“Quien como yo a costa de encarcelamientos y persecuciones de toda índole ha luchado seis años en vanguardia de la más implacable oposición a los poderes nefastos que se están barriendo ahora, no puede temer cuando su pluma alaba justamente que nadie le suponga adulador. Franco es genial como militar e inteligentísimo como político. Sus dotes de mando justifican la frase profética que pronunciara el mariscal Liautey hace unos años: “Los dos primeros soldados de Europa son Franco y Graziani”. Enérgico, pero no impetuoso, de una energía fría, metódica y calculadora; la ponderación de nuestro Caudillo nos ha evitado una catástrofe en la guerra, nos conduce con paso firme y seguro a la Victoria y ha sabido aprovechar las mejores coyunturas para asegurarnos un orden y una normalidad de vida verdaderamente milagrosos en nuestra retaguardia tan calumniada. Sus virtudes son las cardinales.
Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza. Y para bien de España, no le harán salir de su prudencia los impetuosos, de la Justicia los crueles, de su fortaleza los impunistas, ni de su templanza los que pretenden ser más franquistas que Franco. Hablando con él a veces parece un hombre tímido en el trato social. Y una cierta impresión de frialdad que en algunos momentos producen sus palabras se desvanece pronto en el interlocutor cuando al hablar, por ejemplo, del heroísmo de nuestros soldados la emoción le sube desde el corazón a los ojos que le brillan entonces de manera inusitada”
