INTRODUCCIÓN
El texto “¡Paso a la Falange nacional de Franco!” de Ernesto Giménez Caballero constituye un ejemplo representativo del discurso político y retórico surgido durante el contexto de la Guerra Civil española y la consolidación del nuevo régimen. A través de un lenguaje intensamente simbólico y emocional, el autor presenta la Falange como un movimiento de resurrección nacional, articulado en torno a la unidad, el sacrificio y la reconstrucción de España.
En este marco, la figura del Caudillo aparece como eje conductor de una transformación histórica que, según el autor, trasciende lo político para adquirir dimensiones espirituales y colectivas. El texto combina elementos de propaganda, apelaciones a la memoria de los caídos y una visión de futuro basada en la integración social y la superación de conflictos internos.
¡Españoles y gentes del mundo!… ¡Paso! ¡Paso franco a nuestro Caudillo! Y paso a la Falange nacional de Franco! A la Falange de los muertos, de los perseguidos, de los soldados y de los trabajadores! ¡Paso a la inmensa Falange nacional y combatiente!
¡Como el Ave Fénix de las resurrecciones, así en estos instantes está surgiendo del fuego y de la ceniza de sus antiguas formas periclitadas y consumidas la nueva, viril, maravillosa Falange Nacional!
¿Sois ciegos que no visteis su resplandor entre las bayonetas de nuestros soldados, entre los barrotes de nuestros perseguidos en zona roja, entre las azadas de nuestros labradores y entre los martillos de nuestros artesanos?
¿No oísteis su canto de resurrección cara al sol entre las balas que silban, entre las lágrimas de las madres y las viudas y los huérfanos ¿No oís cómo surge de tanto dolor y tanta sangre el grito de que España resucita, de que España se levanta y despierta y quiere y vive? No oís que el « Arriba España! » se ha hecho ya «vida»? ¿Y que el deseo de tantos años tristes de esperanza expresado en aquel nostálgico «¡Viva España! » se ha hecho al fin grito de « ¡Arriba!», de «Alzamiento», de «Resurrección» del genio nacional?
¡Arriba, arriba los corazones españoles y hermanos míos!
¡Ya se acerca la hora de la Unidad de España, de la Grandeza de España, de la Liberación de España! La hora de la verdad.
¡Atrás, deponed vuestras armas del crimen y de la calumnia, viejos enemigos seculares de nuestra patria, los que nos ofendisteis y hostigasteis a izquierda y derecha de nuestro recto camino!
¡Atrás! ¡Paso franco a Franco y su Falange Nacional!
Los sueños se han hecho carne, hueso y gloria. Las teorías: certezas. Y los programas: banderas triunfales.
Nuestro Juramento se cumple. ¡Hemos servido sólo a España! Por eso al fin no tenemos hoy otro orgullo que el de la Patria y el de esta Falange nacional, totalitaria, donde habremos de vivir con obediencia y alegría, con ímpetu y paciencia, con gallardía y silencio.
Porque nosotros juramos lealtad a nuestro Caudillo y honor a la memoria de nuestros muertos e impasible perseverancia en todas las vicisitudes, por eso se acerca la Hermandad de españoles profetizada. Y la Unidad entre todas las tierras y todos los hombres de España.
Nosotros creímos en la suprema realidad española. Y como un milagro Dios nos ha permitido fortalecerla, elevarla y engrandecerla.
Nosotros afirmamos la unidad de un destino en la historia universal del mundo. Y como un don del cielo caen al suelo todos los separatismos que a ese destino inexorable se oponían.
Nuestra voluntad de Imperio triunfa, al fin, sobre la voluntad marxista de la lucha de clases.
Y ahí está un Ejército de un millón de hombres, que un día –el 18 de julio– encontramos envilecidos y enfurecidos, y hoy lucharon envueltos en la bandera española, regenerados, desintoxicados, recuperados, sumando a sus cuadros cada vez más combatientes que de rojos se harán nacionales.
Ahí tenéis en esa Falange Combatiente de Franco, en ese Ejército nacional, a las fieras sindicalistas de ayer, hoy nacionalizadas con voluntad de Imperio. Luchando con la sublime acción directa del fusil, contra el señoritismo y el proletarismo. Osando desafiar a los leopardos y a los osos mundiales con un solo corazón y un solo mando, fundidas sus almas por el crisol de la guerra: en un solo haz la izquierda y la derecha y el centro, el burgués y el operario, el pobre y el rico. Ahí los tenéis con voluntad de Imperio logrando, ¡no la Paz, no los Pactos!, sino ¡la Victoria!
Hemos devuelto a España un Ejército. De Tierra, Mar y Aire. Y ya toda la existencia española tiene un sentido militar. Y las rutas del Océano ya se abren a flotas futuras que vemos hendir por aguas y por cielos.
¡Paso a esta Falange de Franco que ha destruido todo partido político y el sufragio inorgánico y las banderas cruentas!
