Que los hombres del gobierno se preocupaban, y mucho, de la influencia de la televisión y del modo de sacar el mejor partido político a sus posibilidades, queda patente en este pasaje del borrador de un informe que el almirante Carrero Blanco escribió el 19 de diciembre de 1973, víspera de su asesinato por ETA:
«Hay que evitar también en la TV, que tiene millones de espectadores, exhibiciones con tendencias a la inmoralidad y bailes y músicas decadentes. Se trata de formar hombres, no maricas, y esos melenudos trepidantes que algunas veces se ven no sirven, ni con mucho, a este fin. Hay que exaltar en la TV, con imaginación, arte y habilidad, el espíritu de nuestro Movimiento, la virilidad, el patriotismo, el honor, la decencia, el espíritu de servicio, etc., a la vez que se señalan, también con habilidad, los daños que en otras partes producen ideologías contrarias a la nuestra.»
Era público y notorio que los directivos de TVE recibían numerosos avisos y quejas de gente del régimen, entre otras de esposas de ministros, que llamaban la atención sobre algunas actuaciones y algunos escotes con unos centímetros de más. Una de las prendas que se hizo indispensable en los camerinos de TVE fue el chal, para cubrir los hombros de las artistas que supuestamente iban a provocar llamadas de teléfono admonitorias.
