INTRODUCCIÓN
En diciembre de 1937, Francisco Franco concedió unas declaraciones a un corresponsal de una agencia inglesa en las que expuso con notable claridad los fundamentos ideológicos del régimen que pretendía instaurar tras la Guerra Civil. El general anunció la derogación de la Constitución laica de la República y de toda la legislación considerada anticatólica, presentando el alzamiento como una defensa necesaria de la religión, de las instituciones tradicionales y de la propia esencia de España frente al comunismo internacional. Sus palabras permiten comprender cómo el franquismo articuló un proyecto político que unía autoritarismo, catolicismo social y una peculiar concepción corporativa de la representación.
La Constitución laica de la República fué abolida por un decreto firmado por mí en octubre pasado, y con ello se halla abolida toda la legislación anticatólica. Para defender nuestra histórica España, nuestras instituciones y la Religión Católica, así como la misma nación, hubimos, necesariamente, de sublevarnos. Yo estaba seguro desde un principio de nuestro triunfo, porque España no podía sucumbir al Comunismo internacional.
Las gentes creían que sólo nos interesaba hacer la guerra; pero nosotros vamos a realizar, al propio tiempo, una profunda revolución de carácter social inspirada en las enseñanzas de la Religión Católica. Habrá menos personas ricas, pero también menos pobres. El nuevo Estado español, será una democracia en la que todos los ciudadanos participarán en el Gobierno por sus actividades profesionales y sus funciones específicas.
Las leyes que prohíben a las órdenes religiosas la enseñanza y el ejercicio de algunas industrias, así como las que obstaculizaban su propiedad y su administración interior, han sido derogadas como las que disolvían la Compañía de Jesús y nacionalizaban sus bienes. Para ello, Se tomarán medidas positivas, cuando formemos un Gobierno y tratemos a fondo la obra legislativa; además, el Estado español tomará con verdadero interés la obra de las misiones, parte importante de la obra civilizadora y el Imperio espiritual de España. No tendremos necesidad de universidad católica, puesto que lo serán todas las universidades, ya que en ellas se enseñarán unos cursos religiosos de carácter filosófico. Nuestro Estado debe ser un Estado católico, tanto desde el punto de vista social como cultural, puesto que la verdadera España ha sido siempre, continúa siéndolo y será profundamente católica.
CONCLUSIÓN
Estas declaraciones reflejan uno de los pilares centrales del ideario franquista: la identificación entre nación española y catolicismo. Franco no sólo justificó la sublevación como una cruzada religiosa, sino que adelantó las líneas maestras del nuevo Estado, basado en la participación “por actividades profesionales” y en la restauración del protagonismo de la Iglesia en la educación y la vida pública. El mensaje, dirigido a la opinión británica, buscaba legitimar internacionalmente al régimen y presentarlo como una alternativa de orden frente al comunismo. Leído hoy, el texto constituye un documento fundamental para entender la configuración del nacionalcatolicismo y el modelo político que se consolidaría tras 1939.
