“¿Vosotros decís que la buena causa es la que santifica incluso la guerra? Yo os digo: la buena guerra es la que santifica todas las causas” Friedrich Nietzsche (Así habló Zaratustra, 1883-1885).
“Y por eso, en la siega trágica de nuestros mejores hombres, Dios, desde el primer momento, fue con su mano de providencia salvando a este UNO, a ese hombre que toda España clama hoy con este nombre único, en el que se resumen todos: FRANCO” Ernesto Giménez Caballero (1938).
Será precisamente contra el Frente Popular (un conglomerado mal avenido de socialistas, comunistas, anarquistas y separatistas vascos y catalanes con Manuel Azaña[1] y su Acción Republicana –formación política que soñaba para España con un modelo jacobino radical similar al existente en el Méjico del PRI– y Diego Martínez Barrio y su Unión Republicana ejerciendo el papel de “tontos útiles”[2], todos ellos apoyados de manera cada vez más palmaria en grupos enteros de lo que el filósofo alemán Oswald Spengler llamaba “mundo abisal” y el escritor gallego Wenceslao Fernández Flórez denominaba “el populacho típico de todas las revoluciones”, esto es, no tanto por los marginados ni por los desheredados ayunos de justicia social como por “los fracasados en la búsqueda del éxito económico, por los envidiosos y los vengativos”[3] que, convenientemente azuzados durante años en el odio y resentimiento[4], actuaban ahora con un proceder antes destructivo que constructivo[5]) contra el que se alzaron los sublevados el 18 de julio de 1936, no contra la Segunda República (la cual, como hemos visto, lejos de ser un instrumento al servicio del conjunto del pueblo español con el que solventar los problemas del país, llevaba camino de ser el instrumento con que parte de la izquierda quería convertir a España en un régimen bien de corte comunista libertario bien de corte comunista bolchevique[6]), tal que ahora repiten hasta la saciedad sus exégetas, obviando que cuando
…se habla de las víctimas de la guerra civil se olvida, muchas veces intencionadamente, que varios millares de republicanos murieron a manos de miembros del Frente Popular en el gobierno, hoy llamado con el nombre de lo que precisamente destruyó. Muchos asesinados eran partidarios de la II República que aborrecían en lo que se había convertido, o bien ansiaban un régimen distinto de la monarquía y de la dictadura marxista que se iba imponiendo, cayendo víctimas del sectarismo imperante, habiendo también quienes fueron ejecutados por orden de Stalin, verdadero presidente de aquella España[7].
Desde luego, hablar de República (cuya bandera tricolor, por cierto, utilizaron los alzados desde el 17 de julio al 15 de agosto de 1936, día de la festividad de la Virgen de los Reyes, fecha en la que adoptaron la enseña rojigualda) una vez que la inicial sublevación devino en contienda fratricida resulta (por mucho que así se autodefiniera) una entelequia, pues una vez que los acontecimientos se precipitaron hacia la guerra estaríamos ante un régimen de naturaleza diferente al que delimitaba la sectaria y en no pocos aspectos pueril Constitución de 1931[8], empezando porque las propias Cortes quedaron reducidas “a un cuerpo simbólico sin control sobre el Gobierno”[9] tanto de Largo Caballero como de Negrín (este segundo, más supeditado que el primero a los intereses estratégicos y apetitos de poder bolcheviques[10]).
Es por ello que en las localidades ubicadas en las zonas donde la sublevación fracasó (hablamos de la mayoría de provincias donde el Frente Popular había triunfado en las elecciones de febrero de 1936) y, por ende, permanecieron bajo control gubernamental, se aceleró el tan temido por los alzados “proceso subversivo”, siguiendo un patrón similar: reunión en el ayuntamiento de las autoridades para elaborar un manifiesto de apoyo al Gobierno; creación del comité revolucionario de turno (de “investigación pública”, de “vigilancia de retaguardia” o de “salud pública”[11], integrado por las diferentes formaciones políticas y sindicatos izquierdistas, pugnando entre sí por la hegemonía) tras ser desbordada la autoridad competente; saqueo de la ermita, iglesia o convento del municipio; detención y desarme de aquellas personas consideradas desafectas; registro e incautación de bienes y propiedades de las mismas; y, finalmente, asesinato de éstas, en el mejor de los casos después de una pantomima de juicio a cargo de los Tribunales Populares o Tribunales del Jurado de Urgencia sustitos de los tradicionales órganos de administración de justicia.
Tal patrón se reprodujo punto por punto en Málaga. Aquí, tras el frustrado golpe de mano del capitán Agustín Huelin (quien, tras sacar la tropa a la calle en la tarde del sábado 18 de julio, proclamar el estado de guerra y avanzar hacia el edificio del Gobierno Civil, fue víctima de la indecisión de su superior el general Patxot al no ordenar el uso de la artillería para rendir al gobernador Antonio Fernández Vega, lo que propició la rápida reacción de las fuerzas populares, “que acabaron cercenando el triunfo en la capital malagueña”[12]), las instituciones gubernamentales serían desarboladas por los miembros más exaltados de los partidos frentistas, los cuales formaron el Comité de Salud Pública de Málaga (en el que llevaron la voz cantante la CNT y la UGT, la primera más bregada en lo que se denominaba “gimnasia revolucionaria” y la segunda en lo que se refiere a la gestión de los aparatos de poder), desatando una brutal represión contra propietarios, políticos de derechas, militares, capataces, funcionarios municipales…desglosada en las siguientes cifras: “Muertos en la ciudad de Málaga: 1.100-1.110 (Julio 1936-enero 1937). Muertes en la provincia: Ejecuciones, fusilamientos: 1.503. Acciones de guerra: 803. […] Total provincia de Málaga (Guerra y Ejecuciones): 3.406” [13].
Amén de contra el clero de la diócesis malagueña (que desde mayo de 1931[14] venía sufriendo las iras de los “descontrolados” en un goteo incesante de atentados eclesiásticos[15], hechos que intranquilizaron sobremanera a las monjas carmelitas de Ronda, que incluso “pensaron trasladar la reliquia a Gibraltar, pero las hermanas portuguesas se negaron. De hecho, las religiosas llegaron a escribir al Obispo de Évora, quién accedió a acoger a toda la comunidad, portuguesas y españolas, si fuese necesario”[16]): desde julio de 1936 a febrero de 1937 distintas fuentes han cuantificado “entre 165 y 170 sacerdotes asesinados, de los que un 18% pertenecían a parroquias de Marbella y Ronda”[17], desglosados (de acuerdo al Boletín del Obispado de Málaga de abril de 1937) en 107 sacerdotes del clero secular, 27 del clero regular, 3 ordenados in sacris, 2 clérigos, 26 legos, coadjutores, hermanos, 2 seminaristas no ordenados y 2 por determinar.
En tan salvaje represión religiosa tampoco faltó la no menos bárbara destrucción de bienes eclesiásticos de incalculable valor artístico-cultural[18] –también de bienes privados en viviendas (caso de los señoriales chalets de La Caleta y El Limonar), negocios particulares (los comercios de la calle de Larios) y edificios emblemáticos de carácter civil (el de la Unión Mercantil, el del Aero Club o el de la Sociedad Malagueña)– aunándose el asesinato de las personas al “martirio de las cosas sagradas”, macabra profanación de tumbas incluida, que afectó a algunas criptas y cementerios de iglesias y conventos de la provincia, exhumándose y exhibiéndose al público sin pudor alguno momias y huesos de sacerdotes y monjas[19]. Una irracional orgía sacrílega protagonizada por “hombres con semblantes enajenados […] que parecían drogados por la lujuria del fuego”[20] en la que …se incendiaron iglesias y conventos y se profanaron sagrarios y pilas de agua bendita. Los milicianos amontonaban en la calle las imágenes y los objetos de culto y les prendían fuego junto con los documentos municipales, judiciales, notariales, eclesiásticos y registros de la propiedad que habían podido conseguir. Luego dedicaban las iglesias a establos. En las calles se produjeron mascaradas en las que se usaban capas pluviales a guisa de capotes en fingidas corridas de toros, se parodiaban procesiones o se fingían bodas con las prostitutas del lugar[21].
