Entre las voces del ámbito intelectual que se pronunciaron sobre la figura de Francisco Franco destaca la de José María Pemán, escritor, académico y figura relevante de la vida cultural española del siglo XX.
Su testimonio combina reflexión política y apreciación personal. Pemán no solo valora la dimensión histórica del gobernante, sino que subraya rasgos de carácter que, a su juicio, definieron su liderazgo: moderación, resistencia ante la adversidad y conciencia del alcance de su obra. Desde su experiencia cercana, su interpretación aporta una perspectiva literaria y emocional al conjunto de declaraciones producidas en torno al final de aquella etapa histórica.
“Franco tenía una clara conciencia del volumen sobrecogedor de su obra. Yo escribí alguna vez que a Franco había que conocerle, no por lo que decía, sino por lo que se le escapaba. En una carta suya manuscrita que tuve ocasión de leer encontré una escapatoria espontánea que me pareció muy reveladora. Hablaba de su propia obra de gobernante y la calificaba de gigantesca, pero en seguida abría un paréntesis y decía: «Yo no soy el que debiera decirlo, pero ya está dicho: sí, gigantesca». Ya se comprenderá que teniendo esta persuasión muy legítima además tenía que parecerle mezquina toda rebaja crítica. Pero tenía conciencia clara de la necesidad de aguantar los temporales. Franco era de esa especie política poco corriente entre los españoles: un moderado. -«Si usted, mi general –le dije un día– hubiera sido orador, que no lo ha sido, España hubiera sido fascista. Pero ya lo he escrito en alguna parte, usted ha aprovechado para la eficacia todas las horas que hubiera perdido en el énfasis”.
“La figura de Franco no puede quedar recogida en una breve opinión. Tiene una dimensión personal que para mí no sólo es la del gran político, sino por encima de todo la del hombre con virtudes ejemplares, muchas ocultas y que ahora se comenzarán a conocer, entregado sin limitaciones a servir a su patria. El privilegio singular, y el gran honor de haber servido a sus órdenes, primero como oficial del Ejército, y en la paz como ministro, forjó una vinculación espiritual y afectiva, que me impide ahora expresarme como yo quisiera. Su falta es mucho más que la de un jefe de Estado cualquiera. Su dimensión histórica se hará cada día mayor conforme pase el tiempo, y se analice objetivamente todo cuanto hizo para liberar a España, primero de la esclavitud a la que quisieron someterla, alcanzando para nuestra patria la victoria de todos los españoles frente a quienes querían nuestra destrucción, y luego en la paz para conducirla a través de incontables dificultades a fin de que se pueda proyectar hacia el futuro en el que la corona de España recoge ese legado del esfuerzo ingente de estos 40 años en los que toda esa obra tuvo como piedra angular la unidad de los españoles, manifestada el primero de octubre en las plazas de todas nuestras ciudades, y en estos días en esa unión callada y emocionada al proceso de que estaba acabando con la vida de nuestro Caudillo”.
CONCLUSIÓN
El texto de José María Pemán ofrece una valoración que trasciende el plano estrictamente político para adentrarse en la dimensión humana del personaje. Destaca su convicción sobre la magnitud de la obra realizada y su capacidad para sostener el rumbo en momentos de dificultad, así como la idea de continuidad institucional bajo la Corona.
Como ocurre con otros testimonios de la época, sus palabras forman parte del clima emocional y político que acompañó el final del régimen. Analizarlas hoy permite comprender mejor cómo determinados sectores intelectuales interpretaron aquel periodo y cómo proyectaban hacia el futuro el legado de cuatro décadas de gobierno en la historia contemporánea de España.
