En 1932 se publicó un librito sobre Sabino Arana, fundador del nacionalismo vasco, con el título De su alma y de su pluma y era una colección de pensamientos del «maestro del nacionalismo vasco». Este librito llegó a mi poder muchos años después. Es la esencia verdadera del nacionalismo vasco.
He escogido solamente dos capítulos por ser los más trascendentales: el del nacionalismo, regionalismo, fuerismo y separatismo; y el de nacionalismo y españolismo. Cada pensamiento tiene un número, pero yo he excluido éstos porque no reproduzco el texto completo. Entiéndase entonces cada párrafo como un pensamiento y el número correspondiente.
Solamente, adentrándose en esta lectura, nos ponemos delante del sentimiento nacionalista vasco, cualquiera que sea el gradualismo de cada momento.
«Al Gobierno de Madrid, ningún buen bizkaíno le llama Gobierno Central, sino Gobierno de la nación dominadora.
También aquí tenemos regionalismo: pero es el regionalismo de Euskeria; es el regionalismo que habría de resultar de la constitución de los estados euskerianos, ya libres del yugo extranjero. Pero este regionalismo en que se constituirían los estados euskerianos dentro de la nación de España, sería más autonómico que el que pedirían las regiones españolas dentro de la nación de España.
Quieren, en una palabra, arrastrar a las incautas masas a ese regionalismo incoloro, inodoro, insípido e indefinido, y lo que es más, enemigo de Bizkaya como regionalismo que es, o tal vez, separatismo que trunca el lema tradicional.
Por no entender bien estas cosas, se habla continuamente contra la centralización, los poderes centrales, absorbentes, etcétera, como si Bizkaya fuese arco de la circunferencia española o segmento de su círculo, y no un círculo aparte con sus correspondientes centros y circunferencia.
De la centralización, absorción y demás fenómenos por el estilo, quéjense enhorabuena los españoles de todas las regiones, desde el cabo de Creus hasta el Finisterre y desde el de Peñas hasta la punta de Tarifa; a nosotros los bizkaínos, a quienes nos han conquistado los españoles, no nos toca sino purificar nuestro círculo y fijar indeleblemente la circunferencia, tomando por centro nuestra tradicional y santo lema Jaun-Goikun eta Lagi-Zara.
En consecuencia, el nacionalismo no puede llamarse propiamente separatismo, sino impropiamente y sólo en cuanto que de hecho está Bizkaya unida a España.
Jamás confundiremos nuestros derechos con los derechos de región extranjera alguna; jamás equipararemos nuestras viejas leyes nacionales, mal llamadas Fueros, con los Fueros de las regiones españolas; jamás haremos causa común con los regionalistas españoles.
Las instituciones que se llaman Fueros Vasko-Navarros no son privilegios; son leyes propias de estos pueblos libres con libertad originaria, creadas libremente y con soberana potestad por ellos mismos para sí mismos, sin injerencia de ningún poder extraño.
Los Fueros regionales de España (catalanes, aragoneses, etc.), fueron leyes independientes y soberanas sólo cuando esas regiones constituyeron otros tantos Estados separados, esto es, desde la destrucción de España por la invasión musulmana hasta su restauración y unificación completa. En este punto, en que dichos Estados parciales se refundieron en uno solo, sus leyes propias pasaron a ser privilegios, esto es, Fueros.
Luego cuando decimos Fueros catalanes, fueros aragoneses, etc., no entendemos con esta palabra Fueros lo mismo que cuando decimos Fueros Vasko-Navarros. Aquéllos son leyes obtenidas o conservadas por concesión; éstos son leyes creadas y legitimadas y mantenidas por el que las goza, con facultad libre y soberana. Aquéllos constituyen legislaciones especiales; éstos, legislaciones generales. Aquéllos son códigos regionales; éstos son códigos nacionales.