Dentro de la provincia de Málaga, Ronda “padeció con especial virulencia la violencia religiosa. Allí fueron asesinados una veintena de sacerdotes, el arcipreste de la ciudad y varios coadjutores y párrocos, algunos llevados desde los pueblos cercanos”[22]. De esta caótica vorágine de odio, devastación y pillaje[23] no se librarían nuestras monjas carmelitas, cuyo convento del Corazón Eucarístico de Jesús en dicha localidad fue exclaustrado –previamente a ser asaltado y saqueado– por orden del Comité de Salud Pública fechada el 20 de julio de 1936. Y si bien es verdad que pudieron salvar sus vidas (refugiadas en el cercano asilo de las Hermanitas de los Pobres para luego ser repatriadas con destino a Monte Estoril, en Portugal, a principios de septiembre), el 29 de agosto de 1936 la reliquia de la mano incorrupta de Santa Teresa les sería requisada por los milicianos y llevada a la capital en medio de la confusión reinante, en opinión de algunos a fin de “ponerla a salvo y evitar así una profanación”[24] y en la de otros, como botín de guerra.
Cuando las fuerzas del Ejército Nacional (apoyadas por 10.000 soldados de la Missione Militare Italiana in Spagna-MMIS, más tarde denominado Corpo Truppe Volontarie-CTV, y en una fulgurante ofensiva de guerra célere, la versión trasalpina de la blitzkrieg o “guerra relámpago” alemana basada en los movimientos veloces de tropas motorizadas apoyadas por la aviación) del coronel Francisco Borbón y de la Torre, duque de Sevilla, tomaron la capital malagueña (prácticamente abandonada a su suerte por el presidente del Gobierno, Francisco Largo Caballero, y por el ministro de Marina y Aire, Indalecio Prieto, responsable de ordenar la salida de la flota republicana del Estrecho para la campaña del Norte[25]) el 8 de febrero de 1937, se procedió a la inmediata búsqueda del relicario (siendo hallado a la caída de la tarde de ese día, como veremos después).
En realidad, su búsqueda había comenzado meses atrás, cuando en septiembre de 1936 los ejércitos del bilaureado general Varela llegaron a Ronda, teniéndose constancia de la efectuada por el padre Bernabé Copado Agenjo, capellán de la Columna Corrales, contada por él mismo[26], así como de un registro ordenado a tal efecto por el marqués de Marchelina, sobrino de la condesa de Santa Teresa, hecho que corroboraría la priora María de Cristo:
Llegó el 16 de septiembre […] Por la mañana bien temprano se presentaron los militares […] Como venía con el General [se refiere a Varela] el Marqués de Marchelina, sobrino de la Condesa de Santa Teresa, muy de las Carmelitas, enseguida le pusimos al corriente por la pérdida de la Santa Mano. Se practicaron algunos registros. Todo inútil. La Mano no apareció[27].
Transcurridos unos días, el 16 de febrero de 1937 se anunció públicamente su recuperación de entre las pertenencias personales del jefe del Ejército Popular Republicano del Sur el coronel (que no “general”, graduación que le designaría a menudo la prensa del bando nacionalista) José Eduardo Villalba Rubio, quien, contraviniendo las órdenes del Ministerio de la Guerra de “resistencia a ultranza”, se dijo había huido cobardemente de la ciudad[28] dejando en un hotel la valija donde los sublevados lo encontraron “junto a muchas joyas y una cantidad considerable de barras de oro y billetes de banco (más de cien mil pesetas), [y] unos crucifijos robados en la Catedral malagueña”[29]. La primicia de la noticia correspondió al citado Aniceto Castro Albarrán, anunciándola por Radio Nacional de España el mismo 16 de febrero y reproducida de inmediato en el decano de la prensa de la capital charra:
Os anuncio la buena y gozosa nueva: el Ejército Nacional Español, al conquistar Málaga, ha rescatado la mano bendita de Santa Teresa de Jesús. El suceso ha sido de esta manera. En el despacho del coronel Villalba, el traidor, ascendido a general por los rojos, había una apreciable maleta. En la maleta, unas cuantas casuchas despreciables […] “Naderías” y “nonadas”, que diría Santa Teresa…total, unas ciento diez mil pesetas en billetes nuevecitos; joyas y alhajas seleccionadas; uno bellísimos crucifijos de la catedral de Málaga; una caja lacrada, llena de oro […], y cosillas así. Entre esas cosillas […] Un relicario de plata en forma de mano, cuajado todo de pedrería […] Por los datos que yo tengo, al comenzar el Movimiento Nacional, la mano debía estar en Ronda, y en Ronda debieron robarla los ladrones de la revolución. Y se ve que la reliquia debió gustarle al traidor Villalba […] No por la mano de la Santa que el relicario encerraba, que esto para él sí que era despreciable, sino por el oro y la plata y las piedras preciosas que atesoraba. Esto fue lo que despertó el apetito del coronel traidor […], y se llevó a Málaga la reliquia, y en su despacho de Málaga y en maleta de viaje, entre billetes de banco y otros frutos de su rapiña, preparada la tenía para llevársela, quizás a venderla a algún chamarilero de París[30].
Existen, no obstante, otras versiones acerca de cómo se llevó a cabo su recuperación, distintas a esta digamos “versión oficial” que se contó entonces, caso de la que apunta a que realmente se encontró “en un cajón de despacho”[31] del cuartel de la Guardia de Asalto de Málaga. Las monjas de Ronda habrían contactado con un grupo de falangistas (cuya identidad hoy resulta difícil de comprobar, pues buena parte de las fichas de los afiliados de la primera hora a Falange se perdieron allí donde no triunfó el Alzamiento, destruidas a fin de evitar su detención por los milicianos) que iban a unirse a las fuerzas participantes en la ofensiva sobre Málaga (probablemente dentro de las dirigidas por el comandante de infantería Enrique Rodríguez de la Herrán, quien encabezó una de las primeras columnas del III Tabor del Grupo de Fuerzas Indígenas Regulares de Larache número 4 que dio el salto a la Península desde el Protectorado marroquí en los días posteriores a la sublevación) y a quienes explicaron con detalle cómo era la reliquia. Una vez conquistada la capital andaluza, dichos falangistas consiguieron dar con ella precisamente en el cuartel de los guardias de Asalto, tal que cuenta un atestado redactado por la Brigada de Investigación y Vigilancia –de esotérico nombre “Los Hijos de la Noche”– y conservado en el archivo del convento del Corazón Eucarístico de Jesús en Ronda:
Esta brigada formaba parte de la Columna del Comandante Sr. Rodríguez de la Herranz, y estaba constituida por Seis Individuos de Falange Española, siendo el Jefe José Aceytuno Millán, y los Camaradas Manuel Alarcón Vázquez, Miguel Serrano, Diego Vallecillo, José Mª Alarcón y Pedro Conesa. El 7 de febrero de 1937 salió esta Brigada de Marbella (Málaga) formando parte de la Columna que operaba sobre la costa, quedando al anochecer de dicho día en los alrededores del Campamento de Benítez, que al amanecer del día 8 emprendieron la marcha hacia Málaga, entrando con todas las fuerzas al mando del comandante La Herranz, prestando los servicios a ellos encomendados [la búsqueda de la reliquia teresiana]. Sobre las seis y media o siete del citado día 8, fue alojada esta Brigada en la calle Císter núm. 1, piso principal (Cuartel de los Guardias de Asalto) donde se descargó la impedimenta de la brigada; siendo nombrado de Cuartelero el camarada José Mª Alarcón, al que ordenó el Jefe hiciera un detenido registro por todas las habitaciones y mobiliario de dicho piso, por si había armas o municiones, de las que encontró un corto número de ellas y varias cajas de municiones, así como una bandera tricolor y banderín de la Compañía de Asalto, todo ello en los cajones de las mesas. En una habitación que parecía un despacho donde había dos mesas de escritorio (una frente a la puerta y la otra entrando a la derecha) junto a la mesa de frente y a la izquierda de ellas, había un estante de dos cuerpos; en la parte alta sólo encontró documentación y en la baja vio en el primer cajón de la derecha una caja parecida en las dimensiones a una de las que se usa de envase para los botes de leche La Lechera; una vez sacado este cajón vio con sorpresa que contenía alhajas, asó como relojes, cadenas, medallas, pulseras, anillos, Placas de Militares y una Cajita de forma triangular forrada de terciopelo grana con una plaquita con inscripción en la tapa, la que al abrir vio con gran alegría que contenía la Santa Mano de Santa Teresita, según la inscripción que por dentro tenía, toda ella engarzada en oro y piedras preciosas, por lo que seguidamente se dio cuenta al Jefe, que se encontraba en la misma habitación sentado en un sofá. Al regresar el personal restante de la Brigada, que se encontraba de servicio vieron con alegría el hallazgo tan importante y valioso que se había hecho durante ellos de servicio por las calles de la Capital, seguidamente el Jefe dio cuenta a la Superioridad. A los pocos días publicaba el periódico ABC de Sevilla (en primera plana) una fotografía de la Santa Mano, con una información muy confusa, siendo comentada en la Brigada, toda vez que no daban detalles de cómo y por quién había sido encontrada[32].
