado por la recuperación urbana y económica de Santander, que había sufrido graves daños en décadas anteriores, y formó parte de la narrativa oficial del régimen sobre la superación de la posguerra mediante el esfuerzo, la fe y la unidad nacional. El texto permite situar este acontecimiento dentro de la política simbólica de las visitas institucionales a ciudades en proceso de transformación.
06 de agosto de 1952.
Santanderinos:
Sólo unas palabras para agradecer el entusiasmo con que me habéis recibido y para expresaros con un abrazo todo el cariño y todo el amor que siento por estos hijos de España. Por estos hijos, tan dignos de nuestra Historia. España se ha encontrado a si misma, y lo ha logrado por la sangre de nuestros mejores con nuestros héroes y nuestros mártires.
La Historia de España está tejida de acciones de sus hijos, de sacrificios de sus pueblos, de virtudes acumuladas a través de los siglos, que le dieron a España un puesto en el mundo envidiado por todas las naciones. Y esto se logró porque el español tenia confianza en Dios y fe en su esfuerzo; pero cuando faltó esa confianza, cuando nos dividieron y nos enfrentaron a unos con otros, no fuimos ya dignos de nuestra Historia, aunque los hombres fueran los mismos; porque iguales que vosotros, que vuestros pescadores y trabajadores, fueron los que construyeron ese emporio de riqueza que se llama América, aquellas ciudades que fundaban y trazaban porque tenían un espíritu creador, tenían una fe y llevaban la cruz delante.
Esto precisamente, este espíritu fué lo que estuvo en crisis durante ciento cincuenta años, como se reflejaba en nuestras miserias, contra las que nosotros nos revolvíamos, así como contra el odio entre los españoles que no sentían la grandeza de serlo como yo lo siento cuando estoy junto a vosotros y veo cómo se levantan estas ciudades…; cuando veo el esfuerzo con que se levantan estas ciudades después de vuestra tragedia, por haber estado en poder de los rojos después de todos los sufrimientos de este Santander, que pasó por la prueba de la sangre y del fuego; sin embargo, hubo una fe para levantar Santander, para reconstruir sus edificios a pesar de estar situados económicamente por el mundo, que no nos comprendía; a pesar de todo levantamos nuevas edificaciones y nuevas fábricas, construimos pantanos y estamos, en fin, creando una España nueva digna de sus hijos y una España nueva digna de su Historia.
¡Arriba España!
CONCLUSIÓN
La visita de 1952 a Santander se inscribe en la estrategia del régimen de reforzar el vínculo entre poder político, memoria histórica y reconstrucción material de las ciudades españolas. El discurso, cargado de referencias al sacrificio, la fe y la continuidad histórica, refleja la manera en que se articuló un relato de resiliencia colectiva en torno a la posguerra. Más allá de su dimensión política, el episodio permite comprender cómo la reconstrucción urbana de Santander fue presentada como símbolo del resurgir nacional y del esfuerzo conjunto de la sociedad española en un periodo de profundas transformaciones.
