¿De dónde se ha sacado su señoría que el régimen parlamentario ni ninguna ley de imprenta que se inventasen iban a establecer una libertad absoluta y sin responsabilidad para los que escriben? La responsabilidad quiere decir que el escritor o el periodista que incurra en algunos de los actos que la ley de defensa de la república prescribe como punibles sufra las consecuencias. Esta es la responsabilidad. ¿Que la sanción impuesta por la ley de la defensa de la república administrada por el gobierno causa daño? Pues evidente. Claro que causa daño. La privación de libertad, las multas o las suspensiones de periódicos molestan y perjudican, claro está. Si no molestasen y no perjudicasen, no se impondrían a nadie. Porque se trata con el daño, con el perjuicio, con la privación de un derecho o de un interés de llamar la atención al culpable, invitándole a la enmienda mediante el escarmiento. Todo el mundo puede decir lo que quiera, siempre que no ataque a la república en los actos definidos por la ley.
