La primera parte de este articulo:
En su caso no bastaba con las intenciones solamente; querían hechos y necesitaban razón de peso. La hallaron en la posible entrada en el gobierno de ministros que pertenecieran a la CEDA. Sí, era inasumible, imperdonable e insoportable el acceso al poder de personas pertenecientes al partido más votado en las pasadas elecciones. Carecían de pedigrí democrático. A ellos, a los que declaraban que la república burguesa era un paso previo para instaurar la dictadura del proletariado, les sobraba ya por aquel entonces supremacía moral.
Para resolver una crisis de gobierno se encarga por el presidente de la República que de nuevo el radical Alejandro Lerroux forme otro, y en éste la CEDA exige tener representantes –en realidad como partido más votado podían aspirar a que el presiente fuera de su organización-, y tan solo ante esta posibilidad el órgano del PSOE, El Socialista, lanza su soflama el día 3 de octubre de 1934: “En pie y con ánimo inmodificable están al presente todos los trabajadores de España…Todos los trabajadores están a la espera de la crisis insoslayable y prevista por la fuerzas en jaque: marxistas y antimarxistas. Si se nos pidiera consejo, lo daríamos en una sola palabra: Rendíos”. A todo esto el presidente de la República, Alcalá-Zamora, que ha conseguido que tan solo puedan acceder al gobierno tres representantes de la CEDA, envía un emisario a Largo Caballero con el siguiente mensaje propio de alguno de los políticos que le tocaron a España en aquella tesitura: “Por Dios, que no se mueva nadie; se trata solo de tres o cuatro meses; el tiempo preciso para deshacerlos y desacreditarlos”. Menudo personaje. Entendía su misión como presidente de la República en destrozar a la organización ganadora de las elecciones. A todo esto el PSOE que se atribuía la representación de todos los trabajadores, había obtenido tan solo 1.700.000 votos de uno 8.700.000 posibles. Si relacionamos los resultados con la definición de la constitución como “república de trabajadores”, algo no cuadra. O la definición era inexacta -había pocos trabajadores-, o la mayoría de ellos no les votó.
Comienza la partida
Provistos de la incuestionable razón sucedió que el día 4 del mismo mes Lerroux dio a conocer el nuevo gobierno en el que figuraban tres miembros de la CEDA, y los representantes de todos los trabajadores, ya advertidos de que prestaran atención al disco rojo, iluminaron el aro de ese color. Al día siguiente, por si hubiese duda de la estrategia preparada, se declara la huelga general revolucionaria. Así lo contaba uno de los máximos responsables del golpe, Largo Caballero, en sus memorias de 1945: “Los acontecimientos se precipitaron. Las derechas cada vez más agresivas, impacientaban a las organizaciones obreras y socialistas. De provincias –principalmente de Asturias– apremiaban para que se declarase el movimiento, porque si se presentaban las nieves, los asturianos tropezarían con graves inconvenientes para la acción. Era obligado empezar antes del invierno. Se nombraron corresponsales en todos los pueblos donde había organización…Se compraron y repartieron armas…Todos los telegramas fueron expedidos el mismo día en que se acordó dar la orden de movilización…El 2 o 3 de octubre apareció el fatídico decreto nombrando a don José María Gil-Robles ministro de la Guerra. La suerte estaba echada. Había que jugar la partida”. La partida, el golpe, había que jugarla no porque se hubiesen restringido derechos, se hubiese encarcelado o asesinado a algún camarada. No, es que resultaba insoportable la provocación –hasta ahí podíamos llegar– de permitir la entrada en el gobierno de miembros del partido más votado. En la madrugada del día 5, amén de tiroteos aislados, cuando las fuerzas del orden quieren entrar en la sede del PSOE de una calle madrileña para practicar un registro, son recibidos a tiros por una unidad compuesta de cien milicianos. Muere un guardia y tras llegar los refuerzos solicitados se inicia el tiroteo con bajas por ambas partes. Los socialistas solicitan refuerzos del estado mayor de Caballero, pero les informan que la partida era para el día 6. Total seis muertos y ochenta prisioneros, entre los que no se encontraba ninguno de los dirigentes porque habían escapado-; insólito ¿verdad?
