¿Cuándo dejó de ser duda el futuro institucional de España? Los historiadores no se ponen de acuerdo. Los de la leyenda prefieren atrasarlo en el tiempo para así poder casar los hechos con el mito del general aferrado ambiciosamente al poder. No es cierto. Repasando, con la perspectiva que dan los acontecimientos posteriores, la vida social y política de Franco, fijándonos en los detalles, parece evidente que esa idea de “acostumbrar” a verle ahí, como el heredero, como el sucesor natural, se hizo pronto patente. Así por ejemplo, en 1961, Juan Carlos, que tiene 23 años, asiste con visibilidad a una cacería con Franco en El Pardo, lo que no dejaba de tener importancia, aunque llevaba cazando con el Caudillo desde muy joven.
En ese caminar adquirió especial importancia la boda del Príncipe. Era algo que preocupaba tanto en El Pardo como en Estoril. Los “Barcelona”, como eran conocidos entre la realeza europea, no eran un buen partido. Se conserva testimonio de las tesis de Franco con respecto a este asunto que incluían la posibilidad de que contrajera matrimonio con una española que no fuera de sangre real; quizás esa fuera su opción favorita tras desechar a no pocas candidatas.
Juan Carlos y Sofía se conocieron cuando tenían 16 años durante uno de los cruceros que organizaban las casas reales para que los jóvenes se relacionaran con vistas a futuros enlaces. Si seguimos lo publicado, aunque con versiones diversas, Juan Carlos reparó en Sofía en una boda en 1958. El romance puede que se iniciara en Nápoles durante las Olimpiadas de 1960 y después en Corfú durante las Navidades. Se consolidó en 1961 entre la boda del duque de Kent y el verano que pasaría en Corfú. Don Juan decidió no informar de lo que se estaba gestando a Franco, probablemente porque en el posible matrimonio viera un modo de sacar a su hijo de Madrid (Alfonso XIII lo envió a él a un larguísimo viaje de novios por el mundo para que los juanistas no lo ganasen para conseguir su abdicación); probablemente desconfiaba ya políticamente de su hijo por su proximidad al Caudillo.
Franco fue informado por otros canales y se inclinó por hacer cuanto estuviera en su mano para ayudar a la pareja que se enfrentó a notables contratiempos. Dada la situación de la monarquía griega y del propio Juan Carlos, asumió que sería una boda por amor pues no cabían otros intereses. Con la sombra del romance entre Balduino de Bélgica y la española Fabiola de Mora y Aragón, que en 1960 contrajeron matrimonio, despertando una ola de calor popular, la boda de Juan Carlos y Sofía no podía ser más oportuna de cara a su idea de hacer popular la monarquía entre los nuevos españoles.
Cuando don Juan le comunicó el próximo enlace, Franco, que midió sus palabras, le dijo: “Dele la enhorabuena a Juan Carlos y dígale que le deseo mucha felicidad”. No eran palabras vanas. Juan Carlos invitó personalmente a Franco a la ceremonia, pero fiel a su costumbre no iría. No podría acudir su hija dado su estado de gestación, por lo que enviaría al almirante Abárzuza al mando del buque insignia de la escuadra española, el Canarias. Dio órdenes para que se negociara con el Vaticano para vencer cualquier impedimento religioso. Concedió a la pareja el Gran Collar y el Lazo Azul de Gran Dama con brillantes de la Orden de Carlos III. Y lo que es más importante, le comunicó a Juan Carlos: “tenéis muchas más probabilidades de ser Rey de España que vuestro padre”. Entre los regalos del gobierno y de Franco figura una joya singular: una tiara floral que se puede transformar en collar o en 3 broches. Desde entonces la ha utilizado en diversas ocasiones la reina Sofía, también la llevó la infanta Cristina el día de su boda y es una de las joyas habituales de la reina Letizia.
Con su formación prácticamente terminada, con la confianza de Franco y el papel que ya tenía en España, ciertamente, el futuro dependía de la decisión que tomara Juan Carlos con respecto al futuro. Y hubo sus más y sus menos, porque la corte de don Juan quería a la joven pareja fuera de España; pero tanto Sofía como Juan Carlos eran partidarios de instalarse en Madrid. El primer aviso de que Juan Carlos tenía algo que decir se puso de manifiesto cuando el 5 de junio de 1962, en un DC 4 español, la pareja de recién casados llega a España para visitar a Franco. El Generalísimo tiene previsto cuál debe de ser su papel ahora: “no vendrá ya como estudiante, sino para estar en contacto con todas las actividades de nuestro país y con el pueblo español”. Muchos años después, la reina Sofía anotó que se encontró con “un hombre sencillo con ganas de agradar y muy tímido”; muy distinto al que se había imaginado: “duro, seco y antipático”. Carmen Polo de Franco, que más tarde entablaría una cierta amistad con la madre de Sofía, la reina Federica, comentó después: “Sofía le había robado el corazón a Franco”. El Caudillo, por su parte, apuntó: “ha tenido suerte, ha elegido muy bien”.
En 1958 Franco había encargado a Diego Méndez la restauración del palacio de La Zarzuela para convertirlo en morada del futuro Príncipe de España. Doña Carmen asumió la decoración para el hogar de quien era ya como un hijo o un nieto. Pero ahora todo dependía de la opción que tomara Juan Carlos, que en el fondo era: ¿Franco o su padre? En la decisión final, que implicaba establecerse en España para ser el heredero del Generalísimo, tuvo especial importancia la opinión de Sofía o quizás no hizo más que secundar una opción que ya tenía tomada. Anotan, sin embargo, que su decisión era tajante con respecto a mudarse a Estoril: “Aquí no voy a vivir… interiormente me prometí que nosotros dos no viviríamos allí”. Ello abría la ruptura política entre don Juan Carlos y su padre. Lo más probable es que Juan Carlos hubiera asumido entonces que él era la única posibilidad de que la monarquía volviera a España de la mano de Franco, era lo que le decían lo que estaban a su alrededor. En esas conversaciones con el Caudillo es probable que, siguiendo a Franco, entendiera que el tiempo discurre de forma distinta a la hora de tomar decisiones fundamentales y que este se encargaba de hacerlas madurar allanando los caminos. Buscó que su padre aceptara ese camino y no lo consiguió, lo que llevó a la ruptura. Pero su decisión era la correcta: “Para un hijo de Rey, como yo, es otro asunto distinto. No se trata de saber si me gusta o no me gusta. Nací para ello. Y desde mi infancia, mis maestros me han enseñado a hacer también cosas que no me gustan. En casa de los Borbones, ser Rey es un oficio”.
Instalados en España, Juan Carlos pasó a ser en los documentos S.A.R. el Príncipe don Juan Carlos. En torno a 1964 cualquier duda quedó disipada en la mente del Caudillo. Sin haber sido aún designado por Franco, era el heredero dispuesto a defender, llegado el momento, al Caudillo tal y como se recoge en este informe sobre la visita de Juan Carlos y Sofía a Dinamarca en 1966 (AFNFF 21592):
“Volviendo al Príncipe, te diré que lo encontré muy maduro y enterado de todo. Tuvo un detalle que me gustó. En un momento de la conversación y hablando de la Familia Real danesa, me dijo que había tenido una discusión desagradable con la Princesa heredera porque se había mostrado ésta muy anti-franquista, y había tenido que replicarle rebatirle sus opiniones. Lo encuentro muy bien y muy oportuno, porque parte de la prensa danesa pretende que el momento actual español es una lucha entre el régimen y la monarquía, y el Príncipe vino a afirmar lo contrario”.
