Es poco conocida la interlocución de Franco en el panorama internacional de su época con otros líderes. En una carta entregada por el embajador en Washington, aconsejaba a Johnson abandonar la intervención en Vietnam:
«Mi experiencia militar y política me permite apreciar las grandes dificultades de la empresa en que os veis empeñados: la guerra de guerrillas en la selva ofrece ventajas a los elementos subversivos que con muy pocos efectivos pueden mantener en jaque a contingentes de tropas muy superiores. Las más potentes armas pierden su eficacia ante la atomización de los objetivos. No existen puntos vitales que destruir para que la guerra termine. Las comunicaciones se poseen en precario y su custodia exige cuantiosas fuerzas. Con las armas convencionales se hace muy difícil acabar con la subversión. La guerra en la jungla constituye una aventura sin límites.
Además, advertía del riesgo geopolítico que su continuidad suponía:
»Reconociendo la insoslayable cuestión de prestigio que el imperio pueda presentar para vuestro país, no se puede prescindir de pensar en las consecuencias inmediatas del conflicto. Cuanto más se prolongue la guerra, más se empuja a Vietnam a ser fácil presa del imperialismo chino, incluso suponiendo que se pueda quebrantar la fortaleza del Vietcong. Subsistirá mucho tiempo la acción larvada de las guerrillas, que impondrá la ocupación prolongada del país en el que siempre seréis extranjeros».
A pesar de sus posiciones políticas, Ho Chi Minh merecía el máximo respeto para Franco:
«No le conozco, pero, por su historia y sus empeños en expulsar a los japoneses, primero; a los chinos, después, y a los franceses más tarde, hemos de conferirle un crédito de patriota, al que no puede dejar indiferente el aniquilamiento de su país. Y dejando a un lado su reconocido carácter de duro adversario, podría ser, sin duda, el hombre que necesita Vietnam».
Y adelantaba que «aunque a primera vista se presenta como un problema militar, constituye un hondo problema político a mi juicio. Está incluido en el destino de los pueblos nuevos […]. A mi juicio, hay que ayudar a estos pueblos a encontrar su camino político, lo mismo que nosotros hemos encontrado el nuestro».
