INTRODUCCIÓN
La aplicación de las leyes de memoria histórica y, más recientemente, de la Ley de Memoria Democrática ha reabierto en numerosos lugares de España debates sobre el pasado, el patrimonio y la interpretación de la historia. La provincia de Albacete constituye un ejemplo particularmente significativo de este proceso.
Desde la retirada de distinciones honoríficas a Francisco Franco hasta la eliminación de símbolos y monumentos asociados al régimen franquista, el territorio albaceteño ha vivido diversas polémicas en torno a la presencia pública de determinados recuerdos históricos. Entre ellas destaca especialmente la destrucción del monumento dedicado a la División Azul en la capital, así como las controversias generadas en distintos municipios por la permanencia o retirada de cruces, placas o nombres de calles.
Este artículo repasa algunos de los episodios más representativos de ese proceso, analizando el contexto político en el que se produjeron y las implicaciones culturales, históricas y patrimoniales que han acompañado a la aplicación de las políticas de memoria en Albacete.
En abril de 1946 el Jefe del Estado, Francisco Franco, dentro de una de sus habituales giras políticas, llegaba a Albacete desde Murcia. Allí recibiría la Medalla de Oro de la ciudad. Retornó en junio de 1953. Era de sobra conocido que también acudía con cierta frecuencia a cazar en la finca de Mateo Sánchez Rovira, el Orán, tal y como los españoles pudieron verlo en el NODO, entonces de exhibición obligatoria en los cines. No solo por eso cabría hablar de la presencia de Franco en la provincia, sino también por la creación, en los años sesenta, de cuatro pueblos de colonización: Entidad Local Menor de Aguas Nuevas (situada en Los Llanos); Mingogil, Nava de Campaña y Cañada de Agra en tierras de Hellín. Fueron destinados a colonos a los que se daban casas y tierras de regadío. En la zona de Hellín, nacían a resultas del Plan General de Colonización a partir de la creación de los pantanos del Cenajo y Camarillas. En septiembre de 2008, tras una propuesta de Izquierda Unida, el Ayuntamiento de la capital retiraba, con la abstención del PP, la Medalla de Oro al Generalísimo. Habían pasado 63 años desde su concesión y 23 desde la muerte de Franco.
Como en otros lugares, tal y como se pone de manifiesto en las páginas de esta obra, la retirada/persecución de los hoy denominados «vestigios franquistas» en la provincia, siguió un camino similar. A partir de las primeras elecciones municipales en los municipios donde ganó la izquierda se procedió al cambio de nombre de numerosas calles y plazas; las corporaciones gobernadas por la derecha, en muchos casos continuistas en las personas con los últimos alcaldes y concejales del régimen de Franco, se mantuvieron. Los monumentos, especialmente los que respondían a la tipología de Cruz de los Caídos, a veces un monolito, iniciaron un camino que les llevaría a la resignificación o el traslado en un primer momento y, en algún caso, a la destrucción. Las denuncias de la izquierda se sucedieron con escaso éxito hasta el año 2007, al aprobarse la denominada Ley de Memoria Histórica (LMH). Tampoco esta consiguió una aplicación generalizada, pues no pocas corporaciones se negaban a informar o a retirar todo aquello que era señalado por los «lobbies de la memoria». La última fase, hasta hoy, es la que arranca con la publicación de la Ley de Memoria Democrática y la decisión gubernativa de la izquierda de proceder a utilizar la coerción, con amenaza de privar de recursos públicos a municipios o a particulares que los mantuvieran, con comunicaciones oficiales incluidas.
En este sentido, en 2019, se publicaba que Castilla La Mancha era la comunidad con más apercibimientos por mantener «simbología franquista», señalándose un mínimo de 125 vestigios en una primera aproximación y no contando con toda la información, ya que este tipo de denuncias se basaban en la «caza» realizada por el «lobby de la memoria», o de revisiones desde arriba realizadas a partir de lo que aparece en fuentes como el censo electoral. Entre los pueblos señalados se encontraban en: Casas de Lázaro, Elche de la Sierra, Munuera, Yeste, Villaverde de Cuadalimar, Golosalvo, Chinchilla de Montearagón, Balsa de Ves. Estos recibieron las oportunas conminatorias comunicaciones. Pero a ellos se añadía la presencia de vestigios en Villarrobledo, La Roda, Albacete, Corral-Rubio… Todo ello antes de que empezara la persecución/proscripción de las placas de los edificios del Instituto Nacional de la Vivienda (INV).
Un monumento único
No fue necesario esperar hasta la aparición de la LMH para proceder a la destrucción de un monumento de indudable valor artístico pero sobre todo histórico, dañando gravemente el patrimonio histórico-cultural de Albacete y de España.
Sin que se pueda precisar el origen exacto de la idea de levantar un monumento importante a la División Azul y sus caídos, en Albacete, debemos ponerla en relación con el peso social de no pocos de los antiguos combatientes de la División Azul. Entre ellos Luis Martínez de la Ossa, alcalde de la ciudad entre 1950 y 1957. También con la decisión de formalizar la creación de la Hermandad de la División Azul en la ciudad, que se concretaría en una primera reunión celebrada el 15 de junio de 1959, siendo ya alcalde el arquitecto y divisionario Carlos Belmonte González. Este sería también el autor del monumento. Una construcción que a la larga se convertiría en el único monumento de entidad dedicado en España a los divisionarios. Otros dos proyectos, uno que debía situarse en Madrid (un monumento nacional que estaba en proyecto en 1964) y otro en Murcia (a mediados de los cincuenta), cayeron en el olvido.
Carlos Belmonte González había sido voluntario en la División Española de Voluntarios (afiliado a FET de las JONS sirvió la 3ª Batería del 250/Artillería), fundador de la Hermandad de la División Azul, continuando en ella tras la muerte de Franco, renovando su afiliación cuando la organización se acomodó a la nueva legislación en junio de 1978 con el número 14. Entre sus muchas obras como arquitecto destacan: la Iglesia de San Francisco de Asís, el Colegio de Farmacéuticos, la Iglesia del Buen Pastor y el Monumento a la División Azul. Hombre de gran prestigio en la ciudad, fue el impulsor y diseñador del estadio de fútbol que lleva su nombre durante el tiempo en que fue alcalde entre 1956 y 1960 (hasta entonces del Albacete FC jugaba en el bautizado como Estadio de los Mártires).
El monumento a los divisionarios fue realizado en piedra. Consistía en una torre de notable altura flanqueada en sus lados, a mucha menor altura, por dos muros abiertos de formas rectilíneas rematados por una cornisa y cubierta plana. Una estructura de formas clásicas que enlazaba conceptualmente con la tipología de puerta/arco de la victoria y con reminiscencias egipcias. En el frontal de la torre se adosaba una Cruz orlada en su parte baja con una rama que ascendía en forma curva. Sobre la Cruz se situaba el escudo de la División Azul rematado por un relieve de medio casco del inconfundible tipo usado por los voluntarios; escudo rodeado por una corona de laurel. Bajo la Cruz dos salientes permitían situar las coronas de homenaje y un saliente a modo de banco alzado permitía realizar ceremonias religiosas o depositar flores.
Desde los primeros momentos el espacio se convirtió en el sitio de conmemoración del recuerdo de los divisionarios en las fechas del 12 de octubre, siendo durante décadas un acto habitual que se mantuvo hasta la destrucción del mismo.
No es de menos referir las circunstancias y el proceso que condujeron a su destrucción. No era fácil derribarlo, pero el cálculo político en los años ochenta iba soplando progresivamente a favor de su proscripción.
Fue en 1987, a través de un subterfugio-excusa, como se hacía en no pocos lugares en España, cuando comenzó la ofensiva que, en los años siguientes, llevaría a su destrucción. En buena lógica política era natural que el monumento estuviera en el punto de mira del PSOE e IU. Lógico que IU, ejercicio de transformismo del Partido Comunista, quisiera borrar de la memoria física en el espacio urbano un monumento que, al fin y al cabo, estaba destinado a honrar a los que fueron a combatir al comunismo en la propia URSS. De momento, se tuvieron que conformar con el cambio de denominación de la plaza en que se encontraba; así pasaría de ser de la División Azul a ser la de la Constitución, como también desapareció el Paseo de los Mártires. La excusa sería la remodelación del lugar y la propuesta de la Comisión de Tráfico en diciembre de 1987 para hacerlo «apolíticamente». Era alcalde el socialista José Jerez Colino, que lo fue en función de ser la lista más votada, pero sin mayoría absoluta. Sometida la propuesta a pleno el PP se opuso y el CDS se manifestó a favor de su traslado al cementerio. Sin acuerdo se estimó más conveniente aguardar.
