“Yo me pregunto si esta mano de Santa Teresa de Jesús no se habrá convertido en corazón para mover la mano de la obra realizadora de Franco” Alejandro Rodríguez de Valcárcel.
“Preveo que mi muerte será un largo martirio en favor de España” Franco a Plà y Deniel.
Así las cosas, “desde que se rescató en la guerra, cuando se la llevaban al extranjero”[1] y hasta su devolución después de la muerte del Caudillo, “en la intimidad de las alcobas, sobre la mesa de noche, la mano de Santa Teresa de Jesús vela el sueño de Franco”[2], presentándose acrecida en su carácter prodigioso (“la mano bendice mientras Franco trabaja”[3]) a la par que cimentándose “el culto a la mítica personalidad carismática [del Generalísimo] que se mantendría, con mayor o menor intensidad y modalidad, hasta su propio fallecimiento en 1975”[4].
En efecto, Franco mantuvo consigo la mano milagrosa en su dormitorio “de caoba y bronces dorados, con cubiertas de seda verdes”[5] del palacio de El Pardo, pero no exactamente en la mesa de noche sino sobre un mueble situado debajo de un cuadro original del pintor renacentista extremeño Luis de Morales “el Divino” (La Virgen con el Niño), en el que el Jefe del Estado y su esposa –arrodillados en el reclinatorio del mismo– la rezaban, lo que es corroborado por el cordobés Juan Cobos Arévalo, el último monaguillo al servicio de Franco en el citado palacio: “en la parte izquierda de las camas, hay un mueble-oratorio de palo santo, de época de Fernando VII, donde siempre tuvo el matrimonio colocada la Santa Reliquia, junto a un relicario de San Liborio”[6].
Únicamente salía de allí (pues después de la Guerra Civil Franco raras veces cedió “su reliquia”, ni siquiera para ser venerada en ceremonias religiosas: una excepción fue el 16 de julio de 1939, cuando Carmen Polo la entregó a la comunidad carmelitana de Burgos a fin de que figurase en la procesión de Nuestra Señora del Carmen de la ciudad castellana adonde, a partir de 1937, se había trasladado el cuartel general del Estado Mayor del Generalísimo[7]) para la misa de cada 15 de octubre, momento en que recorría el corto trayecto que iba desde dicho dormitorio hasta el altar (de estilo gótico, rematado por ángeles y en madera policromada, con seis pinturas de Alejandro Ferrant que representan a San Isidro, San Fernando, Santa Isabel, Santa Teresa, San Hermenegildo y Santiago Apóstol) del oratorio privado (donde frecuentemente Franco “asistía a misa […] y durante algunas de las peores crisis del régimen anterior parece que pasaba allí parte de la noche”[8] rezando en absoluta soledad ante el Santísimo, como se cuenta que ocurrió en un momento crítico de la Segunda Guerra Mundial[9]) del palacio de El Pardo, pues el día de Santa Teresa
…siempre tuvo un significado particular: hacíamos la misa con la Reliquia de la “Mano de Santa Teresa” en el altar […] la Señora [Carmen Polo] me decía cada año que pasara a recogerla y la llevara al altar. Yo le abría las puertecitas del estuche que la contenía y hacíamos la misa[10].
Asimismo, cuando era trasladada al Pazo de Meirás, en La Coruña, y al Palacio de Ayete, en San Sebastián, residencias ambas en las que el general ferrolano alternaba las vacaciones estivales; sobre esto, se ha hablado del nombramiento de “un auxiliar exclusivamente para transportarla y guardarla contra cualquier pérdida o robo”[11] en el trayecto de Madrid a Galicia y Vascongadas, quien probablemente fuera (como apunta el citado Juan Cobos Arévalo) algún ayudante de servicio del matrimonio Franco-Polo:
[…] justamente, en el momento que bajaban al coche, la Señora [Carmen Polo] sacaba la Reliquia y se la entregaba al Ayudante de Campo de Servicio. Este Ayudante, que no se separaba ni un solo instante del matrimonio, la volvía a entregar a la Señora en la puerta del dormitorio del Pazo de Meirás o del Palacio de Ayete[12].Precisamente en La Coruña van a coincidir, en junio de 1963, mano y brazo teresianos, cuando entre el verano de 1962 y el de 1963 se celebró (con gran pompa, en medio de repiques de campanas, procesiones, discursos, homenajes y honores militares) el IV Centenario de la Reforma de la Orden de las Carmelitas Descalzas y el brazo-reliquia fuera objeto de una peregrinación triunfal desde Alba de Tormes a todas las ciudades y pueblos españoles donde existían conventos carmelitas descalzos, en lo que supuso “el último y espectacular caso de reposición de un acto de culto de inspiración barroca en la España de Franco”[13], convirtiéndose la capital gallega en “la única ciudad que en breve tiempo disfrutó de la presencia de las dos reliquias, aunque la mano estuviese privadamente en Meirás”[14].
La mano incorrupta de Santa Teresa habría salido también para acompañar a Franco en sus viajes a lo largo y ancho de la geografía española, como señalaba en una larga entrevista su pariente y secretario Francisco Franco-Salgado Araujo concedida en 1961 a un renombrado periódico:
Hay un hecho poco conocido que revela la sana fe de Franco. Desde el año 1937, cuando viaja y pernocta fuera de su residencia habitual, lleva consigo la reliquia de la mano Santa Teresa, hallada en la maleta de un general rojo, y que las monjas Carmelitas han cedido en depósito al Jefe del Estado. Y no va nada mal este símbolo de la Santa de Ávila, de geniales relaciones hechas como quien cumple con alegre naturalidad la sencilla tarde de cada día[15].
En determinadas ocasiones, eso sí, Franco permitía que algunos de sus visitantes pudiesen venerarla. Fue el caso de los asistentes al Congreso Católico de Radio y Televisión quienes, encabezados por el obispo de Friburgo monseñor Carriere, serían recibidos en audiencia por el Generalísimo en mayo de 1951 y donde, al despedirse,
…el padre Leopold, carmelita belga, rogó a Su Excelencia les permitiese venerar la reliquia de la mano de Santa Teresa de Jesús, que sabe tiene en custodia y siempre acompaña en sus viajes al Jefe del Estado español, a lo que inmediatamente accedió. Reunidos los asambleístas en uno de los salones del palacio, el obispo de Friburgo dio a besar la venerada reliquia a todos los presentes[16].
Pilar Franco Bahamonde, la peculiar hermana del Caudillo, apunta incluso que a veces “lo dejaban [se refiere al vestigio teresiano], él [Francisco Franco] o Carmen [Polo], a las personas enfermas de gravedad. Unas veces se curaban y otra se morían”[17], aunque sin hacer referencia a ningún caso concreto.
Llegados a este punto, cabe preguntarse el porqué de esa atracción, de esa querencia especial, de ese respeto reverencial profesados hacia una reliquia, al punto de que se cuenta que “Cada vez que [Franco] entraba en la habitación […] maquinalmente hacía la señal de la cruz delante [de ella] A veces se limitaba a tocar el relicario y luego se llevaba la mano a los labios. Sólo entonces […] abandonaba la habitación […]”[18]. ¿Mera superstición? Siendo verdad que en toda superstición subyace un fondo de oculto conocimiento, de acuerdo a los testimonios de sus más cercanos, no parece que Franco fuera un hombre lo que se dice supersticioso[19]. Además, nada tan opuesto a la superchería que la fe, la primera una creencia de carácter negativo y la segunda de carácter positivo. Y si de algo ejercen las reliquias, por encima de cualquier cosa, es de “catalizadores de la fe”.
Lo más probable, por atribuirla determinadas “cualidades sobrenaturales” siguiendo la tradición secular de “obtener el auxilio, la protección, y el beneficio del poder milagroso del santo”[20] en cuestión a través de sus correspondientes restos; también, por considerarla un talismán, pues desde una perspectiva no menos secular los vestigios sagrados “también funcionaban como una especie de amuletos protectores que debían servir para protegerle frente a sus enemigos, ya fueran terrenales o sobrenaturales”[21]; y por un afán de “reproducir aquella ósmosis, tan difundida en la época barroca, según la cual la «oculta afinidad» entre lo sobrenatural y el rey sacralizaba a la institución monárquica”[22]: no en vano, con la aprobación en referéndum –en el que votaron más de 15 millones de españoles con un resultado de 93% votos afirmativos, 4,7% negativos y 2,3 en blanco o nulos– de la Ley de Sucesión a la Jefatura del Estado[23], el anterior régimen se constituyó el 26 de julio de 1947 en un reino a cuya cabeza se encontraba “la jefatura vitalicia de un «caudillo» que también era regente de facto y con derecho a elección de sucesor «a título de Rey o de Regente»”[24].
La combinación de estos tres aspectos permitió a Franco emular, de algún modo, a un Felipe II –el monarca de la Casa Austria que había acumulado hasta 432 piezas sagradas (12 cuerpos enteros, 144 cabezas y 306 miembros completos de diversos santos, bastantes de ellas alojadas en 80 relicarios salidos del taller del notable orfebre Juan de Arfe) procedentes de tierras españolas y europeas, de las que se rodeó como “si tratara mediante su influjo benéfico de protegerse del mal y las desgracias”[25] amén de con el propósito de “fortalecer la identidad nacional monárquica y espiritual de la España del siglo XVI”[26]– por el que sentía viva admiración:
[…] leyendas urdidas en torno al sitio de El Escorial afirman que su emplazamiento fue elegido por una vieja tradición que situaba allí la “puerta del infierno”. Su trazado tiene en cuenta una doble estrella pentagonal y reproduce el Templo de Salomón: El Escorial debía taponar esa entrada de lo maligno. Franco estaba al corriente de todo esto y lo tuvo en cuenta a la hora de edificar el Valle de los Caídos. La cripta del Valle de los Caídos está orientada hacia El Escorial y simétricamente separada del monte Abantos[27].Como se ha apuntado, las reliquias son, además de objetos piadosos, “objetos de poder” bajo cuya presencia “se han coronado reyes, proclamado papas y alzado emperadores”[28], lo que explicaría que a lo largo de la Historia todos los poderosos del mundo hayan querido conservarlos y venerarlos “como una forma de aproximarse a estas figuras divinas para contar con su protección, o para justificar su autoridad”[29].