Atestado que coincide con el relato que María de Cristo escribiera sobre este episodio a requerimiento del obispo auxiliar de Madrid-Alcalá monseñor García Lahiguera el 21 de febrero de 1958, cuya copia mecanografiada también se guarda en los archivos del cenobio rondeño:
Así pasaban los días cuando se dijo que las fuerzas iban ya muy cerca de Málaga. Entonces fuimos a Capitanía para decir al general que nosotras queríamos entrar en Málaga con las fuerzas para buscar la Mano de nuestra Santa Madre, porque sabíamos cierto que estaba allí y que la encontraríamos. – “Vds. no pueden ir”, nos contestaron. “Pero si tanta fe tienen, entre los que van escojan algunos de su confianza y le hacen Vds. el encargo”. Salimos buscando jóvenes y a tres de ellos que eran de Ronda, Alarcón, Serrato y Aceituno, nos los llevamos a la capillita, y llorando y rezando y haciéndolo todo con una fe y una seguridad como si la tuviéramos en la casa junto al Sagrario, les hicimos los cargos de que estaba en un estuche grana, forrado en seda y con una llavecita. Les entregamos una pequeña foto que de ella teníamos y como gente joven que era se contagiaron de nuestra fe y se despidieron entusiasmados […] Los días se nos hacían siglos esperando las noticias, hasta que sonaron las campanas anunciando que Málaga se había tomado. Inquietud, angustias, esperanzas, de todo tuvimos hasta que pasados algunos días después de la entrada, una buena señora, Dª Carmen Ponce, amiga de la Comunidad se presentó por la mañana diciéndonos: – “Madre, alégrense que la Santa Mano fue encontrada en Málaga. Miren la foto de ABC” […] Más ¿cómo fue encontrada? Es un caso milagroso y no bien comprendido. ¡Sea todo por el amor de Dios bien sufrido, para gozar más en el cielo! A los jóvenes, al llegar a Málaga les destinaron a su cuartel, en el despacho del General Villalba, donde estaban también los carabineros. Ellos con la alegría y el entusiasmo de la gente joven se pusieron a jugar dando golpes en todo y notaron que en un armario empotrado en la pared había cajones […] ¡Santo Dios! ¡Y qué sorpresa al sacar los cajones y descubrir lo que allí había de joyas, collares, dinero, y lo más interesante, EL ESTUCHE GRANA! ¡Qué milagro! ¡Qué sorpresa y qué gozo para los jóvenes! A ellos les pareció que debían tomar un camión y venir para dar esa alegría a las Religiosas. Pero uno advirtió que tenían que dar parte a los jefes, lo que hicieron inmediatamente. Y al decir ellos que querían tener el honor de venir para Ronda a dar la noticia, les contestaron secamente: – “En Falange no hay honores”. Levantaron la guardia a los muchachos, les dieron unas pequeñas medallitas y los mandaron para otra parte. ¡Pobres chicos, con qué penas me contaron no haber podido venir ellos con la Santa Reliquia! ¡Así es la vida![33]
Otra versión dada entonces –poco verosímil por novelesca y por lo que hay en ella de apropiación interesada de la figura romántica del bandido– tuvo como protagonista a Pedro Flores Jiménez, sobrino del que ha sido considerado último bandolero malacitano Francisco Flores Arrocha, abatido por la Benemérita en 1934[34]. Según esta explicación, Flores Jiménez (quien, con la Guerra Civil pasó de proscrito a jefe de la columna de “Pedro López” en su pueblo, Igualeja, convirtiéndose para el bando frentepopulista en un “héroe del pueblo”[35] y, no obstante, también en una suerte de protector para las personas de derechas de su aldea natal, salvando al parecer la vida de la delegada local de la Sección Femenina encerrada en la prisión de Ronda[36], lo que no le libró de ser fusilado por los sublevados el 12 de marzo de 1937 tras haberse entregado a éstos semanas antes[37]) la habría custodiado en la sierra hasta que la trasladó a Marbella y allí, la depositó en la iglesia de la Encarnación.
Se ha escrito también (sin ningún fundamento) que Villalba Rubio en ningún momento se dejó olvidado el relicario, sino que estaba perfectamente identificado en una maleta donde “[…] tenía bien visible una nota para que dicha reliquia fuera entregada a Franco con un texto que decía, «Paco te dejo esta reliquia que estos bestias se la comen»”[38].
Sea como fuere, lo cierto es que la propaganda de los alzados (ya sea reproduciendo esquemas narrativos medievales difundidos después en el Barroco: “el sacrilegio, el robo, el hallazgo providencial y sus poderes sobrenaturales”[39]; ya sea evocando la antigua fórmula “de reliquia animada que castiga el mal y a los enemigos impíos”: el cronista carmelita Silverio de Santa Teresa afirmaría –en un artículo escrito el 1 de abril de 1937 para la revista El Monte Carmelo titulado “La Mano de la Santa redimida de la esclavitud bolchevique”– que la extremidad cobró vida “dando un manotazo al canalla que tuvo la mano retenida, al Villalba que le hizo rodar hasta Almería y abandonar la defensa de Málaga, que cayó en un santiamén en poder de nuestros soldados”[40]) convertiría a este episodio en un mito consistente en presentar una prueba irrefutable del apoyo divino a la causa del bando nacional. Como muestra, un botón:
[La] mano aparecida prodigiosamente en Málaga vuelve a exaltar la figura para diferenciar la España tradicional del Quijote y la de la impiedad y el sanchopancismo. Aquélla estruendosamente jubilosa con haber recuperado el valor intrínseco, la belleza de una mano que llevó a España por senderos de santidad. Los senderos que la España de la anarquía y del pillaje tratan de borrar insensatamente, queriéndose llevar, sólo por la plata que la adorna, esa mano bendita. El cuerpo santo de la Raza ha querido hacer más patente su inclinación por el Ejército de España con sus manos, florones de nuestra espiritualidad […] Las manos de Santa Teresa, tan hechas al tacto delicado de la España espiritual, son simbólicas ante los malhechores que las roban. Protegen a su España auténtica. No cabe dudar en la ejemplaridad de su milagro[41].Tal mito, obviamente propagandístico (no se olvide que en una guerra, “La propaganda oportuna surte más efecto que cien toneladas de explosivos”[42]), ocultaba que el vestigio teresiano siempre había estado de algún modo bajo control de los revolucionarios (su hallazgo en el cuartel de Carabineros así lo indica). De hecho, el mismo habría salido (con todo lo requisado por ellos en Ronda) en dirección a la localidad de San Pedro de Alcántara y de allí a Marbella, donde el 23 de septiembre de 1936 lo entregaron al Comité de Guerra de la Comandancia Militar de Málaga, como refleja el acta reproducida días después en la prensa frentepopulista de la provincia andaluza:
En la ciudad de Málaga a 23 de septiembre de 1936 se reunieron en el Comité de Guerra de esta Comandancia Militar los camaradas, Rafael Arcila Morales, Miguel González Benítez, Francisco Becerra Serrano, Francisco Montes Melgar y Salvador Higueros García de la C.N.T.; Miguel Escalante García, José Rosillo García, Manuel Melgar del Valle y Lorenzo García Ductor de U.G.T.; Francisco Becerra Coca, del Partido Comunista y Juan Parada Jiménez de Izquierda Republicana, que forman los comités de Defensa, Guerra y Abasto de la ciudad de Ronda, en presencia de los camaradas Rafael Peña y José Margalet del Comité Regional de Andalucía y Extremadura de C.N.T. y José Caro de U.G.T. miembros los tres del Comité de Guerra de Málaga, al objeto los primeros de entregar oficialmente a los segundos, la cantidad, en billetes de España de 61.500 pesetas, a más de un maletín de alhajas y pedrería de oro de un valor incalculable, incluyendo en dichas joyas una mano-relicario de Santa Teresa de Jesús, de plata con adornos de oro y pedrería, todo ello procedente de la ciudad de Ronda y que obraba en poder del expresado Comité de Defensa, por haber sido requisado para las necesidades de la guerra. Hecha la entrega, previa la comprobación de los valores, se da por terminado el acto, levantándose del mismo la presente acta, que se da un ejemplar a cada uno de los asistentes de Ronda y un ejemplar que se archiva en el Comité de Guerra de esta Ciudad de Málaga, firmándola todos los asistentes en señal de conformidad[43].