No es posible desestimar que en la decisión final de promover la destrucción del monumento estuviera el eco de la reunión de la Asamblea Nacional de Hermandades de la División Azul que tuvo lugar en Albacete entre el 12 y el 13 de octubre de 1985, que contó con la Santa Misa por los divisionarios caídos o fallecidos y la ofrenda de una corona de Laurel en el monumento a la División Azul. La repercusión de la convocatoria fue amplia. Así el diario Crónica, en portada y con una foto del monumento, titulaba «Divisionarios de toda España “tomaron Albacete”». En total medio millar con presencia del ex Capitán General de Canarias Jesús González del Hierro. En la misma línea, se recogió en La Tribuna con foto en portada del recorrido de los asistentes, precedidos por la corona de laurel portada por jóvenes, hasta el monumento.
Una nueva remodelación de las calles en la zona volvió a permitir a la Comisión de Urbanismo plantear, en agosto de 1992, la retirada del monumento. Ocupaba el sillón municipal la socialista Carmen Belmonte Useros, sobrina del alcalde franquista y divisionario Carlos Belmonte, impulsor y arquitecto del monumento. Otro de sus tíos, José, también había formado en la División Azul. Izquierda Unida pedía desmontar el monumento, el PP se oponía y el PSOE, ante la polémica, estimó oportuno darse un plazo para encontrar una salida para eliminar el monumento.
La Hermandad de la División Azul era consciente de que el monumento estaba en peligro. Ello no fue óbice para que se continuara realizando el tradicional acto del 12 de octubre, aniversario de la entrada en fuego de la unidad, en el que tras una misa, se depositaba una corona de laurel en el monumento en recuerdo a los caídos. En 1990 los excombatientes depositaron dos coronas: una por los caídos de la unidad y otra por los soldados contra los que combatieron. Con estas palabras rindieron homenaje a sus antiguos enemigos:
«Superadas las circunstancias históricas que han vivido los pueblos de Europa en estos últimos cuarenta años, los que combatimos en la División Azul queremos rendir hoy un emocionado recuerdo del soldado ruso que supo morir noblemente en los campos de batalla del Volchov y Leningrado, mezclando su sangre con la de nuestros caídos. Pedimos a Dios que la paz perdure siempre entre nuestros pueblos»
El acto aún continuaba teniendo repercusión mediática, tanto en su convocatoria como en la crónica del mismo. Así, por ejemplo, en 1992 la prensa local con tres columnas y fotografías anunciaba el tradicional acto. Es evidente que esta conmemoración molestaban a la izquierda que dominaba la corporación muncipal y a la propia alcaldesa por su vinculación familiar a aquellos hombres de los que su paso por la historia daba fe pública el monumento.
El encargado de acabar con el monumento fue el nuevo concejal de urbanismo Joaquín López Ros, pero el gobierno municipal tuvo que esperar a 1994 para poder llevar a la práctica su decisión. Reiteremos, probablemente era a la alcaldesa socialista a la que más molestara la permanencia del monumento en un espacio central de la ciudad, al recordarle su políticamente incomoda vinculación familiar con la División Azul. Sin ninguna intención de cumplir con el anuncio se comunicó que el monumento sería desmontado cuidadosamente para poder ser emplazado en otro lugar, como pudiera ser el cementerio, en tanto, las piedras, se guardaría en los almacenes municipales. Ante las preguntas sobre si sería trasladado al cementerio, lo que a no pocos parecía lógico dado su significado, el Ayuntamiento guardó silencio y evitó pronunciarse, lo que revelaba su propósito real. Aunque según se publicó en la prensa «el compromiso de la alcaldesa, Carmina Belmonte, con los excombatientes, era su reconstrucción en otra zona de la ciudad». Pero esta no se llegó a materializar y años más tarde la propia alcaldesa, sin darse cuenta, reconocería que dio por roto cualquier acuerdo cuando los divisionarios llevaron el caso al Tribunal Superior de Justicia y posteriormente al Tribunal Supremo.
El argumentario de Izquierda Unida para justificar la retirada, conforme con su discurso habitual, se basaba en verdades a medias y falacias interpretativas que alteraban la realidad histórica. Así, el portavoz comunista José María López Ariza manifestó que era un «monumento feo y molesto para lo que se quería hacer… teniendo un mínimo de rigor histórico no conviene olvidar que la División Azul fue una sección del Ejército nazi que invadió la URSS provocando la consumación de un genocidio… también hay personas que estuvieron en los campos de concentración nazi y cada vez que pasan por delante del monolito se les revuelven las vísceras». Un argumento con respecto a la División Azul que no era novedoso y que sería reiterado por las izquierda y por el «lobby de la memoria».
Entre el anuncio y el inicio de la destrucción, incluyendo el recurso presentado por la Hermandad de la División Azul para paralizar las obras, lógicamente rechazado, la polémica saltó a la calle y a los medios. No pocos comentaristas y personas se manifestaron en la prensa a favor de mantener el monumento, incluyendo divisionarios o familiares de divisionarios. Así, por ejemplo, se manifestaba en la prensa el divisionario Remigio Martínez Espinosa:
«El concejal comunista y compañeros que controlan nuestro municipio se han salido con la suya. Ignoro si conocerán lo que fue el comunismo en la URSS, bajo el terror estalinista y sus sucesores, al que combatió con poco éxito inmediato la División Española de Voluntarios, popularmente llamada División Azul. De lo que fue aquel comunismo en versión española, supongo que tendrán noticia.
En el viejo continente ya no existen o por lo menos no se jactan de ello comunistas que añoren el imperialismo soviético, que sojuzgó durante setenta años a la Santa Rusia, y durante cuatro décadas a media Europa, pero España es diferente y concretamente, en nuestro querido Albacete todavía pueden levantar su voz (gracias al apoyo de muchos de nuestros paisanos) y condenar a los que fuimos a luchar contra él.
La Europa cristiana desde los Urales hasta los Pirineos ha borrado de su faz el terror marxista/comunista, y a sus nostálgicos partidarios los tiene marginados, pero en nuestra patria la cosa va más despacio. Todavía tienen poder para ganar una pequeña batalla derribando el monumento que daba testimonio y era permanente recuerdo de los albacetenses que se enfrentaron, cara a cara, contra lo que ellos representan. Lo podrán destruir, pero no doblegar el espíritu de aquellos combatientes, de sus hijos y familiares.
Los que somos ya viejos recordamos cómo los antecesores de los que hoy han ordenado su destrucción derribaron y quemaban símbolos de nuestra fe y amores que anidaban en el corazón de los hijos de Albacete (“Dios te puso en los ojos la mirada sencilla y en el pecho el amor…”), pero de aquellas cenizas surgió milagrosamente la vida, y los vientos vibraron “con la luz y la flor”.
Ya no son tiempos de actitudes agresivas. Aceptemos hoy los hechos, y como cristianos perdonemos la ofensa, aunque sea difícil de olvidar. Pero por favor no mezclemos los campos de exterminio nazi con la División Española de Voluntarios. El asesinato de García Lorca, no tiene nada que ver con los defensores del Cuartel de Simancas en Gijón; ni los bravos combatientes que dirigía Tagüeña, en la batalla del Ebro, con el sacrifico del Obispo de Teruel, padre Polanco y el genocidio de Paracuellos del Jarama. Cuando se hace historia, o se pretende hacer, hay que ser riguroso y alejarse de las generalidades y simplificaciones. Hay que analizar detalle a detalle.
En el Monumento teníamos puesto nuestro corazón. También él nos decía que aquel comunismo contra el que nosotros luchamos quizá no es el mismo que el que hoy puedan pretender utópicamente algunos de nuestros paisanos.
