INTRODUCCIÓN
El 15 de agosto de 1942 tuvo lugar en la basílica de Begoña, en Bilbao, uno de los episodios más controvertidos de la España de posguerra. Durante la salida de una misa a la que asistía el general José Enrique Varela, se produjo un incidente protagonizado por militantes vinculados al ambiente falangista, entre ellos algunos estudiantes recién regresados del frente ruso.
La explosión de artefactos durante aquel acto religioso provocó una fuerte conmoción política dentro del régimen franquista y fue interpretada como una señal de las tensiones existentes entre distintos sectores del poder. El episodio tuvo importantes repercusiones tanto en la política interior como en la posición internacional de España en plena Segunda Guerra Mundial.
El 15 de agosto de 1942 ocurrió en Begoña un lamentable suceso, del que fueron partícipes estudiantes recién repatriados. A la salida de una misa, a la que asistió el general Várela, se produjo un incidente motivado por un grupo que profería gritos subversivos; los seuístas arrojaron dos bombas de las utilizadas por la Infantería alemana, que estallaron relativamente próximas al general. Fuera yen España se dio gran importancia a lo ocurrido. Se unió este hecho a un intento de rotura del cable submarino que une Bilbao con la costa inglesa, con la participación de gentes remuneradas por la Embajada alemana. Un Consejo de Guerra sumarísimo condenó a un afiliado al S. E. U., Juan José Domínguez, que fue fusilado. Ello llevó a Doussinague a escribir: «Elementos de muy poca categoría, a sueldo de la Embajada alemana.» Por el contrario, la casi totalidad de los que intervinieron eran universitarios. Habían llegado el día antes a España, procedentes del frente ruso, en donde servían como soldados. Más de uno había cruzado el limen, participando en docenas de combates, sin un solo permiso a retaguardia hastael momento de su embarque hacia la Península en el apeadero ruso de Nacha, siendo su único contacto con alemanes, más bien con alemanas, en Nüremberg, en una tarde de permiso.
Otro falangista moría, tras ser condenado a muerte: Pérez Cabo, acusado de malversación de fondos en Auxilio Social. Pérez Cabo, recordamos, se había comprometido a financiar la Falange no unificada, cuya jefatura tenía el general Yagüe, grupo que se había disuelto tras una entrevista de Yagüe con Franco.
La falta de objetividad convirtió a muchos españoles en apasionados defensores de los bandos en pugna, ysi, por un lado, se llevó hasta discutibles actitudes la lucha contra el comunismo, en otros sectores, a veces de relieve social y jerarquía, se prestaron a bajos servicios en favor de los entonces aliados de Rusia. Un divisionario de la quinta del S. E. U. tendría ocasión de hacer saltar una de las redes tendidas por diplomáticos ingleses en la que se habían utilizado indignos procedimientos para lograr la colaboración de personas útiles a sus fines de guerra.
La circunstancia de alejarse cada día más el triunfo alemán sobre el comunismo ruso llevaría a vía muerta los propósitos de quienes, por entendimiento de lealtad, no sabían separarse de la suerte de las armas germanas en el Este. Algunas de sus figuras destacadas, tal el caso de Dionisio Ridruejo, fueron portavoces de un generalizado sentir en favor de una mayor intervención militar al lado de los Ejércitos anticomunistas que tenían a Hitler por jefe. El disculpable error táctico hizo terminar en fracaso la última ocasión generacional de los universitarios que habían hecho la guerra española, y desde entonces dispersaron sus impulsos políticos más y más.
Con los estudiantes que así pensaban estaban muchos militares, políticos de diversos sectores y buen número de profesores universitarios, como Tovar y Laín, que, con Juan Beneyto, formaron el Comité de Redacción del Boletín de la Asociación Hispano-Germana.
La situación nacional era delicada en extremo; las dificultades económicas interiores habían estabilizado un mercado negro que llegaba hasta el pan y los medicamentos indispensables, y la guerra exterior entraba en una fase en la que la Península pasaba a ser cruce fundamental en los escenarios bélicos que se perfilaban.
La bomba de Begoña aceleró el fin de la influencia de Serrano Súñer, punto de apoyo de las idas y venidasde Dionisio Ridruejo. Serrano dejó su lugar en el Ministerio de Asuntos Exteriores al general Jordana, que ya lohabía regido en Burgos. Para el futuro, estaba condenado cualquier intento que pretendiera moverse al amparo alemán. Casi todos los cambios se realizaron de forma que muchos observadores políticos tardaron meses en interpretarlos correctamente. Cuando un embajador de lengua inglesa quiso comprobar directamente la veracidad de sus informes sobre «cuál era la verdadera posición española en la guerra» y preguntó al propio Caudillo, escuchó una contestación que le dejó atónito: «¿En qué guerra? —dijo Franco, quien, antes de que su interlocutor pudiera salir de su mudez, continuó—: Para los españoles existen tres guerras distintas, calaramente delimitadas. Unaguerra entre los Estados Unidos y el Japón, invasor de Filipinas; en ese conflicto estamos al lado de los Estados Unidos. Tenemos otra guerra entre Alemania, Italia y otros países europeos contra Rusia; ahí estamos al lado de Alemania e Italia Y, por último, existe una guerra entre los países aliados, Estados Unidos, Inglaterra, Francia, etc., contra Alemania e Italia; en ésta, España es estrictamente neutral.» La respuesta era bastante más que un ejemplo de sutil evasiva.
