Los Destacamentos Penales. La llegada de los trabajadores-reclusos.
Iniciadas las obras en el primer aniversario del final de la Guerra, el 1 de abril de 1940, las empresas interesadas debían acudir a las oficinas de Patrimonio Nacional, en el Palacio Real de Madrid, para conocer las condiciones ofertadas y exigidas. Las principales empresas que obtuvieron las contratas en el Valle quedan relacionadas en el anterior capítulo, siendo las constructoras Rodríguez, Molán, San Román y Banús, que trazará, en un primer momento, las carreteras de acceso y de comunicación con Puentesllanos. Son éstas las que mayor número de penados emplearon. Más tarde llegará, ya en 1950, como vimos, Huarte, que construye la Cruz monumental.
A otra escala trabajaron allí empresas como Casas Sagarra, que también empleó penados, como algunos que trataremos, y quedan también reseñadas.
En cuanto a la constitución de los Destacamentos Penales de Cuelgamuros, sabemos que las gestiones con el Patronato de Nuestra Señora de la Merced se iniciaron, a instancias del COMNC, a mediados de 1943, procediendo a su instalación de forma inmediata. La memoria realizada por dicho Consejo, a finales de aquel mismo año, nos permite conocer aquellos primeros contactos, así como el juicio que mereció a los responsables de las obras el trabajo de aquellos penados, así como el comportamiento que observaron a su llegada:
A mediados de marzo se iniciaron gestiones cerca del Patronato de Redención de Penas por el Trabajo para el establecimiento de un destacamento de penados. En principio tomamos con toda clase de reservas el establecimiento de este destacamento por ser la mayoría «peón de mano», sin contar con mano de obra especializada, pero justo es reconocer nuestro error, pues si bien al principio se limitaron a comer y pasear, al segundo mes se emplearon en trabajos de movimiento de tierras, empezando un equipo a aprender el manejo de los martillos neumáticos y, en la actualidad, se emplean en toda clase de tajos, incluso en el interior de la Cripta.
Resulta evidente el cambio de actitud hacia los penados que se había producido por parte de los miembros del COMNC, a lo largo de aquellos primeros meses, como se comprobará de la lectura del informe en su párrafo siguiente, pero además se desmiente uno de los tópicos repetidos sobre las motivaciones de los directores de las obras para llevar allí a los reclusos; la supuesta especialización de los mismos, como sostiene, entre otros, Isaías Lafuente. No solamente no eran <mano de obra especializada>, sino que, además, esa falta de especialización fue la causa inicial de las reticencias del autor del escrito hacia ellos. Eran, en su mayoría, según el mismo, <peones de mano>.
Aquella desconfianza inicial había dado paso a un apoyo manifiesto a los reclusos en su conjunto:
También es justo reconocer:
a) La disciplina y conducta de la población obrera.
b) Su rendimiento en la marcha de la misma [sic].
Del primer apartado tenemos pruebas bien recientes en la extinción del incendio que amenazaba la pinarada del «Robledal».
En 20 de noviembre se efectuó la visita del Ilmo. Señor Director General de Prisiones, teniendo el agrado de escuchar la satisfacción que encontraba al observar la disciplina y orden del destacamento considerándolo como MODELO [en mayúsculas en el original] e incluso proponiendo al Patronato la redención extraordinaria de un mes a todos los penados del destacamento.
Comprobamos que no solamente el Consejo estaba, en aquellos primeros momentos, más que satisfecho con los resultados del Destacamento Penal de Cuelgamuros en todos los sentidos, sino que al propio Director General de Prisiones le había sorprendido —y muy favorablemente— lo que allí pudo comprobar con motivo de su visita. Tanto como para considerarlo modélico y proponer al Patronato la redención extraordinaria de un mes de condena para todos los reclusos. No dejaría de influir el informe del Regidor sobre el comportamiento de los mismos.
En relación con este asunto, se conserva documentación que confirma el comportamiento heroico de los penados con motivo del incendio que menciona.
Merece la pena detenerse en este episodio, publicado por Fernando Olmeda, en su obra sobre el Valle:
Su trato [de los guardianes] hacia los penados es, en general, bueno. No hay que olvidar que unos y otros conviven a diario con la dinamita. Este <statu quo> se pondrá a prueba la noche del 7 de septiembre [de 1943], cuando se declare un incendio forestal de gran intensidad. Se solicitan voluntarios pero los obreros libres no atienden los requerimientos del jefe, César de Santiago. Treinta y tres reclusos se ofrecen de forma espontánea a participar en la extinción. Semanas después son recompensados con cien pesetas por el Consejo, aunque dos de los presos no pueden recogerlo porque ya han comenzado a beneficiarse de la libertad condicional. Se aprueba una redención extraordinaria de seis meses para los participantes directos y de dos meses para el resto. El jefe destaca por escrito la laboriosidad, disciplina y buena conducta del personal recluso…
En la Memoria del Consejo, como hemos visto, se menciona solamente la redención extraordinaria de un mes para <todo el destacamento>, pero no los seis que se concedieron, al parecer, a los participantes directos en el episodio. Olmeda publica los nombres de los treinta y tres reclusos, entre los que figura uno al que trataremos más adelante: Juan Solomando Muñoz.
