INTRODUCCIÓN
La historia del cine español no puede comprenderse sin la figura de Rafael Gil, uno de sus directores más prolíficos, sólidos y, al mismo tiempo, más debatidos. Formado en el ambiente cultural del Madrid de entreguerras y vinculado desde muy joven a la crítica cinematográfica, Gil representa la transición entre el amor teórico al cine y su plasmación práctica en una filmografía extensa, diversa y profundamente marcada por la literatura.
Su carrera, que se extiende a lo largo de más de cuatro décadas, refleja las tensiones, aspiraciones y contradicciones del cine español de posguerra. Desde sus primeras colaboraciones experimentales hasta su consolidación en la industria a través de CIFESA, Rafael Gil desarrolló un estilo propio caracterizado por la elegancia formal, el respeto al texto literario y una constante búsqueda de emoción y sentido humano en sus historias. Frente a las simplificaciones críticas que lo encasillaron como un mero adaptador o cineasta “oficial”, su obra revela una mirada mucho más compleja, capaz de abordar tanto la poesía íntima como la problemática social de su tiempo.
Gil Álvarez, Rafael. Madrid, 22.V.1913 – 10.VII.1986. Director de cine.
Nacido en el Teatro Real, del que su padre era conservador, y acostumbrado al ambiente artístico y cultural desde muy joven, Rafael Gil Álvarez ejerce la crítica desde muy temprana edad, publicando artículos sobre cinematografía y críticas de estreno tanto en periódicos (Campeón, La Voz, ABC) como en las más importantes revistas especializadas durante la Segunda República (Popular Films, Films Selectos, Nuestro Cinema), sin faltar tampoco asiduas colaboraciones radiofónicas y una no menos activa labor de organizador y difusor de actividades cinematográficas.
Cofundador en 1933 del Grupo de escritores cinematográficos independientes (GECI), llega a publicar un libro teórico titulado Luz del cinema (1935). Por esas mismas fechas se aproxima al cine experimental a través de su colaboración con Gonzalo Menéndez Pidal, Cecilio Paniagua y José Val del Omar (Semana Santa en Murcia, Semana Santa en Cartagena) y llega a escribir y dirigir un cortometraje titulado Cinco minutos de españolada, con fotografía de Menéndez Pidal.
De profundas convicciones religiosas y pensamiento conservador, es movilizado por el ejército republicano, y dada su previa labor cinematográfica, destinado a las unidades de propaganda de la 46.ª División “El Campesino” y del Estado Mayor del ejército del Centro, donde rueda documentales como Sanidad en 1937, y, en 1938, Soldados campesinos, con Antonio del Amo, y ¡Salvad la cosecha!, con Arturo Ruiz Castillo. Finalizada la contienda, Rafael Gil saludará el nuevo Régimen en algunos títulos documentales para CIFESA como La corrida de la Victoria (1939), o Luz de Levante (1940), donde reconstruía el ya mítico punto de vista de José Antonio Primo de Rivera desde su prisión alicantina. La realización de algunos otros cortometrajes sobre las tierras de España, como Feria en Sevilla o Canarias occidentales, constituye el núcleo de su trabajo hasta la ansiada oportunidad de dirigir un largo de ficción que le ofrece la propia CIFESA, empresa productora valenciana regida por Vicente Casanova y que recupera enseguida su destacado primer lugar en la industria cinematográfica española.
Dos de sus tres primeras películas para la compañía, El hombre que se quiso matar y Huella de luz —la otra es la también relevante Viaje sin destino, basada en un argumento de José Santugini—, realizadas en 1942 a partir de muy críticos relatos escritos por Wenceslao Fernández Flórez durante la dictadura primorriverista y enseguida denominadas por la crítica de la época “comedias humanas”, habrán de convertirlo en uno de los más inquietos e interesantes de entre los directores de la primera generación posbélica. Profundamente críticos con la situación de una España injusta, atrasada y cursi, hondamente desesperanzados e impregnados hasta sus estratos más profundos de un particularísimo realismo fatalista y de un humor tierno pero desencantado, los relatos de Fernández Flórez en que se basan van a permitirle realizar un tipo de cine alejado (aunque no siempre aparentemente) de las tendencias cinematográficas postuladas por las muy diversas fuerzas que apoyaban al nuevo Régimen y referirse, casi siempre en clave metafórica (pero también de forma inconsciente, legible a su pesar en las fracturas y las hondas heridas que parecen surgir de entre los bordes de los textos), a la dura posguerra de los primeros cuarenta.
Sus deseos de centrarse en los problemas de la contemporaneidad española y sus opiniones públicas profundamente contrarias, por ejemplo, a la obligatoriedad del doblaje no impiden que su cine sea apresuradamente considerado casi desde ese momento el de un “ilustrador” literario académico, sólido “y de calidad”, pero sin excesivo talento ni estilo propio y definido, y favorecido y premiado siempre por la administración franquista. En efecto, Eloísa está debajo de un almendro (1943), basada en la comedia homónima de Enrique Jardiel Poncela, Lecciones de buen amor (1943), a partir de la obra de Jacinto Benavente, y sobre todo el monumental éxito de su versión del alarconiano El clavo (1944), van a convertirlo muy rápidamente en el director preferido por las principales productoras para adaptar obras literarias de prestigio, fuese cual fuese el tono y el sentido original de éstas (Cervantes, Palacio Valdés, Pérez Lugín, Blasco-Ibáñez, José María Pemán, Carlos Arniches…), así como para llevar a buen puerto films históricos o religiosos en la línea requerida en distintos momentos por los responsables cinematográficos del Régimen. Pero, por otro lado, y sobre todo, la preferencia de Rafael Gil por referirse al conflictivo presente queda de nuevo patente en los proyectos que —entre sólidos films de encargo que realiza con su habitual y profesional solvencia— trata de poner en pie personalmente. Tal ocurre, como paradigmático ejemplo, en los dos excelentes títulos con guiones de Miguel Mihura que realiza a finales de la primera década posbélica (La calle sin sol, 1948, inmediatamente posterior a su célebre versión de Don Quijote de la Mancha, y Una mujer cualquiera, 1949, tras Mare Nostrum, a partir de Blasco Ibáñez y finalizada ese mismo año). La primera de ellas se alza como un mucho más que solvente drama urbano contemporáneo y suburbial que dibuja una tétrica y desasosegante Barcelona, surgida de la pluma de Mihura a partir de una idea del director.
Por su parte, Una mujer cualquiera es un film realmente magistral en el que el sólido eclecticismo del cineasta se transforma —por íntima conexión con su material de partida— en ajustado y contenido rigor formal.