Puede el español abolirlos, reducirlos, modificarlos o ampliarlos; éstos, no puede justamente tocarlos, a no ser por motivos de carácter internacional.
Síguese de lo expuesto que mientras que el fuerismo catalán, el aragonés, etc., es decir, el regionalismo español tradicional es perfectamente compatible con la unidad de la Nación Española, el fuerismo vasko-navarro, por el contrario, es verdadero separatismo si se parte del supuesto de que España tiene derechos a la posesión y dominio de este país, y verdadero nacionalismo en caso contrario; porque volver el Pueblo Vasco a regirse según sus Fueros significa volver a ser absolutamente libre e independiente de España, con gobierno propio, poder legislativo propio y fronteras internacionales.
El fuerista, para serlo en realidad de verdad, ha de ser necesariamente separatista.
Fuerismo es separatismo.
Aunque autonomía significa independencia, sin embargo, sabido es que la autonomía que en estos tiempos tanto se cacarea, es la autonomía relativa y parcial, la autonomía regional; no la independencia absoluta y total, la independencia nacional. Por eso el partido regionalista a que nos referimos no se llama con propiedad fuerista; porque, respecto a Bizkaya, fuerismo es nacionalismo o separatismo y los Fueros de Bizkaya no son leyes regionales, sino instituciones nacionales.
El enemigo del catalán, del gallego, etc., es el centralismo, porque una región, la castellana, es la que ha preponderado sobre las demás de España; el enemigo del Euzkera es el extranjerismo, porque es una nación extranjera la que domina a Euskeria.
La política catalana, por ejemplo, consiste en atraer a sí a los demás españoles; la bizkaína, v. gr., en rechazar de sí a los españoles, como extranjeros.
En Cataluña todo elemento procedente del resto de España lo catalanizan, y les place a sus naturales que hasta los municipales aragoneses y castellanos de Barcelona hablen catalán; aquí padecemos mucho cuando vemos la firma de un Pérez al pie de unos versos euzkéricos, oímos hablar nuestra lengua a un cochero riojano, o un lencero pasiego o a un gitano, o cuando al leer la lista de marineros náufragos de Bizkaya tropezamos con un apellido maketo.
Los catalanes quisieran que no sólo ellos, sino también todos los demás españoles establecidos en su región, hablasen catalán; para nosotros sería la ruina el que los maketos residentes en nuestro territorio hablasen Euzkera.
Para los catalanes sería una gloria el que el Gobierno español designase al idioma catalán para lengua oficial de toda España; al paso que si eso hiciera con el Euzkera, sería para nosotros el golpe de inevitable muerte asestado por la diplomacia más refinada.
considerados, hay muchas más diferencias entre el Euzkera y cualquiera de los idiomas españoles, que entre éstos y la lengua que hablan los naturales de la India asiática; políticamente considerando, hay más derecho entre el idioma euskereano y los españoles tanta diferencia como la que hoy existe entre el francés y estos últimos, porque el Euzkera es lengua de un pueblo que jamás ha estado dominado por España, de una nación que nunca ha sido española, mientras que los idiomas españoles pertenecen a regiones que, si es cierto que en situación política anormal se han gobernado independientemente las unas de las otras, pero nunca han dejado de ser reinos o condados españoles.
Los idiomas españoles son lenguas regionales de la nación España; el Euzkera es lengua nacional de Euzkaleria.
La restauración de los idiomas regionales de España puede decretarse y ejecutarse desde Madrid; la del Euzkera, lengua extranjera para España, sólo podrá iniciarse, desarrollarse y cumplirse aquí en Euskeria.
La restauración oficial de los idiomas españoles conseguirán los regionalistas, de fuera o dentro, recibiéndola del poder central; la del Euzkera sólo podríamos obtener de dentro a fuera, rechazando el poder extranjero.
Poco le importaría a España el establecer oficialmente los idiomas regionales, pues que esto no causaría más que una diferenciación regional; pero la restauración del Euzkera produciría una diferenciación nacional, y sería para España un constante peligro.