Lo que no es óbice para que este tesoro hubiera podido acabar finalmente lejos de España, como ocurrió en aquel tiempo con tantos otros pertenecientes al patrimonio nacional incautados por la Caja General de Reparaciones de Daños y Perjuicios de la Guerra (organismo de represión económica creado al poco de estallar la contienda por el Gobierno de Largo Caballero) y luego dilapidados en el exilio por los capitostes del Frente Popular (véase el tesoro del “Vita” como ejemplo paradigmático[44]).
La incógnita a despejar es si la reliquia estuvo alguna vez bajo poder de Villalba Rubio, el cual se encontraba en la Ciudad Condal coincidiendo con la salida del relicario de Ronda en septiembre de 1936, no incorporándose a la comandancia militar malagueña hasta el 21-24 de enero de 1937, cuando ya había comenzado la ofensiva de los Ejércitos Nacionales sobre la capital andaluza. El infortunado coronel del Ejército Popular Republicano nunca aclaró este extremo, ni cuando fue juzgado por el Gobierno de Largo Caballero bajo la acusación de “haber abandonado al enemigo la plaza malagueña” (juicio del que resultó absuelto) ni cuando, a su regreso del exilio a España en 1950 fue nuevamente juzgado, esta vez por las autoridades franquistas (que lo condenaron tras un consejo de guerra a 12 años de prisión, siendo al poco indultado). Todavía en 1976 se escribía aquí que “en agosto de 1936, elementos del comité republicano la requisaron, sin que se sepa cómo llegó a manos del susodicho coronel Villalba”[45], sobre quien resulta obvio interesó focalizar por parte de los sublevados el discurso denigratorio acerca de la incapacidad, cobardía y latrocinio de los militares no adscritos al Alzamiento[46].
Tras su recuperación el día 8 de febrero por la Brigada de Investigación y Vigilancia, se ha contado (en una “información” difundida desde una famosa “enciclopedia libre”) que el relicario fue trasladado a Valladolid para ser exhibido “en una magna exposición con otros relicarios y obras de arte del patrimonio religioso apropiado por los antifascistas que se lograron recuperar, siendo salvados de su destrucción”[47], aunque no hay constancia documental (al menos, un servidor no la ha encontrado) de ninguna exposición de estas características y por aquellas fechas en la ciudad del Pisuerga.
Todo apunta a que lo que realmente sucedió es que la reliquia teresiana se envió directamente desde Málaga a Salamanca, por orden del comandante del Corpo Truppe Volontarie el general Mario Roatta (herido, por cierto, en los primeros compases de la ofensiva sobre la capital andaluza), estando en poder de Franco ya el día 13 de febrero, fecha en que al anochecer el segundo del general trasalpino (el coronel Emilio Faldella) se la entregaba personalmente a la par que (en una reunión no demasiado cordial, pues el Caudillo –que compartía el enfado de su Estado Mayor por el hecho de que el éxito malagueño fuera explotado como algo exclusivo del Partito Nazionale Fascista– no estaba por la labor de dejar a sus aliados la iniciativa en la contienda) exponía los planes de Mussolini para una futurible operación militar con Valencia (sede del Gobierno de Largo Caballero tras su huida de Madrid en los primeros días de noviembre de 1936) como principal objetivo en la cual las fuerzas italianas irían a la vanguardia, hecho que refleja el documento N. 50/b del Diario Storico del CTV de aquella jornada
Alle ore 20 del 13 febbraio il Capo di S.M., che era accompagnato del Ten. Col. di S.M. Zanussi, fu introdotto alla presenza del Generalissimo, che aveva con sé il Generale Moreno e il Ten. Col. Barroso. Il Generalissimo chiese notize del Generale Comandante, non pronunciò parola circa la battaglia di Malaga, ne ringraziò della consegna fattagli in quel momento di una famosa e preziosa reliquia, –la mano di Santa Teresa conservata in un reliquiario di un valore incalcolabile–, che i Legionari avevano salvato a Malaga[48].
La mano incorrupta fue “colocada en un altar pequeño, de la residencia del Generalísimo, en el Palacio Arzobispal”[49] (cedido a Franco por el obispo Enrique Pla y Deniel) de la ciudad del Tormes, considerada por aquellos días el “corazón de España” porque en ella residía “su Caudillo en su lucha por la espiritualidad y la civilización cristiana” [50], tal que reza el sermón pronunciado en “una ceremonia solemne de purificación”[51] que, en honor a la “santa andariega” y presidida por la esposa de Franco, Carmen Polo[52], se celebró con gran éxito la tarde del domingo 21 de febrero de 1937 en una abarrotada catedral de Salamanca; ceremonia de la que, a modo de curiosidad, diera cuenta un importante rotativo italiano en su sección de noticias referidas a la guerra española donde, aparte de errar en lo referido a la presencia de Franco en tan singular evento[53], se ahondaba en la “versión oficial” de su hallazgo en la maleta del coronel Villalba:
N`ella cattedrale, con l´intervento del generale Franco e di tutte le autoritá, si è avolta ieri una solenne funcione per l´adorazione della reliquia della mano di Santa Teresa. Ha officiato il veucovo Plan Daniel. La mano della santa ò stata salvata a Malaga della destruzione rossa, e rinvenuta nel bagaglio del colonnello Villalba, abbandonato durante la fuga[54].
Será precisamente en la ciudad del Tormes donde se sancione oficialmente la que en adelante se conocería como Cruzada de Liberación Nacional[55], cuando el 30 de septiembre de 1936 –un día antes de la ceremonia de exaltación de Francisco Franco como jefe del “Gobierno del Estado Español” y “Generalísimo de las fuerzas nacionales de Tierra, Mar y Aire”[56] que tuvo lugar en la Capitanía General de Burgos[57] por el Decreto nº 138 de la Junta de Defensa Nacional dado en dicha ciudad el 29 de septiembre[58]– el citado Pla y Deniel publique su carta pastoral Las dos ciudades. Inspirada en la obra homónima de San Agustín, en ella se decía que la contienda revestía
…la forma externa de una guerra civil; pero, en realidad, es una cruzada. Fue una sublevación, pero no para perturbar sino para restablecer el orden […] La Iglesia no interviene en lo que Dios ha dejado a la disputa de los hombres. Si desde el primer instante los Prelados hubiesen oficialmente excitado a la lucha, los que han asesinado obispos y sacerdotes, incendiado y saqueado templos, habrían dicho que era la Iglesia la que había excitado la guerra, y que sus horribles y sacrílegos atentados no eran más que represalia. Por el contario, cuando los sacrílegos asesinatos e incendios se han verificado antes de todo apoyo oficial de la Iglesia; cuando el Gobierno no contestó siquiera a las razonadas protestas del Romano Pontífice; cuando el mismo Gobierno ha ido desapareciendo de hecho, no ya sólo en la parte del territorio nacional que perdió desde los primeros momentos, sino que aun en el territorio a él todavía sujeto no ha podido contener los desmanes y se ha visto desbordado por turbas anarquizantes y aun declaradamente anarquistas…¡ah!, entonces ya nadie ha podido recriminar a la Iglesia porque se haya abierta y oficialmente pronunciado a favor del orden contra la anarquía, a favor de la implantación de un gobierno jerárquico contra el disolvente comunismo, a favor de la civilización cristiana y de sus fundamentos, religión, patria y familia, contra los sin Dios […] ya no se trata de una guerra civil, sino de una Cruzada por la religión y por la patria y por la civilización[59].