Quién hubiera podido imaginar hace cuarenta y dos años que su destrucción se realizaría cuando la vara de la alcaldía está en manos de un familiar que lo diseñó y que también la tuvo en sus manos durante años. Esperamos que el concejal que ha liderado esta campaña para su derribo no le proponga a nuestra regidora municipal que desmantele también el estadio municipal que lleva su nombre, pues según él todos los que luchamos en la División de voluntarios provocamos el genocidio y hay que borrar todo lo que a ellos haga referencia. La injuria es siempre el argumento de que se vale el que no tiene razón.
Si el Monumento, que era bien de dominio público, protegido por el ordenamiento jurídico en vigor, es el precio que tenemos que pagar por el derrumbamiento del comunismo en Europa, bendito sea Dios.
El concejal comunista y sus compañeros de viaje que han conseguido la victoria ya estarán satisfechos. Nosotros, los anticomunistas que luchamos en Rusia contra el terror soviético estamos tristes. Tristes también por la indiferencia de muchos de nuestros conciudadanos que lo mismo aplauden que vuelven la espalda. Si mañana hay un cambio político, el municipio que hoy nos ha denostado en sus intervenciones en el Concejo, y al que muchos aplauden, puede que tenga que beber la hiel de la soledad. Nuestra sociedad es así.
Ya, gracias a Dios, se está olvidando lo de las dos Españas (…una de ellas te hará llorar…), pero todavía quedan personas, afortunadamente pocas, en las que guardan en un pequeño rincón de su ser el odio y el rencor.
No se mueve una hoja de árbol sin la voluntad del Señor. Nosotros seguiremos pidiéndole en nuestras oraciones dominicales que los que nos gobiernan procuren robustecer la concordia y la justicia, y que piensen que en una sana política hay que armonizar el poder con lo posible y oportuno. Este es, a mi juicio, uno de tantos caminos que hay para llegar a la plena reconciliación».
El 12 de octubre de 1994 la Hermandad de la División Azul convocó, con el pensamiento puesto en que el derribo era inminente, el último homenaje a los caídos y fallecidos en el monumento tras la misa anual («ahora más que nunca porque corren tiempos en que nos estamos jugando el Monumento»). El 28 de noviembre de 1994 los operarios iniciaron su demolición. El presupuesto del derribo ascendía a 3.200.000 pesetas, los obreros actuaron bajo escolta de la policía local. No se realizó la demolición sin otro tipo de «escándalo», ya que inicialmente se adjudicó la obra a una empresa con un presupuesto más alto; alegando cuestiones burocráticas se modificó para adjudicarlo a otra de presupuesto más bajo (Gómez y Moraga S.A.), para evitar las sospechas que ya corrían por los mentideros. Con la destrucción en marcha, Domingo Rodríguez Romera, presidente de la Hermandad de la División Azul de Albacete, tras agradecer las numerosas cartas publicadas en los medios a favor de mantener el monumento, manifestó:
«No podemos admitir tal acción en su nombre y en base a una mayor funcionalidad vial, o a unas necesidades de tráfico urbano, sin utilizar simultáneamente la fórmula de ubicar al Monumento en otra zona alternativa de la ciudad, por alejada o poco representativa que fuera, con cualquiera nos hubiéramos sentido desagraviados, incluido el autor del monumento D. Carlos Belmonte González, a la sazón voluntario también en la División Azul. Mas no ha podido ser así. Entendemos, por tanto, que la voluntad de la corporación socialista es intentar borrar la historia (en esta ocasión mediante el pico y la almaina) un capítulo más. Si conmemoran, empero, otras hazañas cercanas en el tiempo, que consideran más relevantes, por ejemplo, las protagonizadas por las Brigadas, sus Brigadas Internacionales, que sí cuentan con sus respectivos monumentos en pie, a los cuales, ampliamente, acuden a honrar a sus muertos, circunstancia que cito de modo no peyorativo y, por supuesto, con respeto.
No es este, creemos, el camino hacia el entendimiento, la concordia y la tolerancia. Pero, si con ello, se da fin a sentimientos de rivalidad histórica, de revanchismo más bien, valga el sacrificio de lo que -para algunos- no era más que un montón de piedras y cemento».
En 1995, los divisionarios y sus familiares tuvieron que limitar los actos a la tradicional Misa. En su comunicado de convocatoria, enviado a los socios, se podía leer:
«Este último año ha sido para nuestra Hermandad funestísimo, pues la gentuza que nos gobierna, cumplieron sus deseos que han estado persiguiendo, conseguir el derribo de nuestro querido monumento, único en el mundo, que se erigió en Albacete.
La chusma de gentuza que nos gobierna, ha conseguido hacerlo polvo y con ello han eliminado el único testimonio que existía en España, alusivo a la gesta de un puñado de patriotas en la estepa rusa.
No hemos podido responder como era debido. Se han agotado con la Ley, todos los recursos habidos y por haber. Nuestro abogado hizo cuantos recursos existían dentro de la legalidad en vigor. Hasta la fecha el recurso presentado en la Audiencia no ha sido contestado».
En mayo de 1995, tras anunciar Carmina Belmonte que no se presentaba a la reelección, las elecciones dieron la alcaldía a Juan Garrido Pérez del Partido Popular, quien pese a contar con mayoría (15 sobre 27) no se planteó en ningún momento recuperar el monumento o instalarlo en el cementerio. Estando en la oposición, Juan Garrido, en 1994, denunció que no se estaba procediendo a desmontar el monumento sino a destruirlo: «más que desmontar parece que lo están demoliendo, ya que los trabajos se están llevando a cabo sin el exigible cuidado, produciéndose daños de consideración en las piezas que lo conforman… esta actuación no es más que la muestra de la intolerancia de la izquierda que quiere hacer desaparecer todo lo que no les gusta». Los socios de la Hermandad esperaban que el nuevo alcalde recuperara el monumento, incluso, cuando en 1994 se plantó la posibilidad del traslado ya habían estimado que podría instalarse en el parque lineal, en la Avenida de la Estación, en el parque de Santo Ángel, en el Campus universitario, en la Avenida de la Mancha o en la zona de las conocidas como casas baratas como alternativa al cementerio. En 1996, la Hermandad en sus actos de octubre, acudió al lugar donde había estado situado el monumento a hacer su homenaje.
Lo que hizo el nuevo Ayuntamiento fue anunciar que se iba a erigir un monumento a las Brigadas Internacionales que tuvieron en la ciudad su Cuartel General, cuya sede fue instalada en la Iglesia de la Purísima Concepción y la jefatura de las mismas en el convento de las dominicas. Ello llevó a los divisionarios, en octubre de 1996, a enviar al alcalde del PP un duro escrito solicitando una reunión. Extractemos el documento:
«Primero. A través de la prensa el que suscribe y la asociación que represento, hemos tenido noticia de que se va a erigir, con cargo al erario público, un monumento a las denominadas Brigadas Internacionales, unidad formada al amparo de la Rusia estalinista, que como todos sabemos combatió en la Guerra Civil Española junto al bando republicano, matando a muchos de nuestros compatriotas durante aquella contienda, por haber tenido aquí situados varios de sus cuarteles, y por haber desarrollado su labor “democrática” con cientos de paisanos nuestros, como bien puede aseverar la historia y el testimonio personal de muchas personas vivas, que fueron testigos de aquellos terribles momentos.
Segundo. Por otra parte, hasta el momento, y por el contrario, no hemos tenido noticia del destino que se ha dado al monumento a la División Azul, unidad voluntaria que, como es sabido, fue a combatir a Rusia al comunismo estalinista, evitando con su intervención muy posiblemente la entrada de España en la Segunda Guerra Mundial, destacada por sus épicas hazañas militares y humanas, y de la cual, al igual que pasa con las Brigadas Internacionales, se gurda aún vivo recuerdo, por existir muchos albaceteños que participaron en dicha gesta, y otros muchos, que en lo mejor de su juventud, quedaron para siempre bajo la tierra helada de Rusia.
Tercero. Es evidente la afrenta sufrida por familiares y amigos de las víctimas de las Brigadas Internacionales, de un lado, y por los combatientes de la División Azul, por otro, que no han tenido ni voz ni voto en estos asuntos, en los que se ha impuesto el silencio más absoluto para ellos, que han tenido que aguantar, en aras de la “reconciliación” (¿?), que se tire un monumento, para levantar otro, sin más justificación, y sin dejar ni siquiera opinar al respecto (el caso del Concejal expulsado de su partido por tal causa es de sobra conocido por V.I., y por tanto no precisa comentario).
