De todos es sabido las diferencias que había entre los generales nacionales, los militares nacionales, ante la decisión de Franco de desviar la ofensiva hacia Madrid para la liberación del alcázar de Toledo.
En este contexto fue cuando Kindelan le preguntó esta célebre frase:
¿Sabe mi general que Toledo puede costarle Madrid?
A lo que Francisco Franco le contesta:
Yo así lo tengo decidido, por apreciar que si en toda guerra y más en las civiles, los factores espirituales cuentan de modo extraordinario. Hemos de impresionar al enemigo con el convencimiento, llevando a su ánimo que, cuando nos proponemos, lo realizamos sin que puedan impedirlo. Además, yo espero que un retraso de ocho días en la marcha sobre Madrid no se traduzca en las consecuencias que usted pronostica, pero aunque así fuera, yo no desistiría de conquistar Toledo y liberar a los heroicos defensores del alcázar, a quienes por mensaje aéreo se lo tengo prometido.
La conversación entre Francisco Franco y Alfredo Kindelán sobre la liberación del Alcázar de Toledo resume uno de los grandes debates históricos de la Guerra Civil Española: la tensión entre la estrategia militar y el valor simbólico de determinadas decisiones políticas y morales.
Para Franco, el rescate del Alcázar tenía un significado que trascendía lo puramente táctico. Consideraba imprescindible cumplir la promesa realizada a los sitiados y proyectar una imagen de firmeza capaz de reforzar la moral de sus tropas y debilitar psicológicamente al adversario. Con el paso del tiempo, aquella decisión se convirtió en uno de los episodios más emblemáticos de la narrativa del bando nacional y en un acontecimiento de enorme carga propagandística e histórica dentro de la memoria de la Guerra Civil Española.