En ese momento quedaban sellados los destinos de la mano de la “Santa de la Raza” (concepto fijado en 1922, centenario de su canonización, y remachado en 1930 por la obra de Gabriel de Jesús La Santa de la Raza: vida gráfica de santa Teresa de Jesús) con los de las “manos rectoras” (en palabras del obispo de Tuy, Antonio García, aparecidas en el Boletín Oficial del Obispado de Tuy-Pontevedra del 16 de septiembre de 1936) y los del “providencialísimo” Caudillo, erigido éste en dictador[60] (término que en aquella época no resultaba ominoso) de magistratura vitalicia, plenos poderes y juicio inapelable, en jefe supremo de la cruzada “patriótica y religiosa en la cual combaten por un lado los hijos de España, sus buenos hijos, y por otro […] unos hombres nacidos en España pero que desecharon de su corazón el espíritu de España”[61], tal que reflejaron las palabras del propio Franco en el famoso discurso (pleno de simbolismo) pronunciado aquel día primero de octubre de 1936:
Hoy, después de dos meses de lucha […] con la victoria a nuestro lado, con la organización a nuestro lado, con la honradez y la nobleza a nuestro lado, me entregáis España. Yo sólo puedo, en estos momentos solemnes, con la seriedad del soldado, con la lealtad del caballero y con el corazón en la mano, deciros a todos: Ponéis en mis manos a España. Mi mano será firme, mi pulso no temblará y yo procuraré alzar a España al puesto que le corresponde conforme a su Historia, y que ocupó en épocas pretéritas[62].
[1] “Azaña favoreció en todo momento la caída hacia la guerra civil, no deliberadamente como en el caso de los líderes socialistas, pero sí por sus políticas ilusorias con respecto al PSOE y al separatismo catalán, basadas en un concepto caprichoso de España, en la negación de su historia y en la pretensión de romper con su pasado a partir de tópicos superficiales y ya por entonces anacrónicos”. Pío Moa, La Segunda República Española: Nacimiento, evolución y destrucción de un régimen 1931-1936 (Madrid: La Esfera de los Libros, 2020), 399.
[2] “Ya padecían ciertos socialistas, y todos los comunistas, el espejismo de lo ocurrido en el curso de la revolución rusa de 1917, y nos repartían a los republicanos el triste papel de Kerenski. Nuestra misión se debía reducir, según ellos, a allanarles el camino del Poder, puesto que la revolución democrática era una etapa agotada en la historia de la República”. Diego Martínez Barrio, Orígenes del Frente Popular español, (Buenos Aires: PHAC, 1943), 61.
[3] “El Jefe Provincial y Gobernador Civil habla a los trabajadores leoneses”, Proa, 20 de septiembre de 1941, página 8.
[4] “No importa, camarada […] Estudia…Piensa…Lee a Lenin…Y ayuda al Partido a desmoralizar al Pueblo, a enfrentar a las dos Españas, a reclutar gentes entre el rencor y la miseria…Es una labor dura y larga, de auténticos topos, pero hoy por hoy no hay otra cosa que hacer”. Enrique Castro Delgado, Hombres made in Moscú (Barcelona: Luis de Caralt, 1965), 56.
[5] “La gente no sabía muy bien qué era eso del socialismo. Pero…Tenía hambre, tenía odio, tenía ansias inmensas de venganza…Nunca la tierra había sido mejor abonada por el CAOS. Nunca”. Ibid, 194.
[6] Francisco Largo Caballero, en declaraciones al corresponsal de la agencia de noticias Associated Press en nuestro país y cinco meses antes del comienzo de la contienda: “Habrá soviet en España en cuanto caiga Azaña”. Edward Knoblaugh, “El socialismo exige ahora una dictadura proletaria”, La Prensa, 21 de febrero de 1936, página 1.
[7] Jesús Javier Corpas Mauleón, “El frente popular contra los republicanos”, La Razón Histórica: revista hispanoamericana de historia de las ideas políticas y sociales, nº 23 (2013): 98-111.
[8] “The Republic brought with it a new Constitution grimly designed to destroy the influence of the Church and to break the big landowners of Spain but leavened with idealism, notable in such clauses as that under which the Spanish Government cannot itself declare war on another country without obtaining the consent of the League of Nations” (“La República trajo consigo una nueva Constitución sombríamente diseñada para destruir la influencia de la Iglesia y quebrantar a los grandes terratenientes de España pero leudada con idealismo, notable en cláusulas tales como aquella según la cual el Gobierno español no puede declarar la guerra a otro país sin obtener el consentimiento de la Liga de las Naciones”). “Spain: The Republic v. The Republic”, Time, vol. XXVIII, nº 8, 24 de agosto de 1936.
[9] Antony Beevor, La Guerra Civil…, op. cit., 353.
[10] No faltan, de Juan Negrín, ditirámbicas alocuciones pro soviéticas, como la radiada con motivo del XX aniversario de la URSS, en la que se obvian las muchas tropelías cometidas por el régimen bolchevique allí (los crímenes de la Cheka, las hambrunas en Ucrania, las anexiones contrarias a derecho internacional de la Carelia Meridional, Ucrania, Georgia, Tannu Tuvá, Turkmenistán, Uzbekistán, Tayikistán, Armenia, Kazajistán y Kirguistán) y aquí (exterminio del POUM): “La URSS ha creado, de un mundo dormido, un mundo nuevo, y la influencia del magno proceso experimental puede medirse por las reacciones que provoca en los sistemas inadecuados a los fines esenciales del bienestar humano y de la civilización. El vigésimo aniversario de la Unión Soviética es también el momento en que se endurece una cruel guerra de invasión en España. Por ello, por conocer la grandiosidad de la construcción socialista y de tantos otros aspectos de la vida soviética, encamino mi saludo emocionado a este gran pueblo, como campeón de la paz indivisible y del derecho de las naciones a dirigirse libremente […] La Unión Soviética ha demostrado a Europa su solidaridad limpiamente, sin pedir nada, cumpliendo, una vez más, su papel de pueblo civilizado, amigo de la paz y respetuoso con las nacionalidades. Por ello, merece la gratitud del pueblo español y la admiración de los gobernantes; pero además, la Unión Soviética, cumpliendo el principio de la revolución, cuyo XX aniversario festejamos, se ha convertido en el paladín más destacado del Derecho internacional y de la independencia y la libertad de los pueblos, y por eso merece, no sólo la gratitud de España, sino del mundo civilizado por entero”. En ABC (Madrid), 26 de octubre de 1937, página 5.
[11] “Conocidos como «checas», mantuvieron un poder policial paralelo. Se dedicaron a purgar cada población de posibles elementos «facciosos» y de los llamados «quintacolumnistas». En estos comités compartieron tareas de depuración tanto los socialistas como los anarquistas y comunistas, según su implantación en cada territorio […] La tortura fue habitual en todas las «checas» y en todos los casos contaron con la connivencia de las autoridades republicanas, en mayor o menor grado”. Juan Sisinio Pérez Garzón, Historia de las izquierdas…, op. cit., 281.
[12] José Manuel Martínez Bande, La Campaña de Andalucía (Madrid: San Martín, 1986), 24.
[13] Antonio Nadal, “Comité de Salud Pública”, Baética: Estudios de Historia Moderna y Contemporánea, nº 28, 2 (2006): 627-648.
[14] “El teléfono nos despertó a las tres de la madrugada del 12 de Mayo de 1931. Todavía soñoliento descolgué, era nuestro chófer. Muy nervioso, me contó que los disturbios hacían estragos en la ciudad, algunos conventos e iglesias estaban ardiendo, estaban atacando el Palacio del Obispo y que el edificio de cuatro plantas del periódico monárquico estaba en llamas y en ese momento, se cortó la línea”. Edward Norton, Muerte en Málaga: Testimonio de un americano sobre la Guerra Civil española (Málaga: Universidad, 2004), 71.