La muy activa década de 1950, en la que realiza una media de dos o tres películas por año, la mayoría para Aspa Films y Suevia Films-Cesáreo González, nos ofrece, de nuevo, a un Gil trabajando a destajo en los subgéneros más oficialistas del cine español, aunque otra vez y no por casualidad, los títulos más relevantes del período habrán de venir de la mano de Miguel Mihura, como la costumbrista ¡Viva lo imposible!, en 1957, con Paquita Rico, Manolo Morán y Miguel Gila, y de su nostálgico retorno al universo “fernándezflorezco” en la muy interesante y oscura Camarote de lujo (1958), interpretada de nuevo por Antonio Casal y ambientada en La Coruña en los trágicos años de la salida masiva de emigrantes gallegos desde el puerto herculino. Ambos films, no por azar, constituyen los inaugurales proyectos de su propia compañía productora, Coral Films, en torno a la cual realizará la mayor parte de los títulos de la segunda y mucho menos relevante mitad de su carrera, en la que, progresivamente y como habría de sucederle a otros destacados cineastas de su generación, su filmografía entra en un proceso de declive en el que conviven empeños todavía relevantes (la adaptación de “El abuelo” de Pérez Galdós con guión de Rafael J. Salvia y protagonizada por Fernando Rey [La duda, 1972]) con versiones meramente alimenticias de las más reaccionarias novelas de Vizcaíno Casas (Y al tercer año resucitó, 1979; De camisa vieja a chaqueta nueva, 1982) que, con todo, no pueden enturbiar el muy eminente lugar de Rafael Gil en la cinematografía española.
Comentario a la biografia de Fernando alonso Barahona:
Juan Manuel de Prada (Los tesoros de la cripta ) escribió que en cualquier país normalizado culturalmente, Rafael Gil sería estudiado y venerado como uno de los grandes cineastas europeos del siglo. Tuve la oportunidad de participar en la Gran Exposicion sobre su obra organizada a partir de 1997 ( dirigida por su hijo Rafael Gil y por Luis Rubio )incluyendo un amplio estudio de su filmografía . Y posteriormente preparé el estudio Rafael Gil, escritor de cine ( editado por EGEDA que recogía la amplia y rica producción del director como amante del cine y critico cinematográfico) y en el volumen colectivo dedicado a Rafael Gil y Cifesa. ( libros : Rafael Gil, director de cine , Rafael Gil Escritor de cine , Rafael Gil y Cifesa).
Aunque al discreto autor de una tesis sobre Gil, no le haya parecido suficiente. Se trata de Juan Ignacio Valenzuela Moreno y la tesis tiene el desafortunado título : Rafael Gil, revisión de la obra de un cineasta olvidado. Moreno se permite escribir: Vista la casi absoluta falta de publicaciones que estudien en profundidad la obra de Rafael Gil, esta investigación se ha dirigido a realizar su estudio analítico a partir de la documentación de su archivo privado y de las distintas fuentes orales y escritas, muchas de ellas inéditas, a que hemos tenido acceso, con el objeto de valorar la contribución del cineasta a la consolidación de un cine español que, durante la posguerra, tuvo que superar serios obstáculos para su pervivencia
En mi estudio mencionado Rafael Gil director de cine( y en los dos posteriores antes citados ) se analizan la filmografía de Gil, pero el volumen editado en 1997 por el Centro cultural Conde Duque contiene además notables artículos y referencias personales de contemporáneos y actuales, una fabulosa colección de fotografías ( parte de la Exposicion que recorrió diversos lugares de España en aquellos años) . El material inédito que señala Moreno es el archivo privado de mi gran amigo Rafael Gil hijo que ya se expuso en libro y exposiciones. No considero – en definitiva – de interés elevado las paginas de su ignota tesis doctoral.
Rafael Gil amaba el cine puro y poético de Borzage , Capra y Vidor . También por supuesto el cine de John Ford . Y lo cultivó en sus primeras películas, “Huella de luz “, “El hombre que se quiso matar “, “El fantasma y Doña Juanita “. Fue chaplinesco en “Camarote de lujo “ y trató de elevar el género del cine de toreros a la categoría de “western “ español . Fue uno de sus grandes proyectos aunque no llegó a cuajar ya que el cine de toreros fue limitándose a la presentación de nuevas figuras a las que se arropaba con historias convencionales y un buen grupo de grandes actores de reparto .
Como escritor amaba la literatura, y en su cine adaptó a la flor y nata de la literatura española , siempre con un sentido reverencial de la obra, es decir con la humildad de quien sabe que está trabajando con un material ajeno, sea de Cervantes, Blasco Ibáñez o Unamuno . Algunos expertos de la relación cine y literatura suelen olvidar estas adaptaciones ( resulta triste que Pere Gimferrer en su interesante “Cine y literatura “ soslaye estas películas, como también lo hace Jose María Latorre en “Los sueños de la palabra “ ) , pero están ahí para quien hoy las quiera descubrir olvidando prejuicios y enfrentándose a ellas con la misma mirada ilusionada con que su director las filmó . Cine literario hizo el gran Visconti en “Muerte en Venecia “ y “El inocente “, John Huston en “Moby Dick “ y John Ford en “Las uvas de la ira “. Magníficas adaptaciones nos ofrece Carol Reed en “Oliver “, David Lean en “Cadenas rotas “, Orson Welles en “El proceso “ y “Otelo”, Lawrence Olivier (Hamlet, Franco Zeffirelli (Romeo y Julieta ), King Vidor (Guerra y paz ), Mario Camus (La colmena , Los santos inocentes ), José Luis Garci (Ninette , Canción de cuna ), Juan Pinzas (El juego de los mensajes invisibles ), William Wyler (Cumbres borrascosas )… pero también y sin duda Rafael Gil a lo largo de su amplia y rica obra .
El optimismo y la creencia en los valores positivos la mantuvo siempre , en su vida y en su obra . Ello le perjudicó – como su rechazo y denuncia de la “ inteligencia “ de izquierdas tan ávida por controlar la cultura e imponer sus a menudo inanes criterios – de cara a la crítica joven que además empezó a conocerle a partir de los años sesenta, y con películas que salvo brillantes excepciones (Verde doncella , Nada menos que todo un hombre o la magnífica La duda ) estaban lejos de ser lo mejor de su obra .
El monumental catálogo a la Exposicion Rafael Gil, director de cine ( 1997 ) fue el inicio de la reivindicación del cineasta a la que pronto siguieron análisis como los realizados por el gran escritor Juan Manuel de Prada .
Rafael Gil debutó como director en 1941 con la comedia dramática El hombre que se quiso matar , de la que haría un notable “remake “ treinta años después . El primer proyecto había sido no obstante Antes del amanecer , con diálogos de Felipe Ximenez de Sandoval, pero no llega a cuajar. La gran oportunidad es una llamada de Luis Lucia (Cifesa ) en nombre de Vicente Casanova. Un guión escrito por Lucia y Luis Marquina sobre uno de los relatos de Wenceslao Fernández Florez (1885-1961 ). La historia del hombre fracasado del que todos se burlan ( magnífico Antonio Casal ) que anuncia su suicidio público como protesta ante la sociedad . A partir de entonces su vida cambia, sin miedos, sin cobardía, una regeneración total . Pero cumplirá la promesa del suicidio que ahora es esperado por todos los medios de comunicación ¿. El recuerdo de Juan Nadie (Frank Capra ) y Gary Cooper esta presente . El éxito de El hombre que se quiso matar consolidó de golpe la carrera de Rafael Gil.
Su obra , abarca varias décadas del cine español y se podría dividir en las siguientes etapas :
Comedias dramáticas y grandes adaptaciones literarias : Producciones Cifesa y Suevia Films .
Obras sentimentales como Huella de luz 1943 y El fantasma y Doña Juanita 1944 – ambas protagonizadas por Antonio Casal , sirven de contrapunto a películas ambiciosas como Eloísa está debajo de un almendro (1943) adaptación de Jardiel Poncela , la popular El Clavo 1944 , robusto melodrama con Amparo Rivelles y Rafael Durán o la esplendorosa Don Quijote de la Mancha 1947 , auténtica superproducción en el que todos los dialogos pertenecen a Cervantes y que gozó de amplia repercusión internacional ( entre otros el premio de la Critica de Nueva York ). Rafael Rivelles y Juan Calvo fueron Don Quijote y Sancho Panza .