Por todo ello
SUPLICO A V.L.:
Primero. Se de inmediato cumplimiento al acuerdo de la anterior Corporación municipal que establecía que el monumento se desmontaba (no se demolía), para su posterior traslado a otro lugar de la ciudad, procediendo a instalarlo nuevamente en el mismo lugar que ocupaba, o en otro a convenir, adecuado a su significado y dignidad.
Segundo. Si, tal y como sospechamos, el monumento ha sido destruido, se identifique a los posibles responsables, por tratarse de un bien público, y por haberse incumplido maliciosamente lo acordado por la Corporación (desmontar, no demoler), iniciándose en su caso las acciones oportunas, incluso las de carácter penal si fuera procedente, con expresa solicitud además de mandar hacer en tal caso un monumento nuevo, de tamaño y características similares al anterior.
Tercero. Tenga por formulada nuestra más enérgica protesta por los actos de homenaje a las Brigadas Internacionales, con cargo al erario público, solicitando esta parte la retirada inmediata de todas las ayudas concedidas con cargo al Ayuntamiento de Albacete.
Cuarto. Se deniegue por parte de V.I. la autorización para instalar el referido monolito a las Brigadas Internacionales en el término municipal de Albacete, por considerarlo totalmente fuera de lugar, además de suponer un insulto al recuerdo de todos los españoles de bien que fueron asesinados por dichas Brigadas».
El alcalde popular estimó pertinente aceptar una reunión con los representantes de la Hermandad que estuvo llena de buenas palabras. Naturalmente el monumento a las Brigadas Internacionales se instaló en el campus de la Ciudad Universitaria, siendo inaugurado con la presencia del del presidente de la Comunidad, José Bono. La leyenda del monumento dice: «A los voluntarios de la libertad. Albacete. 1936-1996. El pueblo de Castilla-La Mancha». No hubo referencias en la inauguración a los cientos de brigadistas asesinados por el inspector general de aquellas, el comunista francés André Marty, conocido por ello como el «carnicero de Albacete», acusándolos, para justificar su eliminación, de espionaje, quintacolumnismo o cobardía. En 1989 se había creado en Albacete el Centro de Documentación de las Brigadas Internacionales vinculado al Instituto de Estudios Albacetenses. En 2019, en el cementerio, en la fosa común donde estaban enterrados decenas de brigadistas, se colocó una placa en su recuerdo.
En marzo de 1997, ante la falta de cualquier tipo de acción, los representantes de la Hermandad volvieron a remitir un escrito al alcalde popular, en los mismos términos, pidiendo la reconstrucción de su monumento de forma inmediata: «pues la dilación que se está produciendo es injustificada, y supone una ofensa a la memoria de los héroes que dejaron su sangre en Rusia por el bien de España, además de un agravio comparativo atroz con referencia a otros combatientes extranjeros, que no voy a citar por no estar en mi ánimo compararlos con la gloriosa División Azul, y que sí tienen un monumento en nuestra ciudad».
A la altura de 1997, políticamente, era mucho pedir a un alcalde del Partido Popular, aunque, como señalamos, cuando estaba en la oposición, se preocupara por el daño que se estaba produciendo al demoler el monumento y pareciera favorable a su recolocación. Finalmente, en el lugar donde estaba el monumento en la plaza en 2011 se levantaría una escultura dedicada a Isabel de Portugal como señora de Albacete entre 1503 y 1539.
Andando el tiempo la retirada del monumento volvería a la actualidad, especialmente cuando quien esto escribe publicó que José Luis Escrivá Belmonte, entonces Ministro y hoy Gobernador del Banco de España, era hijo y sobrino de divisionario. Que su tío era Carlos Belmonte y su prima Carmina Belmonte. Ambos fueron fundadores de la Hermandad de la División Azul de Albacete y activos miembros de la misma hasta su fallecimiento. Así consta en la ficha de Joaquín Escrivá Reig de la Hermandad (afiliado a FET y voluntario en la artillería divisionaria). Naturalmente Carmina Belmonte fue buscada por la prensa explicando al digital El Español que: «en realidad el monumento no se quitó por una cuestión política. Estaba muy deteriorado y fue necesario retirarlo, en principio, de manera temporal. Tuve varias reuniones con ellos, y se le ofreció a la Hermandad ponerlo en otro sitio pero ninguno les gustó. Entretanto, decidieron denunciar y, como perdieron el juicio, se quedaron sin monumento»; naturalmente tuvo que reconstruir la historia para apagar, nuevamente, el eco político familiar: «Muchos se fueron por miedo y con falta de información. Dudo que la mayoría supieran dónde iban o a qué iban» (lo que no reza para sus familiares). No cabe mayor falsificación de la realidad, aunque Carmen Belmonte no explicara nunca cuál fue la reacción de algunos familiares suyas que nunca le perdonaron, y dejaron constancia, la destrucción del monumento. Aunque no volvió a ser candidata a la alcaldía permaneció siendo la Secretaria General del PSOE en Albacete hasta el año 2002.
La polémica en Villarrobledo
Los gobiernos socialistas que llegaron al Ayuntamiento de Villarrobledo en los años 80 eliminaron del callejero los nombres más significativos hoy considerados como «vestigios del franquismo». Como en otros pueblos de la provincia se mantuvieron nombres locales sin mayor debate. Lo que no fue óbice para que hasta 2018, en la pedanía de Casas de Peña, se mantuviera la Avenida del Generalísimo, siendo renombrada como Avenida de los Pastores, aunque se conservó, convenientemente resignificado, un monumento a los caídos.
En Villarrobledo existía y existe un importante monumento dedicado a los caídos que se mantuvo sin mayores presiones hasta el año 2018. De hecho, en la ciudad conviven los levantados para recordar a los ejecutados tras la guerra, la mayoría por sentencia de consejo de guerra, con los que recuerdan a los asesinados/ejecutados por los frentepopulistas.
Este monumento tiene una forma única dentro de la tipología de las Cruces y Monumentos a los Caídos. Fue levantado en una fecha relativamente tardía e inaugurado en 1947. Una basa de columna-pilar de grandes dimensiones reposa sobre un plinto-base. La basa deja paso a una construcción en forma de panteón de cuatro caras cubierto a dos aguas. En cada una de las caras se sitúan escudos y placas con el nombre de los caídos de la localidad. Desde el techo emerge una columna truncada, símbolo de las vidas rotas a las que está dedicado. En total son 136 los nombres que aparecen allí, la mayoría ejecutados o asesinados por el Frente Popular (incluye a cuatro caídos de la División Azul). La simbología que figura en los escudos es la habitual: el yugo y las flechas, la cruz de Borgoña, el escudo nacional de la época, el nombre de Primo de Rivera y la dedicatoria «Villarrobledo a sus mártires». Por su tipología única es un monumento de indudable valor histórico y cultural desde el punto de vista de la preservación del patrimonio.
El monumento se fue deteriorando por falta de atención municipal, pese a las peticiones de los familiares de las víctimas, en este caso del Frente Popular. A día de hoy, la erosión hace imposible leer parte de los nombres que continúan en relieve en las lápidas. En una de ellas, perfectamente conservada, podemos leer: «Jesús González Girón, Alfredo Portillo Romero, Eduardo Portillo Romero, José Vicente Portillo González, Augusto Sandoval de la Torre, Fernando Gastañaga Elorriaga, Francisco Gastañaga Elorriaga, Juan Gastañaga Elorriaga, Augusto Resino Parrilla, Abundio Clemente Iborra, Alfredo Pérez Matarredona, Joaquín Ortega Calero, Pedro Ortega Calero, Francisco Fernández Martínez, Lorenzo Castillo Ortega, Bartolomé Perea Solana, Camilo Perea Cambronero, José Cervera Domenech, Pedro Filoso Díaz, César Céspedes Rubio, Feliciano Céspedes Pandero, Feliciano Céspedes Rubio, Luciano Girón Moragón, Juan Manuel Torrente Torrente, Antonio Nueda Berruga, José Acacio Sandoval, Aureliano Romero Ortega, Alfonso Martínez Martínez, Juan González Alcañiz, José Garrido Navarro, José María Cañadas Calero, Agapito Lapaz Caballero, Cristóbal Pérez Melero, Horacio Rodríguez Pajares».
