INTRODUCCIÓN
El estudio de los movimientos políticos exige, en muchas ocasiones, tomar distancia histórica para comprender su desarrollo interno y sus distintas fases de evolución. En este sentido, el texto de Ernesto Giménez Caballero propone una interpretación estructurada del devenir de la Falange, articulada en cinco etapas que abarcan desde su gestación ideológica hasta su proyección futura.
Más allá de su contenido doctrinal, este esquema busca ofrecer una visión sistemática del proceso de transformación de un movimiento político en diferentes planos: intelectual, organizativo, militar y social. A través de esta periodización, se presenta una narrativa que pretende explicar no solo el origen del movimiento, sino también su dirección y sus aspiraciones a largo plazo dentro del contexto histórico español.
Para entender lo que sea la Falange precisa ante todo tomar lejanía histórica sobre sus sucesos. Y contemplar nuestro Movimiento en perspectiva gradual.
Por consiguiente: fíjate bien, Juventud de España, en esta primera afirmación esclarecedora que te proclamamos:
«La guerra de Liberación de nuestra Patria está integrada por cinco etapas.» (Tres de las cuales están ya conclusas y victoriosas.)
Esas etapas son:
1) «La ideológica o espiritual».
2) «La doctrinaria o activa».
3) «La militar o guerrera».
4) «La social o reconstructora» (que estamos abordando) y
5) Aquella etapa definitiva, larga y resumidora que llamaremos: «imperial o expansiva».
Precisemos esta planificación de las cinco etapas en la liberación de España.
1) La etapa ideológica o espiritual
Aquella etapa primigenia de nuestro Movimiento tuvo su arranque hacia 1930, bajo el régimen Berenguer. Es decir: desde que, muerto el dictador don Miguel Primo de Rivera, se inició la sumisión de nuestro país a ideologías y potencias secularmente enemigas. Desde que se comenzó la propaganda socialdemócrata en España, para someternos a la órbita de la constelación anglo-franco-rusa y judía. A la constelación masónica y marxista. Sumisión que culminó tras la preparación parlamentarística de Berenguer en la explosión del 14 de abril. En la República marxista y masónica del 14 de abril. En aquella República que sólo de «española» tuvo el nombre.
Como «en un principio fué el verbo»; como siempre la palabra ha precedido a la acción, en aquella etapa de 1930 a 1933 la liberación de España tuvo que ser «ideológica». Y a ello se encaminaron nuestras profecías, predicaciones, periódicos, libros y núcleos iniciales. Fué la etapa de nuestros manifiestos a las juventudes españolas; de nuestro semanario «La Conquista del Estado»; y de nuestras primeras Juntas de Ofensiva Nacionalsindicalista (J.O.N.S.).
2) Etapa doctrinaria o de acción
En 1933 el «Verbo» se hizo ya doctrina. La «Palabra» se hizo «Acción» y las «Juntas ofensivas», «Falanges». Al frente de todo, el vengador de aquel Caudillo muerto, el vindicador del gran hombre que empezara un 13 de septiembre a liberar España de sus seculares enemigos y fué vencido por la traición y por la perfidia de aquellos pérfidos y traidores cuyos nombres hoy ya conocemos todos. Al frente de aquella etapa: el propio hijo de don Miguel Primo de Rivera. Nuestro José Antonio.
También esa etapa, como por un ritmo cronológico misterioso, duró tres años. De 1933 a 1936. Del mitin de la Comedia, al 18 de julio.
3) Etapa militar o guerrera
18 de julio de 1936 a 1 de abril de 1939. Es decir: también otros tres años.
Lo que fué en un principio liberación de España por la «Profecía» (1930-1933), y se hizo después liberadora «Doctrina», «Milicia de Falange Española» (1933-1936), el 18 de julio habría de hacerse Alzamiento Nacional: «Ejército liberador»
Pero ¡ojo! No fué «el Ejército» a secas –como mucha gente ignara o, malintencionada, cree– lo que se levantó el 18 de julio para liberar a España. Sino: «unas fuerzas armadas, de plural procedencia». Que al «ejercitarse» en la liberación de España contra la democracia y el marxismo, habrían de constituir, andando el tiempo, un «Ejército liberador», completamente distinto, en su raíz básica, del Ejército anterior que tuviera España. Un «Ejército liberador» cuyos «ejercicios» espirituales, ideológicos y doctrinales, radicarían no en viejos idearios del siglo XIX! no en las netas ordenanzas de los ejércitos decimonónicos y liberales! Radicarían en las profecías, doctrinas y consignas «previas» que le prepararon su Nacimiento: su Alzamiento. Un «Ejército» –este nuevo y nuestro– que para poder llamarse «liberador de todo lo anterior», tuvo que apoyar sus fusiles sobre el ideal de España: «Una, Grande y Libre». De: «Dios, Patria y Mando absoluto». De: «Patria, Pan y Justicia». Del grito: ¡Arriba España! Del «brazo en alto y la mano abierta». De: la «Camisa Azul y la Boina Colorada». Del postulado gremial: «nacionalsindicalista». Y de un supremo anhelo hispánico: el «Imperio».
Por eso: el Movimiento Liberador de España, que fué «adolescencia» bajo las J.O.N.S., y «juventud muchachil» bajo José Antonio, , habría de hacerse «Hombría cabal y madura» bajo el hombre providencial que tomaría, desde entonces, el nombre de «Caudillo». Es decir: de «Cabeza» de España. De Conductor, Director o Guiador de España FRANCO.