Se comprende que, desde el primer momento, la actitud de los responsables de las obras quedara marcada por esta primera impresión, no exenta, evidentemente, de sorpresa, que puede explicar el trato favorable hacia los reclusos que hemos podido comprobar se dio en Cuelgamuros durante los años que duraron las obras. Y por parte de más de uno de aquellos miembros del COMNC y sus subordinados, como iremos viendo, en diferentes aspectos, a lo largo de este trabajo. Los del Valle de los Caídos fueron, con seguridad, destacamentos especiales, en relación con la mayoría, en cuanto a las condiciones de vida y también al trato que recibieron, en general, los reclusos. Es algo que reconocen incluso los autores más críticos con el sistema de la Redención de Penas o con el propio Valle.
El informe al que nos venimos refiriendo, como detalle que demostraba la rápida integración de los presos en el Valle, recoge el caso de uno de ellos, Manuel Iglesias, que, lesionado en las obras, perdía los dedos de la mano derecha, pero lamentaba más que eso, su separación del trabajo:
…trasladado a la Prisión de Yeserías, se dolía más de verse alejado de la obra que de la pérdida de sus dedos.
Lógicamente, el recluso lamentaba más que la amputación, el verse apartado de las obras por lo que ello representaba para él; verse privado de los beneficios del sistema de Redención de Penas, que le movieron a solicitar su traslado a Cuelgamuros, pero el redactor del informe parece querer darle una interpretación más personal. Como si lo que más lamentara aquel desdichado fuera verse apartado de una comunidad de la que ya se sentía parte integrante. Algo que tampoco podemos descartar, pero, en cualquier caso, la intención del informe es, claramente, patentizar la satisfacción del COMNC ante el resultado que, ya a los pocos meses de su instalación, estaban dando los destacamentos de penados. Subraya, eso sí, los aspectos humanos de la cuestión, ensalzando, de principio a fin, el comportamiento de los penados. Algo que avala con el testimonio de la buena impresión que habían causado al Director General de Prisiones. Pero hace constar también los efectos positivos de la incorporación de los penados sobre la marcha de las obras, en relación con la anterior situación:
En cuanto al rendimiento en la obra he de manifestar mi satisfacción al compararla con la época anterior, pero hemos de hacer un mayor esfuerzo para lo que solicito la colaboración de todos y cada uno de los señores Consejeros.
En conclusión, los problemas no habían hecho más que empezar, pero, afortunadamente, el sistema de Redención de Penas, en el Valle estaba dando buenos resultados. Este fue un hecho indiscutible que los miembros del Consejo volverán a subrayar, pero que, en cualquier caso, se desprende del examen de las fuentes. Benefició a todos los implicados; contratas y Consejo de una parte, y obreros penados, de otra.
En cuanto a la excelente opinión que tenían los miembros del COMNC de aquellos primeros penados, el informe, al referirse al Poblado Obrero, vuelve a insistir:
El comportamiento de la población de penados es altamente satisfactorio.
En la misma caja, se conserva un informe complementario del anterior, redactado, también, por el mismo Consejo, en enero del siguiente año, en el que se aclaran algunos de los puntos que ya se trataron, en relación con los presos.
Entre otras cosas, vuelve a hablar del obrero penado, Iglesias, que sufrió la amputación de los dedos, aclarando que fueron dos, e insistiendo en la manera rotunda en que manifestaba un dolor mayor por no poder regresar al destacamento de Cuelgamuros:
…un herido en accidente de trabajo, al que hubo de amputarle dos dedos y al preguntársele durante la operación si sentía dolores, indicó que su mayor dolor era no volver al destacamento.