Efectivamente, la partida la ordena Caballero el día 6 mediante un disparo efectuado a las nueve de la noche por un miembro del partido de Azaña en la Puerta del Sol. Los golpistas socialistas apostados en la emblemática plaza inician un tiroteo para entrar en el ministerio de Gobernación y hacer prisionero al gobierno de la República, paso previo y necesario para instaurar en España la dictadura del proletariado. Democráticos los medios y democráticos los fines. Progresismo en estado puro.
En Asturias provincia en que el golpe tuvo las más graves consecuencias, se publicó el siguiente bando demostrativo de que se trataba de una huelga general pacífica.
EJÉRCITO ROJO
B A N D O
HACEMOS SABER: Desde la aparición de este bando queda constituido el Ejército Rojo, pudiendo pertenecer a él todos los trabajadores que estén dispuestos a defender con su sangre los intereses de nuestra clase proletaria.
Este ejército quedará compuesto y se dirigirá en la forma siguiente:
1.º Todos los que hayan cumplido los diez y ocho años hasta los treinta y cinco pueden inscribirse en el Ejército Rojo.
2.º Una vez ingresados en filas tendrán que observar una férrea disciplina.
3.º Las deserciones o desobediencias al mando serán castigadas con severidad.
4.º Quedan excluidos de pertenecer al Ejército Rojo aquellos que hayan pertenecido a la clase explotadora.
El aplastamiento de los contrarrevolucionarios, la conservación de nuestras posiciones exige tener un Ejército invencible, aguerrido y valiente para edificar la sociedad Socialista.
Nota. Todos los días desde las ocho de la mañana queda abierta la oficina de inscripción en las dependencias del Ayuntamiento.
El comité Revolucionario
Este bando aparece publicado en el libro de Ángel Palomino 1934. La guerra civil empezó en Asturias, seguido de un comentario del autor que mantiene su validez:
“Curiosamente los partidos comunistas predican en sus países el antimilitarismo, la desaparición de las Fuerzas Armadas. Una vez instalados en el poder crean un ejército llamado popular, rojo, de liberación o democrático, un ejército diferente. En él exigen férrea disciplina. Crean un ejército … que en la URSS, China, Vietnam, Corea del Norte, Cuba…es el más poderoso que jamás tuvo el país y forma con el partido, la casta privilegiada instalada al margen de la pobreza que acompaña siempre, sin excepción, al régimen”.
Palomino murió antes de que Venezuela adverase la certeza de su comentario. No hay duda de ningún género acerca de los democráticos objetivos de los golpistas a tenor del informe emitido por el indicado comité el día 16 señalando el ejemplo a seguir. Véanlo:
“Rusia, la patria del proletariado, nos ayudará a construir sobre las cenizas de lo podrido el sólido edificio marxista que nos cobije para siempre. Adelante la revolución. ¡Viva la dictadura del proletariado!”.
La Rusia añorada era la de Stalin y la organización que dirigió el golpe el PSOE, partido que se había deshecho del representante de su ala moderada Julián Besteiro contra quien, por negarse a admitir la mentira de que la CEDA fuese un partido fascista, los partidarios de Caballero desencadenaron una guerra sin cuartel al extremo de que, cuando se inició la asonada, los seguidores de éste último llegaron a intentar asaltar su casa y disparar contra ella. No en vano Besteiro les había anticipado e increpado “vais a llegar al poder, si es que llegáis, empapados y tintos en sangre “, y pronosticaba: para luego “lanzaros a una cruel guerra fratricida con los obreros comunistas, sindicalistas y anarquistas”. Predicción que, como recuerda Pío Moa, se cumplió al reanudarse la guerra en 1936. En los últimos tiempos hay un intento por parte de los socialistas de reivindicación de la figura de Besteiro; lástima que lo defenestraran entonces; nos podríamos haber evitado una guerra civil de ser acertada la famosa sentencia del ilustre republicano Madariaga: la guerra civil dentro del PSOE hizo inevitable la guerra civil. Creo que intervinieron además otros factores en el estallido final pero los chicos del PSOE aportaron algo más que un simple granito de arena para que aquello sucediera.
