12 de julio de 1936
Querido Ernesto:
He agradecido mucho tus dos cartas, que recibí ayer, cada una por un conducto, y la dedicatoria de tus artículos de Informaciones, que estoy siguiendo con el mayor interés.
Me pides noticias mías. Puedo decirte que estoy mejor que nunca de salud, a Dios gracias, y en plena forma de ánimo. Esos casi cuatro meses de cárcel me han permitido calar más adentro en algunas cosas, y aparte de eso, a fuerza de tender cables, estoy ya en contacto con cuanto puede haber en España en este momento, de eficaz. Hasta tal punto, que sin la Falange no se podría hacer nada en este momento, como no fuera un ciempiés sin salida.
Créeme que no he descansado en la adopción de estas precauciones, porque me horroriza el temor de que la ocasión grave y magnífica que estamos viviendo aborte una vez más, o, lo que es peor, dé a luz un monstruo. Si eso pasa, no será por mi culpa.
Una de las cosas temibles sería la «dictadura nacional republicana». Estoy conforme contigo al ver en su defensa un síntoma de reconocimiento de nuestras posiciones. Hasta ahí bien. Lo malo sería la experiencia Maura-Prieto, con una excitación artificial de los negocios, las obras públicas, etc., para fingir una prosperidad económica sin levantar nada sobre fundamentos hondos. Al final del ciclo de febril bienestar sobrevendría una gran crisis económica sobre un pueblo espiritualmente desmantelado para resistir el último y decisivo ataque comunista (lo nuestro, en un período de calma burguesa no es donde alcanza su mejor cultivo). Otra experiencia falsa que temo es la de la implantación por vía violenta de un falso fascismo conservador, sin valentía revolucionaria ni sangre joven. Claro que esto no puede conquistar el Poder; pero, ¿y si se lo dan?
Porque ninguna de las dos cosas ocurra trabajo, como te digo, sin tregua y con no poco éxito. Ya faltan pocos días me parece para que la vía quede completamente libre y despejada. Y entonces creo que nada nos detendrá.
Gracias por tu confianza y disciplina. Procura ayudar cuanto puedas y yo me alegraré mucho.
Un abrazo,
José Antonio.
