INTRODUCCIÓN
Antonio Sagardía Ramos fue un militar español de artillería que alcanzó notoriedad durante la Guerra Civil española por su participación en diversas operaciones militares en el frente del norte y posteriormente en los frentes de Aragón y Cataluña. Formado en la Academia de Artillería de Segovia, donde destacó por su brillante expediente académico, desarrolló una carrera militar marcada por su capacidad técnica y por su participación en misiones de relevancia estratégica. Durante la contienda llegó a organizar y dirigir la conocida Columna Sagardía, unidad que posteriormente se convertiría en la 62 División, desempeñando un papel destacado en diversas campañas del ejército sublevado.
Zaragoza, 5.IX.1879 – Madrid, 11.I.1962. General de brigada de artillería y escritor militar.
A los 10 años ingresó en el colegio que los PP. Jesuitas tenían en Zaragoza. A los 18 años entró en la Academia de Artillería de Segovia, siendo el alumno con mejor puntuación en los estudios, distinguiéndose con el mando de la Batería de Alumnos y con el cargo de abanderado. El 14 de julio de 1903 fue promovido al empleo de primer teniente de artillería, destinándosele seguidamente al VI Batallón de Artillería, de plaza en San Sebastián. En el amplio vaivén de los destinos militares, estuvo con las tropas de la Comandancia de Artillería de Las Palmas de Gran Canaria y con las de Tenerife; en el segundo Regimiento de Artillería de Montaña en Vitoria y allí también fue profesor de Geometría y Dibujo en el Colegio de Santa Bárbara, para Huérfanos de Artillería de San Sebastián. Tras cortos destinos, el 10 de febrero de 1911 obtuvo el empleo de capitán. Gran estudioso, en Matemáticas logró hallar solución al problema que planteó a la artillería el tiro a los aviones en vuelo, en la Primera Guerra Mundial y el impacto en determinadas zonas muertas, recibiendo por ello del monarca británico, Jorge V, la dignidad de oficial de la Orden del Imperio Británico. En diciembre de 1921 ascendió a comandante de artillería. Estando destinado en el Regimiento de Artillería Ligera en Getafe, en 1931, al proclamarse la república, acogido a la Ley de Azaña, causó baja en el ejército. En noviembre del mismo año 1931, implicado en un complot monárquico, y buscado por la policía, huyó de San Sebastián pasando a Francia, acogiéndose más tarde a la amnistía decretada por las derechas republicanas.
Llamado urgentemente y en secreto por Mola en julio de 1936 para unirse al levantamiento militar, el 17 de julio se reunió en Pamplona, en el Gobierno Militar, con Mola, que le ofreció reintegrarse al ejército con el empleo de coronel de artillería que por derecho de antigüedad le correspondía. Mola le encarga la misión, como buen conocedor de San Sebastián, de entrar en los cuarteles de Loyola y entregar al segundo jefe la orden de que tomara el mando de toda la guarnición, pues el primer jefe estaba indeciso. En San Sebastián transmitió órdenes al teniente coronel Ortiz de Zárate que se traslada a Pamplona. Llegó a los cuarteles por la noche, con las luces apagadas, entrando por una puerta de servicio. Habló con el segundo jefe a quien entregó las órdenes del general Mola y sus instrucciones. Discutieron, le pidió armas para los voluntarios de San Sebastián: requetés, monárquicos, falangistas, y obtiene la promesa de que al día siguiente le enviaría dos camiones con fusiles a la puerta de la iglesia del Buen Pastor. Al día siguiente, a las nueve de la mañana, en el templo había más de un centenar de voluntarios, pero las armas no llegaron y los tiroteos les obligaron a dispersarse en busca de cobijo. Las dudas e indecisiones hicieron que San Sebastián se perdiera para el bando nacional. Al fracasar el levantamiento en esta plaza se vistió rápidamente de miliciano, se subió a un camión de milicianos, y se fue al frente de Oyarzun en el cual se pasó inmediatamente a las filas del coronel Beorlegui. Llegado a Pamplona, Mola le encargó una pequeña columna, que unida a otra entran en Tolosa. Rechazan contraataques enemigos y conquistan tras dura lucha el Monte Buruntza y Urnieta, el 11 de septiembre.