El «Primer Congreso de las Juventudes Europeas» se celebró en Viena, del 14 al 18 de septiembre de 1942. Europa, entonces, agradara o no, estaba dentro de la esfera de influencia alemana. A la ciudad danubiana acudieron representaciones de Italia, Hungría, Rumania, Croacia, Eslovaquia, Portugal, Bulgaria, Finlandia, Walonia, Flandes, Dinamarca, Noruega y España.
Presidió la delegación española José Antonio Elola; le acompañaban por el S. E. U. Galar, Aníbal, Merklin, Ruiz-Gijón, y otros mandos de la Sección Femenina y del Frente de Juventudes, entre ellos el catedrático Luis de Sosa, asesor de Cultura y Arte.
Al llegar la delegación española a Viena se encontró con que todo estaba previsto, hasta los acuerdos. Los asistentes estaban llamados a figurar como comparsas y no tenían necesidad ni siquiera de molestarse en pensar. Al parecer, los representantes de los pueblos antes nombrados se resignaban a cumplir el triste papel que se les había destinado. Pero, naturalmente, los españoles, no. Desde el primer momento advirtieron que la delegación española estaba dispuesta a figurar en la Asociación de Juventudes Europeas que se proyectaba, pero sin renunciar a un solo postulado ideológico o a la más sencilla norma de conducta. La delegación rechazó una clasificación alfabética de naciones, advirtiendo que, con todo respeto para los otros países, o se hacía figurar a España a continuación de las dos presidencias de Alemania e Italia o, de lo contrario, no tomarían parte en el Congreso. Rechazaron asimismo la presidencia de la Comisión de Asistencia Social que se les atribuía sin consulta previa y, en cambio, reclamaron otras de más importancia e incluso la creación de nuevas Comisiones, como la de Juventud y Familia, e hicieron constar que utilizarían únicamente el idioma castellano, aún cuando no figurara como oficial enlas instrucciones previas. Esta actitud, en presencia del jefe de la «Hitler Jugend», Arturo Axmann; del ministro secretario del Partido Fascista, Aldo Vidussoni, y del lugarteniente de Viena, Baldur von Schirach, causó primero estupor y más tarde arrastró la admiración de los representantes europeos, incluidos los italianos, para quienes, con frecuencia molesta, los alemanes reservaban los máximos honores, pero despectivamente.
En la actitud reseñada no había ni resentimiento hacia los alemanes ni indigno cálculo político de larga previsión, y ello se deducía de la salutación dirigida a los congresistas por Elola, aplaudida con especial satisfacción por los rumanos:
«Después de la Patria, la juventud es en lo humano el lazo más fuerte que puede unir hoy a los hombres en el mundo.»
«Son palabras de Enrique Sotomayor, camarada que a los veinte años luchó denodadamente en la guerra de España y poco después vino a morir con el silencio de los auténticos héroes en los campos de batalla de Rusia Las pronunció en la primavera del año 39, terminada victoriosamente la guerra contra el comunismo y sus aliados en España.
Me permitiréis dedicar a los camaradas de la División Azul desde esta tribuna el saludo y homenaje más emocionado, con el deseo de cederles este puesto de honor que a ellos y sólo a ellos, desde el General al soldado por derecho les pertenece.»
En las Comisiones se mantuvo la misma tónica. Galar, en la de Educación, insistió en lo preeminente de la educación religiosa. Aníbal, en la de Formación de Mandos, se opuso resueltamente al proyecto alemán de que las Academias recibieran consignas unificadoras, dictadas por los rectores de la Liga Juvenil Europea, argumentando que cada nación tenía su manera de pensar y de ser. Después de su intervención, la propuesta alemana fueretirada. Los españoles, en el debate sobre normas morales, afirmando: «Sobre nuestra conducta e ideario no podemos admitir discusión», dieron lugar a la derrota de dos propuestas alemanas y a la elaboración de una declaración de acuerdo con las normas programáticas de la Falange.
La delegación alcanzó un éxito evidente. Una de sus consecuencias fue la de alejar definitivamente las posibilidades del grupo que marginalmente mantenía la idea de Sotomayor de encuadrar bajo el mando de los estudiantes a toda la juventud, como fase previa para otros logros políticos.
CONCLUSIÓN
Los sucesos de Begoña representaron un punto de inflexión en la política española de los primeros años de posguerra. Las consecuencias del incidente afectaron al equilibrio de poder dentro del régimen y contribuyeron a acelerar cambios en el Gobierno, incluyendo la pérdida de influencia de algunos dirigentes.
En un contexto marcado por la Segunda Guerra Mundial y por las presiones internacionales, el episodio puso de manifiesto las tensiones internas entre diferentes corrientes políticas dentro del franquismo. Así, el atentado de Begoña quedó registrado como uno de los acontecimientos más significativos de la evolución política de España durante la década de 1940.
