Entre las voces que se pronunciaron tras el fallecimiento de Francisco Franco destacó la de Alberto Martín Artajo, figura relevante del régimen y ministro de Asuntos Exteriores durante una etapa clave de la política internacional española.
Su valoración combina el reconocimiento de la singularidad histórica de Franco con una reflexión más abierta sobre el momento que atravesaba España. Más allá de los juicios definitivos —que él mismo considera prematuros por falta de perspectiva histórica—, Martín Artajo pone el acento en el desarrollo económico alcanzado y en la necesidad de afrontar una evolución política acorde con las nuevas circunstancias nacionales e internacionales.
“Franco entra en la historia –se ha dicho muchas veces– como un personaje singularísimo y excepcional. Podríamos hacer un breve recorrido histórico de la época de Franco y de sus momentos o decisiones claves: libró a España de la segunda guerra mundial, hizo posible el resurgir económico, etc., pero juzgo que todo ello es ya bien conocido de los españoles. Por otra parte, hacer un balance global de su obra me parece prematuro y difícil, si no imposible, por falta, todavía, de la necesaria perspectiva histórica. Lo que más importa es que todos seamos muy conscientes del estado real en que se halla, en estos momentos, nuestro país y sepamos apreciar todo cuanto hay de positivo en él. Es tangible el desarrollo económico producido en España durante el período de Franco, y también son patentes unos ciertos hábitos colectivos de paz ciudadana. Pues bien, partiendo de ambos factores y sabiendo además que la propia dinámica del desarrollo económico lo exige, se hace más que aconsejable marchar hacia una decidida y progresiva democratización del país, real y no ficticia. Esta es la tarea inmediata que incumbe presidir y alentar al nuevo Jefe del Estado, con el voto de confianza que en estos momentos le otorga el pueblo español.”
CONCLUSIÓN
El testimonio de Alberto Martín Artajo resulta especialmente significativo por su equilibrio entre reconocimiento del periodo anterior y llamada explícita a una democratización progresiva. Su planteamiento subraya que el desarrollo económico y la estabilidad alcanzada debían servir de base para una transformación política real y no meramente formal.
Leídas hoy, sus palabras reflejan el clima de transición que comenzaba a perfilarse tras noviembre de 1975: continuidad institucional, conciencia del cambio necesario y confianza depositada en la nueva Jefatura del Estado para pilotar esa evolución. Como parte de la serie “Han dicho de Franco”, este testimonio aporta una perspectiva que enlaza directamente el final de una etapa con la apertura de otra en la historia contemporánea de España.
