INTRODUCCIÓN
El 26 de diciembre de 1937, en plena fase final de la Guerra Civil, Francisco Franco concedió una entrevista a The New York Times Magazine destinada a la opinión pública estadounidense. En ella trató cuestiones clave sobre el futuro de España: la posible alianza con Alemania e Italia, la integridad territorial, la restauración de la monarquía y la forma del Estado tras la victoria. Sus respuestas combinaron la afirmación de independencia nacional con la defensa de un modelo político inspirado en los regímenes corporativos europeos, al tiempo que rechazaba el parlamentarismo republicano. Estas declaraciones constituyen un documento fundamental para comprender la imagen que el franquismo quiso proyectar ante el mundo anglosajón.
– ¿Entrarán a formar parte de una alianza militar con Italia y Alemania en el caso de una victoria final de sus tropas?
– Nuestra victoria significa la salvación de España y evitar que se convierta en una colonia soviética. Significa una restauración de la unidad nacional que estaba amenazada por traficantes políticos y por traidores separatistas. España no tiene ningún dueño de locura. Está a gusto en su territorio y sólo aspira a mantener buenas relaciones con todos los países, a pesar de que mantenga una íntima amistad con aquellos que, en momentos críticos de su Historia, y durante su lucha por la independencia nacional, le han tendido su mano, y los que no han ayudado a sus enemigos y contribuido a su destrucción.
– ¿Será cedido algún territorio español, después de la guerra, a alguna potencia extranjera, o se le permitiría que lo usara como base militar, naval o aérea?
– Dejaríamos de ser nacionalistas si cediéramos aunque fuera una sola pulgada de nuestro territorio. Hemos tratado y firmado acuerdos con Alemania e Italia, declarando que España no entregará nada de su territorio, ni de la Península, ni de sus islas o posesiones de ultramar. Hay que añadir que ni Alemania ni Italia han solicitado que se les cediera ningún territorio español, ni el privilegio de establecer bases militares.
– En lo que se refiere a la posible restauración de la Monarquía, ¿piensa que debe venir inmediatamente después de la guerra, y tomará como modelo las monarquías italiana o inglesa?
– Hay que recordar que España tiene una antigua tradición, que haría innecesario buscar orientación, o estudiar la experiencia de las monarquías que en otra parte de Europa pudieran aleccionarnos. Además, es imposible transplantar instituciones políticas de un país a otro sin modificaciones. La forma de Gobierno que la España nacionalista adoptará, después de la guerra, será genuina y exclusivamente española.
– ¿La forma de Gobierno que V. E. proyecta para el futuro tendrá semejanza con los regímenes corporativos totalitarios de Italia, Alemania y Portugal?
– España tiene su propia tradición y la mayoría de las fórmulas modernas que han de ser descubiertas en los países totalitarios, pueden ser encontradas ya incorporadas a nuestro pasado nacional. Nuestro régimen, que de día en día se va perfeccionando, hará resurgir, en forma moderna, aquellas instituciones que fueron suspendidas por el régimen liberal que fué causa de la pérdida para España dé lo que quedaba de su Imperio. Será parecido al régimen de Italia y de Alemania en lo que robustezca el principio jerárquico, exalte el amor a la Patria, realice justicia social y fomente el bienestar clases medias y obreras.
– ¿Tiene V. E. la intención de establecer una dictadura después de la guerra?
– En absoluto. España adoptará la mejor forma de Gobierno que más le convenga, después de verse libre de influencias que no son españolas. La palabra dictadura, no es compatible con el deseo y las aspiraciones de nuestra-nación que además nunca podrá amoldarse a modelos extranjeros.
– ¿El pueblo español participará en el Gobierno con que sueña, y considera V. E. impracticable en España el republicanismo democrático?
– Una experiencia de cinco años con un Gobierno de este género que ha sido la causa de la guerra, ha probado en España la falsa democracia del régimen parlamentario republicano. Pero nuestro huevo Estado ha de ser un instrumento totalitario al servicio de la integridad nacional. Todos los españoles participarán en él a través del desempeño de sus funciones municipales y sindicales, pero no participarán como representantes de partidos políticos, porque hemos abolido implacablemente el Viejo sistema parlamentario de múltiples partidos politicos con sus males conocidos: Sufragio inorgánico y la lucha entre los grupos enemigos.
CONCLUSIÓN
La entrevista al New York Times Magazine revela el delicado equilibrio diplomático que Franco intentaba mantener a finales de 1937. Mientras negaba cualquier cesión territorial y rechazaba ser un mero aliado subordinado de Roma o Berlín, defendía un Estado de carácter totalitario y corporativo que rompiera definitivamente con el sistema parlamentario. Su discurso buscaba tranquilizar a Estados Unidos sobre la independencia de España, a la vez que legitimaba un modelo político autoritario presentado como “genuinamente español”. Leído hoy, este texto permite apreciar las contradicciones entre la retórica nacionalista y la realidad de las alianzas internacionales del bando sublevado, así como las bases ideológicas del régimen que se consolidaría tras la guerra.