Bien. Quede claro que hubo un golpe de estado promovido en toda España por el PSOE, cuyo máximo dirigente fue Largo Caballero secundado por Indalecio Prieto. Durante meses habían acumulado armas con el objetivo de instaurar la dictadura del proletariado, es decir la de su Partido, como llevaba años aconteciendo en la sociedad que les servía de faro iluminador: la URSS, donde el proletariado ejercía de siervo y esclavo del Gran Padre Stalin tras suceder al mucho más prestigiado Lenin. Muy normal que nuestros líderes socialistas de entonces aspirasen a emular a su admirado a la vista del poder de que disfrutaba, logrado con los mismos medios que ellos pusieron en marcha: mediante una guerra civil.
El golpe fracasó en casi toda España entre otras cosas porque el proletariado no lo secundó para sorpresa de sus jefezuelos, pero durante casi dos semanas ocasionó una auténtica guerra en Asturias, donde no quedó dominado hasta el 15 de octubre tras la intervención de tropas de otras provincias y de Marruecos, con un saldo de 1.051 muertos civiles; 2.000 heridos; 321 muertos de las fuerzas armadas; 870 heridos y 7 desaparecidos. Reconozcamos que la excusa de no aceptar la entrada en el gobierno del partido más votado supuso el coste de sangre no pequeño profetizado por Besteiro a los gánsteres dirigentes del PSOE; no habían llegado aún al poder pero ya estaban tintos en sangre. El partido progresista por excelencia, el PSOE, acaparó el protagonismo casi por completo; por ejemplo, el comisionado para dirigir el golpe en la zona asturiana fue un diputado de su partido, González Peña, ayudado entre otros por Belarmino Tomás a quien algunos de sus compañeros le calificaban como la bruta bestia del Belarmino. El primero de ellos ya había sido sorprendido en septiembre de 1933, es decir un año antes del golpe, en un asunto de contrabando de armas; no se le detuvo por su condición de diputado, pero sí a su hermano que le acompañaba y no lo era. Por aquellas fechas, en 1933, cuando el presidente del Gobierno aún era Azaña, también él se implicó en contrabando de armas para ayudar a los revolucionarios de Portugal. La tropa formada por gobernantes y aspirantes a serlo era ejemplar. Con tales mimbres no es extraño que poco más de un año después formaran juntitos el Frente Popular para concurrir a las elecciones y, lo que es más grave, que gobernaran con el sectarismo por bandera.
En Asturias, comenzó la cacería de religiosos como exponemos en el capítulo siguiente, en forma de 34 religiosos martirizados. Allí se produjeron auténticas salvajadas contra el patrimonio artístico de la provincia, en especial el de la capital Oviedo: destrucción de la Universidad, el seminario, el palacio Arzobispal, las Salesas, la Audiencia, teatro Campoamor, hoteles, un Instituto de Segunda Enseñanza, etc., y sobre todo la Catedral de la ciudad, en la que colocaron 400 kilos de dinamita apilados, gracias a Dios, de manera defectuosa cuya explosión convirtió la Cámara Santa en un montón de escombros. Cuando se observa la belleza de esos monumentos es difícil entender el grado de bestialidad que la construcción del socialismo pudo inocular en sus seguidores.
Si bien su interés radicó en instaurar la democrática dictadura soviética, de algún modo tenían que asegurarse el jornal por su pacífica contribución al logro de tan filantrópico proyecto, y nada mejor para conseguirlo que echar una ojeada a los recursos del Banco de España de la ciudad; en un principio, no se pudo acceder a ellos por hallarse en cámara acorazada, pero como el patrón de la empresa, el citado diputado del PSOE González Peña, se había rodeado de excelentes especialistas, no precisó indagar la combinación de apertura sino que bastó una eficaz orden del generalísimo –así se autodenominaba él-: VOLADLA dijo. Y tras la mágica palabra, distinta a la del cuento de Alí Babá pero de idénticas consecuencias, se llevó todo el dinero depositado: 14.425.000 ptas. Según los cálculos de Palomino cuando publicó en 1998 su libro equivalían a 2.200 millones de pesetas. Algún lector puede entretenerse en actualizar la cifra. Parece ser que tan solo devolvió tres de los casi catorce y medio rescatados para su causa. Creo que ninguno de los líderes del PSOE implicados en el democrático proyecto murieron; alguno fue encarcelado, otros huyeron; muertos ninguno, de estos solo se computaron integrantes de la base proletaria; recordemos la definición de Makhaiski: “un régimen social basado en la explotación de los obreros por los intelectuales y profesionales”. Más razón que un santo. Un último dato de aquel golpe. El militar encargado de dirigir las operaciones de defensa del orden constitucional sobre el terreno fue el general Ochoa, asesorado desde Madrid por el general Franco. Al primero de ellos al conocerse el alzamiento nacional de julio de 1936, lo atraparon las fuerzas de progreso en Madrid, le cortaron la cabeza y, ensartada en la bayoneta de un fusil, la pasearon por las calles de la capital. Justicia socialista.