Precisamente por ello, el Generalísimo se sintió atraído hacia esos excepcionales “testigos inertes del pasado”. Por ejemplo, hacia el conocido como “Cuchillo de Nerón” o “espada de San Pablo”, objeto sagrado al que la tradición ha atribuido la decapitación del apóstol del mismo nombre y que terminó en España a fines del siglo XIV con motivo de un obsequio del papa Urbano V a su amigo y aliado el cardenal de Toledo Gil de Albornoz, para ser depositado después en el convento de las Jerónimas de San Pablo sito en la misma ciudad; desaparecido durante la Guerra Civil[30], diversas campañas de prensa propiciaron sendas búsquedas oficiales en 1950 y 1967 respectivamente, ambas promovidas por el propio Franco (quien, al parecer, conocía esa reliquia de cuando era cadete de la Academia de Infantería de Toledo y acudía con frecuencia a dicho cenobio, allá por el 1907) y que terminaron con el regalo de una réplica a su persona en su 75 cumpleaños realizada por los maestros de la Fábrica Nacional de Armas a partir del hallazgo providencial en el museo toledano de Santa Cruz “de un dibujo en pergamino, a tamaño natural, de las dos caras de la espada, con texto explicativo de sus características”[31]. O hacia la espada de gala de Fernando el Católico, por la que se interesó vivamente en su visita a la catedral-capilla real de Granada el 20 de abril de 1939, hecho que llevó al alcalde de la ciudad Antonio Gallego Burín a encargar una réplica exacta para regalársela cuatro años después, en concreto el 10 de mayo de 1943, con motivo de una nueva visita a la ciudad por parte del Caudillo[32].
Atracción que le llevó a aparecer –siempre con la intención de presentarse como el continuador de los otrora grandes adalides del catolicismo patrio: Fernando III el Santo, los Reyes Católicos, etc.– al lado de tales vestigios en numerosos actos de carácter público, justo en un momento donde el binomio Iglesia-Estado alcanzaba aquí su cénit, plasmado en un despertar en el fervor religioso de los españoles (quienes, de esta forma, expiaban “su culpa” por la Guerra Civil), una omnipresencia eclesiástica (en la política, con prelados ocupando puestos en las Cortes[33], el Consejo de Regencia y el Consejo del Reino; en las organizaciones sindicales Hermandad Obrera de Acción Católica-HOAC y Juventud Obrera Cristiana-JOC; en la enseñanza, de fuerte impronta católica, incluida la universitaria; en las tareas de la censura de libros y espectáculos, etc.) y una ingente obra misional (reconstrucción de iglesias, conventos y seminarios destruidos durante la guerra; creación de emisoras de radio católicas; trabajo de apostolado por parte de asociaciones seglares[34], aumento de las vocaciones[35], etc.).
Fue el caso de la ceremonia de acción de gracias por la victoria –mezcla de orgullo militar de corte africanista y esplendor religioso de reminiscencias medievales– presidida por el cardenal primado Gomá y Tomás el 20 de mayo de 1939 en una iglesia de Santa Bárbara de Madrid “repleta de reliquias patrióticas especialmente traídas para la ocasión: el Arca Santa de Oviedo, la Cruz de la Victoria de Alfonso III, el Pendón de las Navas de Tolosa, las Cadenas de Navarra, etc.”[36], donde Franco ofreció al Santo Cristo de Lepanto la espada de gala que sus compañeros cadetes de la Academia toledana le habían regalado en marzo de 1926 por ser el primero de la promoción en alcanzar el generalato y en la que se recogieron “las principales características de la legitimación religiosa caudillística, como son la consideración de pueblo elegido, la guerra santa, la procedencia divina del poder, así como el providencialismo divino en la elección del Caudillo”[37].
O la celebrada en Oviedo el 7 de septiembre de 1942, cuando culminados los trabajos de reconstrucción de la Cámara Santa iniciados en 1938 y para conmemorar los 1.100 años de la muerte del rey Alfonso II el Casto, Franco enarboló la recién restaurada Cruz de la Victoria (la que la tradición dice que Don Pelayo blandió en la batalla de Covadonga y que en 1934 a punto estuvo de ser destruida por los mineros insurrectos), un acto de gran contenido simbólico donde se reprodujo “minuciosamente una antigua ceremonia medieval descrita en el libro de los rituales de la iglesia visigoda de Toledo, el Liber Ordinum, que describe el tipo de ritual para el regreso de un rey victorioso que entra en la iglesia portando la cruz”[38].
No quiso faltar a los actos del IV Centenario de la muerte de San Francisco Javier celebrados en Pamplona los días 3-4 de diciembre de 1952. En la víspera de la conmemoración, en la explanada exterior de la iglesia de San Lorenzo, se había instalado un altar provisional con la imagen de San Fermín, donde Franco (nombrado presidente honorífico de la Corte de San Fermín por Antonio Ona de Echave, párroco y vicario general de la diócesis pamplonica) y su esposa adoraron la reliquia del patrón de la capital navarra.
Tampoco a los del XVII Centenario de la llegada del conocido como Santo Grial de Valencia[39] a España (que iba a celebrarse en 1958, pero las grandes riadas que afectaron la capital del Turia en octubre de 1957 obligaron a aplazarlo un año), participando el lunes 29 de junio de 1959 (junto a Carmen Polo y una multitud de peregrinos llegados de todas partes de España y el Sur de Francia) en la gran procesión que hubo en San Juan de la Peña (Huesca) desde el templo de la localidad hasta el monasterio viejo, donde la custodia con la reliquia fue portada por el nuncio apostólico del papa en España, Ildebrando Antoniutti[40].
Ni a los de la clausura en León del VI Congreso Eucarístico Nacional el 12 de julio de 1964, donde encabezó el cortejo hasta el gran altar instalado en el Paseo de Papalaguinda: allí, en la solemne ceremonia oficiada por el cardenal Landázuri, legado del papa Pablo VI, Franco comulgó del cáliz de la reina Doña Urraca, excepcional pieza de orfebrería del siglo XI convertida en “el símbolo y el pregonero” del citado congreso. Curiosamente, meses antes de la llegada a León del Caudillo un diario local publicaba un artículo del abad de San Isidoro –Antonio Viñayo– donde llamaba la atención por las
…sorprendentes analogías arqueológicas entre el Santo Grial [se refiere al de Valencia] y el cáliz de doña Urraca […] Ambos constan de tres piezas, dos de ellas de piedra onice, de gran antigüedad, engarzadas con labor de orfebrería medieval. Así resulta que la copa de piedra del Santo Grial anterior en uno o dos siglos a Jesucristo, bien pudo ser utilizada en la Cena del Señor. Después, cuando en la Edad Media se introdujo la costumbre de engarzar antiguas copas romanas –costumbre documentada a través de otras muchas copas existentes– con chapas de oro y plata, adquiriendo el santo cáliz su forma actual[41].
¡Y qué decir de sus innumerables viajes oficiales por los pueblos y ciudades de aquella España de entre mediados de los 40-mediados de los 60 (donde las procesiones de la Semana Santa, la consagración de localidades al Sagrado Corazón de Jesús y de María, el misacantano de un sacerdote, los bautizos masivos de niños en barrios y aldeas, las comuniones y confirmaciones igualmente masivas o el echarse a la calle a postular con la hucha del Domund constituían todo un acontecimiento), convirtiéndose en ritual que las autoridades eclesiásticas de cada iglesia, ermita, monasterio o catedral por él visitados le mostraran sus reliquias más significativas! Véase el realizado a Tortosa el 21 de junio de 1966, en cuya catedral pudo venerar la santa Cinta de la Bienaventurada Virgen María[42], preciada reliquia que de acuerdo a la tradición ceñía la cintura de la Virgen y fuera entregada por ella a un piadoso canónigo del municipio tarraconense durante la noche del 24 al 25 de marzo de 1178.
Por otro lado, no era infrecuente tampoco que Franco apareciese en su despacho –donde, “hasta su muerte, recibió […] en audiencias privadas e individuales a 9.169 personas, y a 5.023 comisiones integradas por 68.596 personas” [43]– con alguna que otra reliquia. Caso del 18 de marzo de 1940, cuando hizo entrega de la legendaria Santa Faz de Jaén[44] (retirada a finales de septiembre de 1936 de la catedral jiennense, luego trasladada al Banco de España de Valencia y encontrada el 9 de febrero de 1940 por la policía francesa en un garaje de un pueblecito del extrarradio parisino, dentro de un baúl junto a otras piezas detraídas a modo de botín por los dirigentes del Frente Popular camino del exilio) a una comisión de notables jiennenses conducidos a El Pardo por el obispo de Madrid-Alcalá Leopoldo Eijo Garay, subrayando en su discurso la “enseñanza purificadora” del episodio:
¿Por qué no reaccionaron las gentes españoles? ¿Por qué se permitió la marcha de nuestros tesoros religiosos? ¿Por qué fue posible que las manos rojas de sangre ultrajaran estas joyas? Por la falta de espíritu y de coraje, por la falta de fe, por la decadencia de una sociedad […] Permitidme que lo diga: hay que hacer que renazca esa fe, para que no vuelva jamás a repetirse este sonrojo. Que si esta vez ha vuelto nuestra reliquia porque Dios lo ha querido, puede un día no considerarnos dignos de ellas[45].