Quería el COMNC, en este segundo informe, hacer constar que, si bien los reclusos observaron, en todo, un trato modélico, también lo fue el recibido por ellos por parte de la Dirección General de Prisiones, destacando como se había favorecido el que las familias pudieran visitarlos, aunque esa fuera la causa del brote de tifus, del que ya habían dado cuenta:
Recíprocamente el trato que reciben los presos por parte de Prisiones es de una gran consideración, habiéndose facilitado extraordinariamente las visitas de sus familias, aunque esto ha tenido como consecuencia la nota desagradable de haberse producido por contagio varios casos de tifus exantemático, iniciándose tres brotes que afortunadamente han sido aislados, estando en curso de total desaparición; de parte de la Dirección General de Sanidad (que intervino inmediatamente) hace ver que los servicios de Prisiones han funcionado de manera perfecta, procurando todos los elementos necesarios para cortar radicalmente ese brote.
El balance anual del Patronato de Nuestra Señora de la Merced, de 1943, relaciona, por primera vez, los destacamentos penales recién establecidos en Cuelgamuros, en la carretera y en el Monasterio, respectivamente. Dicho balance comunica al Generalísimo haber cumplido con su cometido, liquidando el problema penitenciario:
Durante éste quinto periodo anual, que reseñamos, hemos cumplido el ambicioso empeño que en nuestra constitución se nos trazara, la liquidación del problema penitenciario, secuela monstruosa de un trágico periodo de vesania roja […]
El número de presos había descendido en relación con los que había en las prisiones españolas en 1940, en cerca de 30.000. Un año más tarde había descendido en otros 20.000. De la cifra de 1940 (103.000 aprox.), se había pasado a cerca de la mitad (54.000) en 1944, y ya hemos visto, en la tesis citada de Bueno Arús, el papel decisivo que, en ese descenso, había representado la redención de penas. Compárense éstas cifras con las publicadas por Tario Rubio, citando a Ferri, que hablan de más de dos millones de presos en la España de posguerra.
Coincide, por último, el autor del balance, con la visión del biógrafo del padre Pérez del Pulgar en cuanto a las causas del colapso carcelario al que se enfrentaba el nuevo régimen cinco años atrás: la «vesania roja», la secuela de delincuencia que el comunismo había dejado en la zona republicana.
Es evidente, por otra parte, que el Gobierno trataba de reducir la población reclusa lo antes posible. Pero no eliminando a los presos, como se ha llegado a decir, sino facilitando, por todos los medios, su acceso a la libertad.
Domingo Rodríguez Teijeiro, en su obra reseñada, sobre el sistema penitenciario de la posguerra, recoge los cambios introducidos precisamente en torno a la fecha de llegada de los penados a Cuelgamuros:
…en caso de que un recluso caiga enfermo, los días que dure la enfermedad contabilizarán como redimidos; entre otras cosas, dará derecho a redimir: «el escribir el diario de la galería, brigada o aglomeración; el confeccionar el archivo con el periódico <Redención>, la escritura o copia de párrafos del catecismo u otra obra religiosa o cultural que señalen el maestro o capellán de la prisión, el escuchar con atención y aprovechamiento la lectura en común de alguna obra escogida religiosa o cultural…
Poco más podía incluirse en orden a liberar rápidamente a los presos, cuando el <escuchar con atención…> se consideraba ya como una de las causas de reducción de las condenas, pero lo más significativo sobre esta cuestión, es la cita con la que concluye el mismo párrafo:
Se ordena taxativamente a los responsables de los centros penitenciarios que organicen los servicios en el interior de la prisión de tal modo que «no deje de redimir su pena ninguno de los reclusos por rebelión marxista».
El autor está citando el periódico Redención, de 13 de noviembre de 1943. Como sabemos, se trata de la publicación del mismo Patronato de la Merced, que quería divulgar la nueva normativa respecto de los llamados «presos políticos», que aparecen aquí como privilegiados en relación con los «comunes». Se buscaba que todos redimieran su pena, por cualquier concepto, y lo antes posible. Hemos visto ejemplos muy evidentes de que era así al hablar de las normas aplicables a la Redención de penas en general, que se fueron acumulando rápidamente en los primeros años, con objeto, siempre, de conseguir la puesta en libertad del preso a la mayor brevedad posible. No querían exterminarlos, sino que se pudieran incorporar a la sociedad cuanto antes.
En este designio evidente, se encuentra, además, la causa de los múltiples indultos que se les irán aplicando, así como de la redención cada vez más extensa de sus penas por día trabajado.
La llegada de los presos al Valle, y su trabajo allí, a partir de 1943, se organiza mediante la colaboración entre empresas, Consejo de las Obras, y el Patronato de Nuestra Señora de la Merced a quien las constructoras debían solicitar los trabajadores penados. El Patronato los seleccionaba y controlaba las condiciones en que desarrollaban su trabajo, introduciendo mejoras sociales que solo les afectaban a ellos, como veremos, hasta que llegue la equiparación total con los trabajadores libres.