4) Etapa social o reconstructiva
La etapa militar en la liberación de España terminó el 1 de abril de 1939. A los tres años de iniciarse. (Como tres años había durado la etapa milicial de Falange y tres la profética y jonsista.)
La nueva etapa que se abrió el 1 de abril de 1939, ¿llevará ese mismo rápido ritmo trienal, como sincrónico al Movimiento? Por qué no? Quizá menos.
Hay que advertir que la «etapa social o reconstructiva» no comenzó en el 1 de abril, Día de la Victoria, sino desde el 5 de junio, a los dos meses cuando el Caudillo proclamó con su «declaración» ante el Consejo Nacional en Burgos el plan de la nueva guerra española en vista: la económica, la reconstructiva. Como yo lo definí, el «5 de junio» para la guerra reconstructiva, ha sido un nuevo 18 de julio. Una nueva excitación a pasar otro Estrecho.
Del 1 de abril al 5 de junio, fueron dos meses de tránsito y enlace entre dos etapas del Movimiento: entre la militar y la económica. Fueron los dos meses triunfales de desfiles y banderas victoriosas. Fueron los dos meses más bellos e inolvidables primavera de abril y mayo, –primavera profética de nuestro Himno!–, los dos meses más delirantes de la historia de España. ¡Desfile de Sevilla! Y por Andalucía, ¡Franco! ¡Desfile de Valencia! Y Franco contemplando la huerta y su mar como el Cid. ¡Desfile de Madrid! Y Franco, surgido en plena Castellana como un milagro guerrero ante el mundo: rodando cañones, infantes, aviones, ejércitos de Aire, Tierra y Mares. Perfectos, macizos, aplastadores. Y desfile final de Medina del Campo, cuyo simbolismo femenino, vino ya a significar el declinar de la etapa guerrera, para dar paso a la nueva tarea casi maternal de España: a la recuperación de hombres y ciudades, de conciencias y de caminos, de niños y de maternidades. Por eso en Medina del Campo –mientras por Berlín y Roma nuestros guerreros y legionarios aún desfilaban en triunfo final– fué una mujer simbólica –Pilar Primo de Rivera– la que bajo aquella advocación isabelina y católica del Castillo de la Mota, hizo brotar de labios del Caudillo palabras de ternura, de sosiego, de recuperación nacional; palabras donde todos sentimos ya el hierro hecho arado y hoz. Y tintinear de fraguas y talleres. Y cantares de labriegos y de artesanos por campos y ciudades de una España florecida. Florecida en haz de espigas y martillos. No ya flechas ni balas.
La etapa reconstructiva, recuperadora parte, pues, de esos días estivales de 1939 en que se aprestó el Caudillo con sus Falanges victoriosas a la nueva batalla por la Liberación de España. A la liberación «económica». Consecuencia de las tres previas y logradas liberaciones: la «espiritual», «política» y la «militar».
Para esta cuarta liberación ya está lanzado, 5 de junio, por Franco el grito de guerra. Todo cuanto necesita para esta nueva lucha es lo mismo que se necesitó para las anteriores. No queremos ni tecnicismos ni vejestorios. «¡Juventud y fe!» Eso es todo lo que Franco pidió a la España victoriosa salida de las tres duras pruebas anteriores. «¡Fe y juventud!».
Y con fe y juventud, la ordenación sindical española de nuestra Economía será una nueva victoria, un triunfo rápido y seguro, que habrá de permitirnos afrontar la etapa decisiva, la quinta y final etapa de la Liberación, Grandeza, Fortaleza y Unidad de España ante el Mundo: esa etapa final que puede otra vez durar centenios, al condensar en sí, otra vez, tanta reconquista y sangre, tanto heroísmo, tanto esfuerzo y martirio. Esa etapa que se llamará, ¡oh españoles!, la «imperial y expansiva de España».
Nadie, pues, se llame a ensaño. Bien claro se lo decimos: de «dónde procedemos y hacia dónde vamos».
Camaradas falangistas: cuando el pueblo os pregunte ya sobre nuestros orígenes y nuestro porvenir, repetid este preciso itinerario de nuestras cinco etapas. Y todo el mundo quedará enterado y sosegado y animado.
Estamos al borde de la penúltima etapa. La batalla va a comenzar en la guerra económica. ¿Cuáles serán nuestras armas? Los Sindicatos verticales. Un Sindicalismo Nacional.
CONCLUSIÓN
La división en cinco etapas propuesta por Giménez Caballero refleja un intento de dotar de coherencia interna a un proceso histórico complejo, integrando distintas fases de desarrollo bajo una misma lógica evolutiva. Desde la formulación ideológica inicial hasta la fase reconstructiva y la proyección expansiva, el esquema pretende ofrecer una visión global del movimiento en relación con su contexto.
En última instancia, este tipo de planteamientos pone de relieve la importancia de los relatos históricos en la construcción de identidades políticas, así como el papel de la narrativa en la interpretación del pasado y la orientación del futuro. Analizar estas etapas permite no solo comprender mejor un periodo concreto de la historia de España, sino también reflexionar sobre cómo se articulan los discursos políticos en torno a procesos de cambio y continuidad.
