Pasadas las ocho y media de la mañana del 24 de octubre los soldados de las primeras secciones entran en Monte Arruit. A las diez y media la bandera española vuelve a ondear sobre Monte Arruit. Franco, con sus legionarios, puede contemplar el dantesco espectáculo. En su diario anota:
«Renuncio a escribir el horrendo cuadro que se presenta a nuestra vista. La mayoría de los cadáveres han sido profanados o bárbaramente mutilados. Los hermanos de la Doctrina Cristiana recogen en parihuelas los momificados y esqueléticos cuerpos, y en camiones son trasladados a la enorme fosa[1].
Algunos cadáveres parecen ser identificados, pero solo el deseo de los deudos acepta muchas veces el piadoso engaño, ¡es tan difícil identificar estos cuerpos desnudos, con las cabezas machacadas!
Nos alejamos de aquellos lugares, sintiendo en nuestros corazones un anhelo de imponer a los criminales el castigo más ejemplar que hayan visto las generaciones»[2].
[1] También llegaron a Monte Arruit la duquesa de la Victoria y las Hermanas de la Caridad.
[2] La identificación y el entierro de los cadáveres se prolongará durante días. Se les dará sepultura en una fosa común conocida como la Cruz de Monte Arruit. En 1956 los cuerpos allí enterrados, más de 2.600 hombres, serían trasladados al Panteón de los Héroes que se encuentra en el Cementerio de la Purísima Concepción de Melilla. FRANCO: Papeles…, pp. 135-136; El Eco de Santiago, 24-10-1921; Diario de Burgos, 24-10-1921; Ejército y Armada, 24-10-1921; La Época, 24-10-1921.