¡Paso a esta Falange de españoles libres, de hombres liberados, que al hacer fuerte y digna España alcanzan, después de tres siglos de esclavitud, la suprema libertad!
¡Paso! Nosotros vamos hacia el Pueblo de España. Porque esta revolución y esta guerra sólo la hemos hecho por el Pueblo y para el Pueblo de España. Ni para las viejas clases privilegiadas ni para la nivelación proletaria de todos. Queremos la iniciativa individual, que es el secreto de toda nación cristiana. Y queremos el Sindicato, que es la clave de toda jerarquía y eficacia social y productiva. Por eso nuestro «Sindicalismo» es «Nacional». Por eso ha sido posible organizar todos los servicios de trabajo y producción en esta forma. Y será posible mañana la reconstrucción rápida y formidable de una España en Paz.
Nosotros hemos hecho del Trabajo, no una maldición, sino un servicio. No un derecho satánico y revolucionario, sino un deber.
Por eso el Pueblo es ya nuestro: totalmente: integralmente.
Por eso la Tierra y el Campo de España alcanzarán su redención. La Tierra no será para el que la detentara parasitariamente en recuerdo de añosos e ineficaces privilegios: o de usurarias prestaciones. Por eso la Tierra no será tampoco «del que la trabajaba», como decían falsamente los socialistas. La Tierra de España será de los combatientes y trabajadores de Franco: de los que la han reconquistado con su sangre y su fatiga. Y sobre ella han de fundar la nueva familia espiritual: la solera de España.
Nosotros, por tanto, haremos que la Familia no sea un organismo social contra el Estado, sino el núcleo esencial enraizado a la Tierra nuestra, a nuestra solera, de donde habrán de salir los «hijos», los nuevos combatientes que la defiendan y la engrandezcan.
Los niños y la muchachez de España nos pertenecen en consecuencia. Nosotros no alejaremos de sus padres a los hijos, en un culto de idolatría marxista. Nosotros haremos que las madres, los padres nos sigan entregando sus hijos como han hecho para esta guerra: voluntariamente, estoicamente, valientemente.
Y nos los seguirán entregando, porque España sabe ya esto –y lo va sabiendo el mundo–:
Que la Falange de Franco asumirá la misión universal que predicó Cristo en el mundo.
La Falange de Franco restañará las heridas y las sangres y las persecuciones de hombres y de pueblos. Sabrá devolver Bien por Mal. Abrazo por ofensa. Perdón por errores. Amor por Odio.
Y Falangismo querrá decir mañana sobre la faz del mundo: «catolicismo: genio universal y fraternal de España».
¡Oh vosotros, antiguos y caídos camaradas, jefes nuestros, de esta Falange que sigue su ruta inicial hacia la cumbre de Franco!
¡Oh tú, querido y bravo y precursor Ramiro Ledesma Ramos, verdad que en tu lucero miras nuestra marcha con el viejo fervor de las primeras luchas vuestras! ¿Y tú, Onésimo? ¡Y tú, José Antonio, a quien cada grado que se añada de triunfo y de grandeza para esta Falange de Franco será un grado más a tu gloria de Héroe juvenil y nacional!
Y vosotros, los hombres mayores que vinisteis a bendecir los sueños de nuestra Falange con vuestras ayudas y vuestras sangres.
¡Oh Calvo Sotelo, y Albiñana, y Pradera, y Maeztu!
¿Sabéis acaso que vuestro ideal de una Monarquía renovada, juvenil, popular y cristiana, lo trae quizá sobre sus hombros de combate esta Falange nacional de Franco, como una luz ideal, allá a lo lejos, para que esta marcha de sangre y de victoria no se pierda en una noche futura de discontinuidad.
¡Paso! ¡Paso al Caudillo! ¡Honor a todos sus leales! sus soldados y a todos los que no le abandonaron desde el primer momento. A sus servidores. A sus más ilustres u oscuros auxiliares. A aquellos hombres que despacharon hostilidades y rencores de muerte por servir a la idea falangista del Caudillo y a la idea nacional de una Falange grande, libre y unificada.
Entre los estertores y últimos coletazos de nuestros enemigos –en la victoria–, ¡españoles y gentes del mundo! ¡Paso franco a esta Falange Nacional!
CONCLUSIÓN
El discurso de Giménez Caballero refleja una concepción de la política profundamente marcada por la retórica de la unidad, el sacrificio y la movilización colectiva. La Falange es presentada no solo como una organización política, sino como un instrumento de transformación total de la sociedad, donde confluyen elementos sociales, económicos y espirituales.
Más allá de su contenido ideológico, el texto permite comprender el uso del lenguaje simbólico y emocional en contextos de conflicto, así como la construcción de narrativas destinadas a legitimar un proyecto político determinado. En este sentido, se convierte en un documento relevante para el estudio del pensamiento político y la comunicación en la España del siglo XX.