Indiscutiblemente, en contra de lo que tan repetidamente se ha publicado, los penados que trabajaron en las obras del Valle de los Caídos no lo hicieron en cumplimiento de hipotéticas condenas a trabajos forzados. Llegaron allí después de solicitarlo, acogiéndose al sistema de redención de penas. La documentación que lo prueba es concluyente y está publicada. No puede negarse, objetivamente, que fuera así. Sueiro aporta, además, los testimonios de los antiguos penados que entrevistó, y lo confirman sin lugar a dudas.
Daniel Sueiro recogió, en su libro, varios testimonios concluyentes. El que fuera trabajador penado Teodoro García Cañas, dice sobre su llegada al Valle:
Nos formaron en el patio y pasó (Don Juan Banús) en compañía de un guardián y de un oficial; y todo el que estaba sentenciado en firme daba un paso al frente. Los ordenanzas ya dijeron que era para salir a trabajar, que íbamos a estar muy bien, y el que quiso dio un paso al frente.
Al mismo autor, le manifestó en 1976, Jesús Cantelar Canales, otro de los antiguos penados que trabajó en el Valle, lo siguiente:
Yo tuve que hacer una instancia y mandarla al Ministerio de Justicia, al Patronato que había de Redención de Penas, y si era aprobada, me mandaban al destacamento solicitado; si no, no podía salir de la prisión. Aunque quisiera trabajar, si no hacía esa instancia y me la aprobaban no podía salir.
Allí lo que pasaba, a mí como a casi todos, es que trabajando seis u ocho años sabías que tenías la libertad asegurada.
Así nos lo confirmó Ángel Cereceda, hablando de los trabajadores del Destacamento de Molán, donde según él les contabilizaban a efectos de redención —a todos los penados por igual— seis días de condena por día trabajado, sin que podamos establecer si se tenía en cuenta la clasificación realizada por el Ministerio de Justicia según el comportamiento de los penados. De haberse tenido en cuenta, deberíamos concluir que todos los integrados en dicho destacamento fueron considerados como <excelentes>, a no ser que ya se les concedieran a todos los reclusos trabajadores los máximos beneficios. Debe tenerse en cuenta, por otra parte, que al cumplir las tres cuartas partes de su condena podían solicitar la libertad condicional. Así, se entiende la rapidez con la que alcanzaban la libertad como una de las razones principales para solicitar el traslado a Cuelgamuros.
Don Ángel Lausín contó, a su vez:
Sí, primero me depuraron y tal y después me tuve que marchar allí, a Cuelgamuros; tuve esa oportunidad, salí de la cárcel y me fui allí.
Don Luis Orejas lo explicó con más rotundidad a Sueiro que resumía así la urgencia del practicante:
Cuando llega a Cuelgamuros ya está allí Lausín, a pesar de que se ha dado toda la prisa posible por acogerse a éste régimen penitenciario.
Confirmando los anteriores testimonios, veamos el de Don Gonzalo de Córdoba:
[…] vinieron un día a mí y me dijeron: <Oye, ¿quieres ir como trabajador al Valle de los Caídos?>. Yo no tenía noción de lo que era eso. Pero ya tenía cinco hijos, y daban una pequeña gratificación de cuatro pesetas al día, que para mí era mucho. Dije que sí.
A Don Gonzalo de Córdoba le vino a buscar el encargado general de San Román —<[…] un tal Don Rodrigo […]>— por ser maestro nacional para que se ocupara de la escuela que se proyectaba funcionara en el Valle.
Don Eduardo Saez de Aranaz, Coronel de Infantería del ejército republicano, confirma la regla, en cuanto al procedimiento por el que llegó al Valle, como recluso, acogido a la redención de penas:
Lo de Cuelgamuros lo pedí yo, porque me decían que se acortaba el tiempo de estancia en la cárcel.
Y no cabe duda de que así era. Luego, lo pedían; y algunos con recomendación de por medio, como el famoso caso de Sánchez-Albornoz y el, menos conocido, de Juan Tellería, publicado por Fernando Olmeda, que llegó al Valle gracias a la recomendación de Pedro Muguruza:
Muguruza no se olvida de sus paisanos vascos… Interviene, por ejemplo, para lograr el traslado de Juan Tellería Astaburuaga, hijo del compositor del <Cara al Sol>, porque su madre es guipuzcoana. Condenado a veinte años por un delito de rebelión militar, redime condena como encargado de paquetes y economato, en la Prisión-escuela de Yeserías (Madrid), y a finales de 1947 es trasladado a Cuelgamuros donde será asignado al cómodo destino de escribiente.