O del 15 de febrero de 1951, cuando Franco era obsequiado por el encargado de negocios del Líbano Assad Salame con una reliquia del padre Chárbel Makhlouf (1828-1898), un importante asceta y religioso maronita del país de los cedros cuyo verdadero nombre era Yusef Antún (equivalente árabe de “José Antonio”, el mismo que el del fundador de la Falange). O con ocasión del XIX Centenario de la Venida de San Pablo a nuestro país, celebrado con una nueva y exitosa peregrinación de una reliquia –ahora, el brazo derecho del apóstol, envuelto en un relicario de oro, plata y brillantes, venerado en Malta– por España entre los meses de julio de 1963 y enero de 1964, momento en que llegó a la residencia oficial del Generalísimo[46].
Tan sólo dos años antes, el 30 de diciembre de 1962, en su tradicional discurso de fin de año transmitido por RNE y TVE, Franco afirmaba que la
…mayor parte de los males de la sociedad se deben al laicismo; y precisamente por haber colocado en nuestro movimiento político lo espiritual por encima de lo meramente material, son muchos los que han llegado a considerarnos la reserva espiritual de Occidente.
Empero, justo en su punto álgido, la “reserva espiritual de Occidente” comenzaría por esas fechas su lento proceso de declive. Por un lado, la España que en los 50 había abrazado la fe como forma de penitencia por la contienda de 1936-1939 apostaba ya abiertamente por el bienestar, lo que coincidió con los objetivos (económicos antes que ideológicos) de la tecnocracia “opusdeista” a partir de 1959, momento en que la autarquía diera paso al desarrollismo. Por otro, el Concilio Vaticano II, inaugurado en octubre de 1962 con el propósito de obrar (desde dentro) una apertura en la Iglesia para “abrirla al mundo” y “adecuarla a los tiempos” (pues a través de la Santa Sede, aquélla también es un poder político temporal, terrenal, y como tal, lo suficientemente pragmático como para no ignorar por dónde sopla “el viento de la Historia”) pilló al Régimen del 18 de Julio con el pie cambiado (en tanto el aggiornamento decidido por los pontífices Juan XXIII y Pablo VI suponía la desintegración de la comunidad nacional –en un país donde se entendía que ser español y católico eran lo mismo– amén de la constatación de que el catolicismo renunciaba a ejercer de filosofía estatal, comprometiéndose temporalmente con un orden político despojado de todo principio moral, al estar basado en el puro positivismo jurídico y no en la ley natural), produciéndose las primeras “desavenencias” importantes en el “matrimonio” con el clero desde la Guerra Civil. Ello en un contexto europeo de progresiva secularización, plagado de perturbaciones, una de cuyas expresiones sería el Mayo del 68 parisino. El progresivo deterioro de las relaciones con la Iglesia (en cuyo seno se vivían profundas divisiones entre “tradicionalistas” y “renovadores”) terminaría por causar al régimen anterior un daño que ni de lejos podían causarle todos los movimientos, partidos o sindicatos antifranquistas juntos. Conviene no olvidar que
..desde las parroquias de los barrios populares, ya entrados los años sesenta, empezó a prepararse, si no la oposición, sí la disidencia expresa, y esto lo podrán atestiguar cuantos hayan vivido en barrios suburbanos en aquella época. De la Iglesia salió el primer sindicalismo seriamente crítico, que fue el de Comisiones Obreras; de la Iglesia saldrán las primeras “células de barrio” donde alienta ya la oposición al régimen[47].
Claro que, no todo el clero patrio apostaba por distanciarse de Franco, empezando por la Conferencia Episcopal Española –la cual “vivía casi totalmente al margen de los grandes problemas internacionales, dado que a duras penas había viajado y ni conocía ni practicaba lenguas, procediendo el noventa por ciento de las cátedras de los seminarios […]”[48]–, cuyo presidente ostentaría desde su creación en 1966 la máxima autoridad de los mitrados españoles en sustitución de la figura del arzobispo de Toledo y primado de España: para muestra, la publicación (a iniciativa de la troika formada por el cardenal arzobispo de Santiago de Compostela, Quiroga Palacios, el arzobispo de Madrid, Casimiro Morcillo, y su obispo auxiliar, Guerra Campos) del documento “La Iglesia y el orden temporal a la luz del Concilio” el 29 de junio de ese mismo año, donde la legitimidad del Régimen del 18 de Julio quedaba a salvo frente a la deslegitimación argumentada por los sectores católicos más progresistas[49].
Luego, en 1971 –justo el año de la celebración de la Asamblea Conjunta de Obispos y Sacerdotes en Madrid, en la que se votó una propuesta que rezaba “Reconocemos humildemente y pedimos perdón porque no siempre supimos ser ministros de reconciliación en el pueblo dividido por una guerra entre hermanos”–, con el cardenal Vicente Enrique y Tarancón al frente, ya sí demandaría abiertamente el reconocimiento de las libertades personales, las particularidades étnicas y culturales de algunas regiones españolas, la amnistía para los presos políticos o el poner fin al “derecho de presentación” de los obispos residenciales (derecho reconocido con la firma del acuerdo entre el Gobierno de Franco y la Santa Sede del 7 de junio de 1941, luego confirmado por el concordato de 1953), esto último solventado por la Iglesia introduciendo
…la práctica de nombrar numerosos obispos auxiliares; en ocasiones, varios en una misma Diócesis. Al quedar una sede vacante, normalmente era promovido a ella un obispo auxiliar. (Hasta 1968, más de veinticinco obispos residenciales habían entrado por la vía de obispos auxiliares.) De este modo perdía su virtualidad el derecho de presentación, pues difícilmente podía rechazarse una terna integrada por personas ya investidas de la dignidad episcopal[50].
A partir de esa fecha, los reproches[51], los altercados con unos “curas obreros” cada vez más radicalizados (protagonistas de numerosos encierros, huelgas, etc., detenidos por “actividades subversivas” como amparar las actividades clandestinas de grupos terroristas separatistas, caso de la celebración de la V Asamblea de ETA en dos domicilios eclesiásticos de Guipúzcoa –la casa parroquial de Gaztelu y la residencia de verano de los Jesuitas de Guetaría– entre los meses de diciembre y marzo de 1966) y los enfrentamientos con unas jerarquías eclesiásticas (cuyo momento más delicado tendría lugar en los meses de febrero y marzo de 1974, cuando el obispo de Bilbao, Antonio Añoveros, fuera conminado por el Gobierno de Arias Navarro a abandonar el país por haber suscrito una homilía leída en las parroquias vascongadas en pro de la “justa libertad” del pueblo vasco, lo que derivó en la amenaza eclesial con excomulgar a quien dictase tal orden de expulsión) temerosas de pagar una factura demasiado alta a la muerte de Franco con unas izquierdas que pensaban iban a desempeñar entonces un papel determinante, no dejarían de acrecentarse.
En cualquier caso, Franco (quien no cabe duda recibió el nuevo rumbo pastoral de la Iglesia “con auténtico desconcierto y profunda amargura, estimándola en privado como una verdadera «puñalada por la espalda»”[52], como traslucía la carta del 29 de diciembre de 1972 dirigida al mismo Pablo VI, donde acusaba a “algunos eclesiásticos y de ciertas organizaciones” de extralimitarse en sus funciones y de aprovecharse del fuero eclesiástico para actuar impunemente en su contra[53]) continuaría fiel a su visión tradicional del catolicismo, al igual que amplios sectores de la propia Iglesia (véase la Hermandad Sacerdotal Española dirigida por el franciscano padre Miguel Oltra), de la política (con la paradoja de que algunas organizaciones como Fuerza Nueva, Confederación Nacional de Excombatientes o Guerrilleros de Cristo Rey llegasen a corear consignas anticlericales, siendo las más famosas “¡Tarancón, al paredón!”, ¡Obispos rojos no!” o “¡A Zamora!”, esta última en alusión a la cárcel concordataria inaugurada en la capital de la entonces región leonesa, en agosto de 1968, por la que “pasarían, a lo largo de ocho años, un centenar de presbíteros, en su mayoría guipuzcoanos y vizcaínos[54]) y del pueblo (pues la inmensa mayoría de quienes apoyaron al bando sublevado vivieron la Guerra Civil como una cruzada en defensa de la fe) españoles, todos los cuales consideraron al Concilio Vaticano II como un “error histórico”[55].
Igualmente, Franco se mantuvo fiel a su devoción particular por los vestigios sagrados hasta el fin de sus días, cuando su misma muerte se convirtió “en un verdadero «misterio sagrado», en la cama de un hospital rodeado de reliquias y de símbolos religiosos de todas partes de la nación española”[56], mientras en toda ella se celebraban misas y rosarios e incluso se organizaban peregrinaciones donde se ofrecían oraciones por su restablecimiento[57]. Así, junto a la extremidad incorrupta de Santa Teresa –que escoltó al Caudillo “hasta el último trance como prueba de que no ha cejado en su empeño misional”[58]–, aparecieron otras que, en palabras de Juan Cobos Arévalo, “los españoles enviaban con todo cariño a Franco”[59] con la sana intención de que obrara el milagro de salvarlo de un deterioro crítico provocado por una sucesión de infartos, hemorragias gastrointestinales, trombosis y problemas renales desde mediados del mes de octubre de 1975.
Fue el caso de uno de los mantos de “La Pilarica” (concretamente el donado a la patrona de la Hispanidad por don Pascual Soláns Latorre y bordado por las religiosas adoratrices para ser estrenado el día en que los Ejércitos Nacionales hicieran su entrada en Madrid) que el arzobispo de Zaragoza Pedro Cantero Cuadrado trajo a El Pardo[60] y que, por cierto, lo acompañó en su operación de la tarde noche del 5 de noviembre de 1975 en un viejo quirófano habilitado –deprisa y corriendo– en el botiquín del regimiento de su guardia personal, sito a unos 200 metros de palacio. José Luis Palma Gámiz, miembro del equipo médico encabezado por el cirujano cardiovascular Cristóbal Martínez-Bordiú, yerno de Franco, sería testigo excepcional de aquellos dramáticos momentos:
Mientras pasábamos el manto por encima del paciente, este abrió los ojos y trató de decir algunas palabras que el tubo endotraqueal le impidió. A los pocos minutos de colocar aquel objeto sacro sobre los pies de la cama la tensión se estabilizó, las arritmias desaparecieron y el flujo de orina se hizo más copioso […] Alguien entonces, pensando quizás en la sinergia de los milagros, acercó el brazo incorrupto de la santa hasta las proximidades del paciente, pero el estado clínico se hizo insensible a la acción de la reliquia[61].