Huella de luz con Isabel de Pomés, Antonio Casal, Juan Espantaleón, Camino Garrigó, Juan Calvo está basada en una novela de Wenceslao Fernández Flórez
Octavio Saldaña es un pobre soñador que vive con su anciana madre y trabaja en la compañía Manufacturas Sánchez-Bey. El señor Bey invita a Saldaña a un hotel de lujo como recompensa por el trabajo bien hecho, y allí conocerá a Lelly, la hija de una manufacturera de ropa. Para impresionarla, Octavio decide hacerse pasar por millonario, un plan que tiene sus riesgos.
De narrativa impecable, entre Capra y Borzage esta producción Cifesa fue un éxito rotundo. Gil se apoyó en los que serían algunos de sus más cercanos colaboradores a lo largo de los años: el director de fotografía Alfredo Fraile, el músico Juan Quintero y, sobre todo, el decorador Enrique Alarcón, que estuvo presente en casi toda su obra
Amparo Rivelles, Rafael Durán, Guadalupe Muñoz Sampedro protagonizaron en 1943 Eloisa esta debajo de un almendro . Rafael Gil señalaría : ELOÍSA… me ha servido esta vez de experimento para intentar esa cosa tan difícil del ‘clima cinematográfico’. La he hecho con vistas a El clavo. Necesitaba afirmarme en un nuevo estilo dramático, poético, tan distante de mis primeras realizaciones humorísticas”. La obra de Enrique Jardiel Poncela (1901-1952), estrenada en el madrileño teatro de la Comedia -donde alcanzaría las 230 representaciones- en 1940 , es una de las grandes del teatro español del siglo XX. Jardiel fue muy adaptado en el cine . Eloisa en las tablas se aproximaba a las tres horas de duración en su montaje integro, Gil reestructura el tiempo en su adaptación para recortar el tiempo sin dejar por ello de ser fiel al texto original
El clavo 1944 basada en la novela breve homónima de 1853, escrita por Pedro Antonio de Alarcón con Amparo Rivelles, Rafael Durán, Juan Espantaleón, Milagros Leal, Joaquín Roa . Ambientada en la Castilla del siglo XIX (en la novela no es así), cuenta la historia del juez Javier Zarco (Rafael Durán), quien conoce y al punto se enamora perdidamente de una bella joven que dice llamarse Blanca (Amparo Rivelles). Después de un tiempo de apasionada relación, el juez le pide que se case con él antes de marchar al nuevo destino que como magistrado le corresponde. (…) Blanca no contesta sus cartas y él pierde su pista y las referencias de su amada, recelando de su amor. El tiempo pasa y vuelve a encontrarse con Blanca transcurridos cinco años. Y de nuevo el amor renace entre ambos.
Sin embargo, en el tiempo que el juez pasó en su nuevo destino, tras un paseo rutinario por el cementerio con el secretario del juzgado (Juan Espantaleón), había encontrado un cráneo con un clavo clavado. Investigando el caso, comprobó que el cráneo perteneció a un indiano (José María Lado) que se iba a casar con una mujer de nombre Gabriela que nadie sabe dónde está. Todas las pruebas conducen a esa mujer como sospechosa principal del supuesto crimen.
En la escena culminante c uando el juez Zarco se informa que Gabriela ha sido encontrada y detenida, se inicia el juicio, comparece la mujer con la cara tapada por un velo negro; el juez quedará anonadado cuando descubra que que se trata de su amada Blanca . Arturo Perez Reverte la elogio con entusiasmo y sin duda es un espléndido melodrama, elegante y magistralmente rodado que relata una historia llena de pasión. Es cierto que la censura evita ese punto explosivo que Vidor hubiera aplicado a la película, pero El clavo es una obra que ha resistido el paso del tiempo y que se inscribe en el cine que Hollywood exportaba en aquellos años (La loba, La carta , de Wyler, son referentes exactos ). Gil encargo los diálogos al dramaturgo Eduardo Marquina. El rodaje tuvo lugar entre el 22 de diciembre de 1943 y el 4 de mayo de 1944 y no faltaron complicaciones, sobre todo las derivadas de la escasez de fluido eléctrico. La película contó con nada menos que 44 decorados , algunos de ellos enormes . Nada que ver con los comentarios diez años después de los participantes en las Conversaciones de Salamanca.
El fantasma y doña Juanita – producción Cifesa – es una adaptación de un cuento de José María Pemán, una de las figuras más relevantes de la época y que a la altura de 1944 estaba en la cumbre de su influencia política y su prestigio social . Para Rafael Gil era un nuevo reto aunque el cuento en que iba a basar su película estaba muy lejos de la vertiente socio política de Pemán y se inscribía en su núcleo más intimo, mas poético, tal vez más personal y auténtico .
Jose María Pemán nació el 8 de mayo de 1897 en Cádiz . Murió el 19 de julio de 1981 despues de una vida larga y fecunda en la que llegó a codearse con las primeras figuras de la sociedad española , desde el propio Franco hasta Don Juan de Borbón, a cuyo Consejo Privado perteneció durante décadas .
En 1944, a la muerte de Rodríguez Marín, Pemán es nombrado presidente de la Real Academia, pero en diciembre de 1947 renuncia voluntariamente a tal cargo para que le fuera otorgado el honor a Ramón Menéndez Pidal. La obra de Pemán es diversa y variada. El autor se consideraba a sí mismo sobre todo poeta y dramaturgo, pero también ha cultivado la novela y el relato corto, el ensayo filosófico y político y, por supuesto el periodismo ( son clásicas sus famosas Terceras en el diario ABC ). Su primera novela fue Romance del fantasma y doña Juanita (1927) en la que se basa la película de Gil. En 1940 la editorial Escelicer había publicado una preciosa edición de la obra .
Gil, entusiasmado con la historia, escribiría en el programa de cine club del CEC en 1949 : “Yo había soñado con esa poesía infinita de lo impalpable, de ese escalofrío íntimo que a nadie confesamos , de esa angustia estremecedora que de pronto nos produce lo sobrenatural al mezclarse con lo cotidiano . Yo había soñado también con la ternura de la muchacha dormida en el remanso de la ciudad provinciana, con la nostálgica aventura del circo que pasa “ .
El rodaje tuvo lugar entre el 4 de noviembre de 1944 y el 31 de marzo de 1945 en la localidad madrileña de Alcalá de Henares . . Gil utiliza a su equipo habitual aunque en esta ocasión Michel Kélber sustituye a Alfredo Fraile en la fotografía .Obtuvo la declaración de Interés Nacional . En el diario “Las provincias “(4 junio 1944 ) el propio Gil desvelaba algunas de sus claves :
“Voy a cuidar mucho la nota poética, pero el ambiente y los tipos secundarios se prestan mucho a la caricatura; pondré en ellos mucho cuidado “.