Repasemos la historia que aquel lugar preserva. En julio de 1936 triunfó en el pueblo la rebelión contra el gobierno del Frente Popular. Dominada la localidad, donde el Frente Popular tenía poco apoyo, don Pedro Acacio Sandoval, afiliado a Acción Popular y diputado en Cortes (en febrero de 1936 obtuvo 10.000 votos en la comarca, las izquierdas no llegaron a los 1.000), con numerosos izquierdistas presos, evitó cualquier linchamiento o saca. La rebelión en Albacete iba a resistir algunos días. Sobre Villarrobledo marchaba una fuerte columna de milicianos; falangistas y guardias civiles, junto con partidas de voluntarios, se aprestaron a defender la plaza, mientras otra fuerte columna, con fuerzas militares se dirigía a la capital para reconquistarla. Albacete fue bombardeada en diversas ocasiones por los republicanos a partir del día 22 de julio.
La situación crítica de la rebelión en la capital condujo a la orden de desplazar a los números de la Guardia Civil desde Villarrobledo. El 25 acababa la resistencia en la capital. Aunque algunas partidas falangistas trataron de hacer frente al avance frentepopulista sobre Villarrobledo era inútil. Las religiosas salieron de sus conventos, ante el temor de lo que pudiera pasar, para refugiarse en casas particulares. El alcalde, Francisco Barnuevo, intentó pactar una rendición y fue asesinado por los frentepopulistas en los bajos del Ayuntamiento. Los falangistas intentaron huir, resistiendo en Minaya; fueron cazados en gran parte. Los alcaldes de Socuéllamos y Alcázar de San Juan, que «mandaban» a los frentepopulistas, asumieron el control. El 26 dominaban la villa y asesinaban al estudiante falangista Enrique Carrascosa Navarro; a las puertas de la prisión eran asesinados el falangista Luciano Girón Marugán y Cristóbal Pérez Moreno. Víctimas de paseos cayeron Ramón Contreras López, Arturo Giménez Díaz y Alfonso Morcillo Esteso. No pocos habitantes catalogados como derechistas sufrirían palizas o torturas.
En la noche del 27 al 28 de julio se produjo la saca que condujo a la muerte a decenas personas, que se sumaban a los asesinados hasta esa fecha; los llevaron hasta el cementerio, los asesinaron y los arrojaron a una fosa común. Cuatro de ellos, sin embargo, al no ser rematados pudieron escapar con vida. Al mismo tiempo se asaltaban las iglesias destruyendo gran parte de su patrimonio artístico y cultual; los sacerdotes fueron buscados y detenidos. En la saca se seleccionaron a 27 personas, cuyos nombres figuran en el monumento a los caídos: Pedro Acacio Sandoval, Joaquín Acacio, Miguel Jiménez de Córdoba, Pedro Ortega Calero, Luis Sandoval, José Acacio, Baldomero Fernández Nieto, Jacinto Fernández Acacio, Alfredo Portillo Romero, Lorenzo Castillo Ortega, Antonio Nueda Berruga, Abundio Clemente Parra, Alfredo Pérez Matarredona, Antonio Garrido Buendía, Bartolomé Pérez Saldaña, Pedro Buendía García, Benito García Niefa, Francisco Fernández Martínez, Francisco Martínez Martínez, Joaquín Ortega Calero, José Vicente Portillo, Luis Lodares Portillo… En el cementerio, Pedro Acacio pidió ser ejecutado el primero para no asistir a la muerte de los demás, entre ellos sus familiares, lo que le valió ser asesinado el último. Su hijo, Joaquín, esperó a que las balas pasaran a la recámara escuchando el sonido de los cerrojos, se arrojó al suelo al sonar la descarga, aguardó entre los cadáveres antes de echar a correr; consiguieron detenerle. No hubo más sacas porque llegaron al pueblo unidades militares y los presos fueron remitidos a la cárcel situada en Ocaña.
En octubre de 1936, ante el avance nacional sobre Ocaña, se decidió la ejecución de todos los prisioneros. Entre ellos estaban los vecinos de Villarrobledo: Jesús Solana Morcillo, Manuel Moreno Lozano, Antonio Santos Trigueros, Juan Villena Parreño, José Ortiz Cerezo, Agapito Montejano Molero, Antoliano Santos Trigueros, Juan González Girón, Juan González Alcañiz, Francisco Gastañaga Elorriaga, Juan Gastañaga Elorriaga, Galo Jareño Pérez, Agapito Lapaz Caballero, Ángel Sevillano Clemente, José García Parra, Juan Antonio Moreno Parra, Mariano Montejano Calero, Juan Valero López de Haro, Cayo Rosillo García, Alfonso Martínez Martínez, Feliciano Céspedes Panadero, Feliciano Céspedes Rubio, César Céspedes Rubio, Aurelio Romero Ortega, Bernardo Díaz Solana, Antonio Luján Pastor, Francisco Izquierdo Navarro, Gordiano Ballesteros, Pedro Vargas Ponce, Juan Manuel Torres Torrente, Juan Mañas Goya, Juan Agudo Cabañero, Pedro José López Gil, Ángel-Bonifacio Sevillano Clemente, Roberto Domínguez Valero, José Garrido Navarro (coadjutor en Villarrobledo) y Juan López Gil (coadjutor en Villarrobledo). Joaquín Acacio hizo otra vez lo mismo, dejándose caer al sonar los disparos y emprender la fuga, detenido en las afueras fue asesinado allí mismo. Los demás fueron enterrados en una fosa común que aún se conserva en el cementerio de la localidad.
La lista no hará sino incrementarse. En Albacete son asesinados: Francisco Jiménez de Córdoba (antiguo presidente de la Diputación), Pascual Acacio Lodares, Sixto Colaldo Ballesteros y el falangista Antonio Mora Mira. Los vecinos del pueblo asesinados en no pocos lugares constituyen una larga lista que vamos a reproducir antes de que su memoria, grabada en piedra, desaparezca: José María Cañadas Calero, Pedro María Solana Cabañero, Victoriano López Ballesteros, Pedro Antonio Ballesteros Serrano, Juan López Martínez, Agustín García Maso, Antonio López del Cerro, Baldomero Lozano Pozuelo, Pedro Filoso Díaz, Bautista Contreras López, Manuel Contreras López, Joaquín Romero, Francisco Bonilla López, Pedro María Solana Cabañero, Mariano Ruiz Hernán, Antonio Moyano Rabadán, Agustín Sandoval de la Torre, Nicolás Garrucha Rodríguez, Nicolás Fernández Perucho, José Cervera Domenech, Pedro José Padilla, Emilio Pérez Enrique Maso, Jerónimo Núñez Cortés, Julián Rodríguez Caro, Mariano Ortega, Abundio Clemente Parra, Agapito Lapaz Caballero, Manuel Moreno Munuera, Juan Delgado Plazas, Antonio Santos de la Torre, Manuel Santos de la Torre, Carlos Jiménez Díaz, Julián Domínguez Parra, Victoriano Ballesteros Ballesteros.
Esos hechos son los que recordaba el monumento y que, por tanto, eran molestos. Es fácil apreciar los lazos familiares de no pocos de los asesinados. Muchas familias y muchos vecinos tenían a la altura del siglo XXI relación con los nombres que estaban en el monumento, lo que tenía indudables repercusiones políticas. Se convirtió, eso sí, en objetivo de la izquierda y del «lobby de la memoria».