Hay constancia, asimismo, de la llegada de otro manto de la Virgen de Guadalupe[62], “un pañuelo de la Virgen de la Esperanza”[63], unas estampas de la Virgen de los Desamparados así como de sendas imágenes de la Virgen de la Peña[64], de la Virgen de la Macarena[65], de la Virgen de Chamorro[66] y de
…una virgen negra extremeña. La única virgen de esas características que casa con el sentimiento “patrio y milagroso” para ser de interés para Franco es la Virgen de Guadalupe. Dicha imagen se venera en el santuario de la villa de Guadalupe, en la provincia de Cáceres (Extremadura) de la que es su patrona […] no debió ser la original, ya que luego no hubo un cortejo de devolución oficial por parte de los familiares del caudillo tras su muerte[67].
Ya ingresado en la residencia sanitaria La Paz desde el 7 de noviembre, adonde ha sido trasladado por la gravedad de sus dolencias, continúa el goteo de reliquias y objetos curiosos enviados a Franco a la habitación 1.033. El 12 de noviembre una mujer se acercaba al complejo hospitalario (en cuyas afueras y pese al intenso frío aparecían concentrados numerosos madrileños entre los que se vivieron escenas de emoción[68] y de fervor para con el Caudillo[69]) y entregaba la mantilla de una conocida advocación mariana[70]. A las 09:10 de la mañana del 15 de noviembre
…llegó un paquete enviado por “un barrio obrero de Madrid” dirigido al Caudillo y al Príncipe [Juan Carlos], con recortes de Prensa de ambas personalidades y en el interior una sortija usada, con engastes de pedrería, una gran medalla de oro y otra de la Virgen de Lourdes, con iniciales por el reverso, todo ello envuelto en una bandera nacional[71].
Poco después, era el reverendo Severino Domingo Palacios quien llevaba la reliquia de “una parte del cuerpo incorrupto de San Diego de Alcalá, que se conserva en la Iglesia de Alcalá de Henares, donde el Santo falleció en 1463 […] tiene mucha fama de milagrero”[72]. A las 10:35 horas de la mañana del 16 de noviembre dos ancianos gallegos (Narciso Huerta Ibáñez y Andrés Gabarrón) aparecían a las puertas del hospital con una reproducción tallada en madera de la cruz venerada en la ermita de Chamorro en El Ferrol[73]. A las 11.30 de la mañana del 17 de noviembre una señora de Móstoles de nombre Mari Carmen Lorca traía un cuadro de Santa Gema Galgani; la señora en cuestión contó “que tiene un niño de cuatro años que padecía asma. Hace algún tiempo el cuadro le fue regalado a ella por otra señora, y al comprobar que su hijo estaba muy mejorado, espera que el cuadro pueda ayudar a curar a Franco como ayudó a curar a su hijo”[74]. Más tarde, ese mismo día,
…un joven de unos quince años trajo un recordatorio del padre Huidobro y un papel en el que ponía “¿Por qué no se lo pides a él?” […] y un niño subnormal, acompañado de su madre, que profundamente emocionada decía: “Tengo mucho que agradecerle”, llevó un ramo de flores[75].
A las 10:05 de la mañana del 18 de noviembre
…un señor se presenta a cumplir un encargo de sus hermanas, las señoritas Abad, de Valladolid. Trae una botellita en forma de Virgen, con agua de Lourdes. Poco antes, una señora llegó llorando: ¿Cómo se encuentra el Caudillo?, para entregar una estampa de la Virgen del Carmen y unas rosas. No quiso dar su nombre[76].
También el 18 de noviembre “llegó un rosario hecho con huesos de aceitunas del Huerto de los Olivos. La señora que lo entregó a una de las azafatas no quiso dar su nombre”[77]. Y el 19 de noviembre, apareció a las puertas del hospital “un vidente gallego, que dijo haber visto al Generalísimo en espíritu, por lo que deseaba entregarle una vela milagrosa”[78].
Finalmente, no se obró el milagro (aunque alguno de sus incondicionales interpretasen que, en cierto modo, sí había obrado[79]) y tras una larga agonía en la que no faltaron quienes de manera voluntaria quisieron tener para con el Jefe del Estado un detalle cariñoso[80] e incluso estuvieron dispuestos al sacrificio personal[81], Franco moría a las 05:25 de la madrugada del 20 de noviembre de 1975 por “parada cardiaca, como final de un shock tóxico por peritonitis” (en palabras del ministro de Información y Turismo León Herrera Esteban leídas a las 06:12 horas a través de RNE), que “no [por] la ira organizada de la oposición a su dictadura”[82]. Ello se pudo comprobar durante los días previos al funeral, cuando cientos de miles de españoles –desfilando tristes ante la capilla ardiente instalada en el Salón de Columnas del Palacio Real[83] después de soportar largas horas de frío y de vela en colas kilométricas alrededor de la Plaza de Oriente[84]– se manifestaron para darle su último adiós en las que objetivamente constituyen hasta la fecha las más multitudinarias y probablemente sentidas que haya tenido un gobernante español a su muerte.
Una publicación muy crítica con el anterior régimen, Vida Nueva, escribía al día siguiente de los funerales oficiados por el Caudillo:
La muerte de Franco ha sido –y creemos que nadie discutirá esto– una sacudida de la conciencia nacional. Hemos visto cientos y miles de ojos que lloraban, hemos tocado el conmovido y conmovedor silencio de Madrid durante las largas jornadas. Una ola de sincero afecto y de hondo respeto, el entusiasmo de muchos ante una figura que era para ellos un héroe, un salvador, casi un santo. Y no eran, ciertamente, los favorecidos de la fortuna o de la política: eran ricos y pobres, cultos y sencillos, viejos y jóvenes[85].
Y es que en aquellos momentos de emoción (luego repetidos infinidad de ocasiones por TVE, caso de ese obrero con mono azul saludando en posición marcial, de esa mujer arrodillada llorando desconsoladamente, etc.) hubo quienes dejaron “ante su caja papeles escritos de su puño y letra: «Haced a mi hijo tan bueno como lo has sido tú». «Que mi hija se cure de su enfermedad». «Ayúdame en la vida». «Cura a mi marido, tenemos siete hijos»”[86]; un hecho (el de encomendarse a él como si de un santo se tratase) repetido en los años posteriores ante su tumba en el Altar Mayor de la Basílica del Valle de los Caídos (tal que han atestiguado los monjes benedictinos allí presentes[87]) que, por más que hoy sea visto como extravagante, resulta en verdad revelador del “misterio sagrado” que envolvía la figura de Franco y que lo entronca directamente con el poder taumatúrgico atribuido a los monarcas de la tradición medieval-absolutista con quienes siempre se identificó[88] y no pocos, también, lo identificaron[89].
[1] Francisco Franco Salgado-Araujo, Mis conversaciones privadas…, op. cit., 90.
[2] A. O., “La mano de Santa Teresa guía los pasos del Caudillo”, El Ideal Gallego, 15 de octubre de 1937, página 4.
[3] En El Adelanto, 16 de febrero de 1937, página 2. Ver ANEXO FOTO-DOCUMENTAL.
[4] Enrique Moradiellos, “Franco, el caudillo: origen y perfil de una magistratura política carismática”, op. cit.
[5] Vicente Pozuelo Escudero, Los últimos 476 días de Franco (Barcelona: Planeta, 1980), 104.
[6] Juan Cobos Arévalo La vida privada de Franco: confesiones del monaguillo del Palacio de El Pardo (Córdoba: Almuzara, 2009), 264.
[7] “Había de llegar este Año de la Victoria para que la Virgen [del Carmen] nos hiciera la gracia de esta visita y Burgos a lo largo de sus calles le rindiera homenaje, acompañando a su carroza. Este año habrá un detalle de gran relieve, que no ha existido en años precedentes y que no se repetirá en los futuros. En la procesión figurará la mano izquierda de Santa Teresa de Jesús, la gran Reformadora de la Orden de la Virgen, la gran avilesa […] Repetidas veces han llegado hasta nosotros rumores sobre los planes de glorificación que nuestro Generalísimo proyectaba para honrar esta reliquia insigne antes de darla asiento definitivo. Hoy…Burgos…, como ayer Salamanca, la tiene en su recinto y la contemplará brillante por sus calles y puentes, por la misma Avenida del Generalísimo Franco. Burgos, cabeza de Castilla y hoy capital del Estado, es de esperar que concurra en masa al homenaje de quienes la tenemos por Madre y Patrona y todos por gran Santa y sin par castellana”. Padre Bruno de San José, “La fiesta de Nuestra Señora del Carmen. La Santa reliquia de Santa Teresa, víctima del robo sacrílego de los rojos, paseará hoy triunfante por las calles de Burgos”, Diario de Burgos, 16 de julio de 1939. Ver ANEXO FOTO-DOCUMENTAL.
[8] Stanley G. Payne y Jesús Palacios, Franco, mi padre. Testimonio de Carmen Franco, la hija del Caudillo (Madrid: La Esfera de los Libros, 2008), 542.
[9] En concreto, “cuando el embajador alemán en Madrid, Von Moltke, le exige por orden de Hitler que antes de cuarenta y ocho horas España ha de entrar en guerra a su favor. Enterados de estas pretensiones, exigen lo mismo los embajadores de Inglaterra y de Estados Unidos de América para que lo haga en favor de sus respectivas naciones. Franco les responde a todos que tiene que pensarlo. Se recluye en la capilla y allí ante el Santísimo Sacramento ora intensamente. Antes de las veinticuatro horas de estos hechos muere el embajador alemán Von Moltke, casi de repente. Su exigencia quedó pendiente, pasó el momento crítico y España no entró en guerra ni quedó invadida, como habían amenazado. En el caso de que España no entrase en guerra”. Manuel Garrido Monaño, Francisco Franco…, op. cit., 23.