Pocas veces en el cine europeo se ha expresado con tanta delicadeza , con tanta sensibilidad, la soledad del pobre enamorado, tímido, incapaz de vivir su propia felicidad, La estampa de la ciudad de provincias, los cuchicheos de la gente cuando se produce el idilio, el retrato de los hombres y mujeres del circo , las travesuras graciosas del mono de mirada aguda, todo está maravillosamente descrito en un guión magistral , con unos diálogos de gran belleza literaria ( revisados por el propio Pemán ) y con una puesta en escena poética y admirable
La historia se narra en “flash back “ con la protagonista, una mujer ya mayor, contando a una joven muchacha sus penas de amores y aconsejándola que no cometa los mismos errores. Es el mismo esquema de la maravillosa “Primavera “ (Maytime ) Robert Z. Leonard, 1937, protagonizada por Jeannette MacDonald y Nelson Eddy . En este clásico del melodrama musical la anciana cantante de opera (Jeannette ) recuerda a una joven pizpireta su amor frustrado por un joven barítono años atrás . Ella no se atrevió a vivir su amor, y al final la desgracia, la soledad y la muerte acabaron con su romance . En una escena preciosa y a los sones de la melodía “ Will you remember ¿ “ , los espíritus juveniles de los personajes de Jeannette MacDonald y Nelson Eddy pasean por entre los almendros en flor mientras llueves pétalos del cielo, y la pareja joven se reconcilia y aprende que el amor es lo más importante de la vida .
En esta estructura que Gil adopta de la famosa película americana , hay una importante transformación respecto al relato original, en “Romance del fantasma y Doña Juanita “ es un pregonero el que va contando a viva voz los pormenores de la historia ya convertida en romance o leyenda popular . Con la pirueta inicial, que a diferencia de “Primavera “ posee tono de comedia , el director matiza con notas alegres la evidente tristeza de la historia que a continuación se va a narrar .
“El fantasma y doña Juanita “ es la película más romántica y sentimental de Rafael Gil , uno de sus proyectos más personales donde tuvo la oportunidad de expresar los anhelos de su época de crítico , de acercarse al tipo de cine que más le gustaba y mejor expresaba su ímpetu artístico .
De nuevo el fingimiento articula la acción, el pobre payaso que encarna Antonio Casal oculta su trabajo a su amada Rosita (Mary Delgado ), sobre todo por miedo a lo que su padre, el respetado farmacéutico (Alberto Romea ) pueda opinar.
El mundo de los sueños y la fantasía que representa el circo envuelve y acaricia el idilio de los dos jóvenes y alcanza su punto álgido en la secuencia espléndida de los fuegos artificiales . Esta explosión de júbilo y libertad simboliza la fuerza del amor, el deseo de romper las barreras de la realidad para abrazarse a la ilusión . En este instante Gil alcanza la delicada descripción poética de Frank Borzage en “Tres camaradas “ y Henry Hathaway en “Sueño de amor eterno “ ( Peter Ibbetson ) .
Pero la felicidad parece durar tan solo un segundo y la dura realidad se impone . Llega el momento en que es necesario revelar la identidad del pobre enamorado y éste busca desesperadamente hacerse pasar por el contable sin que nadie le haga caso . El sacerdote bonachón ( maravillosamente encarnado por el gran actor de reparto Juan Calvo , futuro Sancho Panza se acerca al circo para investigar la vida del contable, y en una hermosa secuencia digna de Cyrano de Bergerac, el propio payaso le informa del cúmulo de virtudes del contable , una persona encantadora a la que todos adoran y quieren….El sacerdote se marcha encantado pero el payaso comprueba su terrible soledad, la enorme carga de su fingimiento. Otro de los inolvidables actores de reparto que brillan en la película es Juan Espantaelón, que encarna al empresario circense Pierre Brochard . Espantaleon (1885-1966 ) fue hombre que en cine trabajó sobre todo con Gil y con Juan de Orduña. Su presencia fílmica era poderosa y solía robar las escenas a los actores que con él compartían plano.
El circo sufre entonces un incendio, todos se salvan …. Todos menos el pobre payaso al que nadie parece echar demasiado de menos . Y en una secuencia absolutamente genial e inolvidable , asistimos al cortejo fúnebre del muerto, es un cortejo diminuto , triste, la antesala del olvido, un mono dando saltos alocados y la muchacha enamorada contemplando la escena desde una ventana y deseando que el contable aparezca para hacer realidad su amor .
Entonces dará comienzo la leyenda del fantasma que acompañará a la mujer el resto de su vida . Esta secuencia, una de las más hermosas de la historia del cine español desmiente por sí misma los tétricos comentarios que sobre el cine de Rafael Gil han vertido no pocos especialistas e historiadores, anclados en una visión convencional de la crítica de cine, cuando no presa de prejuicios ideológicos.
Es cierto que el fantasma y el epílogo final optan por un tono más ligero que recuerda a “El fantasma va al Oeste “ de René Clair, pero la poesía y la tristeza de la muerte del pobre payaso y sobre todo de su soledad devastadora se han quedado grabadas para siempre en la retina y en la memoria del espectador . Al contemplar películas como “El fantasma y doña Juanita “ no cabe menos que preguntarse qué tipo de películas españolas habían conocido los críticos e historiadores que casi sin excepción han zaherido y despreciado a toda una generación de artistas y artesanos que hizo su trabajo con dedicación y entusiasmo , a veces en muy precarias condiciones .
Junto a Antonio Casal brilla la delicadeza de Mary Delgado ( 1916-1984 ) que ya había trabajado con Gil en “Huella de luz “ y en cuya filmografía cabe destacar “Nada “ 1947 de Edgar Neville y ·”El camino “ 1964 de Ana Mariscal . El magnífico Alberto Romea (1882-1959 ) logra una de sus mejores interpretaciones , a la altura de las que lograría años después a las órdenes de Saenz de Heredia (Historias de la radio ) y Luis Berlanga ( Bienvenido Mister Marshall ) que son las que cimentan la imagen que hoy se tiene de él . Y no podemos olvidar a otros actores ilustres como José Franco (1908-1980 ) y Felix Fernández , Nicolás Perchicot e incluso en un papel pequeño el genial e inolvidable José Isbert (1886-1966 ). . En la película tambien colabora Enrique Herreros ( 1903-1977 ) en un encantador “ cameo “ interpretando a un faquir . Herreros, publicista, dibujante, director de una película maldita como “María Fernanda la Jerezana . Y en un pequeño papel el futuro galán Conrado San Martin , en el inicio de su fecunda carrera en cine y teatro . Muchos de estos actores de reparto son habituales en las películas de Rafael Gil produciendo ese encanto familiar que se percibe al contemplar hoy las producciones y que revela el clima auténtico en el que fueron rodadas. Casi todos los grandes directores han gustado de formar su propio equipo para lograr que los rodajes fueran lo más perfectos posibles, dando la sensación de unidad y continuidad . A salvo de las diferentes empresas productoras, lo cierto es que Rafael Gil siempre gustó de tener cerca de colaboradores que aparte de grandes profesionales se habían ya convertido en buenos amigos .
Luis Gómez Mesa en su interesante “La literatura española en el cine nacional “ considera “EL fantasma y doña Juanita “ una de las mejores películas de Rafael Gil y destaca el “ hermoso lirismo de sus imágenes “ . Igualmente Vizcaíno Casas la considera la mejor película de su autor . En general la crítica fue positiva aunque no alcanzara la fama o el reconocimiento de “Huella de luz “ o “EL clavo “ . El tono intimo, alejado de toda grandilocuencia, la sinceridad de los personajes , la magia de los diálogos … todo ello hace de “El fantasma …” una película de cámara , ideal para disfrutar en la noche , cuando todas las historias pueden ser posibles . La obra ha mejorado con el paso del tiempo y hoy no puede contemplarse sin emoción , lo que al fin y al cabo es el corazón del séptimo arte .