Destino privilegiado el de Tellería, muy similar al del otro penado «recomendado» que citábamos antes; Sánchez-Albornoz, y al de otro de los presos más conocidos del Valle; Gregorio Peces-Barba del Brío —también citado por Olmeda— que llegó allí avalado, entre otros, por el director de la prisión de Conde de Peñalver.
Otro penado que pudo llegar al Valle mediante recomendación fue el comunista Nilamón Toral, como el también recluso Miguel Rodríguez contó a Fernando Olmeda:
Al día siguiente de la llegada de Rodríguez, se produce un incendio en la ermita. Se atribuye a la presencia de Nilamón Toral, de conocida trayectoria comunista, que ha sido destinado a Cuelgamuros unas horas antes por mediación de su hermano, barbero en Yeserías.
Otro testimonio coincidente con lo anterior es el de Ángel Cereceda, que manifiesta, en relación con los reclusos, que <Llegar allí era difícil porque había mucha demanda>, y recuerda que su padre influyó para llevar a Cuelgamuros a un preso de Yeserías. Puede considerarse un hecho probado que los penados que trabajaron en el Valle lo habían solicitado, dándose el caso de que al menos parte de ellos precisaron recomendación para conseguirlo. Es esta, por tanto, una de las conclusiones de esta tesis: ni eran trabajadores forzosos ni se les puede considerar esclavos en modo alguno.
Donde sí que se esclavizaba a miles de ciudadanos por aquella época, era en la Unión Soviética. Secundino Serrano dice al respecto:
El estalinismo fue una época en que lo heroico dio paso a lo contable y la épica leninista fue desplazada por el trabajo… Anne Applebaum apunta que incluso las purgas de la década de 1930 no tenían como objetivo castigar a potenciales o presuntos enemigos <sino satisfacer el deseo de Stalin de trabajo esclavo>. El trabajo forzado aceleró de manera exponencial la industrialización soviética, e hizo factible el nuevo lugar de Rusia en el mundo.
Dicho de otro modo, en la Unión Soviética no era necesario delinquir para terminar siendo esclavo del Estado. Las purgas fueron un vehículo adecuado para conseguir trabajadores forzados, llevados a los campos con el único fin de <acelerar la industrialización>. Sin embargo, los mismos que comparan a Franco con los faraones, olvidan, sistemáticamente, establecer una comparación similar con el dictador soviético.
Siendo así que hay mucho más que añadir. En 1940, a punto de iniciarse las obras del Valle de los Caídos, en la Unión Soviética se promulgaba una ley que castigaba el bajo rendimiento de los trabajadores con la pena de trabajos forzados. Una de los comportamientos tipificados, era, simplemente, el de retrasarse en el trabajo:
El 24 de junio de 1940 se promulgó una ley que prohibía abandonar el trabajo sin autorización, y convirtió tanto los retrasos como la haraganería en delitos que podían ser castigados con seis meses de trabajo correctivo y una reducción salarial del 25 %: una norma que no fue derogada hasta el 25 de abril de 1956.
Para entonces, desde hacía seis años, como mínimo, todos los trabajadores del Valle eran libres. Pero volviendo a Rusia, y la aplicación allí de los trabajos forzados: no solamente las purgas, el bajo rendimiento laboral era también un pretexto para convertir en esclavos «legalmente» a los ciudadanos soviéticos. Pero es un hecho ignorado, al parecer, por los detractores del franquismo y del sistema de Redención de Penas. En cambio, aunque desapareciera, por su peso, hace más de veinte años, un elocuente silencio continúa envolviendo su historia. Los esclavos del Estado, podemos concluir, estaban allí. Lo eran todos sus ciudadanos. La izquierda europea, que condena el franquismo, no hace lo propio con las dictaduras comunistas, cuyo modelo y origen se encontraban en la Unión Soviética. Uno de los mayores fracasos, por cierto, de la Historia Universal.
El número de trabajadores penados; oscilaciones y cifras aproximadas.
Llegamos a otro de los mitos, uno de los más repetidos, sobre los penados que trabajaron en Cuelgamuros: el del número, que se ha querido elevar hasta los 20.000, convirtiendo dicha cifra en algo ya comúnmente aceptado por los difusores de la deformada visión del Valle, desde la mayoría de los medios de comunicación, que han representado un papel decisivo en la creación del mito. Un ejemplo reciente de dicha manipulación, lo constituye la emisión del programa televisivo «La Noria» de Tele 5, emitido el 12 de febrero de 2012, donde el presentador repitió, varias veces, la famosa cifra sin que los contertulios objetasen nada en contra. Incluyendo a los que defendían la permanencia del monumento. Parece haberse cumplido la máxima de que <una mentira repetida mil veces, acaba por convertirse en una verdad>. De modo que, a estas alturas, ya se invoca, como «incuestionable», la famosa cifra.