[10] Juan Cobos Arévalo La vida privada de Franco…, op. cit., 264.
[11] Paul Preston, Franco…, op. cit., 276.
[12] En Gonzalo Huesa Lope, La mano…, op. cit., 215-216.
[13] Giuliana Di Febo, La santa de la raza…, op. cit., 117.
[14] Carlos Fernández, “El brazo y la mano de Santa Teresa coincidieron en la ciudad en 1963”, La Voz de Galicia, 6 de octubre de 2001. https://www.lavozdegalicia.es/noticia/coruna/2001/10/06/brazo-mano-santa-teresa-coincidieron-ciudad-1963/0003_774673.htm#:~:text=Curiosamente%2C%20en%20el%20verano%20de,y%20otra%20en%20Mar%C3%ADa%20Pita.
[15] En Luis Losada, “La vida ordenada y afanosa del Jefe del Estado según uno de sus íntimos colaboradores”, ABC (Sevilla), página 17.
[16] Imperio, 2 de mayo de 1951, página 4.
[17] Pilar Franco, Nosotros…, op. cit., 112-113.
[18] Pilar Eyre, Franco confidencial (Barcelona: Destino, 2013), 417-418.
[19] “[…] la verdad es que Paco [se refiere a Franco] no era supersticioso. No, y es curioso porque todo buen gallego tiene sus cosas al respecto. Siempre que hacíamos comentarios y no nos queríamos sentar trece a la mesa, se reía de nosotros y nos decía que éramos unos ridículos. De lo único que me acuerdo que tenía algo de manía era a pasar por debajo de una escalera”. Pilar Franco, Nosotros…. op. cit., 78.
[20]Ángeles García de la Borbolla, “La materialidad eterna de los santos sepulcros, reliquias y peregrinaciones en la hagiografía castellano-leonesa (siglo XIII)”, Medievalismo, nº 11 (2001): 9-31.
[21] En Javier Ramos, “José Luis Hernández Garví: «Franco se sirvió de tradiciones y símbolos mágicos para considerarse un Mesías»”, Lugares con Historia, 18 de octubre de 2017, https://www.lugaresconhistoria.com/entrevista-jose-luis-hernandez-garvi
[22] Giuliana Di Febo, Ritos de guerra…, op. cit., 94.
[23] Dicha Ley (una de las ocho Leyes Fundamentales –junto con Fuero del Trabajo, Ley Constitutiva de las Cortes, Fuero de los Españoles, Ley de Referéndum Nacional, Ley de Principios del Movimiento Nacional, Ley Orgánica del Estado y Ley para la Reforma Política– del Nuevo Estado entre 1936 y 1977) puede consultarse en el siguiente enlace: https://www.boe.es/buscar/doc.php?id=BOE-A-1947-7395
[24] Enrique Moradiellos, “Franco, el caudillo: origen y perfil de una magistratura política carismática”, op. cit.
[25] David Zurdo y Ángel Gutiérrez, La vida secreta de Franco: el rostro oculto del dictador (Madrid: Edaf, 2005), 50.
[26] Santiago Muñoz Machado, Vestigios, op. cit., 33.
[27] Ernesto Milà, “Salvador Dalí, fascismo y política hermética (2 de 3)”, InfoIkrisis, 16 de junio de 2021, http://info-krisis.blogspot.com/2021/06/salvador-dali-fascismo-y-politica_16.html
[28] Del prólogo de Miguel Zorita a Javier Ramos, La España sagrada. Historia y viajes por las reliquias cristianas (Córdoba: Arcopress, 2020).
[29] Juan Torres Márquez, “Reliquias como símbolo de poder: el brazo incorrupto de Santa Teresa”, en El culto a las reliquias. Interpretación, difusión y ritos, ed. Francisco José Alfaro Pérez y Carolina Naya Franco, (Zaragoza: Universidad, 2019), 366-374.
[30] El investigador y miembro de la Real Academia de Toledo José García Cano ha especulado con la posibilidad de que “[…] muy posiblemente, la espada de san Pablo fuera escondida por Juan Mora, el demandadero, pero no en el pozo del convento como así publicó la prensa en base a un testimonio de una de las monjas, sino en otro recóndito lugar de Toledo, donde posiblemente (quién sabe) aún pueda continuar… Precisamente uno de esos encargos realizado por una de las monjas del convento, posiblemente la superiora, (en aquellos momentos era Madre Teresa Sala Picó, hermana del beato José Sala, rector del Seminario Menor de Toledo) fue el de esconder la reliquia de la espada de san Pablo ante los acontecimientos que se estaban viviendo y previniendo un posible saqueo al convento, como efectivamente sucedió. La hermana eligió a Juan, el demandadero, para encargarle la custodia de la espada, ya que era su persona de confianza y tenía libertad de entrar y salir del convento. Y para confirmar que Juan era una persona en la que se podía confiar, tenemos el detalle de que no contó ni a su esposa Clotilde aquella historia de la espada” En Jorge López Teulón, La persecución religiosa en la Archidiócesis de Toledo 1936-1939. Tomo Primero: En la ciudad de Toledo (Toledo: 2019), 142.
[31] L. Moreno Nieto, ABC (Madrid), 28 de octubre de 1967, página 87.
[32] “La espada entregada al Caudillo en la Capilla Real, por el Excmo. Ayuntamiento de la ciudad, es copia de la del Rey Fernando […] De su fabricación fue encargado el Sindicato de Artesanía. La empuñadura del arma es de oro del Douro, y su peso es de 235 gramos. La cakidad del oro es de 22 kilates. La hoja mide noventa y dos centímetros de largo por cuatro de ancho y es bella muestra de los artesannos granadinos. El estuche que la guarda es de cuero repujado y policromado con alegorías de Granada. Y el bordado del forro del estuche, ha sido realizado con verdadero primor por las reverendas Madres Adoratrices”. Patria, 11 de mayo de 1943, página 2. Ver ANEXO FOTO-DOCUMENTAL.
[33] De acuerdo con la Ley de Cortes, cerca de veinte obispos se sentaron en la Cámara por designación expresa de Franco desde 1942 hasta el final del Régimen, si bien, a partir de 1969, la mayoría de ellos renunciaron a sus escaños. (N. del A.)
[34] “Las Misiones Populares, creadas en los años cuarenta [llegan] a más de tres millones de personas cada año […] Antes de 1965, la cifra de españoles (sólo varones) que ha hecho ejercicios espirituales en retiro se sitúa en 1.100.000 personas, organizados en unos 30.000 grupos”. José Javier Esparza. “Franco. Una interpretación metapolítica”, op. cit.
[35] “España se convierte en el país del mundo con mayor proporción de vocaciones: en 1940 había 2.000 seminaristas mayores, doce años después, un país con una población apenas superior a los 25 millones de habitantes tenía 8.000 seminaristas, que serán mil más en los años sesenta […] El número de sacerdotes diocesanos aumentó en un 25%; el de religiosos, en un 170%; el de religiosas, en un 60%; la cifra de monjas de clausura asciende a 20.778. Buena parte de ese esfuerzo se encaminará hacia el exterior: la Obra de Cooperación Sacerdotal Hispanoamericana enviará a América cerca de 1.500 sacerdotes diocesanos; hacia 1960, la cifra de religiosos españoles en las misiones de todo el mundo se sitúa en 11.000 sacerdotes y frailes, y 16.000 monjas”. Ibíd.
[36] Enrique González Duro, Franco, una biografía psicológica (Barcelona: Temas de Hoy, 1992), 234.
[37] Luis Aurelio González Prieto, “El carisma divino del caudillaje español”, Atlántica XXII: revista asturiana de información y pensamiento, nº 47 (2016): 57-60.
[38] En Carlos Prieto, “Del robo del siglo a la chapuza colosal: así se cargó Franco la cruz de Don Pelayo”, El Confidencial, 29 de mayo de 2017. https://www.elconfidencial.com/cultura/2017-05-29/cruz-de-la-victoria-franco-don-pelayo-reconquista-guerra-civil_1389671/
[39] “Según la tradición española, el cáliz habría sido conservado por la Virgen María y los apóstoles en Jerusalén y, luego, Pedro lo habría llevado a Roma, donde los Pontífices lo utilizaron para consagrar la Eucaristía durante algo más de dos siglos. En la persecución que Valeriano desencadenó contra los cristianos hacia el 258, el papa Sixto II, antes de ser martirizado, habría confiado el cáliz al diácono Lorenzo, de origen hispano, de Huesca, quien lo envió a su patria chica. En la diócesis de Huesca estaría hasta la invasión musulmana, a principios del siglo VIII, y posteriormente sería fundado el monasterio de San Juan de la Peña, en el que el cáliz estuvo hasta 1399, cuando el Rey Martín de Aragón lo llevó a Zaragoza, pasando después a Barcelona hasta que Alfonso el Magnánimo lo depositó en 1424 en Valencia, primero en su palacio y, posteriormente, en la Catedral, según un acta notarial de 1437. Durante la Guerra de la Independencia, entre 1809 y 1812, fue llevado el Cáliz a Alicante y, después, a Ibiza y Mallorca. Desde 1916, el Grial valenciano recibe culto en la antigua sala capitular, naciendo en esos momentos la Real Hermandad para darle culto y guardia. La Guerra Civil es causa dramática de su salida forzada del sagrado recinto. Elías Olmos, canónigo archivero de la Catedral de Valencia, protagonista de aquellos episodios, publicó un folleto en el que se recoge la crónica de cómo se salvó esta joya. El día 21 de julio de 1936, después de celebrarse la Santa Misa, María Sabina Suey salió de la Catedral llevando el Cáliz a su domicilio en la calle Avellanas. Tres horas después las turbas incendiaron la capilla y su contenido. En casa de los Suey estuvo a partir de ese momento. El 8 de agosto hubo un conato de registro de milicianos, que resultó frustrado. Lo escondió entonces, disimulado en un armario, don José Cortés Díaz, ayudado por su hijo Salvador, el cual sería asesinado semanas después. El 29 de agosto hubo otro registro, en el que no encontraron la sagrada reliquia. Viendo el peligro que corría el Grial, se llevó a casa de Adolfo Suey, hermano de María, en la calle de Pelayo ocultándolo en un sofá. Aquí se sufrieron otros dos registros, y el 30 de enero de 1937 vuelve a la calle Avellanas y se decide llevarlo a Carlet el 20 de junio del 37, a una casa de los Suey, habitada por Bernardo Primo Alufre […] El 30 de marzo 1939 las fuerzas republicanas dejaban Carlet y Elías Olmos entrega la copa a la Junta Recuperadora del Tesoro Artístico Nacional, que lo reintegra al Cabildo Metropolitano el Jueves Santo 9 de abril siguiente, en la Lonja valenciana, pues la Catedral estaba profanada y destruida”. Redacción, “El Santo Grial de la catedral de Valencia”, ABC, 9 de julio de 2006. https://www.abc.es/espana/abci-santo-grial-catedral-valencia-200607090300-1422376062206_noticia.html
[40] Ver NO-DO, Nº 861 A, Año XVII. Filmoteca Española.
