Ilustre general y distinguido amigo:
Al ser investido V. con las supremas jerarquías de Jefe del nuevo Estado y de generalísimo de los Ejércitos de España, quiero enviarle la más honda felicitación, que alcanza a la Nación entera y hacer constar mis fervorosos votos por su ingente obra, que hade dar a nuestro país un mañana de orden, de justicia, de paz, de prosperidad y de fortaleza que le restituyan el alto lugar que debe ocupar en el mundo.
En V. recae la providencial misión de realizar una segunda re- conquista de la Patria; de salvarla de la barbarie, del crimen, de la destrucción erigidos en sistema de gobierno. Nunca las ideas políticas o el origen del poder pueden invocarse en contra de la Patria: han de someterse a ella en la subordinada categoría de medio para mejor servirla. En esta hora terrible sólo pienso en España y en V. que, con sus singulares condiciones de inteligencia, de serenidad, de carácter y de un valor profesional que solo encuentra precedente en la cumbre de nuestra historia, ha de reahacerla.
Mis años, que en esta ocasión me duelen, no me permiten solicitar el honor de ser soldado a sus órdenes, de recursos no dispongo, porque de todo me han despojado; salvé por milagro una vida que nada vale pero que alienta por el bien de la Patria, a la que he servido también como supe y pude, manteniendo incólume el principio de autoridad y luchando, sin reparar en riesgos, contra el desorden y la anarquía. Los más apasionados habrán de reconocerlo.
Con estos sentimientos seguiré emocionado como la he seguido hasta aquí, su empresa magna. Y siempre a su devoción completa admirador y amigo.