Tierra sedienta 1945 ( película social que denuncia la explotación de trabajadores ), La prodiga 1946 , novela de Pedro Antonio de Alarcon, con Rafael Duran y Paola Bárbara, melodrama declarado de Interes nacional, Reina santa 1947 con Maruchi Fresno, Antonio Vilar y Fernando Rey,, biografia de Isabel de Aragon, reina de Portugal por su matrimonio con don Dionis y canonizada por Urbano VIII en 1625, La fe 1947 , novela de Armando Palacio Valdes, con Amparo Rivelles y Rafael Duran, Rafael Gil camina de éxito en éxito y en plena posesión de sus facultades creativas . Así llegara a Miguel de Cervantes, una de sus obras cumbre.
El Quijote
Rafael Gil leyó varias veces el Quijote antes de trabajar en el guión e incluso llegó a contar con la colaboración de dos expertos designados por la Academia de la Lengua, los profesores Abad Ojuel y Armando Cotarelo. Cuando Cifesa da luz verde definitiva a la superproducción, se frustra el proyecto de adaptación del Quijote que por aquellas fechas preparaban Jaime Mayora y Camilo José Cela.
El rodaje tuvo lugar entre el 7 de mayo y el 11 de octubre de 1947 (nada menos que cinco meses, todo un lujo para el cine español) estrenándose la película en el cine Rialto de Madrid el 2 de marzo de 1948. La obra obtiene la Mención de Honor del primer Certamen Cinematográfico Hispanoamericano así como diversos galardones para Rafael Rivelles (entre ellos el premio del CEC).
Rafael García Serrano habla de “mágico realismo” y de una película que justifica la “misión del cine español”. Nada menos que Jardiel Poncela certifica que “la película es extraordinaria”, y Wenceslao Fernández Florez habla de “película de emociones limpias”.
Es cierto que no faltaron los ataques, Cinema la encontró “excesivamente realista, abruma y aburre” y la revista de humor La Codorniz se permitió bromear sobre la concesión del Interés Nacional a la película (curiosamente años después algunos críticos copiarían casi literalmente estos reproches).
El Instituto Cervantes en su estudio sobre El Quijote en el cine señalaba: “En este caso, brillan los decorados de Enrique Alarcón y resulta memorable la banda sonora de Cristobal Halffter, el ilustre sobrino de Ernesto Halffter. Pero la grandilocuente interpretación de Rafael Rivelles (por lo demás, uno de los mejores actores del cine español) parece enajenarse y queda aislada del restante elenco, encabezado por el magnífico Juan Calvo en el papel de Sancho. A decir verdad, el registro realista de las demás interpretaciones aísla el perfil rígido y teatralizante de Rivelles. Con todo, el guión de Antonio Abad pretende una fidelidad que no interesó tanto a sus predecesores. Entrevistado en 1947 por Juan de Alcaraz, dicho libretista defendió castizamente que «sólo entre españoles podemos dar una versión certera y entrañable de don Quijote». Con sobrados motivos, Abad tildó a la versión de Lauritzen de «bufonada», pero perdió la compostura al criticar al filme de Pabst como un «grave error». Aunque reverente, el guión de este Quijote de Rafael Gil también presenta cambios y ausencias si se lo compara con la novela. Por algo Gerardo Diego dejó escrito que a estos adaptadores (Gil y Abad) «no se les podrá acusar de falta de respeto a la novela inmortal, cuyo desarrollo siguen con la lealtad de una ilustración continua y animada”.
Años después, la película de Gil dio lugar a curiosas interpretaciones, como la de Roman Gubern que trataba de encontrar residuos de “propaganda franquista” en la versión de Gil. No ha sido el único en intentarlo. Sin duda, retazos de la (mal) llamada ‘memoria histórica’.
Los actores son una de las grandes bazas de la película, sobre todo los que encarnaron a los inmortales Don Quijote y Sancho. Es cierto que Rivelles no renuncia a la sobreactuación y a una compostura un tanto teatral, pero su porte es Don Quijote puro y eso queda grabado en la retina de los espectadores.
Rafael Rivelles (1898-1971) nació en El Cabañal (Valencia). Desde muy joven se siente atraído por la profesión familiar y a los 15 años decide unirse a una compañía de teatro. En 1914 estrena su primera película, pero esto no supone que abandone los escenarios ya que después de casarse con la actriz Fernanda Ladrón de Guevara deciden montar una compañía teatral con la que recorrió España y América del Sur con un notable éxito, además fue uno de los primeros españoles que trabajó en Hollywood. Rafael Rivelles trabajó en más de 25 películas a lo largo de sus vida (entre ellas Marcelino Pan y Vino de Ladisllao Vajda y El Beso de Judas) de Rafael Gil en la que encarnó al Apóstol maldito de Jesús, además de en numerosas obras de teatro.
Juan Calvo (1892-1962) fue un habitual del cine de Gil, aunque también le podemos ver en otros grandes títulos del cine español. La simpatía –teñida de una cierta socarronería muy llana– es una de sus notas características. La composición de su Sancho Panza es excelente y parece la traslación perfecta del personaje ideado por Cervantes.
Otro de los descubrimientos de la película fue nada menos que Sara Montiel . La popular artista, nacida María Antonia Abad Fernández (Campo de Criptana, Ciudad Real, el 10 de marzo de 1928), fue descubierta por Vicente Casanova en un concurso convocado por su productora, la emblemática Cifesa, iniciando su larga trayectoria profesional cuando apenas había cumplido los dieciséis años. Debuta en el cine, con un pequeño papel, en Te quiero para mí de Ladislao Vajda, donde, la aún adolescente, aparecía acreditada como María Alejandra, nombre artístico que su representante Enrique Herreros cambiaría, más tarde, por el de Sara Montiel. Otros actores sobresalientes en la película son Julia Caba Alba (1912-1988), Eduardo Fajardo (1918-) y el extraordinario Manolo Morán, amigo personal del director y tal vez junto a José Isbert el más popular de todos los actores de reparto del cine español. Morán (1905-1967) encarna al barbero que ha de ceder a Don Quijote el famoso “yelmo de Mambrino”.
Y junto a los actores el equipo técnico con los habituales Alfredo Fraile y Alarcón, la banda sonora del extraordinario y prestigioso Ernesto Halffter o el vestuario de Manuel Comba (biznieto por cierto del pintor Eduardo Rosales).
Ernesto Halffter (1905-1989) haría tambien la música de La Señora de Fátima y de Historias de la Radio, miembro destacado del Grupo de los Ocho –o Grupo de Madrid de la Generación del 27, vinculado desde sus inicios a la Residencia de Estudiantes–, discípulo de Manuel de Falla, director de la Orquesta Bética de Cámara en los primeros años de su creación y autor de obras tan importantes como Sinfonietta (1925), Sonatina (1928) o Rapsodia portuguesa (1940), que gozaron de amplia difusión internacional. Además, Halffter trabajó durante años en la finalización de la obra incompleta de Falla , Atlántida. Su trabajo en el Quijote es sin duda excepcional y hoy se ha convertido en uno de los mejores elementos de la adaptación.
