El título de este articulo está tomado de un artículo del propio Hispanicus, “Lo político, lo económico y lo social”, en el que propugna que se deben abordar las tres cuestiones a la vez para mejorar España y defender el Imperio social y católico (Arriba, 1 de febrero de 1947: 1). Esta categoría tiene de particular que solo es abordada por los seudónimos Hispan icus y Macaulay -para asuntos internacionales-, nunca por Jakim Boor. Su importancia cuantitativa es menor que la de la primera categoría (treinta y un artículos de los noventa y uno, el 34 por ciento) y menos tratada por la literatura sobre Franco, pero a veces igual de combativa en sus escritos. El comentario de política internacional es la variable central de esta categoría, con veintitrés repeticiones (74 por ciento). Aquí Franco se permite a veces digresiones en tono pacífico, corno la de “Sistemas políticos”. en la que analiza las diversas formas de gobierno que sucedieron a la Gran Guerra y las complejidades de los pueblos; termina dictaminando que hay que juzgar a los regímenes por su naturaleza moral y no por contiendas bélicas (Hispanicus, Arriba, 14 de enero de 1947: 1). No falta espacio para criticar la soberbia inglesa que, en su decadencia, arrastra a los demás países (Macaulay. “Economía e inflación”, Arriba. 29 de enero de 1947: 1). Ocasionalmente Franco ejerce de arbitrista, convocando al mundo occidental para liberar a las naciones sometidas al yugo del comunismo (Hispanicus, “Unico camino”, Arriba, 21 de marzo de 1948: 1) o incluso dar lecciones de política económica a Estados Unidos, cuyo proteccionismo juzga beneficioso para Rusia (Hispanicus, “Realismo”, Arriba, 15 de julio de 1949: 1 y 6).
Los artículos de Franco como Hispanicus se inician defendiendo el régimen vigente en España, que acumula quince ítems en esta categoría (un 48 por ciento), siendo la apologética del franquismo la segunda variable más significativa. Ya en “Política clara”, el primero de ellos, reivindica la Revo/ución que ha supuesto el Régi men frente a la vieja política y el caduco parlamentarismo anterior. Para Hispanicus, es un programa nacional con instituciones orgánicas, sin distinciones de izquierda o derecha (Arriba, 9 de marzo de 1945: 1 y 4). En “Meditación” se congratula de la pureza espiritual de una Revolución que camina “por el Imperio hacia Dios” (Hispa nicus, Arriba, 30 de enero de 1947: 1). Opina también sobre la llevanza de las finan zas estatales en “El progreso económico”, artículo en el que defiende la necesidad ocasional del déficit público y reclama una nueva lev tributaria (Hispanicus, Arriba, 9 de febrero de 1947: 1).
Franco creía que el aumento del gasto público no conllevaba necesariamente inflación
Las digresiones sobre el pasado son la tercera variable más repetida en esta catego ría, con catorce ítems (un 45 por ciento). Escribe no solo sobre la historia de su país sino también la extranjera. Así, en “Memento” desarrolla la efemérides de [a invasión de Finlandia por palle de Rusia, que no pudieron parar los voluntarios anglosajones (Macaulav, Arriba, 6 de febrero de 1947: 1 y 3). Franco recoge numerosas afrentas contra España, como las cometidas por Inglaterra en los últimos cien años (Macan /ay, “La malquerida”, Arriba, 9 de julio de 1948: 1). Un retrato sui generis sobre la Historia de España reciente puede hallarse en el artículo “Nuestra Revolución”: la Restauración estuvo plagada de políticos ineficaces que perdieron la oportunidad de construir un Imperio, la Dictadura de Primo de Rivera fue beneficiosa para el país y la República fue poco menos que el Apocalipsis, dando lugar a que se empoderasen grandes enemigos de la Patria como las logias, el comunismo y el ateísmo (Hispanicus,Arriba, 15 de enero de 1947: 1).