[15] “En julio de 1931, es incendiada la iglesia de Verdiales. En octubre de ese mismo año, es incendiada la Casa de la Caridad en la ciudad. En enero de 1932, es asaltado el Círculo de Acción Católica en la ciudad. En marzo de ese mismo año, es incendiado en Antequera el Convento de la Trinidad. En abril, se intenta incendiar la iglesia de San Felipe Neri en la ciudad y en Almáchar es destruida imaginería de la ermita y arrojada la Virgen de las Angustias a un barranco. En mayo, atentan contra la Iglesia-hospital de San Julián con un artefacto explosivo. En octubre es incendiada la iglesia del hospital de Andújar. En Abril de 1933, atentan contra la Iglesia de Marbella con un artefacto explosivo. En mayo de ese mismo año, intentan incendiar la Iglesia de San Salvador en Alhaurín el Grande. En octubre, vuelven a atentar contra la iglesia de Marbella con un artefacto explosivo. En enero de 1934, intentan incendiar la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen en la ciudad. En marzo de ese mismo año, atentan en la ciudad contra la Iglesia de San Patricio con un artefacto explosivo y posteriormente intentan incendiarla. En mayo, es destruida la hornacina de la Cruz en Ronda con un artefacto explosivo […] Desde febrero a julio de 1936, coincidiendo con el gobierno del Frente Popular […] es asaltada y casi incendiada en Montejaque la Iglesia de Santiago el Mayor, junto con iglesias de Antequera y Campanillas. En marzo, finalmente, es profanada y arde la iglesia de Campanillas. Ese mismo mes, son asaltadas tres iglesias en Vélez-Málaga y la de Ojén. En abril, es asaltada la iglesia de Marbella e intentan incendiar varias capillas en la ciudad. En marzo son incendiados cinco templos en Ronda y en Arriate es destruida imaginería. En mayo, es incendiada una iglesia en la ciudad y dos en Estepona”. Javier Navas-Hidalgo y Raúl Quirós Delgado, Franco. La legitimidad de la Cruzada y del Estado nacional (Madrid: SND, 2022): 52.
[16] Pablo Benítez Gómez, República, retaguardia y justicia militar en la Serranía de Ronda (1930-1940), Tesis Doctoral (2021).
[17] Lucía Prieto Borrego, “La violencia anticlerical en las comarcas de Marbella y Ronda durante la Guerra Civil”, Baetica. Estudios de Arte, Geografía e Historia, nº 25 (2003): 751-772.
[18] En la catedral de Málaga, por ejemplo, “fueron destruidos todos los retablos, todos los ornamentos religiosos, todos los altares e imágenes que no habían sido tapiados. Entre las imágenes destrozadas figura la maravillosa de San Rafael, de Ortiz. Dos retablos magníficos ejemplares del barroco, fueron arrancados y deshechos […] Y las vidrieras policromadas iban cayendo a trozos por las pedradas de los mozalbetes, que tiraban para saciar los instintos aprendidos de sus progenitores…”. Ángel Gollonet Megías y José Morales López, Sangre y fuego: Málaga (Granada: Librería Prieto, 1937), 135-136.
[19] Muy recomendable el artículo de Bruce Lincoln, “Revolutionary Exhumations in Spain, July 1936”, Comparative Studies in Society and History, vol. 27, nº 2 (1985): 241-260.
[20] Gamel Woolsey, Málaga en llamas (Madrid: Temas de Hoy, 1997), 57.
[21] Antony Beevor, La Guerra Civil…, op. cit., 120.
[22] Lucía Prieto Borrego, “La violencia anticlerical en las comarcas de Marbella y Ronda durante la Guerra Civil”, op. cit.
[23] Cuyas dimensiones alcanzaron tal gravedad que la máxima autoridad civil de la provincia se vería en la obligación de radiar este bando (por otra parte, un “brindis al sol”, pues los saqueos y las tropelías de “las patrullas” continuarían hasta febrero de 1937): “Don José Antonio Fernández Vega, gobernador civil de la povincia. Hago saber: Que de acuerdo con las demás autoridades y con el Comité de Enlace, representativo dé los organismos sindicales y políticos de esta provincia’, he tomado la de terminación siguiente: Primero.- Queda terminantemente prohibido efectuar registros domiciliarios o personales y detenciones sin orden de este Gobierno civil o dé las Comandancias Militar y Naval, y sin la presencia de fuerzas regulares del Gobierno, con las que podrán colaborar- las Milicias y, desde luego, el Comité de Salud Pública con sus patrullas oficiales documentadas por las autoridades. Segundo.- Se impedirá la circulación con armas y la tenencia de éstas a las personas que no pertenezcan a las Milicias organizadas y controladas por la Inspección de dicho organismo. Tercero.- La población civil deberá permanecer en sus domicilios a partir de las doce de la noche, procediéndose a la detención de los que se encuentren fuera de ellos sin la autorización debida. Cuarto.- Los individuos armados que pertenezcan a las milicias acreditarán su condición de tales por medio de un documento expedido por éstas en el que se hará constar el número de fusil o pistola que Usufructúe. Quinto.- Las personas que sufran coacciones o persecuciones de las prohibidas en este Bando pedirán inmediato auxilio a las autoridades. Sexto.- Se sancionará con la pena máxima a los que sean sorprendidos en flagrante delito de robo, saqueo o asesinato. Séptimo.- Los reos de falso testimonio y encubridores serán castiga dos igualmente con penas severas según los casos. Ruego a todos los agentes de mi autoridad el mayor celo en la exigencia de los mandatos contenidos en este Bando. Dado en Málaga a 19 de agosto de 1936.- El gobernador civil, José Antonio Fernández Vega”. En El Popular, 20 de agosto de 1936, página 3.
[24] Joseph Pérez, Teresa de Ávila y…, op. cit., 146.
[25] “Que la defensa de Málaga no fue la más adecuada y que su posición estratégica de bolsa enemiga en el interior del frente franquista con salida al Mediterráneo y a Gibraltar no fue comprendida, está más que demostrado en las sesiones de la investigación que el propio gobierno de la República tuvo que emprender tras la caída […] Había sospechas y acusaciones de traición con la vista puesta en la discutida gestión militar de Largo Caballero e Indalecio Prieto. Las actas de la comisión […] producen vergüenza y, en ocasiones, bochorno y abatimiento por las conductas impropias descritas. Que el comportamiento de Largo Caballero, presidente del consejo de ministros de la II República en aquellos momentos y su gabinete de guerra, fue lamentable para Málaga no puede dudarse. Tal vez no pronunciara la rotunda frase «para Málaga, ni un fusil ni un cartucho» ni diera tal orden, pero su intento de eliminar la influencia de sus enemigos políticos le condujo a despreciar la importancia de Málaga en el futuro de la guerra”. Pedro de Tena, “Considerando, abandono y deshonor en la pérdida de Málaga”, Libertad Digital, 6 de octubre de 2021. https://www.libertaddigital.com/cultura/libros/2021-06-10/pedro-de-tena-considerando-abandono-y-deshonor-en-la-perdida-de-malaga-6787979/
[26] “[…] recorrí infinidad de casas, revolví muebles y trapos puestos en desorden, hice que otros me ayudasen en la empresa, y no pude dar con el paradero de la joya de incalculable valor, en todos los sentidos, de la mano de Santa Teresa de Jesús”. Bernabé Copado Agenjo, Con la columna Redondo, (Sevilla: Imprenta de la Gavidia, 1937), 114.
[27] En Gonzalo Huesa Lope, La mano…, op. cit., 190.
[28] “Al tomar nuestras fuerzas uno de los pueblos del recorrido hasta Málaga, un oficial del Estado Mayor del general Queipo se puso al aparato y conversó un rato con uno de los ayudantes de Villalba, al que le dijo que las fuerzas de Queipo avanzaban victoriosamente por la carretera de Málaga […] E l oficial rojo hizo u n gesto de terror y colgó el aparato. Inmediatamente se presentó a su jefe y le contó la conversación sostenida. Cuantos le rodeaban se pusieron lívidos de miedo. Y la desbandada dio comienzo en aquel momento. Ni aun escolta tuvo Villalba en su precipitada salida de la ciudad malagueña. En compañía, tan sólo, de un ruso, salió a caballo y atravesando sierras y barrancos se refugió en Motril, primer punto en donde se encontraba más seguro de librase de caer en manos de los soldados de Queipo”. Ángel Gollonet Megías y José Morales López, Sangre y fuego…, op. cit., 250-251.