Rafael Gil explicó en acertadas palabras su visión del Quijote y de la película:
“Creo que cualquier español que realice una película sobre el Quijote no puede sentirse plenamente satisfecho al terminarla. El Quijote es perfecto y las imperfecciones de su adaptación quedarán siempre al descubierto al contrastarla con el original literario. Sin embargo no estoy arrepentido de haber hecho El Quijote sino contento. No quise hacer una interpretación, sino una síntesis que sirviera para propagar un libro que todos los españoles dicen conocer y que, sin embargo, no conocen. Mi postura fue la de respetar el original hasta el punto de no añadir ni una sola frase nueva a los diálogos de Cervantes. El pecado era prescindir de tantas y tantas cosas que no cabían en los límites de una proyección, ya más larga de lo normal. ¡Ya lo creo que me gustaría realizar otra vez el Quijote! Valdría la pena hacerlo para captar en color ese paisaje sin color que es La Mancha. Sin duda haría una película mucho mejor que la anterior, pero no sería –ni mucho menos– esa película imposible que el Quijote tiene. Y digo imposible porque siempre se podrá caber una mejor”.
El éxito comercial en España fue un tanto discreto (hay que considerar su alto coste económico) pero la película gozó de buena distribución en Hispanoamérica y en distintas Universidades de Estados Unidos donde la obra fue objeto de estudio por hispanistas de todo el mundo. El prestigio de Rafael Gil se tradujo en una oferta de Hollywood para rodar películas americanas, pero Gil vaciló y al final rechazó la oferta pese a que tal vez hubiera sido el director español más capacitado para integrarse en el sistema de estudios norteamericano. La familia, herida por la trágica muerte del hijo mayor acaecida en 1948 en el transcurso de una operación quirúrgica y los problemas derivados del idioma impidieron a Rafael Gil tomar una decisión que hubiese cambiado su vida.
¿Cómo explicar esta aparente contradicción? Sin duda, El Quijote de Gil fue una película popular y muy presente en la vida cultural española del momento. Incluso se llegó a editar una colección de 342 cromos y su álbum correspondiente con textos compuestos por Eduardo Guzmán e ilustraciones de Amable Leal. En 1948, una encuesta popular en Triunfo la proclamaba la mejor película del año. Es decir, la película había penetrado en la sociedad española, aunque como suele ocurrir con aquellos que dicen haber leído el Quijote, lo cierto es que la obra era conocida por todos, pero no todos acudieron a verla. Ello unido a su extraordinario coste económico limitaron los beneficios de la taquilla.
Con el gran despliegue de medios a pleno rendimiento y un cariño y esfuerzo de Gil que se nota en cada fotograma, el director opta por una ilustración fiel de la novela de Cervantes inspirándose para ello en los populares grabados de Gustavo Doré (que también había influido en la puesta en escena de un grande del cine como Cecil B. de Mille). Este gran dibujante y pintor nace en Estrasburgo el 6 de enero de 1832. Hijo de un ingeniero de caminos, canales y puertos, a los 13 años comienza a dibujar sus primeras litografías y a los 14 aparece publicado su primer álbum, Les Travaux d´Hercules. En 1848, a los 15 años, Gustavo Doré es contratado como caricaturista en el Journal pour rire de Philipon. Ese mismo año debuta en el Salón con dos dibujos realizados a pluma. A la muerte de su padre en 1849, Doré, con sólo 16 años, es ya muy conocido. Pasa entonces un tiempo junto a su madre. A partir de 1851, habiendo expuesto sus pinturas, realiza algunas esculturas de tema religioso y colabora en varias revistas como Journal pour tous. En 1854 el editor Joseph Bry publica una edición de las Oeuvres de Rabelais, ilustrada con más de 100 grabados de Doré. Ilustrador de gran renombre, a la vez autodidacta y exuberante, Gustavo Doré ilustra más de 120 volúmenes entre 1852 y 1883, año de su muerte, que aparecieron en Francia, Inglaterra, Alemania y Rusia. Su ilustración del Quijote data de 1863 y ha servido para recrear las imágenes de los personajes cervantinos en la mente de millones de lectores del mundo entero.
Gil nos introduce en el mundo cervantino y va describiendo de forma detallada las evoluciones de Don Quijote y Sancho, de la familia de Alonso Quijano y del malévolo Bachiller Carrasco (interpretado de forma tenue por Fernando Rey, que décadas después daría vida a Don Quijote).
El inicio es excelente, la cámara entra poco a poco –en un perfecto “travelling”- en el pueblo y en la casa de Don Quijote mostrándonos a continuación al protagonista y sus primeras señales de locura. Poco antes ha aparecido el inmortal “en un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme…” Es cierto que no se rehuye una cierta grandilocuencia a causa sobre todo de la interpretación de los actores, pero es tal la convicción de Rafael Rivelles y su perfecta internalización de la imagen que de Don Quijote dá Cervantes, que el espectador enseguida se identifica con la extraña locura de este caballero que confunde los molinos de viento con gigantes y los rebaños de ovejas con feroces ejércitos. La película es una sucesión de estampas cervantinas servidas con todo lujo de detalles. Junto al gran trabajo de Fraile y Alarcón en la fotografía y escenografía, hay que resaltar la presencia de Manuel Comba, biznieto del gran pintor Eduardo Rosales, como responsable de ambientación general y vestuario.
Rafael Gil logra en una perfecta labor de síntesis que hace que no haya fallos de ritmo y que continuamente sucedan cosas en la pantalla. Es cierto que algún episodio languidece como el de la Isla Barataria gobernada por Sancho, pero enseguida la acción vuelve a levantarse camino ya de su desenlace, no por esperado menos emocionante. El Bachiller Sansón (Fernando Rey) logra esta vez derrotar a Don Quijote que regresa a su casa dolorido, cansado, pero conservando su impresionante dignidad. Gil, fiel a sus propósitos, no interpreta el Quijote, sino que lo ilustra. Una visión desde luego honesta y como bien observara Jacques Lourcelles, en absoluto menos artística que la libre interpretación. Lo que realmente importa es el resultado final y la versión de Gil es tal vez la que mejor expresa y dibuja el original de Cervantes precisamente porque le es fiel y no aspira a realizar interpretaciones personales sobre los personajes o su espíritu.
Además recoge gran cantidad de capítulos por lo que durante muchos años y en numerosas universidades, sobre todo en Estados Unidos, la película de Gil ha sido le versión canónica por así decir, la que solía ofrecerse al espectador que por primera vez quisiera sumergirse en el mundo maravilloso de don Quijote y Sancho. Por otra parte, importantes personalidades como Enrique Herreros (que coleccionaba todo lo que sobre el Quijote caía en sus manos), Orson Welles o el mismo Luis Buñuel expresaron en diversas ocasiones su predilección por el film de Rafael Gil.
Hoy, pese a alguna ligera caída de ritmo y un cierto envejecimiento en el estilo declamatorio de algunos diálogos, el Quijote de Gil sigue siendo un soberbio espectáculo no sólo a la altura de las últimas adaptaciones, sino en muchos aspectos superior a ellas. Con Don Quijote se cierra la colaboración de Rafael Gil y Cifesa. Años después, el director se referiría a ella con cariño y lamentando la desaparición de una empresa que fue capaz de convertirse, aunque fuera fugazmente, en fábrica de sueños.
