Después de la batalla del Ebro, la única perspectiva militar de los rojos en Cataluña residía en oponer una heroica resistencia a la gran acometida que se aguardaba. Cataluña al iniciarse la ofensiva de los nacionales, estaba agotada en todos los órdenes y, principalmente, en lo político. La moral bélica estaba por los suelos. El pueblo, que había sufrido lo indecible, ya se encontraba harto de los desmanes cometidos por los milicianos, por las sangrientas rencillas internas (los hechos de mayo de 1937), las checas, los ‘paseos’, el hambre, los asesinatos, las requisas, la persecución de sacerdotes y monjas, la falta absoluta de culto religioso, los incendios de iglesias y conventos, los robos y saqueos, los sacrilegios, los bombardeos por mar y aire con absoluta carencia de medios adecuados para contrarrestar estos ataques de los nacionales, etc. etc.
El Caudillo desarrolla una ofensiva con precisión matemática. Su Ejército cuenta con suficiente material de guerra y unos soldados veteranos y disciplinados, que se traduce en un avance espectacular, casi un paseo militar. La ofensiva se inició el 23 de diciembre de 1938.
Los generales Muñoz Grandes, García Valiño, Moscardó, Solchaga, Yagüe y Gámbara, al frente de sus respectivos cuerpos de ejército, se lanzaron a la que bien puede considerare como última operación importante de la contienda.
No se da descanso a las fuerzas, que progresan ininterrumpidamente con escalonados relevos a vanguardia. La preparación artillera y aérea aplasta la línea de contacto de los frentepopulistas en las cabezas de puente de Tremp, Balaguer y Serós. La acometida se lanza desde la cuenca del Segre. La llanura de Urgel, con eje de marcha que apunta a Artesa de Segre y a Igualada, como objetivos iniciales, permite envolver, por el Norte, el sector pirenaico y por el Sur las guarniciones de la margen izquierda del bajo Ebro, y amenazar ya a Tarragona.
Un mes y tres días después de comenzada la ofensiva, Barcelona caía en poder de los nacionales. El 26 de enero de 1939, las tropas de Franco iniciaban la ocupación de la Ciudad Condal, sin apenas resistencia, ya que el Gobierno republicano, con su presidente Manuel Azaña Díaz al frente, había huido secreta y cobardemente con dirección a Francia, haciendo una breve escala en Figueras (Gerona), así como los jerifaltes políticos, los militares, los soldados y los responsables de los crímenes cometidos durante la terrible represión que habían ejercido sobre los ciudadanos de Barcelona.
Dando muestras de una enorme alegría, los barceloneses salieron a las calles para abrazar a las fuerzas que les habían librado del yugo marxista, presenciado con alivio y gozo el desfile por la Diagonal, Paseo de Gracia, Rambla de Cataluña y las Ramblas de los soldados nacionales, enarbolando banderas rojigualdas, acabadas de confeccionar en los hogares de los ciudadanos de la capital catalana. Como dato curioso cabe señalar, que durante los desfiles y festividades organizados por los rojos durante la guerra, las autoridades obligaban a poner colgaduras. Muchísimos barceloneses, para no colocar la bandera tricolor republicana, colgaban en los balcones la bandera catalana (senyera), que sirvió, a la entrada de los nacionales, para de una enseña catalana, hacer dos españolas…
Barcelona, hambrienta y desolada, se engalanó para recibir con vítores y aplausos a sus liberadores. Al día siguiente, en la Plaza de Cataluña, con asistencia multitudinaria, se celebró una misa de campaña que presidió el general Yagüe.
Resumen
Cataluña. Iniciativa nacional
Finalidad: Eliminar el frente catalán venciendo aisladamente al Ejército que guarnece la zona
Objetivo: Conquistar la ciudad de Barcelona y rescatar la industria de Cataluña.
Características: Una zona de ataque de 200 kilómetros de frente.
Duración: Del 23 de diciembre de 1938 al 10 de febrero de 1939 (50 días).
Resultados: La liberación de Cataluña y la desmoralización de la España roja donde cunde el deseo de pedir la paz.