[41] Antonio Viñayo, “El cáliz de Doña Urraca y el cáliz de la Santa Cena”, Proa, 26 de marzo de 1964, página 11.
[42] “Seguidamente, en coche descubierto, en compañía del alcalde, el Generalísimo Franco se dirigió a la catedral […] Una vez en la puerta de la catedral, Su Excelencia descendió del coche, mientras «Els nens del Vendrell» levantaban sus atrevidos castillos humanos en señal de saludo. En el umbral del templo esperaban la llegada del Jefe del Estado y su esposa el obispo de la Diócesis, doctor Manuel Moll, acompañado del cabildo, penetrando bajo palio al interior de la basílica. Seguidamente se entonó un Te Deum cantado por la Schola Cantorum del Seminario. A continuación sus excelencias se dirigieron a la capilla de la Cinta, patrona de la ciudad, venerando el relicario”. ABC (Madrid), 22 de junio de 1966, página 65.
[43] Vicente Pozuelo Escudero, Los últimos…, op. cit., 71.
[44] Se dice que la Santa Faz (paño de lino donde el rostro de Jesucristo habría quedado impresionado cuando se produjo su ascensión hacia el monte Gólgota y una mujer llamada Verónica –de “vera” e “ico”, que significa “verdadera imagen” – se acercó a limpiar el sudor y la sangre del Maestro) jiennense (una de las numerosas que existen) llegó “a Andalucía gracias a San Eufrasio, uno de los siete varones apostólicos que estuvieron evangelizando España. Tras la invasión musulmana se llevó a Asturias, donde estuvo escondida hasta que un obispo de Ramiro III quiso ver aquel rostro y al abrir el arca quedó ciego. Fue Alfonso VI quién se preparó para ese momento y pudo abrir el arca y contemplar la reliquia. Sería con Fernando II cuando regresaría su tierra en el sur, aunque hay otra leyenda que nos dice que fue una donación del obispo de Jaén, en el siglo XIV, Nicolás Biedma”. José Manuel García Bautista, “El misterio de la Santa Faz de la Catedral de Jaén”, ABC, 2 de diciembre de 2021. https://sevilla.abc.es/andalucia/jaen/sevi-misterio-santa-catedral-jaen-202112021234_noticia.html
[45] Diario de Burgos, 19 de marzo de 1940, página 1.
[46] “Franco besando la reliquia del brazo de san Pablo”, ¡Hola!, 4 de enero de 1964, página 49.
[47] José Javier Esparza. “Franco. Una interpretación metapolítica”, op. cit.
[48] En Vicente Talón, Franco y la Iglesia, historia de una sumisión (1936-1975) (Tarragona: Fides, 2018), 283.
[49] “[…] la Iglesia tendría que dar su juicio moral sobre las instituciones político-sociales sólo en el caso de que, por la índole misma de su estructura o por el modo general de su actuación, lo exigiesen manifiestamente los derechos fundamentales de la persona y de la familia, o la salvación de las almas […]. No creemos que éste sea el caso de España”. En Jesús Iribarren, Documentos colectivos del episcopado español 1879-1974 (Madrid: Editorial Católica, 1974), pp. 370-403.
[50] Laureano López Rodó, “Relaciones con la Santa Sede del Gobierno del almirante Carrero”, Anales de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, nº 64, (1987): 71-94.
[51] En el Consejo de Ministros celebrado el 7 de diciembre de 1972, el almirante Carrero Blanco felicitaba a Franco en nombre del Gobierno y pronunciaba estas palabras: “Pues bien; de cómo la España regida por Vuestra Excelencia quiso servir a Dios sirviendo a su Iglesia, puede dar medida, aunque sólo sea en el orden material, e l hecho de que desde 1939 e l Estado ha gastado unos 300.000 millones de pesetas en construcción de templos, seminarios, centros de caridad y de enseñanza, sostenimiento de culto, etc., etc. Ningún gobernante en ninguna época de nuestra historia ha hecho más por la Iglesia Católica que Vuestra Excelencia, y ello, y esto es muy importante, sin otra mira que el mejor servicio de Dios y de la Patria, a que habéis consagrado vuestra vida con ejemplar entrega. Es lamentable que, con el transcurso de los años, algunos, entre los que se cuenta n quienes por su condición y carácter menos debieran hacerlo, hayan olvidado ésto, o no quieran recordarlo, pero este hecho es lamentable principalmente par a ellos, porque Dios sabe bien lo que hay en el corazón de los hombres y… Dios no olvida. Esto es lo verdaderamente importante”. En Diario de Burgos, 8 de diciembre de 1972, página 13.
[52] Enrique Moradiellos, La España de Franco (1939-1975) (Madrid: Síntesis, 2000), 178.
[53] “Desearía confiar a Vuestra Santidad ciertas graves preocupaciones que llenan mi espíritu y que se refieren a la situación espiritual del pueblo español y a las relaciones entre la Iglesia y el Estado en España […] Me refiero al afán de algunos eclesiásticos y de ciertas organizaciones, que se llaman apostólicas, de convertir a la Iglesia en instrumento de acción política. Preocupados con objetivos temporales, creen poder conseguirlos entrando en franca hostilidad con el Estado; esta tendencia se agrava a menudo por la fascinación de la violencia, característica de nuestros días, que llega a hacerlos participar en acciones subversivas o a tomar público partido a favor de los que vulneran el orden público y la integridad de la sociedad y del Estado, como si éste fuera un enemigo. Tales conductas resultan particularmente injustas cuando las asociaciones que las practican disfrutan un régimen concordatario de privilegio, o cuando los ciudadanos que colaboran con ellas aparecen ante el pueblo revestidos de las órdenes sagradas, y, mientras por un lado atacan el Estado y a sus instituciones, por otro, invocando la autorización previa que establece el Concordato, impiden a la autoridad judicial esclarecer los hechos revestidos de indicios racionales de culpabilidad para hacer justicia por delitos comunes. Finalmente, completan este ingrato panorama aquellos eclesiásticos de diversa jerarquía y relación con la vida de nuestro pueblo que, obcecados por una imagen falsa y prefabricada de España y especialmente de su historia reciente, pronostican la ruptura de la continuidad de la vida política de mi país y propugnan medidas oportunistas de distanciamiento e incluso oposición partidista al Gobierno. Quizá con ello quieren aplicar la teoría, nacida en países distintos del mío, de que la Iglesia necesita buscar en nuevos sectores sociales nuevos seguidores, lo que me parecería natural siempre que ello no sea una arriesgada operación, cuyos resulta dos pudieran limitarse al alejamiento de los que siempre han creído en ella. Estos factores patológicos […] han creado un clima de malestar y falta de colaboración entre la Iglesia y el Estado, lo que no impide que por parte de la Iglesia se haga uso sistemáticamente estricto de sus derechos, civiles, económicos, fiscales y concordatarios, como lo demuestran las 165 denegaciones de autorización para el procesamiento de clérigos durante los cinco últimos años, muchas de ellas en asuntos muy graves, que suponen verdadera complicidad con movimientos separatistas, olvidando la estrecha relación que siempre existió en España entre la unidad nacional y la unidad religiosa. Repercusiones de este espíritu de distanciamiento, tan lejano de la sana cooperación, pueden hallarse igualmente en ciertas indudables extralimitaciones de la Conferencia Episcopal […] algunos de [cuyos] miembros sienten hoy una irreprimible tentación de dedicar su actividad a materias que no les competen, y de las que normalmente sólo tienen un conocimiento superficial, sin que de ello se derive a mi entender beneficio para las almas, antes al contrario, detrimento de la deseable concordia en las relaciones de la Jerarquía con el Gobierno”. En Laureano López Rodó, “Relaciones con la Santa Sede del Gobierno del almirante Carrero”, op. cit.
[54] Fernando García de Cortázar, “La Iglesia”, en La época de Franco (1939-1975). Volumen I.- Política, Ejército, Iglesia, Economía y Administración, por Raymond Carr (Madrid: Espasa-Calpe, 1996), 383-442.