Ocupado San Sebastián, la Junta de Generales formada en Burgos le encargó la formación de una unidad militar a base de tropa y con los falangistas voluntarios de la ciudad y de las provincias de Guipúzcoa y Navarra, que se llamó Columna Sagardía, uniéndose a la misma algunas decenas de requetés. El primer destino de esta columna en octubre del 36 fue ocupar la zona mal guarnecida entre el norte de la provincia de Burgos y el sur de la provincia de Santander.
Inició los meses de enero y febrero de 1937 con obras de fortificación. A finales de febrero marchó a Vitoria para reunirse con Mola y estudiar la ruptura del frente de Vizcaya, pero desde Burgos recibió orden de regresar al frente de Lorilla, punto neurálgico, que se encontraba cercada. Llegó a un punto que, con tan poca tropa, no pudieron avanzar más, quedándose a unos pocos kilómetros de Lorilla a la que llegó cabalgando a través de nueve batallones enemigos. Por la noche decidió regresar a Basconcillos para organizar la liberación de Lorilla y de nuevo a caballo logró atravesar el cerco. Al día siguiente, levantó el cerco de Lorilla y Sargentes. Este acto habría de valerle el que se incoara el expediente para la concesión de la Cruz Laureada de San Fernando.
El 9 de abril fue ocupada la loma de Ayoluengo. En los primeros días de mayo los sublevados sufrieron una fuerte ofensiva, ahora dirigida hacia los pueblos de Espinosa de Bricia y Cilleruelo. El 30 de junio, por primera vez en la guerra, los republicanos utilizaron armas químicas, atacando con proyectiles de 10,5 cm que contenían gases asfixiantes: el día 4 de julio, se hicieron 12 disparos de 10,5 cm con gases, quedando un proyectil sin explosionar, que fue recogido con precaución y analizado en el laboratorio de Burgos, y se vio que contenían iperita y fosgeno. El día 6 fue nuevamente bombardeado Cilleruelo con proyectiles de gases, y lo mismo los días 22 y 24, ataque con gases que se repitió, según hoja de servicios del general Sagardía, el 2 de agosto.
Finalizada la batalla de los Páramos, la columna Sagardía, por tierras de Cantabria, en vanguardia participó en la ofensiva sobre Santander que dio comienzo el 14 de agosto de 1937.
A principios de septiembre, la columna Sagardía, concentrada en León, agregada al octavo Cuerpo del Ejército, tuvo como primer objetivo el puerto de Pajares para luego adentrarse en tierras asturianas. Tomado Pajares, continuó el avance hacia el puerto de San Justo y, una vez conquistado, entró por ese puerto con sus tropas en el valle del Aller hasta Moreda, para pasar a Mieres.
Al concluir la campaña de Asturias, la columna Sagardía quedó reunida en los pueblos del sector de Tafalla, cubriendo bajas y reorganizándose. El 30 de noviembre recibieron orden de marchar al sector de Guadalajara para iniciar una nueva ofensiva sobre Madrid. Instalada la Columna Sagardía en el pueblo de Imón, y, ya convertida en la 62 División de Castilla, el 20 de diciembre recibió en su Cuartel General al general Berti que le informó de la sorpresiva ofensiva republicana sobre Teruel con la ruptura de dicho frente. Aquella misma noche, se trasladó la 62 División a Cella, en el frente de Teruel, logrando taponar la brecha entre Cella y Caudé, y salvaguardando el aeródromo de esos dos pueblos. Tras unos días estabilizando posiciones, recibió orden de romper las defensas de la llanura de Caudé y avanzar hasta rechazar al enemigo más allá de Concud. El 31 de diciembre alcanzó y conquistó todo el macizo del Concud, teniendo que parar las operaciones por una imponente nevada, un frío de 23º bajo cero, y la extenuación de los hombres, tras dos días de rudo batallar, con dos mil bajas aproximadamente. Las tropas de Sagardía, que formaban un entrante, pues eran las que más habían profundizado, el día 8 de enero de 1938 fueron atacadas en un intento de romper sus líneas, llegando al cuerpo a cuerpo. Al frente de sus soldados para que no retrocediesen, y tras morir casi todos sus oficiales, y con los carros y la infantería enemiga a sesenta metros, que le reconocieron por sus insignias, recibió una herida de metralla en la cabeza, con el capote atravesado por seis balas más, negándose a ser hospitalizado, se retiró para una convalecencia, que la pasó preparando la próxima ofensiva. Tomada la ciudad de Teruel, con la 62 División en retaguardia, fue