En 2018 IU exigió al alcalde socialista su derribo a cambio de aprobar los presupuestos, el Partido Popular ofreció apoyar al alcalde si no destruía el monumento. Ante esta situación el PSOE local optó por sugerir que se retiraran los símbolos del mismo y mantenerlo. El acoso para la retirada contó con la oposición a la destrucción por parte de un movimiento vecinal asociativo. Por otra parte, su retirada, pues aún permanece, se enfrentaba a un problema de orden legal. En febrero de 1946, los descendientes de Joaquín Acacio, fusilado tres veces por los frentepopulistas, cedieron los terrenos que eran de su propiedad al Ayuntamiento para la realización del parque en que se sitúa, a cambio de que: «El Ayuntamiento donatario habrá de destinar la finca donada, precisamente, a Parque público con el nombre de Parque de Joaquín Acacio, en el que se erigirá un monumento a los Caídos en el Glorioso Alzamiento Nacional -monumento que ha sido erigido ya por aquella corporación, según asegura su Alcalde-Presidente-». Si el monumento fuera derribado el Ayuntamiento tendría que hacer frente a la devolución de los terrenos a sus propietarios. El parque continua llevando el nombre de Joaquín Acacio, fue inaugurado en 1945.
La preservación del monumento chocó con la denuncia ante los tribunales mediante el habitual recurso contencioso administrativo, presentado por el abogado del «lobby de la memoria Eduardo Ranz contra el Ayuntamiento. En 2016 ya lo había emprendido acciones similares por el mantenimiento de las calles Calvo Sotelo, Generalísimo y José Antonio en Casas de Peña.
Hasta ese momento el monumento era víctima del abandono. De hecho, los familiares de las víctimas del Frente Popular se habían ofrecido durante años a acometer su restauración, no consiguiendo el pertinente permiso municipal ni cuando gobernaba el Partido Popular. La solución final, o al menos de momento, fue la de proceder a retirar la simbología explícita que permanecía. Ante ello, uno de los portavoces de los familiares, al que habían asesinado a su abuelo y a su tío abuelo (Arturo y Carlos Giménez), explicaba: «Ahora, si hay que borrar el nombre de José Antonio Primo de Rivera, sea -aunque no nos gusta, la verdad-, pero a cambio de quitar todo lo que dicen que incumple la ley que nos dejen arreglarlo y que luzcan los nombres de nuestros familiares». En mayo de 2018, el pleno acordó retirar la simbología pero mantener el monumento y los nombres de los caídos. Izquierda Unida continuó abogando por su destrucción, ya que lo que se había hecho era a su juicio un lavado de cara para mantenerlo.
El «lobby de la memoria» a través de asociaciones pidió una vez más la retirada del monumento y la elaboración de un catálogo de «vestigios franquistas» en la localidad. En abril de 2021 el Juzgado de lo Contencioso Administrativo n.º 1 de Albacete daba la razón a los defensores del mantenimiento del monumento representados en la Asociación Española de Abogados Cristianos y al Ayuntamiento, frente a la habitual denuncia de Ranz Orosas.
Los Monumentos y Cruces de los Caídos
Sería imposible recoger aquí el destino de no pocas de las Cruces de los Caídos o monumentos a los mismos que se erigieron en la inmensa mayoría de los pueblos de Albacete. Muchas de ellas fueron resignificadas, trasladadas o, simplemente, desaparecieron antes de la llegada de las leyes de memoria. Traigamos aquí algunos ejemplos.
La capital contaba hasta fechas no muy lejanas, además del citado monumento a la División Azul, con dos monumentos a los caídos. El primero consistía en una Cruz situada sobre la placa con el nombre de José Antonio en un muro de la catedral; el segundo, el monumento a los caídos situado en el Parque de los Mártires.
El monumento se alzaba sobre una base rectangular con escalinata en dos tramos de tres escalones cada uno en cuyo centro se alza una base cúbica que en su primera mitad está limitada por un banco saliente, en cuyo frontal, a modo de altar para ofrendas sostenido por volutas aparece en el interior, grabado en piedra, el lema «¡Presentes!». En su segundo tramo, en el frontal aparece un relieve con una corona de laurel en piedra y encima, en relieve con el Yugo y las Flechas. En los laterales también aparecen relieves. Limita este espacio una cornisa que asciende en cuatro tramos en forma de escalinata de formas cuadrangulares para sostener un obelisco que presenta en sus cuatro caras cruces adosadas. En un lateral frontal, sobre una pequeña base en semicírculo, como anuncio del conjunto se situó el monolito que testimoniaba el relevo y cambio de estantes efectuado en la ciudad durante el traslado a pie de los restos de José Antonio en noviembre de 1939. Bajo el emblema grabado del Yugo y la Flechas aparece la leyenda habitual que ejerce de acta notarial del hecho por disposición de la época: «Hasta aquí trajo el cuerpo de José Antonio la Falange de Zaragoza y lo entregó a las 20:45 del día 23 de noviembre de 1939, año de la victoria, a la Falange de Albacete».
El monumento permaneció en su lugar de origen hasta el año 2002, cuando el alcalde socialista Manuel Pérez Castell, intentando evitar una polémica como la que acarreó la demolición del Monumento a la División Azul, optó por su traslado al cementerio. Fue entonces cuando se localizó la arqueta de zinc que fue allí depositada tras su construcción que contenía tierra traída de los cementerios españoles en el frente ruso; simbólicamente se enterró en esa tierra, como se hacía en el frente, un tubo de cristal con el nombre de los caídos. La arqueta no fue depositada en el mismo y fue exhibida, años después, en la exposición «La mili: levas, quintas y milicias en la provincia de Albacete» organizada por la Diputación Provincial.
En 2007 la presión se volvió contra la Iglesia y el Obispado por mantener «vestigios franquistas». Finalmente, tras acuerdo con el Obispo, la placa con el nombre de José Antonio de la catedral sería retirada en 2010.
En Almansa también se optó por levantar un monumento en vez de una Cruz. Se aprovecharía el marco natural que ofrecía una de las colinas que limitaban el castillo que dominaba la ciudad. Se abrió una larga escalinata en cuatro tramos que llevaba a un muro de no gran altura con dos arcos abiertos que permitían el paso al segundo espacio. Un pedestal dividido frontalmente en tres espacios, con escalinatas laterales hasta la base del último tramo del monumento, en cuyo frente, apoyada en la ladera se elevaba una alta pilastra casi adosada a la piedra de la ladera sobre la que, sobre una base en forma de altar, se alzaba una Cruz de 5 metros de altura por 3 de brazo, realizada en hormigón y chapada en piedra. El conjunto, visto desde abajo, convertía al monumento y la Cruz en el mascarón de proa del propio castillo. El monumento fue inaugurado en 1947. Permaneció allí hasta el año 2005, cuando el alcalde socialista Antonio Callado García decidió, a pesar de las dificultades técnicas, retirar el monumento y trasladar la Cruz al cementerio. En el camposanto se situó ante ella un banco-altar. El Monumento se había hecho para recordar a los «Caídos por Dios y por España» de la localidad cuyos nombres eran: Remedios Sánchez López, Juan Romero Ruiz, José Romero Ruiz, Ricardo Aranzabe Navarro, Iván López García, Andrés Matea Íñiguez, Juan Cogollos Carrasquer, Norberto Sánchez Gandía, José Arnedo del Rey, Leopoldo Hinjos Rodríguez, Juan Martínez Caballero, Melchor García Lopera, Salvador Martínez Caballero, Celedonio Sanz Gimeno, Emilio García Navalón, Antonio Cuenca Trinchant, Fernando López Clemente, Manuel Real Gómez, Joaquín López López, Pedro Cuevas Gutiérrez, Graciano Arraez Lillo, Manrique Cascón Maso, Juan Cogollos Ochando, Cosme de Teresa Beltrán, Cosme de Teresa Rovira, Juan de Teresa Rovira, Antonio de Teresa Rovira, José Corbí R. de Paterna, Daniel Sirera Juan, Fernando Núñez Valcárcel, Nicolás Navalón Díaz, José Navalón Baeza, José Cantos Sánchez, Oscar Parra Cuenca, Pascual Milán Gil, Julián Berenguer Villaescusa, Roberto Cabanes Vizcaíno, Francisco Carrasco Ochoa, José Valdés Sáenz de Tejada, Nazario Martínez Pastor, Miguel Gómez Bonete.
La Cruz de los Caídos de Tobarra tenía una curiosa historia. Estaba ante la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Sobria y sencilla era una Cruz con pedestal con los nombres de 11 vecinos víctimas de la represión ejercida por el Frente Popular. Un terremoto en 1952 derribó la iglesia pero no la Cruz. Al ser reconstruida se optó por colocar en la fachada una placa con los nombres de los caídos en su recuerdo. Pasados años desde la muerte de Franco, la placa fue retirada y depositada en el cementerio.