[55] Blas Piñar, fundador y líder de Fuerza Nueva, decía lo siguiente en una conferencia titulada “Franco y el postfranquismo” pronunciada en el Aula del Centro de Estudios Sociales, Políticos y Económicos (Madrid, 04-10-1983): “El Concilio Vaticano II, que no fue un Concilio dogmático, sino estrictamente pastoral, según los términos de su convocatoria, conturbó profundamente a la Iglesia, y de tal modo que el gran objetivo de unir a los cristianos, por una parte, no fue conseguido, y por otra, se produjo la gran desunión y confrontación de los católicos, que hoy discuten, sin que Roma hasta la fecha haya zanjado con eficacia las discusiones, en torno al dogma, a la liturgia, a la disciplina, es decir, a todo lo que es esencial en la Iglesia misma. El caos de esta confrontación, puesta de relieve en hechos y acontecimientos dolorosos, como el del Catecismo holandés o el II Congreso internacional para el apostolado de los seglares, obligó a Pablo VI a decir públicamente que el humo de Satanás había entrado en la Iglesia. Ese humo, a la manera de una droga, operó el milagro e hizo posible lo imposible. Seminarios y noviciados. Universidades teológicas y colegios religiosos, monasterios y comunidades aspiraron la droga y se dejaron intoxicar por ella; y lo que es peor, la fueron propagando entre aquéllos que, de forma inmediata o mediata, constituían su círculo de influencia. ¿No habéis oído lamentarse con amargura a padres de familia que llevaron a sus hijos al Seminario, al noviciado, al convento o al colegio religioso, confiando plenamente en la formación espiritual que allí recibirían y vieron con sorpresa cómo el Seminario, el noviciado, el convento o el colegio les devolvía un muchacho devoto del marxismo o una muchacha descreída o licenciosa? El humo de Satanás había falsificado el Evangelio. La Fe quedó suplantada por una opinión que aspira simplemente a ser respetada en el mercado de las opiniones. La Esperanza quedó sustituida por la espera de la utopía imposible de un paraíso terrenal de iguales. El amor, generoso, universal y altruista, quedó reemplazado por la solidaridad en el despecho o en la codicia. La teología evangélica fue arrinconada para abrir paso a la teología de la liberación, pero no de la liberación del pecado para conseguir la vida eterna, sino de la liberación de las opresiones económicas, de la marginación social, de los tabúes morales, para el logro, en el tiempo y en la tierra, de una felicidad sin límite. De ahí, a las comunidades de base, a los cristianos por el socialismo, a los sedicentes movimientos apostólicos embarcados en la subversión, no hubo más que un paso. Otro paso más y fue un hecho, como lo ha sido y sigue siendo en algunas naciones de Hispanoamérica y lo ha sido también aquí, la militancia activa de religiosos y sacerdotes en grupos terroristas, cuyo objetivo no es otro que destruir y matar”. https://fnff.es/historia/105468724/Franco-y-el-postfranquismo-por-Blas-Pinar.html
[56] Joan Montacau, Septentrionix Lux. Tradición, identidad, metapolítica y simbolismo (Barcelona: Ediciones Totalitarias, 2022), 161.
[57] “NUMEROSOS FIELES ROGABAN POR EL CAUDILLO AL SANTO CRISTO DE EL PARDO”. ABC (Madrid), 26 de octubre de 1975, página 19. “PEREGRINACIÓN […] Durante la celebración de las sesiones de la Comisión Permanente y del Pleno Municipal habido en el día de hoy, a propuesta del alcalde de la ciudad [de Murcia], don Clemente García García, la Corporación en pleno acordó de forma espontánea organizar una peregrinación al Santuario de la Virgen de la Fuensanta, Patrona de la ciudad, al objeto de celebrar una misa por la salud del Jefe del Estado”. ABC (Madrid), 29 de octubre de 1975, página 32. “MULTITUDINARIA ORACIÓN POR LA SALUD DE FRANCO EN COVADONGA”. ABC (Madrid), 31 de octubre de 1975, página 32. “EL LUNES, ROSARIO. La Asociación de Cabezas de Familia de la localidad de El Pardo ha organizado para el próximo lunes, a las ocho de la tarde, un rosario que será aplicado por la salud del Generalísimo”. ABC (Madrid), 2 de noviembre de 1975, página 21. “PRECES […] continúan en toda España las oraciones y los actos religiosos para pedir al Señor por la salud del Jefe del Estado. En la ciudad natal del Caudillo se celebró una vigilia extraordinaria de la Adoración Nocturna en la iglesia de Nuestra Señora del Pilar. Franco fue adorador activo durante el año 1911 en esa parroquia”. Pueblo, 3 de noviembre de 1975, página 13.
[58] Evelyne López Campillo, Hervé Poutet y Anna Remis, “Una cruzada para una nueva tierra santa. ¡Fraternidad, Libertad, Igualdad!”, op. cit.
[59] En Gonzalo Huesa Lope, La mano de Santa Teresa de Jesús, op. cit., 220.
[60] “UN MANTO DE LA VIRGEN […] El arzobispo de Zaragoza, monseñor Pedro Cantero Cuadrado, ha prometido traer un manto de la Virgen del Pilar para ponerlo en la habitación del Caudillo y así la Madre de Dios de la Hispanidad le ayude a superar la enfermedad en que se encuentra”. ABC (Madrid), 29 de octubre de 1975, página 32.
[61] José Luis Palma Gámiz, El paciente de El Pardo: crónica de una agonía imprevisible (Madrid: Real del catorce, 2008).
[62] “GESTIONES PARA LLEVAR A EL PARDO EL MANTO DE LA VIRGEN DE GUADALUPE […] El doctor Juan Pablo Abril, cirujano y ex gobernador civil de las provincias de Teruel y de Santa Cruz de Tenerife, gestionó desde el pasado día 26 la iniciativa de enviar el manto de la Virgen de Guadalupe, de especial veneración en toda Extremadura, al Palacio de El Pardo para que fuera colocado a la cabecera del Caudillo e implorar por su salud corporal y espiritual […] A tal fin se puso en contacto con el prior del Monasterio de Guadalupe y con el primado de España, cardenal González Martín. En Extremadura –agregó el señor Abril– se ha visto con satisfacción la posibilidad del envío de este manto al Caudillo, por el cariño que siempre tuvo hacia la Virgen de Guadalupe y por la fe de los extremeños en la protección de la Virgen a los enfermos”. ABC (Madrid), 1 de noviembre de 1975, página 25.
[63] En Gonzalo Huesa Lope, La mano…, op. cit., 220.
[64] “ALTAR. En la verja del Palacio de El Pardo, en la parte cercana a la capilla, apareció ayer una especie de altar formado con tres ladrillos y, sobre él, una imagen tallada en madera de la Virgen de la Peña de Francia. En la peana de la imagen, el anónimo autor del altar dejó un cartelito con la siguiente inscripción: «Ahora bien, hermano mío, oye mi súplica a lo que te voy a mandar. Ruégote reces a la Virgen de la Peña de Francia y nuestro Caudillo tendrá vida para muchos años más. Gracias»”. ABC (Madrid), 29 de octubre de 1975, página 32.
[65] “UNA IMAGEN DE LA MACARENA PARA EL PARDO. Un grupo de cincuenta sevillanos acudieron ayer por la mañana al Palacio de El Pardo, residencia oficial del Jefe del Estado, encabezados por don Antonio Pereira Ortiz. El señor Pereira entregó a varios responsables una imagen de la Virgen de la Macarena, que se ha hecho llegar a los familiares del Generalísimo y que ha sido instalada en una de las dependencias del Palacio”. ABC (Madrid), 2 de noviembre de 1975, página 21.
[66] “TAMBIÉN UNA DEL CHAMORRO. Una reproducción de la Virgen de Chamorro fue entregada en la tarde de hoy en el Palacio de El Pardo, en nombre del alcalde de El Ferrol del Caudillo, con destino a Su Excelencia”. Ibíd.
[67] Javier Ramos, “Las reliquias de Franco”, Pressreader.com, 1 de marzo de 2021, https://www.pressreader.com/spain/clio-historia/20210301/281565178489569
[68] “NO AGUANTÓ LA EMOCIÓN. A media tarde, una señora pronunció vivas a Franco ante las escaleras de acceso al pabellón principal de La Paz. Visiblemente excitada, dio gritos como «Franco, santo Caudillo de España» y «Los españoles te adoramos». Varias personas, entre ellas policías, intentaron calmarla, trasladándola al interior”. ABC (Madrid), 8 de noviembre de 1975, página 73.
[69] “DE RODILLAS Y CON LOS BRAZOS EN CRUZ. Durante cinco minutos permaneció rezando, de rodillas y con los brazos en cruz, un hombre de treinta y cinco años y carpintero de profesión. Terminada la oración, se integró en los grupos que permanecían frente al pabellón de La Paz en que se encuentra hospitalizado el Generalísimo Franco. Manifestó que lo hacía «porque creo que es el único hombre que ha hecho algo por España»”. ABC (Madrid), 11 de noviembre de 1975, página 72. “La jornada del sábado ofrece un detalle entre los muchos que el amor del país por su Caudillo inspira: un obrero portuario murciano cumplió su promesa de caminar desde la Puerta del Sol hasta la Paz con un saco de cemento de cincuenta kilos a la espalda. Lo hizo de noche, para no entorpecer el tráfico. Queden sus datos: Salvador Tébar Jiménez, cuarenta y seis años y admirador incondicional de Franco”. Pueblo, 17 de noviembre de 1975, página 8.
[70] “LA MANTILLA DE LA VIRGEN DE LA O. La mantilla de la Virgen de la O ha sido entregada ayer en la Residencia Sanitaria La Paz, donde se halla internado el Jefe del Estado. La entrega de la mantilla fue hecha por la camarera mayor de la Hermandad de dicha advocación mariana”. ABC (Madrid), 13 de noviembre de 1975, página 30.
[71] ABC (Madrid), 16 de noviembre de 1975, página 64.
[72] A.Y., “Una reliquia y una bendición para el Caudillo”, ABC (Madrid), 16 de noviembre de 1975, página 64. Ver ANEXO DOCUMENTAL.