Tierra sedienta 1945 con Irene Caba Alba, Juan Calvo, Ana María Campoy, Ángel de Andrés, Mary Delgado es una rareza en su filmografía. Un combatiente de la Guerra Civil que regresa a su lugar al término de la fratricida contienda para encontrarse con que su novia, Ana (Ana María Campoy) no sólo no le ha esperado, sino que se ha casado con otro hombre, Carlos (Fernando Rey), el ingeniero de una presa que anegará el pueblo bajo sus aguas
Y no olvidamos La pródiga 1946 magnífico melodrama , adaptación de la novela de Pedro Antonio de Alarcón con Rafael Durán, Paola Barbara, Guillermo Marín, Juan Espantaleón, Fernando Rey. En la España de los años 50, en plena campaña electoral, tres jóvenes utilizan todas sus estrategias para situarse en Madrid como diputados a Cortes. Sin embargo, para conseguirlo necesitan la aprobación de Doña Julia, la mujer que controla el pueblo de Abencerraje. En cuanto la visitan para pedirle ayuda, Guillermo queda prendado de ella.
El ciclo de historias policíacas con influencias del realismo poético francés dio como resultado dos obras maestras : La calle sin sol, 1948 y Una mujer cualquiera , 1949. Ambas con Antonio Vilar , acompañado por Amparo Rivelles y Manolo Morán en la primera y por la gran María Felix en la segunda . Esta ultima ofrecía además una curiosa ruptura argumental : Vilar era el malvado manipulador y la bella María Felix la víctima .
La calle sin sol , estrenada el 22 de noviembre de 1948 con Amparo Rivelles, Antonio Vilar, Manolo Morán, Alberto Romea, Irene Caba Alba , Jose Nieto posee un estilo que adelanta un cierto neorrealismo aunque es superior su inspiración del realismo poético francés, Marcel Carne en primer término. Con guión de Miguel Mihura, la película trata directamente, sin cortapisas, de asuntos escabrosos para la época y la censura como son el problema de la extranjería e inmigración, la infidelidad y la felicidad como objetivo de vida entre las personas más humildes y desfavorecidas. Todo ello enmarcado en una trama policial en la que el protagonista, Mauricio, ( excelente Antonio Vilar ) un ciudadano frances, se ve obligado a huir. El argumento esencial es el siguiente : El padre de Pilar regenta un local en el Barrio Chino de Barcelona. Allí, la joven conoce a un individuo de mala fama del que se enamora, pero Pilar sospecha que podría tratarse de un delincuente
Solo La calles sin sol serviría para justiticar el cine español de la época. Su ritmo, el retrato de sus personajes, la química entre Vilar y Rivelles y sobre todo ese estilo entre realidad y poesía que marca el mejor cine de Rafael Gil.
El tono y ciertos ribetes de la obra serian recogidos en 1955 por Julien Duvivier en El tiempo de los asesinos , sin duda Duvivier, Tourneur (Retorno al pasado ) y Marcel Carne ( El muelle de las brumas ) son asimismo inspiraciones de Gil.
Es interesante señalar que la mitica imagen de los pobres de La calle sin sol, reunidos cada mañana bajo el único rayo de calor que cruza a una hora precisa su callejón, es anterior en dos años a la misma idea de Milagro en Milán . Esta escena es una de las mas hermosas de todo el cine europeo ; los habitantes de la calle sombría y estrecha solo pueden ver el sol unos instantes al dia, y en ese momento todos se colocan frente el para sentir en sus cuerpos la débil caricia de unos tímidos rayos de sol que logran penetrar entre los edificios. Jose Nieto y Manolo Moran bordan sus personajes, el primero es un pobre vecino que vive son su mujer ciega y que se erigirá en protagonista destacado de la acción.
El misterio del inicio se troca en historia romántica sin abandonar nunca la descripción costumbrista : el comisario , el mendigo, el charlatan, la mujer ilusionada, el cristalerto, la cocinera , la portera, el limpiabotas, para después convertirse en un relato policiaco y volver finalmente a la poesía y al desenlace feliz. Un momento antológico es aquel que hace referencia a unas bandas de agitadores comunistas que de vez en cuando llenan de propaganda el Barrio Chino. El cristalero ( Angel de Andres ) responde en una pincelada de sutil anticomunismo : “ No me gustan los comunistas, fíjate que ellos se dedican a romper ventanas y lunas de escaparates ..y yo vivo de ello, de esos cristales”.
Cesareo Gonzalez tira la casa por la ventana con la contratación de Maria Felix que llega a España el 26 de mayo de 1948 para filmar Mare Nostrum, la novela de Vicente Blasco Ibañez. La estrella mejicana declara nada mas pisar tierra española su ilusión ya que la novela le ha encantado y añade sobre Gil : No conozco mas película suya que Reina santa , y me parece una joya autentica”. La primera aparición de Maria Felix en las ruinas de Pompeya entre estatuas clásicas es antológica y en ella se inspiraría seguramente Albert Lewin para una escena similar en Pandora, con Ava Gardner. Ademas es la primera vez que en el cine español se pinta de forma positiva al bando aliado en la segunda guerra mundial ( la acción ha sido alterada ya que en la novela se desarrolla en la primera gran guerra ).
Una mujer cualquiera 1950 es una obra maestra igual que La calle sin sol . María Félix, Antonio Vilar, Mary Delgado, Manolo Morán, Juan Espantaleón de nuevo en una historia de Mihura y producción de Cesáreo González .
Maria Felix encarna a Nieves Blanco , una mujer abandonada que cae bajo la influencia de un atractivo hombre de negocios (Antonio Vilar ) que la utiliza vilmente para sus planes criminales . Magistral inversión de personajes, María Felix es la mujer engañada por amor y Antonio Vilar la vampiresa ( en versión masculina ), una obra maestra y la mejor película interpretada por la estrella en su periplo español .(Mare Nostrum, La noche del sábado, La corona negra, Faustina – de Saenz de Heredia- )
Una mujer cualquiera tiene elementos de Perdicion, ( pero con la inversión de personajes que hemos mencionado ), vemos a la mujer caer en las garras del atractivo perverso, perder su voluntad, sufrir todos los peligros hasta el desenlace final . Sorprende además la franqueza de los temas solo velada por la elegancia de la cámara de Gil ( la prostitución, el chantaje , el crimen despiadado). Como quiera que la imagen de María Felix er la de una mujer independiente y dominante, la pirueta que realizan Mihura ( guion ) y Gil es extraordinaria. Nieves Blanco es aquí una antigua vampiresa a quien la vida ha destrozado , ahora es capaz de amar, de sacrificarse ..y de ser engañada por un hombre. Las calles de Madrid casi siempre de noche son retratadas en sus aspectos más sórdidos y los personajes que pululan son de una autenticidad pasmosa : el conductor (Angel de Andres ), la portera (Julia Caba Alba ), el taxista( Manolo Moran ), el inspector (Juan Espantaleon ), el vendedor de periódicos, la camarera, el sereno.