La otra región española donde el golpe de estado tuvo también una sonada repercusión fue en Cataluña, en concreto en Barcelona sede de la Generalidad. Allí el ambiente era igualmente de concordia desde hacía tiempo. Al proclamarse la República el 14 de abril de 1931, el que fuera antiguo coronel del ejército español, Francisco Maciá, desde el balcón de la Diputación dijo: “En nombre del pueblo he tomado posesión del Gobierno de Cataluña. Hoy el pueblo nos ha dado su voto para que gobernemos la ciudad, y yo, en nombre de Cataluña, me hago cargo de su gobierno”. Personalmente me resulta extraño que, reconociendo que el pueblo les vota para gobernar la ciudad, deduzca en la línea siguiente que lo hace en nombre de Cataluña entera. A continuación él y sus colaboradores redactaron la nota siguiente:
“En nombre del pueblo de Cataluña proclamo el Estado catalán, bajo el régimen de una República catalana, que libremente y con toda cordialidad anhela y pide a los otros pueblos de España su colaboración en la creación de una Confederación de pueblos ibéricos, y está dispuesta a lo que sea necesario para librarlos de la Monarquía borbónica”.
Palabras y actitudes que muestran bien a las claras cuan profundo y antiguo está enraizado en algunos personajes de la región el famoso seny catalán. Con tales personajes no podía terminar la cosa bien. Lean la soflama que con el tiempo pronunciaría uno de los que le acompañaban ese día en el balcón, Ventura Gassol:
“Un odio glorioso arrasa una montaña. Nuestro odio contra la vil España es gigantesco y loco, grande y sublime: hasta odiamos el hombre, el grito y la memoria, sus tradiciones y su puerca historia…Y hasta sus propios hijos maldecimos…Estad alerta: el que tenga hoz con la hoz; el que tenga herramientas, con ellas; el que sepa manejar el volante, dispuesto a ir al coche o al avión”.
Tienen todavía recorrido los integrantes actuales de la escoria separatista para alcanzar la excelsitud de sus predecesores. Seny, mucho seny.
Aprobado el Estatuto de Autonomía para la región, la Generalidad había aprobado una ley conocida como de Contratos y Cultivos rechazada por el Tribunal de Garantías Constitucionales en virtud de que aquella no tenía competencias en esa materia. Pero, tal vez esto les suene, a los nazionalistas de allí entonces -y ahora- las sentencias de los tribunales no les merecen aprecio si no les gustan, de tal manera que el molt honorable del momento, Luís Companys, decidió ratificarla por su cuenta, máxime teniendo en cuenta que cuando tomó esa decisión había ya un gobierno de derechas en la nación, y contaba en su govern con un consejero separatista pata negra, Dencàs, que quería lisa y llanamente la independencia, para lo cual ya tenían su propia milicia, los escamots, dirigida por otra perla progresista nazionalista de nombre Miguel Badía; éste había consumido parte de su juventud en la cárcel por atentar contra la vida de Alfonso XIII. Seguro que al lector le sorprende, por lo insólito, que entonces, 1934, la sentencia del Tribunal de Garantías Constitucionales contraria a sus pretensiones fuese presentada por la Generalidad, comandada por Companys de Esquerra Republicana, como un atentado a la autonomía catalana motivando la retirada de los representantes de Esquerra del Congreso y, más sorpresas, les imitaron los nazionalistas vascos. El diario La Humanitat encabezaba la edición de 9 de junio de 1934 con este titular: “Agresión a la autonomía catalana”, y más abajo: “Nosotros no queremos morir de asco ni de vergüenza”. Y más abajo aún: “Cataluña, en pie de guerra”. ¿Recuerdan el editorial conjunto de los periódicos de mayor enjundia catalanista cuando la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el estatut? La solución para los del seny consistió en que la Generalidad ratificó la ley inconstitucional, bajo el siguiente lema: “El parlamento autonómico aprueba y sanciona, en una sesión memorable, la Ley de Contratos de Cultivos”. Además, para que no cupiesen dudas, informaba el diario de referencia, que la nueva ley era igual, con puntos y comas, a la ley que se había presentado anteriormente. “Y si vosotros la aprobáis, el govern la hará cumplir pase lo que pase”, dijo el presidente de la Generalidad “en un discurso magistral”. A todo esto el recurso lo planteó la catalanista Lliga no Madrid.
