INTRODUCCIÓN
El 3 de junio de 1952, en el marco del Congreso Eucarístico celebrado en España, Francisco Franco participó en el acto de Consagración de la Nación al Santísimo Sacramento con una oración pública de marcado contenido religioso y político. En su intervención, el jefe del Estado proclamó la adhesión de España a la fe católica y subrayó la identificación histórica entre la nación española y la Iglesia, en un contexto en el que el régimen franquista articulaba su legitimidad a través del nacionalcatolicismo. El texto constituye un testimonio significativo del papel que la religión desempeñaba en la construcción simbólica del Estado y de la identidad nacional en la España de los años cincuenta.
03 de junio de 1952.
«Señor y Dios mío:
Con la humildad que corresponde a todo buen cristiano, me acerco a las gradas de la Sagrada Eucaristía a proclamar la fe católica, apostólica romana de la Nación española; su amor a Jesús Sacramentado y al insigne Pastor Su Santidad Pío XII, cuya vida prolongue Dios para bien de su Santa Iglesia. La historia de nuestra. Nación está inseparablemente unida a la historia de la Iglesia Católica. Sus glorias son nuestras glorias y sus enemigos nuestros enemigos. Antes que en Trento, con la unidad moral del género humano, se proclamase la Cristiandad el decreto definitorio sobre la transustanciación eucarística, su misterio vivía en el corazón de los españoles, y hechos portentosos, fruto de la predilección divina estimulaban la devoción al divino misterio; al Sacramento del Amor. Que ha sido así lo acusa esa maravillosa exposición de arte eucarístico que España ofrece a la contemplación del mundo en este Congreso, en la que no se sabe qué admirar más. si la riqueza y el arte desplegados para el servicio y la honra de Dios o la devoción de un pueblo que hizo posible tanto prodigio. El espíritu de servicio a la causa de la fe católica, que venimos a proclamar, no es un mero enunciado: le precede
una legión innumerable de mártires y de soldados caldos por esta fe, en reciente Cruzada. No somos belicosos, Señor, por amaros. Los españoles aman la paz y unen sus preces a las de nuestro Santo Pontífice y de toda la catolicidad en esta hora. Mas si llegase el día de la prueba, España, sin ninguna duda, volvería a estar en la vanguardia de vuestros, servicios.
Recibid, Señor, esta humilde reiteración de fe y gratitud, que desde lo más profundo de sus corazones, conmigo los españoles os ofrecen y derramad sobre los pueblos que sufren tribulación la protección y bienes que en hora similar derramasteis sobre nuestra Patria, y para nos, Señor, iluminad nuestra inteligencia para mejor serviros.
Decid, eminentísimo señor, a nuestro Santo Padre, cuál es el fervor de estos hijos de la Iglesia y su voluntad de servicio y sacrificio bajo la égida de la nueva España.
CONCLUSIÓN
La oración pronunciada durante la Consagración de España al Santísimo Sacramento en 1952 refleja la estrecha imbricación entre religión y política en el discurso oficial del franquismo. La evocación de la tradición católica, el reconocimiento del papado y la apelación al sacrificio y al servicio de la fe forman parte de un marco ideológico que concebía la identidad nacional española como inseparable de la confesionalidad católica del Estado. Como documento histórico, este texto permite analizar el papel del nacionalcatolicismo en la legitimación simbólica del régimen y su proyección pública en actos de carácter religioso con dimensión política.