La economía es otra de las grandes temáticas de esta categoría. Las finanzas públicas se encontraban en un estado pésimo: en los años cuarenta el déficit público aumenta, la deuda sube, las divisas se agotan y la producción se estanca. La señal más clara del fracaso de la política económica es que habrá que esperar a 1952 para que la renta per cápita en pesetas constantes de 1935 alcance los valores de este último año (Bahamonde y Martínez, t999: 54-55; Velarde, 1995: 75). Un fenómeno económico al que se dedica cierta atención (aparece en cinco de los treinta y un artículos de temática político-económica, el 31 por ciento) es la inflación. En “Economía e inflación”, Hispanicus explica que no es lo mismo la inflación y el alza de precios y que no se debe “encadenar la economía con el mito de la circulación” del dinero. Apunta a que esta inflación se debe a la crisis internacional y a los especuladores Arriba, 29 de enero de 1947: 1). A éstos últimos dedica un duro artículo en el que los acusa de actuar bajo el signo liberal tanto en el terreno agrario como en el inmobiliario, y llama al gobierno a aprobar una nueva ley de Sociedades Anónimas (“Especulado res”, Arriba, 31 de enero de 1947: 1).
Según Juan Velarde, Franco creía que el aumento del gasto público no conllevaba necesariamente inflación, “una idea absurda” a su juicio. Quería mantener alto el tipo de cambio, pero odiaba la inflación, y más tarde su régimen terminó aviniéndose a una devaluación de la peseta para contener este fenómeno.
El nivel de vida de la población es otra preocupación presente en los artículos, con nueve entradas de treinta y una (el 29 por ciento de la categoría). La preocu pación está plenamente fundamentada, “España era tino de los países más pobres y subdesarrollados de Europa (junto con Portugal y Grecia) y sus niveles de bienestar social y consumo público eran incluso inferiores a algunos países latinoamericanos” (Moradiellos. 2000: 114) Sin embargo, en “El hecho social” Franco argumentaba, de manera optimista, que lo político había dado paso a lo social y que para mejorar las condiciones de vida de la gente era preciso el intervencionismo en las empresas, opuesto tanto al liberalismo como al marxismo (Hispanicus, Arriba, 24 de diciembre de 1946: 1). Esta intervención, necesaria -según Hispanicus- para hacer frente la acción de los perniciosos especuladores que escapan a la acción del gobierno, explica Velarde que se concretaba en organismos como la Fiscalía de Tasas o la Comisaría de Abastecimientos y Transportes, empleados para paliar la escasez agravada por el aislamiento internacional. Después del corporativismo inicial, eso sí, la economía española evoluciona hacia cierto liberalismo económico en la década de 1950 (Velarde, 1995: 74) y, consecuentemente, Franco deja de escribir sobre esta materia.
Fiel defensor de la política económica del gobierno, Hispanicus alude en cuatro ocasiones (un 13 por ciento de la categoría) a la falta de conocimiento del público en materia económica. Verbigracia, en “Un cuarto a espadas” afirma que durante la Dictadura -la de Primo de Rivera; la suya es el Régimen o la Revolución- los estudios en Economía fueron desatendidos y ello contribuye a la decadencia del país (Arriba, 12 de diciembre de 1946: 1). Esta colaboración tiene la peculiaridad, no observada en ninguna otra, de ir precedida de un antetítulo: “Verdades españolas”.
Franco aborda muy escasamente el mundo del trabajo, que aparece únicamente en tres artículos (el 9 por cierto de la categoría). El dictador se muestra muy conservador en este aspecto: rechaza la huelga y la acción directa, porque entiende que la huelga es la ley de la selva; propone en su lugar la solución judicial de los problemas labo rales en conjunción con las leyes sociales y el Fuero de los españoles (Hispanicus, “Huelga, justicia y libertad”, Arriba, 11 de diciembre de 1947: 1). Asimismo muestra cierta preocupación por la carestía que afecta al país y alaba la resistencia del pueblo español, al que apela al esfuerzo colectivo para solucionar la situación (Hispanicus, “Alerta”, Arriba, 6 de diciembre de 1946: 1). El profesor Velarde apunta la hipótesis de que las preocupaciones de carácter social quizá le llegaron a Franco a través de uno de sus directores de ejercicios espirituales, el padre Llanos29, capellán de Arriba y después miembro de Comisiones Obreras30. Las condiciones de los trabajadores en esta época eran de una “rígida disciplina laboral y una drástica fijación de salarios” (García Delgado, 2008: 208); se estima que los salarios reales cayeron a lo largo de la década de 1940 un 50 por ciento (Bahamonde y Martínez, 1999: 55).