Además de los separatistas vascos otra organización política, una que lleva en sus siglas la E de España, apoyó a ambos partidos nazionalistas. Sí, el PSOE, aunque les parezca extraño. Este fue el titular de El Socialista, unos días después recogiendo el que denominó un buen discurso de Indalecio Prieto: “Si intentáis una agresión violenta, os advertimos: Cataluña no estará sola, la acompañará el proletariado español”. Como vemos el ambiente se caldeaba. Lean el editorial del día 6 del órgano de la Esquerra, La Humanitat: “Ya está consumada la felonía. Ha sonado la hora de la movilización”. La entrada del partido más votado en el gobierno era simplemente una felonía inasumible para los auténticos demócratas; éstos debían “recoger el guante que acaba de caer a sus pies, lanzado por los aventureros de la política y por los servidores del fascismo…es momento de enfrentarse a los que atentan contra nuestra dignidad de hombres libres”. Ya no era posible defenderse con palabras sino con “un segundo camino, más expeditivo: el de los brazos de cada uno… ¡Alerta izquierdas nacionalistas y republicanas de Cataluña! Ha sonado la hora de la movilización. Que cada uno ocupe su puesto, arma al brazo y el oído atento a las órdenes…los hombres representativos de ERC tienen las instrucciones necesarias y las consigna oportuna”. Reconozcamos al Rufián de nuestros días, heredero de los rufianes de entonces, la legitimidad que ostenta para impartir sus inacabables lecciones de democracia, diálogo, etc., etc., en su noble lucha contra el fascismo español. Golpistas entonces y ahora con idénticos apoyos. Una auténtica cochambre aquella conjunción social-separatista empeñada en hacer imposible la convivencia nacional. Mera coincidencia cualquier parecido con la actualidad.
El día anterior, por si las moscas, el delegado del denominado Partido Nacionalista Catalán en Tarragona había difundido la siguiente nota:
“Patriotas: si no lo habéis hecho ya, en nombre del Consejo del partido os ordeno concentrar a todos nuestros hombres y proclamar la República catalana. Con las actuales autoridades de Cataluña o contra ellas. La bandera estrellada es la de nuestra revolución. Tomad los edificios públicos. No hay que sentir debilidades. La vida de los catalanes nos interesa. La dignidad de la Patria nos interesa más. La vida de los enemigos no hay que tenerla en cuenta –la negrita es mía–. Con energía pero sin crueldades-menos mal, también digo yo-. Hay que tomar los edificios públicos para hacer prisioneras a las autoridades de cualquier orden que se opongan a nuestra acción. No olvidéis de incautaros de los caudales existentes en los Bancos – hasta ahí podíamos llegar–. De la honradez con que estos caudales sean administrados me responderéis con vuestra vida –de esta recomendación tomó cumplido ejemplo la familia Pujol décadas después manteniendo la tradición–. Por la República catalana a vencer”.