Durante los primeros años, como veremos, los problemas de aprovisionamiento hicieron imposible el instalar en el Valle a un número suficiente de trabajadores como para imprimir a los trabajos un ritmo adecuado. En ocasiones, no llegaron a pasar de 70 los obreros que participaban en la construcción, llegando a ser 750 a finales de 1943, año de la llegada de los penados a Cuelgamuros, como sabemos por la memoria realizada, aquel año, por el COMNC, a la que nos referiremos al tratar de la alimentación. Curiosamente, es una cifra muy similar a la del total de trabajadores que allí se encontraban en 1950, como hemos tenido ocasión de comprobar documentalmente. A lo largo de esos trece años, y también después, se producen oscilaciones, tanto en el número como en el porcentaje entre libres y penados, sin que el total llegara nunca a aproximarse siquiera a la séptima parte de la mítica y repetida cifra.
Veremos, a continuación, una parte de la abundante documentación que la desmiente.
En la mencionada memoria del Patronato de Nuestra Señora de la Merced de 1943, se desglosa el número de penados que trabajaban en los tres destacamentos de Cuelgamuros:
1.- En la carretera trabajaban 125.
2.- En el Monasterio 140.
3.- En el tercer destacamento, 250.
Un total de 515 penados trabajaban, por tanto, en el Monumento Nacional a los Caídos, que se unirían a los trabajadores libres que ya se encontraban allí, aumentando considerablemente la cifra total. El 22 de enero de 1943, la Comisaría General de Abastecimientos se dirige al Consejero Gerente del Monumento a los Caídos aceptando entregarle una cartilla colectiva para los 300 obreros que trabajan en el Valle […]. Por la fecha sabemos que eran trabajadores libres, procedentes muchos de ellos de los pueblos de los alrededores: Guadarrama, Peguerinos, El Escorial…
En enero no habían llegado los reclusos, luego esos 300 obreros para los que se entregaba la cartilla colectiva eran libres. Ese mismo año empiezan a llegar los penados al Valle a petición de las empresas que debían solicitarlo al Patronato de Nuestra Señora de la Merced. El dato lo proporciona Juan Blanco. Es el mismo autor quien facilita un balance sobre el número de penados que llegaron a trabajar en el Valle:
[…] en la construcción del Monumento Nacional a los Caídos […] trabajaron un número de penados que no llega a 2.500, en el período entre mayo de 1943 y comienzos de 1950.
Según Redención, el número más alto de penados en los destacamentos de Cuelgamuros había llegado a ser de 800, aunque, según la misma información, en el momento de publicar ese dato, julio de 1947, eran ya solamente 295. Veremos que, según demuestra la documentación estudiada y aportada por el autor de esta tesis, un año más tarde el número había aumentado considerablemente.
La cifra más alta de penados en el Valle en un momento dado, recogida por Juan Blanco en su libro, es de 515, a 31 de diciembre de 1943. Es la cifra que, como veíamos más arriba, proporcionaba la Memoria del Patronato de la Merced en 1943, y que, efectivamente, podría no haber sido nunca superada, a juzgar por la documentación examinada, sin poderlo confirmar a falta del total de las declaraciones de las empresas, a lo largo de todos los años que duraron las obras. Solamente hemos podido encontrar, como veremos, las de 1948. En línea con las estimaciones anteriores, el COMNC, en diciembre de 1943, proporciona la cifra total de 500 penados trabajando en las obras a su cargo. Claro que al no estar hablando del suministro sino de la vigilancia dentro del Valle, pudo redondear, sin más, la cifra, que como podemos ver, coincide casi exactamente con la facilitada por el PCRP ese mismo año.
Volviendo al cómputo global de trabajadores —libres y penados— la cifra de 300, dos años más tarde, como veremos, se había triplicado ampliamente hasta llegar a alcanzar la de 1.097, en marzo de 1947. Teniendo en cuenta que en el mes de julio del mismo año, los penados eran solamente 295, comprobamos que los libres, en ese momento, les triplicaban en número.
En el Archivo del Palacio Real se custodia un escrito de don Juan Banús (hermano de José), dirigido al Consejo de las Obras que tiene un valor extraordinario ya que revela distintos aspectos relacionados con los penados en una fecha tan temprana como diciembre de 1944, el año siguiente a la llegada de los primeros reclusos.