[29] Padre Bruno de San José, “La fiesta de Nuestra Señora del Carmen. La Santa reliquia de Santa Teresa, víctima del robo sacrílego de los rojos, paseará hoy triunfante por las calles de Burgos”, Diario de Burgos, 16 de julio de 1939, página 1. Ver ANEXO FOTO-DOCUMENTAL.
[30] En El Adelanto, 16 de febrero de 1937, página 2. Ver ANEXO FOTO-DOCUMENTAL.
[31] Carlos Ros, “La mano de Santa Teresa”, Mi parroquia de papel, 21 de enero 2015. http://miparroquiadepapel.blogspot.com/2015/01/la-mano-de-santa-teresa.html
[32] En Gonzalo Huesa Lope, La mano…, op. cit., 321-322.
[33] Ibíd, 192-194.
[34] “Francisco Flores Arrocha copó durante meses los titulares de los periódicos de toda España. Tras cometer cuatro asesinatos por un asunto relacionado con la disputa de una herencia y echarse al monte en la Serranía de Ronda, se convirtió en toda una celebridad a nivel nacional […] El paso de Flores Arrocha y su entierro en Marbella fue todo un acontecimiento que aún se recuerda en nuestra ciudad”. Carlos Lima, “Marbella, la última parada del bandolero Flores Arrocha”, El periódico de Marbella, 12 de junio de 2021. https://www.elperiodicodemarbella.com/marbella-la-ultima-parada-del-bandolero-flores-arrocha/
[35] Miguel P. Cordon, “AL SERVICIO DE LAS LIBERTADES PATRIAS. Flores Jiménez, sobrino de Flores Arocha, defiende la República contra el fascismo, en la Serranía de Ronda. La interviú.- De la leyenda romántica, a enemigo del fascismo y la reacción.- Con las milicias rondeñas.- Flores Jiménez en Radio Ronda”, El Popular, 11 de agosto de 1936, página 4. Ver ANEXO FOTO-DOCUMENTAL.
[36] “[…] al otro lado de las trincheras, una mujer aguardaba. Había escapado de la muerte a grupas del caballo de Pedro Flores Arocha [Arrocha], y su vida la debía al famoso bandolero, compañero de juergas infantiles en el caserío de los «Pinsapares», donde se criaron juntos. Abandonó el ayuntamiento, convertido en cárcel, gracias al capricho fingido del hombre. […] Salieron de Ronda como una estampa olvidada”. Mercedes Formica, Visto y vivido 1931-1937. Pequeña historia de ayer (Barcelona: España, 1982), 245.
[37] La noticia de su rendición a los alzados disgustó sobremanera a los propagandistas del Frente Popular y, los mismos que habían estado ensalzándolo meses atrás, ahora propagaban el bulo de que era un traidor que se había pasado al enemigo: “[…] cuando le contaron que los italoalemanes, con retaguardia de requetés y falangistas, habían entrado en Málaga, tomó la gran resolución de declararse públicamente partidario del fascismo y súbdito de Franco, Queipo y Mola. Vistióse con la camisa negra. Buscó en Antequera insignias de la Falange. Se procuró unos escapularios y una bandera roja y gualda. Arengó a los veinte sinvergüenzas que le reconocían por caudillo he hizo que se ataviasen como él. Y al frente de tan lúcida hueste bajó de la serranía a la Hoya de Málaga. Su llegada causó verdadera sensación entre requetés y falangistas, moros y legionarios. Todos ellos suspendieron por breves minutos su trabajo de asesinar malagueños sospechosos de republicanismo, socialismo o sindicalismo, a que se vienen entregando sin descanso desde que entraron en la ciudad, detrás de los batallones de Italia y Alemania, y le escoltaron, aplaudiendo, hasta el Gobierno Civil. Y allí Flores Arocha, con palabra inflamada, confesó su fascismo y su nacionalismo, cantó las glorias de Franco y de Queipo, y pidió un puesto en las filas de los salvadores de la Patria”. S. de I., “Flores Arocha es teniente de Franco”, ABC (Madrid), 2 de marzo de 1937, página 16.
[38] Aiyoa Arroita Lafuente y Jesús Pablo Domínguez Varona, “Las paranoias de Franco: atentados y coleccionar reliquias”, Crónicas a pie de fosa, 29 de enero de 2018. https://cronicasapiedefosa.wordpress.com/2018/01/29/las-paranoias-de-franco-atentados-y-coleccionar-reliquias/
[39] Giuliana Di Febo, La santa de la raza…, op. cit., 65.
[40] En Giuliana Di Febo, Ritos de guerra y de victoria en la España franquista (Valencia: Universitat, 2012), 92.
[41] J. Mayoral Fernández, “Las manos de Santa Teresa”, ABC (Sevilla), 26 de febrero de 1937, página 4.
[42] Frase atribuida al general prusiano Erich Ludendorff (1865-1937), adjunto a Hindenburg en la jefatura del Estado Mayor Central del Ejército alemán durante 1916-1918, en la Primera Guerra Mundial. (N. del A.)
[43] “ENTREGA DE DINERO Y ALHAJAS”, El Popular, 27 de septiembre de 1936, páginas 2-3. Ver ANEXO FOTO-DOCUMENTAL.
[44] Tomando como base este lamentable episodio y para conocer en toda su dimensión el expolio llevado a cabo por el Gobierno del Frente Popular de materiales y colecciones que formaban parte del tesoro nacional para crear un fondo que sirviese a la poco escrupulosa financiación de los políticos exiliados tras la victoria de Franco en 1939, se recomienda el exhaustivo y riguroso estudio de Francisco Gracia Alonso y Gloria Munilla, El tesoro del “Vita”: La protección y el expolio del patrimonio arqueológico durante la Guerra Civil, (Barcelona: Universitat, 2013).
[45] Francisco Garrido, “Vuelve a Ronda la reliquia de Santa Teresa de Jesús”, ABC (SEVILLA), 14 de enero de 1976, página 11.
[46] “[…] un estigmático coronel apellidado Villalba que jamás debió sentir el honor ni las virtudes que constituyen el depósito tradicional y sagrado de nuestros heroicos militares, que siempre se han glorificado, vertiendo su sangre generosamente por las nobles causas y la más principal, en el actual momento, reconquistar la independencia espiritual y territorial de la patria, enajenada por los malvados del sovietismo ruso, pueblo vil y pretendido aniquilante de toda civilización moral y cristiana. A este gremio de desalmados pertenece Villalba, pero su rapacidad, providencialmente, no ha podido consumarla por completo, consiguiendo nuestro glorioso Ejército liberar de su rapiña la joya más preciada para nosotros, españoles católicos, la inmortal mano que tantas felicidades prodigó en la vida y tantas páginas celestiales escribió aleccionando con ellas a España y al mundo en el camino seguro, para el triunfo imperecedero”. El Adelanto, 23 de febrero de 1937, página 2. Ver ANEXO FOTO-DOCUMENTAL.
[47] “Mano incorrupta de Santa Teresa”, Wikipedia, La enciclopedia libre, https://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Mano_incorrupta_de_Santa_Teresa_de_Jes%C3%BAs&oldid=144136614
[48] (“A las 20 horas del día 13 de febrero el Jefe del Estado Mayor [Emilio Faldella], quien estuvo acompañado por el Teniente Coronel del Estado Mayor Zanussi, fue conducido a la presencia del Generalísimo, quien estaba acompañado por el General Moreno y el Teniente Coronel Barroso. El Generalísimo pidió noticias acerca del General Comandante [se refiere a Mario Roatta], no pronunció palabra sobre la batalla de Málaga, ni le agradeció la entrega que le hizo en ese momento de una valiosa y preciosa reliquia, –la mano de Santa Teresa conservada en un relicario de valor incalculable– que los legionarios habían salvado en Málaga”). En Alberto Rovighi y Filippo Stefani, La partecipazione italiana alla guerra civile espagnola (1936-1939). Volume 1. (Roma: Stato maggiore dell’Esercito-Ufficio storico, 1993): 256.
[49] “La mano de Santa Teresa rescatada del poder de los rojos, será venerada en la catedral”, Azul, 18 de febrero de 1937, página 7. Ver ANEXO FOTO-DOCUMENTAL.