Por su parte el autoproclamado General en Jefe del Ejército Nacional de Cataluña, Miguel Badía, emitía órdenes del siguiente tenor el mismo día 6:
“Ejército Nacional de Cataluña. Servicio de Incautación. Orden de Incautación. Se ordena a la casa Beristain y Compañía que ponga inmediatamente al servicio del Ejército de Cataluña un extractor de mano para ametralladora al portador de la presente. Barcelona 6 de octubre de 1936. El General en Jefe.”
La orden impresa con membrete y sello de la Consejería de Gobernación de la Generalidad. El general en jefe había organizado un ejército de 4.000 milicianos más otros 4.000 guardias de seguridad, Asalto y mozos de escuadra. Frente a ellos un ejército de 2.500 hombres. Además de golpistas, estaban –entonces y ahora- como cabras. Cabras con mucho seny y mucho peligro para la convivencia.
Al retrotraernos a aquella época siento tener que dar la razón al historiador Stanley G. Payne, creo recordar que fue él, cuando afirmó que España, aun comprendiendo la imposibilidad de la secesión, viviría mejor sin Cataluña. Pienso que hasta es posible que nos hubiésemos ahorrado la última guerra civil, pues en la caída final de la monarquía e instauración de la idílica república tuvo bastante influencia su apoyo – de la monarquía y del pueblo español que la recibió alborozado– a la Dictadura de Primo de Rivera que, no lo olvidemos, vino no solo por la desastrosa guerra de Marruecos sino también a consecuencia de la importante desestabilización proveniente de Cataluña por el terrorismo allí imperante. Y es que en su testamento histórico-político hace una reflexión Sánchez-Albornoz que, proveniente de un republicano ilustre, pone en duda la bondad del advenimiento del régimen a quien sirvió. El historiador tras informar del alborozo del pueblo por la llegada de Primo de Rivera al poder, lamenta que no hubiese convocado elecciones y restaurara una suerte de legalidad monárquica, en función de lo cual concluye don Claudio: “Yo no puedo dudar: si hubieran vuelto al sistema liberal y parlamentario en 1927 no habría llegado la República y España se habría ahorrado la tragedia de la guerra civil, aun no liquidada ni espiritualmente ni vitalmente”.
La referencia a la República en el párrafo transcrito y su influencia, más o menos velada, en la posterior guerra apuntada por quien fue ministro y presidente en el exilio de aquel régimen además de historiador de prestigio es, en mi opinión, la más demoledora acusación que se pueda realizar sobre la República, porque lo que se desprende de él –del párrafo– es la condición necesaria del advenimiento de ésta para que desembocáramos en guerra civil. Cuando don Claudio escribió esto no había alcanzado el poder Zapatero y su memoria histérica mantenida, no hay que olvidarlo, por el Partido Popular y la reavivación actual del guerra civilismo, del rastrerismo, desde el gobierno.
Con tantas llamadas a la cordura y al diálogo, no es de extrañar que Companys, pleno de seny, no le quedara más remedio que salir al balcón de la Generalidad el día de marras, el famoso 6 de octubre, y proclamar el “Estado catalán dentro de la República federal española”. Parece ser que acabada su alocución también dijo: “Ya veremos cómo acabará”. En realidad la preferencia de lo más granado del nazionalismo catalán era la proclamación de la independencia total, pero un consejero de Companys se había entrevistado con Azaña -curiosamente andaba por allí y conocía los preparativos-, quien con su propia estilográfica corrigió la frase preparada por los golpistas que afirmaba “Estado catalán independiente” por la pronunciada –la citada líneas arriba–- por el jefe de los golpistas desde el balcón; opción final adoptada ante la previsión golpista de que, tras su triunfo, se instauraría en la nación un gobierno de izquierdas con el que no convenía empezar las relaciones malamente. ¿Le encuentran parecido al apoyo de los golpistas actuales al doctor Pedro?
Merece la pena resaltar la actitud de Azaña, la encarnación de la República. Conocedor de un golpe de estado que no se constriñe tan solo a un asunto de tal gravedad, sino que prepara la secesión de una región de la nación que hasta unos meses antes presidía, no advierte a las autoridades. Se limita a corregir un párrafo de la proclama separatista y, a continuación, con la valentía que adornó toda su trayectoria, burla a sus escoltas y se esconde hasta que todo haya pasado. Menuda pandilla.