Tras la denuncia presentada por el senador Carlos Mulet, que de IU pasaría a Compromís, el Obispado de Albacete aceptó eliminar toda simbología de la Cruz de los Caídos de la pedanía de Sierra de Tobarra, tapando no solo el Yugo y la Flechas sino también las inscripciones («A los Caídos por Dios y por España. ¡Presentes!») de forma harto chapucera por otra parte. Con lo que la Cruz quedaba resignificada.
Hasta la aprobación de la Ley de Memoria Democrática, resistió la presión la placa que, colocada en 1949, con una Cruz, en la iglesia del Salvador de La Roda, recordaba el nombre de los caídos de la localidad. Bajo el escudo de la localidad se abría en semicírculo la leyenda «Caídos por Dios y por España», debajo una Cruz, cuya intersección de brazos llevaba una corona de laurel/martirio. Los brazos de la Cruz cobijaban, a ambos lados, el largo listado de Caídos. Fue vandalizada en varias ocasiones intentando tapar el nombre de las víctimas, especialmente en su parte baja. Tras el acuerdo con la Iglesia la placa fue trasladada de la fachada a una cripta dentro del templo.
La sencilla Cruz de los Caídos de El Bonillo fue situada cuando se inauguró ante la iglesia de Santa Catalina. Un podio en forma de escalinata, situado ante la torres de la iglesia sostenía un pedestal sobre el que se situaba la Cruz. Por decisión municipal el monumento fue desmantelado y la Cruz trasladada al cementerio instalándola ante uno de los muros en un pequeño pedestal. Desprovista de cualquier simbología, una placa situada en el muro indica: «A todos los caídos en la guerra civil. 1936-1939».
En el pueblo de Fuente Álamo aún se conservaba en la fachada de la Iglesia de San Dionisio Areopagita un lápida dedicada a los caídos de la localidad: Emilio Albir Hernández, Emilio Albir Alcaraz, Pedro Piqueras Ibáñez, Juan Piqueras Tárraga, Juan José Abnedo Ruano, Francisco Ortuño Piqueras, Cleto García Ruiz, Vicente Villarlana Piqueras, Emilio Cerdán Vargas, Feliciano Reina Calero, Aolfo Yáñez Soriano, Antonio Martínez Mañas, Domingo García Jiménez, Pedro Hellín López, José Pedro Carchano Zornoza, Ginés Auñón García, Ramón López Tárraga, Isidro Cantó Vadillo y Ernesto García García. En 2015, una noche, la lápida a los caídos de Letur fue arrancada de la fachada de la Iglesia, en ella aparecían los nombres de los caídos del pueblo: Juan Fernández Reyes, Jerónimo Sánchez Sánchez y José Martínez Villegas.
La Cruz de los Caídos de Hellín también correría la misma suerte, siendo resignificada y desposeída de cualquier elemento que recordara su origen. Situada en la Plaza de España en la actualidad forma parte de un espacio con forma de fuente en cuyo centro se alza la Cruz. En febrero de 2025 el grupo municipal de VOX pidió que fuera declarada Bien de Interés Cultural para protegerla, siendo rechazada su propuesta.
El monumento original fue colocado en el mismo lugar en 1944, en la zona en la que se abría una aún inexistente Gran Vía proyectada en 1941 como una avenida de 25 metros de ancho y casi kilómetro y medio de longitud. Costó 75.000 pesetas de la época aportadas en parte por suscripción popular. Sobre una base de cubo rectangular que la delimitaba se alzaba un prisma casi cúbico que servía de soporte a una recubierta de chapado en piedra blanca. Todo ello en un momento en que Hellín experimentaba un crecimiento a través de la producción de esparto, producción declarada por Franco de «interés nacional». El nuevo urbanismo llevó, una vez inaugurada la Gran Vía en los años cincuenta a una remodelación, elevando el monumento y colocando una escalinata de entrada. En el panel central de la base aparecía el escudo de España y la leyenda usual; también aparecía el nombre de los Caídos. Tras las elecciones municipales, el Partido Comunista, en 1979 proponía que en aras de la reconciliación nacional se retiraran los nombres de un solo bando. El alcalde se negó a retirar los nombres que aparecían ofreciendo incluir aquellos nombres que fueran propuestos. La moción de retirada fue rechazada por 11 votos en contra frente a los 9 de PSOE y PCE; sin embargo, se aprobó añadir el nombre de las personas que lo solicitaran. Habría que aguardar hasta entrados los ochenta para que una nueva remodelación, dejando la Cruz en el centro de un parterre en la rotonda en que se situaba, sustituyera el escudo y la dedicatoria por una nueva placa con el escudo vigente en los años ochenta.
Existen en las carreteras de Albacete, en las proximidades de los pueblos, aún hoy, íntegras o convertidas solo en restos, algunas Cruces emplazadas en lugares donde se produjeron asesinatos. Así, por ejemplo, perdura, restaurada probablemente por particulares, la Cruz de los Caídos en la carretera que conduce a Yeste desde Elche de la Sierra. Un bloque de piedra cúbico es la base de una Cruz de no grandes dimensiones. En el paramento frontal aparece grabada la dedicatoria: «Aquí fueron asesinados por la canalla roja de Yeste cinco caballeros españoles. Un recuerdo y una oración por sus almas». También en las afueras de Villarrobledo, en la aldea de las Beatas, encontramos una Cruz en el lugar en que fue asesinado en agosto de 1936 Antonio Santos de la Torre.
Algunas de las más conocidas, que podría a futuro quedar incursa en los objetivos del «lobby de la memoria», están relacionadas con la persecución religiosa realizada por el Frente Popular, iniciada antes de la guerra y continuada de forma masiva durante la misma. En la Iglesia de San Sebastián Munuera podemos encontrar la placa dedicada al sacerdote, beatificado en 2007, Bartolomé Rodríguez Soria, torturado y asesinado el 29 de julio de 1936; en el interior de la iglesia se conserva una parte del suelo donde sufrió el martirio. En la carretera de Hellín a Pozoblanco, en la cañada de los Pozos, encontramos una de las muchas cruces dedicadas al lugar donde los frentepopulistas perpetraron asesinatos. En este caso recuerda el lugar donde fue asesinado el sacerdote Fortunato Arias Sánchez. Víctima de una saca en la prisión fue llevado allí el 12 de septiembre de 1936. En su última carta conservada escribía: «Perdono a todos los que sean o hayan de ser los causantes o cómplices de mi muerte. Perdonadles vosotros también como nos manda la ley cristiana que profesamos. Que Dios acepte nuestros sacrificios y nuestra vida para que todos se conviertan y vivan. No recuerdo haber dado ocasión a que se me persiga y me satisface pensar que la causa misma de todo es mi carácter sacerdotal. Morir así es mi verdadero y glorioso martirio. ¿Qué mejor suerte podía yo imaginar? No tengáis pena ninguna por mí; encomendadme a Dios y quiera Él que nos juntemos en el cielo bendiciendo allí los caminos secretos de su misericordia. Que seáis siempre buenos cristianos y que procuréis que lo sean también vuestros hijos y toda vuestra casa. Si en alguno de los pequeños vierais aptitudes para ser sacerdote, haced lo posible por que lo sea». Aún conserva la calle que le dedicaron en Hellín. Fue beatificado por el papa Benedicto XVI en 2007 por lo que se colocó una placa en la que fuera su casa en la localidad. Sus reliquias se conservan en la Parroquia de la Purísima de El Palmar (Murcia) y en la de Santa María de la Asunción de Hellín.
Los otros «vestigios»
El lector encontrará en estas páginas las referencias a las calles que fueron eliminadas en la capital y las razones para sustituirlas en un proceso que se concluyó en 2003 con la sustitución de 28 calles con el voto en contra del Partido Popular. Cerremos este artículo con algunas referencias a los otros «vestigios» objeto de proscripción.