Se sugiere el pasado difícil de Nieves ( vas a volver al arroyo donde te encontré ) . Que Montalban y Gomez en su anticuado Diccionario de directores (Mensajero ) escriban sin rubor que entre los defectos de Gil se encuentran la mala dirección de actores y la falta de preocupación social, revela el profundo desconocimiento con que algunos críticos convencionales abordan la historia del cine español . Una mujer cualquiera sirve con su visión sin prejuicios para derrumbar todos estos tópicos cansinos.
María Felix 1914-2002 (Todas mis guerras ) Describió a los españoles como gente ‘hermosísima’ y amable, “al menos conmigo”, cuenta en la entrevista. Pero esta ciudad le ofrecía mucho más que gente, un muy buen ejemplo es el Museo del Prado con su «velázquez» y sus «goyas», que era su favorito. Para ella un museo era un templo, un lugar sagrado y nunca visitó uno tanto como a éste.
https://avamus.org/es/una-mujer-cualquiera-o-una-rita-hayworth-a-la-mexicana-creacion-de-la-banda-sonora-para-el-cine-negro-espanol-de-los-anos-cuarenta/ interesante aunque excesivo articulo de Laura Miranda Gonzalez sobre la banda sonora de la película a la que coloca en el origen del cine negro español.
Maria Felix aparecería en una tercera película de Rafael Gil : La noche del sábado 1950, con Rafael Duran , una adaptación del texto dramático de Jacinto Benavente.
Cine religioso Aspa Films . Asociado con Vicente Escrivá y en plena posesión de sus recursos creativos, Rafael Gil rueda dos de sus mejores películas : La señora de Fátima 1951 – emotiva y religiosa con un desenlace que no puede contemplarse sin lágrimas – y La guerra de Dios , 1953 , premio en San Sebastián y cuyo protagonista, Claude Laydu había trabajado con Robert Bresson en Diario de un cura rural . Las analizaremos en el capítulo de cine religioso.
Producciones Coral . Rafael Gil ha fundado su propia productora , Coral Films, y ha llegado a un ventajoso acuerdo con Paramount para la distribución . Su obra en los ultimos años cincuenta y la década posterior es abundante y alterna títulos comerciales (El relicario, Chantaje a un torero, LA reina de Chantecler– producción Suevia con Sara Montiel ) con obras originales y arriesgadas como la magnífica Camarote de lujo 1957 – con Antonio Casal – de fina poesía y honda descripción de la realidad social de la inmigración de la época , Siega verde 1961 – filmada en catalan en los bellos parajes del Valle de Arán , Verde doncella . 1967 , sátira mordaz en la que un millonario –Antonio Garisa – ofrece un millón a una novia – Sonia Bruno – para pasar la noche con ella antes que el novio .
Y en el mundo taurino la notable El Litri y su sombra , 1959 según una idea de Agustín de Foxá .
Una rareza considerable es La vida nueva de Pedrito Andía 1964 , producción Suevia con Joselito – ya con más de veinte años – basada en la novela de Rafael Sanchez Mazas . Una película desconocida, olvidada y de gran belleza formal .
En los años setenta Gil acomete de nuevo ambiciosas adaptaciones literarias como La duda 1972- según Galdós con Fernando Rey y Analía Gadé – Nada menos que todo un hombre 1971- según Unamuno con Francisco Rabal y de nuevo Analía Gadé – y La guerrilla 1973- según Azorín, con Rabal, Julia Saly y José Nieto . Hay tiempo tambien para un éxito comercial sobresaliente : Novios de la muerte , 1973 , con Juan Luis Galiardo, Helga Line, Ramiro Oliveros y Fernando Sancho en el mejor papel de su carrera interpretando a un comandante de la Legión .
Adaptaciones de Fernando Vizcaíno Casas : El éxito de La boda del señor cura 1977 , ácida crítica de la secularización y la decadencia de la Compañía de Jesús – con un magistral Pepe Sancho – y sobre todo Y al tercer año resucitó 1978 , propician un ciclo de comedias críticas entre la nostalgia y el sainete : Hijos de papa , Las autonosuyas ( profética en su retrato de los excesos del estado de las autonomías ) ..hasta llegar a la ultima de todas : la curiosa y poco conocida Las alegres chicas de Colsada ( 1983 ) con Tania Doris sobre el mundo de la revista .
No todas las películas de Rafael Gil mantuvieron su alto ideal del cine ni alcanzaron la excelencia , pero siempre fueron dignas, y las mejores supieron expresar en imágenes los sueños de aquel joven escritor ,casi adolescente, que se acercaba al séptimo arte con amor y admiración. El joven escritor Gil seguramente hubiera criticado algunas películas del maduro director) pero se habría emocionado ante numerosas secuencias de muchas películas como “Huella de luz “, “El fantasma y doña Juanita “, “aA calle sin sol “, “La señora de Fátima “, “Verde doncella “ , “Camarote de lujo “, “Siega verde “ , “Nada menos que todo un hombre “ o “La duda “.
Por otra parte , no solo el público apoyó constantemente su obra, también sus compañeros de profesión como atestiguan los numerosos premios obtenidos a lo largo de su carrera . Hasta llegar a los Oscars españoles a partir de los años ochenta , Rafael Gil fue el director más premiado del cine español, lo que desde luego no era una frase hecha sino una profunda realidad . Algunos han tachado de “ oficialismo “ esa relación de premios, pero lo cierto es que nadie en la época, ni público, ni industria, ni compañeros, dudaron nunca del puesto preeminente de Gil . Y las escasas envidias que despertó prueban su bonhomía, buen carácter y generosidad del cineasta .
En una larga entrevista concedida con ocasión del programa “ La noche del cine español “ de Fernando Mendez Leite , Rafael Gil se mostró básicamente satisfecho de su amplia carrera cinematográfica y orgulloso de muchas de sus películas y de su contribución al cine español . Algunos libros de cine aún deben ejercer la labor de recuperación y revisión de la obra de este hombre de cine que dejó una huella indeleble y un legado de 67 películas a lo largo de cuarenta y dos años en lo que constituye una carrera cinematográfica envidiable, sólida y casi sin parangón .
El lema de Rafael Gil podría resumirse en la frase que escribiera en 1969 y que ya hemos reproducido : “ creer en lo que aún no es resulta siempre una bella manera de vivir “ . Y además es una creencia mantenida a lo largo de los tiempos, desde el inicio como principiante a la madurez, cuando muchos llamaban a la puerta para ser contratados por su productora . A eso se le llama, simplemente, esperanza .
CONCLUSIÓN
Rafael Gil ocupa un lugar central en la historia del cine español, no solo por la extensión de su obra —más de sesenta películas— sino por la coherencia de una trayectoria guiada por el amor al cine y a la literatura. Su capacidad para adaptar grandes textos, su dominio de la narración clásica y su sensibilidad para captar tanto la emoción como el drama cotidiano lo sitúan entre los grandes artesanos del cine europeo del siglo XX.
Más allá de debates ideológicos o lecturas parciales, su legado permanece en una filmografía rica, variada y, en muchos casos, aún por redescubrir. Películas como Huella de luz, El clavo, La calle sin sol o su ambicioso Don Quijote de la Mancha siguen demostrando la vigencia de un cine hecho con convicción, oficio y una profunda fe en el poder de las historias.
Revisar hoy la obra de Rafael Gil no es solo un ejercicio de memoria histórica, sino una oportunidad para reencontrarse con un cine que creía en la belleza, en la emoción y en la capacidad del arte para trascender su tiempo.