Región, o se toma en sentido geográfico o en étnico, o en ambos a la vez. (También se emplea en el sentido político, de porción de un estado, pero pocas veces y no con la mayor propiedad.) Y Cataluña es región de la España geográfica, porque se llama España, con este sentido, toda la tierra que, conquistada por los romanos, recibió de éstos dicho nombre; y Cataluña es parte de esa tierra. Cataluña es también región de la España étnica, porque la familia que la compone es una de tantas familias como integran, con parentesco de grande, y no político, la gran familia española.
Hubo un tiempo en que Cataluña no era parte política de España ¡claro! porque entonces España no era un todo político. Pero es que tampoco Castilla era entonces una parte política de España, por la misma razón. ¿Cómo se va a ser parte de un todo que no existe?
En aquel tiempo Cataluña era un estado, un estado político. ¿Puede decirse que fuese un estado independiente de España? En modo alguno, como tampoco de Castilla puede decirse así.
Sería como decir que Bizkaya, porción de Euzkadi étnica y que en los siglos pasados formó estado independiente, fue en ellos independiente de Euzkadi.
Para que de Cataluña pudiera decirse que fue un estado independiente de España, precisaba que Cataluña no fuese una parte de la España étnica, o que otra parte de ésta se hubiese constituido en estado con el nombre España. En este segundo caso una sería la España étnica y otra la política.
En resumen: España, étnica y geográficamente, es un todo cuyas partes son Cataluña y Castilla; en el orden político, hubo tiempo en que estos nombres eranlo de sendos estados, los cuales, así como otros varios, eran todos estados españoles como hubo entonces y hay al presente varias legislaciones españolas, varios tipos de españoles y varios idiomas españoles, como comprendidas dentro de un mismo género: el género español.
Del mismo modo ha habido varios estados vascos y varias legislaciones vascas, y hay varios idiomas vascos y varios caracteres vascos, diferenciaciones solamente específicas, abarcadas por el género vasco.
La causa de Cataluña ciertamente no es la causa de nuestra patria, ni hay siquiera semejanza entre ambas partes ni por el testimonio histórico que consignan, ni por los fundamentos de derecho que alegan, ni por el sujeto a quien se aplican, ni por los motivos que han concurrido a originarlo ni aun por el fin a que se dirigen.
Pero si los vaskos de esta parte del Bidasoa buscamos nuestra felicidad, en la independencia que sólo podemos alcanzar rompiendo las cadenas que nos sujetan y envilecen, los catalanes buscan la suya emancipándose de una familia en la que no se les trata como hijos sino como siervos.
La causa catalanista en sí misma considerada y ante el criterio político de nuestra raza, y especialmente bizkaíno, es perfectamente justa y digna de adhesión y de alabanza.
No es preciso para afirmarlo conocer la historia y la pasada constitución de Cataluña; no es preciso justifique las causas de su determinación y el término a que se propone llegar.
Cataluña tiene derecho a ser libre porque quiere serlo.
He aquí el dictamen del criterio bizkaíno, del criterio nacionalista.
La causa de Cataluña, como la de Euzkadi es la causa del hogar. Queremos los vascos mandar en nuestra vieja casa; lo queremos porque el pueblo español y las leyes españolas y los gobiernos españoles, cuya inmunda planta nos aplasta, nos corrompen y envilecen, y Dios nos manda ser dignos y honrados y apartarnos de quien nuestro daño intenta.
Quieren los catalanes gobernar en su casa. No nos importa saber por qué lo quieren; lo quieren y esto nos basta para aprobar su propósito.
Plegue a Dios que el suyo y el nuestro sean de su agrado. Dios bendiga nuestra empresa, y cuando nuestros hogares sean libres, sólo Dios, Señor del Universo y único bienhechor del hombre, extienda sobre ellos su protectora mano.