[73] “Dos ancianos ferrolanos tallan para Franco una reproducción de la cruz que existe en la ermita de Chamorro”. Hoja del Lunes, 17 de noviembre de 1975, página 5.
[74] Pilar Trenas, “Una tarde tranquila”, ABC (Madrid), 18 de noviembre de 1975, página 73.
[75] Ibíd.
[76] ABC (Madrid), 19 de noviembre de 1975, página 64.
[77] José Lesta y Miguel Pedrero, Franco top secret…, op. cit., 62.
[78] ABC (Madrid), 20 de noviembre de 1975, página 64.
[79] En una entrevista del día 21 de noviembre de 1975, el director de cine José Luis Sáenz de Heredia declaraba: “Verdaderamente creíamos que iba a operar el milagro, un milagro más de los que él ha hecho, y en realidad así ha sido […] Cuando se muere en el servicio de una comunidad, ha hecho el tránsito perfecto, nos ha dado a todos una serenidad que verdaderamente si nos lo hubiesen dicho, hace un año nada más, hubiésemos creído que podría ser una hecatombe. Ahora estoy seguro de que no lo va a ser, lo ha dejado todo como él ha dicho, atado y bien atado. Y todos tenemos la confianza de que estamos ahora mucho más unidos, y queremos, con su ejemplo, esa España que él ha soñado y ha forjado”.
[80] “CARTA DE UN NIÑO GALLEGO. Marcos Zárraga es un niño que estudia E.G.B. en la Agrupación Escolar Rosalía de Castro, de Padrón (La Coruña), y tuvo la idea de enviar una carta a la Casa Civil del Jefe del Estado. En ella dice: «Tal vez esta carta no llegue a sus oídos, y aunque vivo en un humilde y civilizado pueblo, le escribo esta carta para que sepa que tiene un nuevo amigo. Me intereso generalmente por su salud, y no hago nada más que mirar por los medios informativos cómo está usted. Espero que sane usted; rezo sin parar por su salud. Un fuerte abrazo de su nacionalista Marcos»”. ABC (Madrid), 11 de noviembre de 1975, página 72. “UNA ROSA DIARIA PARA EL CAUDILLO […] la joven de quince años Paloma Trujillano, la niña a quien Franco conoció el año pasado en la Clínica Francisco Franco, con la que intercambiaba saludos a través de una ventana situada frente a otra en la que se situaba el Caudillo. La muchacha se recuperaba entonces de un accidente de circulación. Al enterarse de la enfermedad de su egregio amigo, Paloma ha prometido orar todos los días y acercarse a la Clínica a diario para llevar una rosa al Generalísimo, promesas que está cumpliendo fielmente”. ABC (Madrid), 18 de noviembre de 1975, página 72.
[81] “UN OBRERO AGRÍCOLA OFRECE SU SANGRE […] Un obrero agrícola de la pequeña localidad sevillana de Castilleja del Campo ha dirigido al gobernador civil de esta provincia un espontáneo telegrama en el que expresa su preocupación por la salud del Jefe del Estado y ofrece su sangre por si fuera de utilidad para el Caudillo”. ABC (Madrid), 29 de octubre de 1975, página 32. “UN SACERDOTE VASCO OFRECE SU VIDA POR LA RECUPERACIÓN DEL JEFE DEL ESTADO […] En toda España continúa siguiéndose con gran interés la evolución de la enfermedad del Jefe del Estado […] Entre la avalancha de noticias referentes a este tema destaca la de un sacerdote vasco que vive en San Sebastián que ha escrito a la esposa del Jefe del Estado comunicándole que ha hecho ofrecimiento a Dios de su vida a cambio de que cure, restablezca plenamente y devuelva la salud al Generalísimo Franco”. ABC (Madrid), 7 de noviembre 1975, página 35. “UN RIÑÓN PARA FRANCO. Este hombre se llama José Luis Pérez y ayer, martes, visitó por dos veces La Paz. Tiene veintiséis años y dos riñones absolutamente sanos. Quiere ofrecer uno por Su Excelencia. Bueno, uno lo ha ofrecido ya. Está casado, tiene tres hijos y trabaja en una empresa de aire acondicionado”. ABC (Madrid), 12 de noviembre de 1975, página 73.
[82] Fernando García de Cortázar y José Manuel Fernández Vesga, Breve historia…, op. cit., 563.
[83] “[…] desde la mujer que no puede contener la emoción y cae de rodillas, hasta el antiguo capitán legionario que deja su gorro con tres estrellas a los pies del catafalco […] Los militares saludan reglamentariamente. Los hay que se santiguan, que se arrodillan. Los ojos secos de unos pasos antes se inundan de lágrimas […] He visto tullidos, mutilados, enfermos, ancianos, que se han ido acercando, casi arrastrando, hasta el recinto acordonado de la estancia. Allí han irrumpido en llanto y se han dejado abatir por la emoción”. ABC (Madrid), 22 de noviembre 1975, página 67.
[84] “TRECE HORAS DE ESPERA. Antes, durante la noche y la mañana, el paso de cuantos deseaban manifestar su último homenaje de respeto ante Franco había aumentado sensiblemente su ritmo. Las colas se habían estabilizado durante toda la noche y poco más tarde de la diez de la mañana se encontraban ante las puertas de la plaza de la Armería quienes aguardaban desde las nueve de la noche anterior […] Las dos grandes colas que afluían al Palacio de Oriente se extendían como las ramas de un árbol. A las tres de la tarde, de la Red de San Luis bajaba un gran reguero humano; hacía un bucle en la calle Caballero de Gracia, ascendía por Alcalá hasta la Puerta del Sol, donde giraba por Carmen, Tetuán y Maestro Victoria, para doblar de nuevo hacia Sol, donde se unía con otras dos –una que descendía por Carretas y otra que se alargaba desde la Carretera de San Jerónimo–, para finalmente concluir en Arenal. La otra gran columna desbordaba con mucho el parque de Atenas. En total, a media tarde más de doscientas mil personas habían rendido su homenaje póstumo a Franco […]”. ABC (Madrid), 23 de noviembre 1975, página 77.
[85] En Rafael Gómez Pérez, El franquismo y la Iglesia (Madrid: Rialp, 1986), 187.
[86] Jaime Peñafiel, “Entrevista exclusiva con Pilar Franco Bahamonde”, ¡Hola!, 3 de enero de 1976, página 50.
[87] “En el Valle de los Caídos se recibieron muchas cartas del extranjero; en ellas pedían que celebrasen Misas por Franco, mandaban su correspondiente estipendio, y pedían fotos suyas pasadas por su sepulcro. Durante estos 7 años que han pasado desde la muerte de Franco he visto a muchísimas personas de rodillas junto a su tumba. Muchos la han besado y se han encomendado a él. En agosto de 1981 vi junto a la tumba de Franco a toda una familia de Guadalajara, hasta los hijos pequeños colocaron unos claveles allí y nos dijeron que era una promesa que habían hecho al Caudillo. Ese mismo día vi orar con gran fervor a una señorita de Vitoria, de rodillas, ante el sepulcro de Franco. Me impresionó la devoción con que lo hacía y el largo tiempo que llevaba allí. Luego me escribió para decirme que había venido para encomendar a la intercesión del Caudillo un caso muy grave: una hermana suya hacía años había sufrido varias operaciones en el cuello, del que tuvieron que cortarle un tendón e injertarle otro. Ahora debía sufrir otra operación para extirparle del mismo sitio un ganglio. La operación era gravísima, por el peligro que había de que el tendón injertado se desprendiese. El médico no se atrevía. Ella pidió con gran fervor a Franco la curación de su hermana. Al volver a casa supo, con gran sorpresa y alegría, que no había que operar, pues el ganglio se iba resumiendo por sí mismo […] Su carta se conserva en nuestro archivo”. Manuel Garrido Bonaño, Francisco Franco…op., cit., 161.
[88] El pensador tradicionalista italiano Julius Evola –en un artículo de enero de 1932 para La Nobilità della Stirpe titulado “El carácter sagrado de la realeza”– escribe: “Existen testimonios precisos de que los reyes de Francia y de Inglaterra tuvieron el poder de curar a través de la imposición de sus manos o bien permitiendo al enfermo que los tocara. En Francia tal poder se manifestó primeramente en Roberto el Piadoso, y sus sucesores, comprendido san Luis, lo heredaron […] En Inglaterra tal poder taumatúrgico se afirmó en ciertos casos en contra de la misma peste. La fórmula era «Le Roi te touche, Dieu te guérit», es decir, si el Rey te toca, Dios te cura. Y si en las antiguas crónicas se conservan rastros de tal creencia, de que ya los reyes merovingios poseían una fuerza milagrosa que impregnaba casi materialmente sus mismas vestimentas, la Inglaterra medieval conoció a los cramps-rings, anillos consagrados por los reyes, a los cuales se les atribuía un poder de curar la epilepsia y ciertas enfermedades musculares incluso más allá de la frontera del propio país. En cuál medida el poder curativo estuviese asociado a la idea de la verdadera dignidad, lo dice el hecho de que Venecia, durante la guerra de los Cien Años, invitó a Felipe de Valois a decidir el conflicto dinástico entre Francia e Inglaterra demostrando la propia legitimidad justamente por el hecho de poder curar enfermos, «tal como suelen hacerlo los verdaderos reyes»”. En Dagobertobellucci, “Reyes que curan”, Avamposto informatico anti-mondialista, 31 de enero de 2012, https://dagobertobellucci.wordpress.com/2012/01/31/reyes-que-curan-di-julius-evola/
[89] A los 20 años del fin de la Guerra Civil, el embajador francés en España, Guy de la Tournelle describía –en un informe confidencial redactado para sus superiores en París– a Franco como “un monarca absoluto y solitario”. En Álvaro Fleites Marcos, De Gaulle y España. La visión del general De Gaulle y del fenómeno Gaullista en la prensa y la opinión pública españolas (1958-1970) (Avilés: Azucel, 2009): 152.
