INTRODUCCIÓN
José Castán Tobeñas (Zaragoza, 11 de julio de 1889 – Madrid, 10 de junio de 1969) fue uno de los juristas más influyentes de la España del siglo XX. Catedrático de Derecho Civil, magistrado y presidente del Tribunal Supremo durante más de dos décadas, destacó por su extraordinaria producción científica y por su decisiva contribución al desarrollo de la doctrina civilista española. Su trayectoria académica, judicial e institucional se caracterizó por el rigor intelectual, la profundidad jurídica y una constante dedicación al estudio y a la renovación del derecho.
Castán Tobeñas, José. Zaragoza, 11.VII.1889 – Madrid, 10.VI.1969. Jurista, catedrático de Derecho Civil y presidente del Tribunal Supremo.
Nació en el seno de una familia de clase acomodada.
Su padre fue director del Banco de Crédito de Zaragoza.
Tras su paso por el Colegio San Felipe y por el Instituto General y Técnico de Zaragoza, donde terminó el bachillerato, cursó los estudios de Derecho en la universidad de esta capital, donde obtuvo la licenciatura en dicha carrera, culminándola con Premio Extraordinario en 1911. Posteriormente, se trasladó a Madrid para estudiar el doctorado, donde preparó y más tarde leyó y defendió su tesis doctoral, obteniendo, asimismo, la máxima calificación y el premio extraordinario. Dicha tesis fue dirigida por Quintiliano Saldaña, y fue publicada en 1913 con el título La crisis del matrimonio (Ideas y hechos), apareció dedicada a su maestro, Felipe Clemente de Diego.
Este trabajo fue declarado “obra de mérito” por el Consejo de Instrucción Pública y por la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.
Comenzó su carrera docente como profesor auxiliar en la Facultad de Derecho de la Universidad de Zaragoza, aunque retornó muy pronto a Madrid, donde entró en contacto con Rafael Ureña y fue nombrado auxiliar de prácticas y bibliotecario del Museo Laboratorio Jurídico Ureña. En 1915 obtuvo por concurso- oposición la plaza de auxiliar de Derecho Civil de la Facultad de Derecho de la Universidad Central, y a la muerte de Felipe Sánchez Román explicó los contenidos de tal materia en la cátedra que éste dejo vacante. De 1915 a 1918 se dedicó fundamentalmente a la preparación de sus oposiciones a cátedra, combinando esta actividad con la organización, junto con Eduardo Ruiz Carrillo, de una academia preparatoria de oposiciones, denominada Estudios Jurídicos Profesionales, dedicada especialmente a notarías y registros.
En 1918 ganó por unanimidad una cátedra de Derecho Civil en la entonces recién creada Universidad de Murcia, pasando en breve a la de Barcelona, que desempeñó hasta 1921 en que se trasladó a Valencia.
Allí, a la par de impartir la enseñanza del Derecho Civil, se ocupó también de la organización de la biblioteca, dada su enorme curiosidad intelectual y desempeñó, asimismo, el cargo de vocal en el Tribunal Provincial de lo Contencioso-Administrativo. Escribió también entonces lo que sería la base del núcleo central de su obra, Derecho civil español, común y foral, ajustado al programa de oposiciones para notarías, que fue muy favorablemente acogido en los medios jurídicos por su planteamiento metodológico, claridad, rigor y utilidad.
En 1919 contrajo matrimonio con María Dolores Vázquez Rodríguez y de esta unión nació su hijo José María, profesor de Derecho Civil, miembro de la carrera fiscal, letrado del Ministerio de Justicia y académico de número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, quien ha continuado en algunos aspectos la obra de su padre Durante la República, en 1933, fue nombrado magistrado de la recién creada Sala 5.ª, entonces de lo Social del Tribunal Supremo, pasando después —y tras un breve paréntesis durante el curso 1939-1940 en que se reintegró al servicio activo como catedrático en la Universidad de Zaragoza— a ocupar una vacante en la Sala 1.ª, donde emprendió con gran entusiasmo, junto con Demófilo de Buen, Jerónimo González y otros, una relevante y fructífera tarea de renovación de la jurisprudencia. Sus sentencias civiles han sido sistematizadas y publicadas por el Consejo General del Poder Judicial en 1990. En 1941 asumió la dirección de la prestigiosa Revista General de Legislación y Jurisprudencia. En 1945 fue elegido académico de número de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. Su discurso de ingreso en dicha corporación, pronunciado en 1950, versó sobre La equidad y sus tipos históricos en la cultura occidental europea.