No tenemos constancia de que en Albacete se levantara monumento alguno dedicado a Francisco Franco. Solo la placa que se conservaba en el pantano del Cenajo y algunos reconocimientos como la concesión de la Medalla de Oro o similares. La Diputación le concedió en 1958 la Medalla de Honor y Gratitud en su categoría de oro que le fue retirada en 2008. Aún conserva la Sección Femenina la Medalla de Honor y Gratitud concedida en 1960; también la Medalla de Plata de Honor y Gratitud concedida a la cátedra Francisco Franco n.º 1 de la Sección Femenina concedida en 1964. Por otro lado el ministro de Obras Públicas Federico Silva Muñoz fue distinguido con la medalla en categoría de oro en 1967. La Medalla de Oro del Ayuntamiento de Albacete concedida a Franco en 1945 le fue retirada a propuesta de IU en 2008 con la abstención de los concejales del PP siguiendo la estrategia habitual del partido para aparentar oposición sin oponerse. Reiteremos que la presión coercitiva ha llegado en algunos casos hasta la presentación de actuaciones ante tribunales por negativa de la corporación a retirar la distinción a Franco, como es el caso del Ayuntamiento de Almadén (Ciudad Real) en 2017.
De lo que sí hay constancia es de la presencia, lógica, de diversos relieves o vidrieras con el escudo nacional vigente entre 1938 y 1981. La mayoría de estos «vestigios» han sido retirados y, en las más de las ocasiones, destruidos. Señalar la existencia de una vidriera, similar a las que existían en otras delegaciones, en la sede del Banco de España en la plaza Altozano. En 2018 aún se conservaba la vidriera existente en la Delegación de la Agencia Tributaria. Fueron retirados los escudos en diversos organismos públicos o cuarteles de la Guardia Civil. También se retiró el escudo en piedra existente en la Fachada de la Agencia Tributaria, aunque el lobby de la memoria denunció que existía otro en el interior del acceso al garaje. La retirada de algunos escudos era, en realidad, competencia del Gobierno al estar en edificios estatales o en cuarteles. Entre 2019 y 2020 el ejecutivo de Pedro Sánchez inició una campaña de retiradas. En el caso de Albacete se procedió a eliminar el existente en el acuartelamiento de la Guardia Civil.
Hubo localidades que retrasaron cambios. Estos se produjeron en función de los cambios en los equipos de gobierno hasta la reforma de la LMH y la aprobación de la Ley de Memoria Democrática con la aparición de las comunicaciones coercitivas por parte del Estado. Veamos algunos ejemplos. En este sentido la Diputación de Albacete, a resultas de una propuesta de Ganemos-IU que instaba a los ayuntamientos de la provincia a eliminar placas, insignias, menciones considerados «vestigios del franquismo»; instando a la vez a realizar un catálogo de vestigios. Básicamente nombres de calles y la problemática de las placas en los miles de viviendas construidas por el Estado o por su concurso.
En este sentido destaquemos, por ejemplo, las numerosas construcciones de la Obra Sindical del Hogar en la ciudad de Albacete. Prácticamente fueron barrios enteros los creados por esta institución y posteriormente las edificadas con el concurso del INV. Barrios y grupos de viviendas: Hogar Nacionalsindicalista, Pedro Lamata, San Juan Bautista, Grupo Emperador Carlos V, Lope de Vega, Gabriel Ciscar o Hermanos Falcó (Las Quinientas)… Recordar que los Hermanos Falcó fueron 3: Carlos y Manuel Falcó García-Gutiérrez fueron ejecutados por el Frente Popular en septiembre de 1936; su hermana, Carmen, fue concejala en el Ayuntamiento de Albacete por el tercio familiar. Carmen tiene una plaza dedicada en la ciudad de Albacete que, sin duda, estará entre los objetivos del «lobby de la memoria».
Como en otros lugares cabría recordar edificios abandonados o semiabandonados que fueron demolidos y que formaban parte de la historia. Quizás subrayar el incierto futuro de la Casa Sindical de Albacete cedida a los sindicatos tras la muerte de Franco. Destaca el abandono y demolición de la Jefatura Provincial del Movimiento Nacional sita en la esquina de las calles San Antonio y Carcelén.
La coerción llegó a los ayuntamientos con requerimientos del Senado, como el caso de Munuera, que en 2017 aprobó el cambio de la calle general Mola, pero manteniendo la Calle de los Mártires. En ese mismo año, Montealegre del Castillo retiró las calles dedicadas a José Antonio Primo de Rivera, al Generalísimo Franco (que se dedicó al alcalde que las cambiaba, Sinforiano Montes, que era alcalde desde los tiempos de Franco) y el de la Plaza de los Caídos (se renombraría como Plaza del Cerro de los Santos) En 2018 Chinchilla de Montearagón retiraba la calle dedicada a José Antonio en la pedanía de Estación de Chinchilla. También se retiraba el monolito existente en la pedanía de Villar de Chinchilla que recordaba el cambio de estantes realizado en el traslado de los restos del fundador de la Falange desde Alicante al monasterio de San Lorenzo de El Escorial.
En 2018 sería el Ayuntamiento del Bonete, bajo gobierno del Partido Popular, el que acordó la retirada de los «símbolos franquistas» tras una comunicación de la Presidencia del Senado. El 25 de mayo la Junta de Gobierno Local, por unanimidad, acordó iniciar la retirada, iniciándola por el monolito existente que recordaba la parada en el traslado de los restos de José Antonio que se encontraba ante la Iglesia Parroquial de San Juan Bautista. Naturalmente remitieron a la alta cámara certificación que tal habían hecho, adjuntando el coste de la retirada que ascendía a 280 Euros.
En 2019 la prensa anunciaba que aún quedaban 10 municipios con vestigios franquistas. Aún quedaban calles a José Antonio o a Franco/Generalísimo. Así sucedía en Casas de Lázaro, Corral Rubio, Gosalvo. También se denunciaba que en Valdeganga, Viveros y Villarrobledo permanecía la calle dedicada al capitán Santiago Cortés, defensor del santuario de Santa María de la Cabeza (Jaén).
Detengámonos en el caso de La Roda, donde en diciembre de 2020 se aprobó el cambio de nombre de 10 calles con el voto en contra del Partido Popular (Mola, Moscardó, Dávila, Alcázar de Toledo, García Morato, Calvo Sotelo, Belchite, Brunete), la retirada del monolito que hacía referencia al traslado de José Antonio Primo de Rivera y de la Medalla de Oro concedida a Franco. También se cambió el nombre del CEIP José Antonio por el de Purificación Escribano. En La Roda se había utilizado la doble nomenclatura que aparece en otros municipios españoles, pero el Ayuntamiento también se dispuso a retirarlos. En 2021 se anunció que la Calle de los Mártires pasaría a denominarse Felipe VI. Sin embargo, el proceso de cambio de 6 calles quedó suspendido cautelarmente por el Juzgado n.º 2 de lo Contencioso Administrativo por recurso del PP y de la Asociación Manchega de Amigos de la Historia. En marzo de 2022 el Tribunal sentenciará a favor del Ayuntamiento pudiéndose completar los cambios.
Hasta la fecha el «lobby de la memoria» no ha impulsado requerimientos, en función de la denominada Ley de Memoria Democrática para la retirada de calles o plazas a víctimas de la represión ejercida por el Frente Popular o a dirigentes locales o provinciales que formaran parte del personal político existente durante el régimen de Franco.
CONCLUSIÓN
El caso de Albacete muestra cómo la cuestión de los denominados «vestigios franquistas» ha generado debates que trascienden lo estrictamente político para adentrarse en el terreno del patrimonio histórico, la memoria colectiva y la interpretación del pasado. La retirada, resignificación o destrucción de monumentos y símbolos ha sido presentada por unos como una exigencia democrática y por otros como una forma de reescribir o eliminar episodios de la historia.
La aplicación de la Ley de Memoria Democrática ha intensificado este proceso mediante mecanismos legales y administrativos que buscan homogeneizar la gestión del legado simbólico del franquismo. Sin embargo, las polémicas surgidas en torno a monumentos, placas o denominaciones urbanas evidencian que la memoria histórica continúa siendo un terreno de disputa política y cultural.
En definitiva, el debate sobre la memoria en Albacete refleja un fenómeno más amplio presente en la España contemporánea: la tensión entre la preservación del pasado, la reinterpretación histórica y la construcción de un relato común sobre los acontecimientos que marcaron el siglo XX.
