INTRODUCCIÓN
La bandera nacional española, conocida popularmente como rojigualda, es una de las más antiguas de Europa. Su origen se remonta a 1785, cuando el rey Carlos III decidió establecer un nuevo pabellón para la marina española con colores vivos que permitieran identificar fácilmente los barcos en alta mar.
Con el paso del tiempo, esta bandera terminó convirtiéndose en el principal símbolo nacional de España y fue utilizada bajo diferentes regímenes políticos, incluyendo la monarquía constitucional y la Primera República Española. Sin embargo, en 1931, tras la proclamación de la Segunda República Española, se introdujo una nueva bandera tricolor que añadía una franja morada a las tradicionales franjas roja y amarilla.
La aparición de esta nueva enseña abrió un debate histórico sobre el significado de sus colores, su relación con los antiguos reinos peninsulares y las interpretaciones que llevaron a modificar el símbolo nacional.
Nuestra bandera nacional, la conocida como rojigualda, es una de las banderas más antiguas de Europa. Se empezó a utilizar por la marina en 1785, en tiempos de Carlos III, es por este motivo que está compuesta por colores vivos para que se visualizara bien en alta mar. La rojigualda fue también la bandera de la I República, y por tanto queda claro que no es una bandera franquista.
Pero con la llegada de la II República en 1931, los lumbreras republicanos recogieron erróneamente la idea de que los colores roji-gualdos sólo representaban los colores del antiguo reino de Aragón y olvidaban al reino de Castilla (¡republicanos pensando en reinos!); y entonces decidieron añadir una franja morada a la bandera republicana en supuesto honor a ese reino, y lo hicieron tras encontrar un viejo pendón de Castilla con varios siglos de antigüedad, y al ver su color morado lo utilizaron como excusa para esa tercera franja republicana y que así el reino de Castilla estuviera representado en la insignia nacional. Pero aquellos republicanos no se percataron de que el sol y el paso del tiempo habían avioletado el rojo carmesí del pendón castellano que era en realidad su color, es decir, que de haber tenido conocimiento real de la Historia de España la nueva bandera se hubiera quedado igual que la vieja siguiendo esa lógica republicana.
No acaban aquí los despropósitos, pues a la tricolor republicana se le añadió un escudo, el mismo que el de la I República, que recogía a los viejos reinos de España (¡otra vez los republicanos pensando en reinos!), y lo más llamativo era que se trataba de un escudo prácticamente igual al de los Borbones anteriores, el de Alfonso XIII y XII (y también muy parecido al que han usado nuestros últimos reyes desde octubre de 1981), salvo porque en el escudo republicano se eliminó la pequeña flor de lis que representaba a la casa de Borbón y también porque en vez de insertar una corona se puso una muralla de castillo en su lugar, que para mayor mofa, se confunde con la corona real, y por tanto el observador no suele percibir cambio alguno respecto al escudo borbónico.
CONCLUSIÓN
La bandera tricolor de la Segunda República surgió en un contexto de cambio político profundo en España y reflejó el intento de diferenciar el nuevo régimen republicano de las etapas anteriores. Su diseño, que incorporaba la franja morada junto al rojo y el amarillo tradicionales, pretendía simbolizar una reinterpretación histórica de los territorios y tradiciones que componían España.
Sin embargo, el origen y significado de esos colores ha sido objeto de debate entre historiadores y estudiosos de los símbolos nacionales. Mientras algunos defienden su valor como emblema republicano, otros consideran que su creación se basó en interpretaciones discutidas de la historia.
Más allá de las controversias, la evolución de las banderas españolas muestra cómo los símbolos nacionales cambian a lo largo del tiempo y reflejan los distintos momentos políticos e históricos vividos por el país.
