El texto que presentamos recoge un testimonio relacionado con el Consejo de Ministros celebrado el 27 de diciembre de 1973, convocado para informar al Jefe del Estado sobre la conveniencia de conceder o denegar el indulto a siete personas condenadas a muerte.
El relato describe el ambiente de máxima tensión política de aquel momento y, especialmente, la actitud atribuida a Franco durante la reunión. Según el testimonio, escuchó a los ministros uno por uno antes de expresar su propia posición y recibió con alivio la decisión unánime favorable al indulto.
El texto aborda también otros episodios relacionados con las penas de muerte y sostiene que, cuando no se concedió un indulto total, ello estuvo relacionado con la falta de unanimidad dentro de las instituciones del Estado. Más allá de la interpretación del autor, el documento ofrece un testimonio concreto sobre la manera en que se presenta la actuación de Franco ante estas decisiones.
«Otro dato que podría recordar, para comprender sus valores humanos, fue su actitud en relación con los condenados en el famoso consejo de guerra de Burgos. Dentro de la máxima tensión interna e internacional, el Consejo de Ministros se convocó en la tarde del 27 de diciembre de 1973, para informar al Jefe del Estado sobre la conveniencia de otorgar o denegar el indulto a los siete condenados a muerte. Yo recuerdo que la noche anterior apenas sí pude dormir. Había siete vidas en juego y una situación política enrarecida como pocas veces. Sentados a la mesa del Consejo, Franco, con una serenidad y conocimiento del proceso impresionantes, hizo leer diversos particulares de la causa, citando aspectos y hasta folios concretos, y luego pidió la opinión de los ministros. Uno a uno fuimos dándola. Cuando terminamos de hablar y como la opinión fuera unánime en favor del indulto, recuerdo que dijo con gran alivio y con evidente emoción: Muchas gracias, me han quitado ustedes un gran peso de encima. Y concedió el indulto. Estoy casi seguro de que si nuestro consejo hubiera sido contrario, el indulto no se hubiera dado, porque, seguramente, él hubiera considerado que era un deber. Pero en el fondo de su corazón lo deseaba y por ello respiró aliviado cuando se lo aconsejamos. Es de tener en cuenta que pidió a todos que habláramos en conciencia; y no dijo nada que prejuzgase su intención o criterio. Franco habló el último, después de oírnos a todos, con las palabras que ya he comentado».
Si en otras ocasiones no dio el indulto total, sino parcial es porque en las Instituciones del Estado no hubo esa unanimidad. Pero consta por muchos testimonios que le costó a Franco un inmenso dolor, como le costó al comienzo de la guerra con la firma de la pena de muerte de un primo suyo.
Los que más habían clamado contra la «dictadura» de Franco querían, exigían, que Franco actuase ahora «dictatorialmente» por encima de las Instituciones del Estado del que él era el Jefe. Pero él no tenía conciencia de dictador, como se ha mostrado ampliamente. Era el Jefe de un Estado de Derecho donde funcionan correctamente las instituciones legales. Respetaba el Derecho. Lo consideró como un cumplimiento de su deber, no obstante previendo lo que le sobrevendría y considerando que le era más fácil y cómodo lo contrario. Esto es así, aunque nos duela mucho. Estrújado por el sacrificio, Franco exhaló el perfume de una virtud eminentemente heroica, ejemplo y admiración para toda persona de buena voluntad, que actúa sin perjuicio, con criterio sereno y con gran conocimiento de los hechos.
El mismo Papa Paulo VI, que ha sido un Pontífice extraordinario, lo comprendió más tarde y envió a Franco en su última enfermedad un telegrama confortador. Franco lo agradeció fervorosamente y así lo expresó en su respuesta, con grandeza de ánimo, como hijo fidelísimo de la Iglesia.
Así fue el Jefe de Estado que tuvo España durante cerca de cuarenta años, en los que recibió a más de veinte Jefes de Estado y al que presentaron credenciales unos 600 embajadores. Su obra está consignada en minuciosa estadística y jamás podrá ser borrada. Algunos ahora le quitan las calles que le dedicaron y retiran sus monumentos, pero en realidad todas las calles de España son pocas para recordar y agradecer su magnífica actuación en servicio de nuestra Patria.