Por decreto de 12 de septiembre de 1945 fue nombrado presidente del Tribunal Supremo, sucediendo en el cargo a Felipe Clemente de Diego. Ocupó la presidencia de esta institución hasta diciembre de 1967, en que cesó por jubilación. Durante su etapa como presidente del Tribunal Supremo durante el franquismo desempeñó Castán una intensa actividad jurisprudencial, que se puede considerar como una continuación de su labor científica. Ésta se materializó, aparte de en una importante labor de unificación de doctrina en evitación de eventuales disparidades de criterio entre las diferentes salas integrantes del más alto órgano jurisdiccional, en una ingente producción bibliográfica, en la que destacan por su excelente valor monográfico y su aportación al ámbito de la ciencia jurídica, a la dogmática del derecho civil, al iuscomparatismo y a la teoría y filosofía del derecho, los sucesivos discursos de apertura del año judicial. Mientras desempeñó la presidencia del Alto Tribunal, se ocupó, asimismo, de la reorganización de su biblioteca.
En 1946 fue nombrado académico de número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, leyendo su discurso de ingreso en 1949, que versó sobre La idea de equidad en las letras españolas. En 1964 fue elegido, por unanimidad, presidente de dicha corporación, y ocupó este cargo hasta su fallecimiento.
En 1950 obtuvo el nombramiento de presidente de la Comisión General de Codificación, donde colaboró más específicamente en los trabajos de la Sección Primera, destacando en tal ámbito su labor en las reformas del Código Civil que se llevaron a cabo en esta época, como, por ejemplo, la preparación de la reforma del Título Preliminar, culminada después de su muerte. Desde dicho puesto ultimó, también, los trabajos de las compilaciones forales, interviniendo de manera especialmente significativa en la elaboración de la compilación aragonesa.
Tras su jubilación y hasta el final de su vida permaneció trabajando incansablemente con el rigor, la pulcritud y la independencia que caracterizaban su método de trabajo; culminando así una vida dedicada al derecho y a la justicia. De esta época data, por ejemplo, su obra póstuma Los derechos del hombre, que obtuvo el premio de la Fundación Juan March conmemorativo del año de los derechos humanos, escrita en una coyuntura política en la que no resultaba fácil abordar el tratamiento de esta materia.
Castán fue, probablemente, el civilista español más prolífico del siglo xx y uno de sus principales renovadores.
Además del tratamiento científico y técnico del Derecho Civil —que es lo que constituye, propiamente, el núcleo de su obra—, cultivó otras disciplinas jurídicas y sociales, como la filosofía del derecho en todas sus vertientes (teoría del derecho, teoría de laciencia jurídica, axiología jurídica y derechos humanos), la sociología, la historia del derecho, el derecho social y el derecho comparado. Se puede afirmar que la producción bibliográfica de Castán, plasmada en más de un centenar de trabajos de diversa factura, ha nutrido ampliamente, durante más de cincuenta años, el acervo de la cultura jurídica de habla hispana.
Aparte de los datos reseñados, desempeñó otros cargos de responsabilidad en relevantes instituciones del Estado, así, en virtud de su cargo de presidente del Tribunal Supremo, fue procurador en Cortes y consejero del Reino. Igualmente ocupó destacados puestos en otras muchas corporaciones. Fue, entre otras cosas, presidente de la Asociación Española de Ciencias Jurídicas y Derecho Comparado y del Comité Nacional de Derecho Comparado, presidente de la Sección Española de la Asociación Henri Capitant, presidente del Instituto Español de Derecho Procesal, decano honorario del Colegio Notarial de Madrid, miembro del Instituto de Derecho Comparado Latino y Americano y de la Academia Internacional de Derecho Comparado de La Haya. También le fueron concedidas importantes condecoraciones, como la Medalla de Oro al Mérito al Trabajo, la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio y la Gran Cruz de la Orden de Carlos III.
CONCLUSIÓN
La figura de José Castán Tobeñas ocupa un lugar destacado en la historia jurídica española contemporánea. A lo largo de su extensa carrera académica y judicial contribuyó de manera decisiva a la evolución del derecho civil, tanto desde la cátedra como desde la jurisprudencia del Tribunal Supremo. Su abundante producción bibliográfica, su participación en importantes reformas legislativas y su presencia en numerosas instituciones jurídicas consolidaron su reputación como uno de los civilistas más influyentes del siglo XX en el ámbito hispánico. Su legado continúa siendo una referencia fundamental para el estudio del derecho civil y de la cultura jurídica española.