[50] En Giuliana Di Febo, La santa de la raza…, op. cit., 67.
[51] Stanley G. Payne y Jesús Palacios, Franco, una biografía…, op. cit., 445.
[52] “A recibir a la excelentísima señora doña Carmen Polo de Franco salió nuestro amado Prelado con el Cabildo y los beneficiados, a la llamada Puerta de los Perdones, escoltándola hasta el presbiterio, aposentándose en el estrado levantado al lado del Evangelio”. El Adelanto, 23 de febrero de 1937, página 2. Ver ANEXO FOTO-DOCUMENTAL.
[53] Un error cometido por otros periódicos españoles, algo achacable a que quizás se basaran en idéntica agencia de noticias o porque la transmisión de las mismas en aquellos tiempos no era todo lo “efectiva” que resulta en la actualidad: “LA ADORACIÓN DE LA MANO DE SANTA TERESA ENCONTRADA EN LA MALETA DE VILLALBA […] En la catedral se celebró ayer domingo la solemne ceremonia religiosa de adorar la mano de oro de Santa Teresa de Jesús, rescatada entre el equipaje que el coronel Villalba dejó abandonada cuando su precipitada huida de Málaga. Ofició la misa el obispo de la diócesis. Asistieron el generalísimo Franco acompañado de todas las autoridades militares y civiles”. Diario de Córdoba, 22 de febrero de 1937, página 2. “CRÓNICA INFORMATIVA DE LOS ACONTECIMIENTOS ESPAÑOLES […] Como contraste con la dura situación y el terrible azote que sufren las poblaciones rojas, señalamos la noticia de un acto celebrado el domingo en la histórica ciudad de Salamanca, sede del Gobierno nacional. Dicho consistió en la solemne adoración de la reliquia de la mano de Santa Teresa, hallada en la habitación que ocupaba el jefe rojo, Villalba. A la ceremonia religiosa, en la que ofició el prelado de Salamanca, asistió el generalísimo Franco, acompañado de las principales autoridades, presenciándola un gran gentío”. La Prensa, 24 de febrero de 1937, página 1. Incluso, ya rizando el rizo, hubo publicaciones que situaron el acontecimiento (¡como si la propia reliquia teresiana tuviera el don de la bilocación!) no en la ciudad de Salamanca, sino en la ciudad de Toledo, algo que bien pudo deberse a un lapsus: “NOTICIAS DE ÚLTIMA HORA […] Adoración de la reliquia de la mano de Santa Teresa en Toledo”. Correo de Mallorca, 23 de febrero de 1937, página 4.
[54] (“En la catedral, con la intervención del general Franco y todas las autoridades, se celebró ayer un acto solemne de adoración de la reliquia de la mano de Santa Teresa. Ha oficiado el obispo Plan Daniel [Pla y Deniel]. La mano de la santa se salvó en Málaga de la destrucción roja, y se encontró en el equipaje del coronel Villalba, abandonado durante la fuga”). La Stampa, 22 de febrero de 1937, página 1. Ver ANEXO FOTO-DOCUMENTAL.
[55] Decir que el término “cruzada” aparecía en el Punto Noveno –Falange Española “[…] llama a una cruzada a cuantos españoles quieran el resurgimiento de una España grande, libre, justa y genuina”– de los inicialmente propuestos por José Antonio Primo de Rivera, en 1933, antes de producirse la unión de Falange y las JONS. (N. del A.)
[56] “[…] este Decreto representó el comienzo de la regulación constitucional, en términos de Derecho positivo, y, a tenor de su articulado, de la concentración de todos los poderes en el Jefe del Gobierno y también del incipiente Estado autoritario español. En dicho Decreto todavía no se utilizaba la palabra Caudillo, pero se establecían los elementos sustanciales que la caracterizaron”. Juan Ferrando Badía, El Régimen de Franco. Un enfoque político-jurídico (Madrid: Tecnos, 1984), 56.
[57] “La proclamación del general Franco como Jefe del Gobierno del Estado español y la transmisión de poderes por la Junta de Defensa Nacional se ha verificado hoy en Burgos. Burgos escenario monumental y glorioso de tantos acontecimientos históricos acaba de serlo de este que marca una nueva era en la vida nacional. El día, luminoso de por sí, de sangre y oro por el brillo del sol, lo ha sido más por la luz que iluminaba todos los espíritus que han tenido la gloria de ser espectadores de tan grandioso acto. Todas las casas de la ciudad aparecían engalanadas. La Plaza de Alonso Martínez era la Plaza de Armas de la España Imperial y el Palacio de la División, el albergue de las más augustas actividades nacionales. Una muchedumbre inmensa se hacinaba en la histórica plaza. En la escalinata del Palacio, los vocales de la Junta de Defensa Nacional, Estado Mayor, autoridades y una verdadera nube de fotógrafos y periodistas. Llega en automóvil el general Queipo de Llano, que es ovacionadísimo. Tras él, en otro automóvil, los generales Franco y Mola, a quienes se aclama deliberadamente. Suenan las bandas militares, pero su música queda desvanecida y apagada por los aplausos de la multitud y las aclamaciones al Jefe del Gobierno del Estado Español, al caudillo. Este revista las tropas. Pocos minutos después y ante los aplausos de la multitud, sale al balcón del Palacio y pronuncia un vibrante discurso de exaltación patriótica, en el que se refleja la serenidad y dotes espirituales del hombre en cuyas manos están desde hoy los destinos de España […] Terminado el discurso del ilustre caudillo, las ovaciones se sucedieron inenarrables. El General Franco se retiró del balcón del Palacio, pasando al Salón del Trono, donde se verificó la transmisión de poderes. El Caudillo ocupa el lugar de honor. Frente a él, la Junta de Defensa Nacional de España en pleno, el Ejército, sus Generales, Jefes y Oficiales, y a un lado las autoridades civiles y cuerpo diplomático. El presidente de la Junta de Defensa Nacional, general Cabanellas, hizo la transmisión de poderes en nombre de la Junta, adelantando unos pasos del grupo y dijo: Señor Jefe del Estado Español: con profunda emoción por la solemnidad del momento, en nombre de la Junta de Defensa Nacional y en su representación, os entrego los poderes de que ella estaba investida”. El Diario Palentino, 1 de octubre de 1936, página 1.
[58] “[…] este Decreto representó el comienzo de la regulación constitucional […] de la concentración de todos los poderes en el Jefe del Gobierno y también del incipiente Estado autoritario español. En dicho Decreto todavía no se utilizaba la palabra Caudillo, pero se establecían los elementos sustanciales que la caracterizaron”. Juan Ferrando Badía, El Régimen de Franco. Un enfoque político-jurídico (Madrid: Tecnos, 1984), 56.
[59] Enrique Pla y Deniel, Escritos Pastorales, II (Madrid: Acción Católica Española, 1949), 96-97.
[60] “Suenan las bandas de música, pero la música se desvanece y quedan apagados los ruidos de los instrumentos por los aplausos de la muchedumbre. Vivas y estentóreas ovaciones que el pueblo, el verdadero pueblo, tribuna al nuevo Jefe del Estado español, al Dictador […] El Dictador revista las tropas y las milicias […] Aquí sólo daremos una impresión de las vibrantes palabras del heroico general, hoy Dictador de España […] Arriba, dominando a la multitud, con gesto de Caudillo, el que dentro de unos minutos asumirá los plenos poderes. Abajo, el pueblo y el Ejército confundidos, dispuestos a responder con sus vidas y haciendas las palabras del Dictador […] En la Plaza de Alonso Martínez se encuentra hoy representada la España sana, la España que está en pie y delante de ella, como conductor indiscutible, un Jefe firme y sereno: un Dictador, el general Franco. ¡Viva Franco! ¡Viva Franco! ¡Viva Franco! ¡Viva España! ¡Viva siempre España!”. La Gaceta Regional de Salamanca, 2 de octubre de 1936, página 1.
[61] En Evelyne López Campillo, Hervé Poutet y Anna Remis, “Una cruzada para una nueva tierra santa. ¡Fraternidad, Libertad, Igualdad!”, op. cit.
[62] En El Adelanto, 2 de octubre de 1936, página 2.