Al referirme a los salarios trataré más detalladamente dicho escrito que suministra datos de gran interés, y demuestra que trabajadores libres y penados cobraban un jornal idéntico, en función de su categoría profesional y del <tajo> en el que estuvieran empleados en cada momento. Veremos, incluso, más adelante, como algunos desfases salariales eran suplidos en las nóminas a base de <gratificaciones> a los penados que les igualaban a los libres cuando no les hacían percibir mayores cantidades que estos. También, claro está, en función de categoría y tipo de trabajo.
Dice Banús que el número de obreros ha tenido muchas fluctuaciones y considera imprescindible considerar una media de todas las variaciones que han existido. El tipo medio es el siguiente:
Obreros penados………………………………210
Obreros libres…………………………………..30
Se refiere, solamente, a su contrata, por lo que son datos que tienen un valor relativo, pero posteriormente y para años sucesivos tenemos una documentación precisa del número de obreros, desglosados por empresas.
Se trata de las relaciones de obreros que, como vimos, las contratas debían entregar al COMNC para que las hiciera llegar al Gobernador Civil de Madrid a fin de que se sirva ordenar los vales relativos al suministro de víveres.
A fin de cumplir con lo establecido por la Comisaría General de Abastecimientos y Transportes, el Consejero Gerente, ya en 1948, se dirige a las contratas del Valle, reiterando la obligación de presentar, por duplicado, sus declaraciones mensuales en determinados plazos:
Para dar cumplimiento a lo ordenado por la Comisaría General de Abastecimientos y Transportes ruego V. S. que las relaciones de suministro de víveres sean enviadas a este Consejo por duplicado.
A la vez encarezco tomen nota para que en lo sucesivo se encuentren las referidas relaciones en las oficinas de este Consejo todos los meses dentro de sus 5 primeros días.
El Consejero Gerente
2 de Enero de 1949
Como sabemos, la obligación de realizar estas comunicaciones venía de atrás, y nos permite seguir, con bastante aproximación, los movimientos de trabajadores en las distintas contratas, a lo largo de todos los años en que redimieron penas allí los reclusos de los Destacamentos Penales de Cuelgamuros, hasta su indulto final, en 1950.
En diciembre de 1943, las empresas hacían llegar al Consejo las siguientes relaciones:
San Román………………………………….340 raciones
Molán………………………………………..161 «
Banús……………………………………….155 «
Rodríguez……………………………………23 «
TOTAL……………………………………..679
De esos 679 trabajadores, como vimos antes, por la relación del Patronato de Nuestra Señora de la Merced, 515 eran penados, llegados al Valle, como sabemos, en ese mismo año.
Comparando estas cifras con las que facilitaba Banús, un año después, vemos que sus trabajadores, en Cuelgamuros, habían pasado de 155 a 240, con la proporción de penados que veíamos. Se deduce que el gran aumento de aquel año, se debe a la llegada de trabajadores reclusos.
En julio de 1945, le hacían llegar la siguiente relación de trabajadores por empresa:
San Román……………………………………353 raciones
Banús………………………………………..344 «
Molán………………………………………..162 «
Rodríguez……………………………………120 «
TOTAL……………………………………..979
El total de trabajadores en los meses siguientes de aquel año fue como sigue:
Septiembre………………………………….990
Octubre……………………………………..978
Noviembre…………………………………1.026
Diciembre…………………………………1.070
En enero de 1946 la proporción de trabajadores por empresa no había variado; San Román empleaba a más trabajadores que Banús, muy por encima ambas del número de empleados de las otras dos contratas:
San Román……………………………………406 raciones
Banús………………………………………..328 «
Molán………………………………………..183
Rodríguez……………………………………129
TOTAL……………………………………1.046
La relación de éste año continúa (en número total de empleados):
Febrero……………………………………1.085
Marzo……………………………………..1.097
Abril………………………………………1.080
Mayo……………………………………..1.048
Junio……………………………………..1.057
Julio………………………………………1.026
Agosto……………………………………1.059
Septiembre……………………………….1.018
Octubre…………………………………..1.107
Noviembre………………………………..1.165
Diciembre………………………………..1.063
En 1947 las cifras son similares:
Enero……………………………………..1.009
Febrero…………………………………..1.014
Marzo…………………………………….1.011
Abril……………………………………..1.006
Mayo……………………………………..1.029
Junio…………………………………….1.177
Julio……………………………………..1.139
Agosto…………………………………..1.158
Septiembre………………………………1.167
Octubre………………………………….1.174
Noviembre……………………………….1.027
Se conservan, detalladas, todas las relaciones de obreros del año 1948. En enero se repartían de la siguiente manera:
- San Román…………………………………444 raciones
- Banús……………………………………..279 «
- Molán……………………………………..153 «
- Rodríguez………………………………….154 «
TOTAL…………………………………..1.030
En febrero, disminuía el total en 14 personas:
- San Román…………………………………442 raciones
- Banús……………………………………..319 «
- Molán……………………………………..133 «
- Rodríguez………………………………….122 «
TOTAL…………………………………..1.016
El total, en marzo disminuía en 11 personas:
- San Román S.A……………………………..431 raciones
- Banús……………………………………..311 «
- Molán……………………………………..162 «
- Rodríguez………………………………….101 «
TOTAL…………………………………..1.005
En abril:
- San Román…………………………………438 raciones
- Banús……………………………………..305 «
- Molán……………………………………..211 «
- Rodríguez………………………………….140 «
TOTAL…………………………………..1.094
En mayo se registra una subida considerable:
- San Román…………………………………439 raciones
- Banús……………………………………..310 «
- Molán……………………………………..244 «
- Rodríguez………………………………….190 «
TOTAL…………………………………..1.183
En junio de 1948, el COMNC trasladaba, una vez más, al Jefe de Abastecimientos de Madrid, la siguiente relación de obreros en cada contrata:
- San Román…………………………………440 raciones
- Banús………………………………………..305 «
- Molán S.A…………………………………..244 «
- Rodríguez…………………………………..198 «
Seguramente Franco no quería que fueran los destacamentos penales que construían su tumba los últimos en cerrarse.