trasladada el 3 de marzo a Villanueva del Gallego, pasando a formar parte del Cuerpo del Ejército de Navarra, mandado por el general Solchaga. A la 62 División se le encomendó, en lo que se denominará la batalla de Aragón, romper el frente enemigo por el sector de sierra de Cuezos, en su parte norte, en la provincia de Huesca, y luego avanzar en dirección a Monzón. El 29 de marzo entraron en Monzón y el 6 de abril llegaron a tierras catalanas, a orillas del pantano de Camarasa. Emprendió la conquista del Valle de Arán, lugar de gran importancia estratégica, ocupando el 18 de abril el puerto de Bonaigua y llegando a la frontera francesa el 20 de abril por Pont de Rey, el punto por el que huyó a Francia la División roja que defendía el Valle. Conquistado el Valle de Arán, las tropas de la 62 División ocuparon una zona en el Pirineo central haciéndose cargo del frente comprendido entre la frontera francesa y el Km 89,500 de la carretera general de Balaguer a Francia. El 10 de mayo el coronel Sagardía fue habilitado para el empleo de general de brigada. Hasta finales de diciembre la 62 División estuvo en este sector. El 22 de mayo, todavía sin consolidar sus posiciones, las tropas republicanas desencadenaron una fuerte ofensiva contra este sector, atacando por cuatro sitios a la vez, y siendo en todos rechazados, salvo en Piedras de Aolo (Lérida). Esa misma noche las tropas de la 62 División iniciaron la toma de la posición de Piedras de Aolo, estableciendo posición a 110 metros, denominada el Mogote de Piedras de Aolo, e iniciándose un feroz combate. La consigna de sus defensores, dada la escasez de efectivos y la ausencia de líneas de retirada, era vencer o morir. Contuvo también, los días 22, 23 y 24 de julio, un ataque sobre Valadredo, ataque repetido el mismo día 22 contra Piedras de Aolo, siendo rechazado hasta nueve veces. El 13 de enero de 1939 llegó el relevo para la sufrida 62 División, marchando hacia Tremp y Artesa de Segre, para entrar nuevamente en línea. Al general Sagardía, al frente de la 62 División, se le encomendó, relevando a la División 61, la misión de atacar Pons. El 29 de enero entraron las tropas de Sagardía en Solsona, el 2 de febrero en Berga, y sucesivamente ocuparon La Nou, Bagá, Guardiola, los vértices de Fatgors y de San Julián, la sierra de Cadí y otras alturas. Tomada Cataluña, la 62 División del general Sagardía se trasladó al sector de Guadalajara, donde llegó el parte de la victoria. La división fue destinada nuevamente al Pirineo para cubrir la frontera con Francia, desde Irún a Elizondo.
El 1 de junio de 1939 en San Sebastián, el ministro de Defensa Nacional, teniente general Dávila, en representación de Franco, acompañado por el general Vigón y el general Sagardía impuso la Corbata de la Laureada de San Fernando a la V Bandera de Falange de la 62 División.
En julio de 1939, en su Cuartel General, instalado en Rentería, recibió orden de presentarse en Burgos ante Franco, que le encargó una difícil misión al lado de Queipo de Llano. De vuelta en Burgos, no quedando ningún otro general, desempeñó el cargo de capitán general interino, hasta que el ministro Serrano Suñer le encargó la organización de las nuevas Fuerzas de Seguridad del Estado: policía y policía armada.
En septiembre de 1940 acompañó a Serrano Suñer en su visita a Berlín, donde rechazó el ofrecimiento de que se incorporase al ejército alemán con el grado de general de división. En diciembre de 1940 fue destinado a Cartagena como gobernador militar de aquella base naval, siendo también la máxima autoridad judicial de Alicante, Murcia y Albacete, hasta su situación de disponible forzoso en febrero de 1941. El 22 de agosto de 1956, en San Sebastián, Francisco Franco le impuso la Palma de Plata Individual.
CONCLUSIÓN
La trayectoria militar de Antonio Sagardía Ramos refleja la evolución de muchos oficiales del ejército español que desempeñaron funciones relevantes durante la Guerra Civil. Desde sus inicios como oficial de artillería hasta su mando de la Columna Sagardía y la 62 División, participó en numerosas operaciones militares en distintos frentes del conflicto. Tras la guerra continuó desempeñando responsabilidades dentro de la estructura militar y administrativa del régimen, consolidando una carrera marcada por su actividad en el ámbito militar y organizativo.