Apunta el citado historiador americano Stanley G. Payne como una de las causas más relevantes del desenlace final de aquel régimen: “la baja calidad e irresponsabilidad, específicamente de los jefes políticos”. Se le atribuye a Franco su opinión sobre la época de que “los españoles estaban hartos de políticos y de política”, algo que creo empieza a ocurrir en nuestros días. El general De Gaulle fue menos diplomático con sus paisanos cuando afirmó que “la desgracia de Francia es que los franceses son mediocres”. También es interesante la reflexión del general francés señalando las dos condiciones precisas para que la democracia funcione: un pueblo homogéneo y un territorio no demasiado extenso. A propósito de esto uno de nuestros más importantes pensadores, Menéndez Pelayo, decía que a una nación tan diversa como la nuestra la aglutinaba, la homogenizaba, el catolicismo advirtiendo del peligro de la desaparición de ese pegamento. Con el paso del tiempo perdió fuerza la argamasa religiosa llegando a soportar una persecución feroz y, por si fuera poco, dado que no existían suficientes motivos ideológicos de enfrentamiento, en nuestros días inventamos el famoso y baratísimo Estado de las Autonomías para, no lo olvidemos, acercar la administración al administrado pero que colabora con eficacia y ahínco, tras cuarenta años de funcionamiento, en el desguace de la nación.
Llegados a este punto no me resisto de traer colación la respuesta de Fernando el Católico al interrogante planteado por un embajador extranjero, Guicciardi, de por qué un pueblo tan belicoso como el español había sido tantas veces conquistado por galos, romanos, cartaginenses, vándalos y moros. La respuesta de aquel rey –seguro que reaccionario y fascistón–, fue que “la nación es bastante apta para las armas, pero desordenada, de suerte que sólo puede hacer con ella grandes cosas el que sepa mantenerla en unidad y orden”. Mejor no divulgar mucho la cita porque, tal y como van las cosas en occidente, pueden profanar sus restos.
A decir de los historiadores que han estudiado el golpe separatista, preparado con tiempo, medios humanos y materiales abundantes y, como no, con la colaboración del PSOE cuyo líder, Prieto, les ofreció armas de las sobrantes a su organización, fue milagroso que no triunfara, que se desinflara en poco tiempo y con escaso esfuerzo. Varios factores influyeron: los anarquistas que tenían una fuerza enorme en la región optaron por abstenerse en la intentona golpista al contrario de lo acaecido en Asturias, porque en Cataluña la luna de miel que habían soportado con la Esquerra se había roto llegando al extremo de asesinarse entre ellos, preludiando lo que sucedería cuando se reanudó la Guerra en 1936. Además Largo Caballero, si bien inicialmente coqueteó con aquellos para dar el golpe, se decidió finalmente por el apoyo de la Generalidad dominada por los separatistas. Otro factor, probablemente el más importante, fue la negativa del pueblo a sumarse al golpe a pesar de las arengas de todo tipo, y por todos los medios, que se dirigieron a la sociedad; el arengador más arengador fue el consejero doctor Dencàs, separatista furibundo que lanzaba inicialmente sus soflamas en catalán, pero al observar que las cosas se teñían de oscuro pensó que necesitaría el concurso de los charnegos que manchaban su patria, así que la última soflama del celoso vocero consistió en una llamada a la lucha “a todos los españoles de ideas liberales” finalizada, según cuenta Ángel Palomino, con un “ahogado, escandaloso, demoledor ¡Viva España!”. Y a continuación se dirigió al frente escabulléndose por el alcantarillado.