Partiendo del presupuesto, insostenible, de que Franco hubiera organizado todo aquello para construirse una tumba faraónica, da por hecho que, además, querría estar protegiendo su imagen ante la posteridad, al eliminar los destacamentos penales de Cuelgamuros antes de que desaparecieran definitivamente los últimos que quedaban. Es absurdo pensar que dichos cálculos estuvieran en la mente de Franco, como resulta más que discutible que ni siquiera hubiera pensado en enterrarse allí.
De todas formas, la cuestión del número de trabajadores, -libres o penados- en Cuelgamuros, aunque se ha convertido en uno de los principales argumentos en contra del Valle de los Caídos, no resulta solamente discutible, sino absurda. Como señalaremos en las conclusiones, no es eso lo importante, sino el porqué llegaron allí, y lo que significó para ellos.
Las condenas redimidas.
Evidentemente, por otra parte, los penados que fueron llegando al Valle cumplían condenas de distinta duración, según la gravedad de los delitos cometidos. Los primeros en llegar eran reclusos condenados a 20 o menos años de prisión, que tenían prioridad sobre los que, por haber cometido delitos más graves, cumplían condenas más largas.
De todas formas, hemos visto que muchos, si no la mayoría, tenían condenas muy graves. El propio Olmeda, reconoce:
A la sierra de Guadarrama llegaron muchos presos con condenas a muerte conmutadas por treinta años.
Los constantes indultos que se concedieron en aquellos primeros años, más los efectos de la misma redención de penas que hacía que miles de presos alcanzaran cada mes la libertad condicional, llevaron muy pronto al Valle a los condenados a penas de 30 años entre los que se encontraban muchos penados que, habiendo sido condenados a muerte, habían visto su condena conmutada por la de prisión.
La historiadora Ángeles Egido afirma que en cuatro años y medio se conmutaron 16.300 penas de muerte:
Entre septiembre de 1942 y marzo de 1947 se revisaron y tramitaron expedientes de conmutación individual de prácticamente 16.300 personas […] cuya pena de muerte había sido conmutada por la inferior en grado: 30 años […]
Muchos de ellos fueron llegando, en esos años, al Valle. Trataremos a algunos. Pero, antes de seguir adelante, debemos subrayar que el dato contradice el supuesto carácter vengativo del régimen, además de otro de los tópicos de la izquierda: el negar que, en la implantación del sistema de redención de penas, el franquismo hubiera buscado tan solo una solución a la saturación de las prisiones y no la rehabilitación del preso.
De haber sido el gobernante inhumano que presentan muchos autores, Franco simplemente los habría eliminado sin más que cumplir las sentencias que se les habían impuesto. Suele esgrimirse que si no lo hizo, fue por mantener una buena imagen exterior, pero es un débil argumento, ya que si se hubiera dado la espantosa represión que se dice, una de dos: o el Régimen podía ocultar su política de exterminio o su imagen era ya irrecuperable.
Un caso muy significativo es el de Gregorio Peces-Barba, condenado a muerte por su actuación como fiscal durante la guerra. Su caso es uno de los registrados en la Causa General, como vimos. La pena capital le fue conmutada por la de 20 años de prisión, en 1943, llegando, gracias a varias recomendaciones, al Valle de los Caídos, unos meses más tarde.
Por otra parte, la Ley de 30 de marzo de 1943 concedía la libertad condicional a los condenados a 20 años:
