INTRODUCCIÓN
El discurso de Francisco Franco a la delegación marroquí, pronunciado el 10 de febrero de 1954, se inscribe en un momento de especial tensión en el contexto del Protectorado en Marruecos y de los procesos de descolonización en el norte de África. En sus palabras, el Jefe del Estado español se dirige a los representantes de la Zona del Protectorado subrayando la vinculación histórica entre España y Marruecos, el papel que atribuye a la acción española en la administración del territorio y la defensa de los acuerdos internacionales que regulaban el régimen del Protectorado.
El texto refleja, además, la posición del Gobierno español ante los acontecimientos derivados de la crisis política en el ámbito marroquí y la actuación de otras potencias implicadas, en un contexto internacional marcado por tensiones coloniales y por el debate sobre la soberanía y la unidad del Imperio marroquí. El discurso ofrece así una fuente significativa para comprender la visión oficial española sobre Marruecos en los años previos a la independencia.
10 de febrero de 1954.
Excelentísimo Gran Visir, bajaes y caídes de nuestra Zona de Protectorado, leales y dilectos amigos con los tanto y tanto hemos convivido en la Milicia, en el trabajo fecundo de la Administración y de las ciudades. Vosotros sabéis cual ninguno cuán grandes han venido siendo las inquietudes y sacrificios de nuestra Nación para pacificar vuestros territorios; elevar el nivel de vida de vuestras poblaciones y poderes conducir a la Administración pública de vuestro territorio. Por ello no puede extrañamos vuestra visita ni vuestro mensaje.
La comunidad de sentimientos de nuestros pueblos viene siendo tan grande que aunque los tristes sucesos que hoy lamentamos no hubieran afectado a nuestra responsabilidad e intereses como coprotectores en el Imperio marroquí, los hubiéramos sentido como propios por cuanto a vosotros os afectaban. Bien conocéis, por haber colaborado en ella, cuán grande y paciente ha sido nuestra labor para poder labrar la unidad del pueblo marroquí. La población de su territorio y serranías, por sus características y particularidades, vivía secularmente fuera de la autoridad y dependencia de los Sultanes. Los derechos, libertades y personalidad del pueblo marroquí estaban salvaguardados por los tratados internacionales y la caballerosidad y el honor de las naciones protectoras; de lo que la doble presencia de España y la de Francia en sus zonas respectivas constituía una garantía. Por eso no puede extrañarnos que, quebrantados los fundamentos políticos del protectorado por la violenta acción francesa, nos elevéis vuestro dolor y vuestra protesta, ya que si aquella violencia persistiese quedaría una gran parte del pueblo marroquí desamparado y sujeto a la arbitrariedad de la nación protectora. El que otras naciones interesadas mantengan silencio ante la situación de grave tensión que el mundo vive no quiere decir que aprueben y no guarden reservas frente a lo violento e insólito de la acción gala. Por mi parte, yo puedo aseguraros que España seguirá fiel a los tratados y leal a sus hermanos marroquíes; defenderá con tesón la unidad de Marruecos y la letra y espíritu de los acuerdos, sin aceptar situaciones de hecho que, en pugna con nuestro sentir, lo están también con la moral internacional y con la letra y el espíritu de los convenios concertados, seguros de que la fuerza de la razón acabará triunfando sobre la sinrazón de la fuerza. Mientras esa hora os llegue, la zona marroquí confiada a nuestra protección continuará bajo la soberanía de Su Alteza imperial el Príncipe Muley el Mehdy, que Dios ilumine y proteja, asistido por nuestro Alto Comisario, autoridades del Majzén, bajaes y caídes de la Zona guardando las puras esencias del Protectorado, fieles a la unidad de Imperio y el sentir del pueblo marroquí, sobre el que pido a Dios derrame sus bienes y consuelos. Gracias, gracias, hermanos.
CONCLUSIÓN
Las palabras de Franco a la delegación marroquí en febrero de 1954 constituyen un testimonio relevante de la política española en el Protectorado en su fase final. En ellas se combinan referencias a la legalidad internacional del sistema de Protectorado, a la defensa de la unidad territorial marroquí y a la voluntad de España de presentarse como garante de los tratados y de la estabilidad frente a un contexto de creciente contestación colonial.
Desde una perspectiva histórica, el discurso permite apreciar cómo el régimen franquista articulaba su discurso de legitimación en el ámbito exterior, apelando al honor, la legalidad y la continuidad de los acuerdos internacionales, en un momento en que el proceso de descolonización en el Magreb avanzaba de forma irreversible.