Otro factor fue la habilidad del General Batet, mando supremo del ejército en la región y fiel al gobierno legítimo de España, que con unas fuerzas ridículas comparadas con las de los golpistas los derrotó con escasa lucha. Decretó el Estado de Guerra en la región y, tras sufrir bajas mortales entre sus soldados, decidió usar los cañones emplazados frente a la consejería de gobernación de Dencàs y otros edificios de la Generalidad. Las fuerzas leales eran tan escasas que una acción decidida de los golpistas habría sido suficiente para hacerse con los cañones pero no aguantaron; se fueron abajo con estrépito y el día 7, o sea el siguiente, todo se terminó: rendición de acuerdo con las condiciones impuestas por Batet; ahora bien intervenían separatistas catalanes quedando un asunto importante por resolver; efectivamente, el seny es el seny en cualquier momento y se precisaba añadir un esperpento: ¿Quién se rinde primero, la Generalidad o el Ayuntamiento? Fue preciso el siguiente contraste de pareceres entre Companys y el alcalde Pi y Suñer para zanjar tan espinoso asunto. El primero apuntó: “la resistencia es inútil. Saque bandera blanca; yo haré lo mismo. Hay que evitar que se vierta más sangre”. Contestación del alcalde: “Primero la Generalidad. El ayuntamiento se solidarizará inmediatamente con el gobierno izando también bandera blanca”.
Resultado de la intentona: 107 muertos, 78 de ellos en Barcelona. Dirigentes políticos ni uno solo que yo sepa. Los líderes encarcelados salieron libres antes de transcurrir dos años del golpe en virtud de la amnistía otorgada por el Frente Popular, tras el fraude electoral que llevó al poder a ésta coalición en febrero de 1936. En Cataluña, en resumen, primó el famoso seny mientras la guerra continuaba en Asturias, tal vez por mantener la divisa que enorgullece tanto a los asturianos: “España es Asturias y lo demás es tierra conquistada”. Probablemente el que no sucediera igual en Cataluña fue un gran mérito del general Batet que logró frenar el golpe; en caso contrario habría sido preciso desplazar fuerzas del ejército para restablecer el orden constitucional, es decir otra guerra como la de Asturias con no sabemos cuántos muertos. Más adelante los separatistas catalanes protagonizaron, no se extrañen, otra brillante discusión –un esperpento más–. Sí, cuando recobraron el poder de la Generalidad tras la amnistía de junio de 1936, procedieron a dirimir en su parlamento a quien debía responsabilizársele del fracaso del golpe de octubre, si a Companys o a Dencàs. Fue más hábil en las discusiones el primero y el segundo pasó a la historia del separatismo como el malo de la película. Pobre.
Produce estupor contemplar como personajillos del nivel de los intervinientes en estos acontecimientos, alcanzasen las cuotas de poder que tuvieron y pervirtieran la convivencia nacional con tal intensidad. Los socialistas, Largo Caballero y Prieto, alentando e intentando implantar la dictadura estalinista, Companys declarando el Estado Catalán y la República Federal porque le viene bien. Azaña, la encarnación de la república, colaborando en la sombra con ellos. Piense el lector lo que supuso aquello para la convivencia nacional. Más de 1.500 muertos en un par de semanas y la concordia, por si faltaba algo, hecha trizas, al no mostrar arrepentimiento alguno. Al contrario, en las elecciones de febrero de 1936 la reivindicación por parte de los integrantes del Frente Popular y la Esquerra de sus acciones golpistas, constituyeron su principal argumento. Ricardo de la Cierva cuenta en uno de sus libros que, inicialmente, los socialistas apenas querían hablar de Octubre: “abrumados por el fracaso y la vergüenza de sus robos descarados”, siendo los comunistas con la Pasionaria a la cabeza quienes ensalzaron el golpe de octubre y la petición de amnistía para los implicados. El PSOE, a la vista de ello, se adhirió a la iniciativa del PCE para no quedarse atrás, pero quien enarboló orgullosamente primero la bandera de Octubre fue el PCE, comiéndole terreno al PSOE al extremo que, como veremos en el capítulo dedicado al fraude electoral de 1936, fue Largo Caballero el que indujo a aceptar a los comunistas en la coalición del Frente Popular, asunto al que se oponían otros integrantes del mismo. Un genio este Caballero, no paró de entregar bazas a los comunistas hasta que lo derrocaron.
En resumen, falló el intento del PSOE de instaurar la anhelada dictadura del proletariado y se llevó por delante a la República, pero supuso un paso importante en la instauración del sicariato estalinista que acabaría rigiendo la zona democrática.
Una última cuestión: ¿Cree usted que tenía razón Sánchez-Albornoz al afirmar que el golpe de 1934 acabó con la República?
