Algunos periódicos reproducen una interesante reflexión sobre la juventud de Franco al alcanzar el empleo de general, comparándolo con otros militares ilustres de «nuestro tiempo»[1]:
«El ascenso del afortunado coronel del Tercio don Francisco Franco a general de brigada, cuando solo cuenta 34 años de edad [en realidad tiene 33 en ese momento], ha hecho recaer muchas conversaciones sobre la edad de nuestros generales.
El nuevo general de brigada no es solo el más joven de los de su graduación en nuestro Ejército, sino el que más pronto alcanzó ese primer entorchado entre los de las últimas generaciones. De la Restauración acá, son pocos los militares que llegaron al generalato en plena juventud. De los generales de nuestro tiempo, ninguno obtuvo el primer entorchado en edad tan temprana; don Camilo García de Polavieja lo alcanzó en el año 1876, a los 38 años de edad; don Arsenio Martínez Campos, el del golpe de Sagunto, a los 39; don José Domínguez, en 1868, a los 39; don Ramón Echagüe, en 1891, a los 39; y nuestro Jefe de Gobierno, el general Primo de Rivera, uno de los militares de más brillante hoja, entró en el generalato a los 41 años. Don Valeriano Weyler, a los 40 años era teniente general, o sea en el año 1878; seguramente que entraría en el generalato cuando tendría poco más de 30; ahora tiene 88 bien cumplidos, es capitán general, todavía actúa dentro de la milicia y lleva camino de eclipsar al conde de Cheste, también capitán general, que murió de más de 90 años.
Antes de la Restauración, en aquella época de nuestras contiendas civiles y de revueltas y pronunciamientos, no era raro llegar a los 30 años a general. He aquí una lista de generales, antes de cumplir los 30 años, que prueban nuestro aserto: don Manuel Pavía Lacy, a los 26 años; don Leopoldo O’Donnell, a los 27; don Francisco Serrano Bedoya, a los 30; don Francisco Serrano, duque de la Torre, a los 29; don Juan Prim, duque de los Castillejos, a los 28.
Fueron generales también muy jóvenes don Jenaro de Quesada a los 31 años; don Fernando Primo de Rivera, a los 38; don Manuel Gutiérrez de la Concha, a los 31; su hermano don José, a los 33; don Manuel Pavía y Rodríguez de Alburquerque, a los 41; don Ramón Narváez, el famoso duque de Valencia, a los 36; don Baldomero Espartero, el Príncipe de Vergara, a los 33; don Rafael Echagüe, a los 36, don Miguel Dulce y Caray, marqués de Castellflorit, a los 39, y algunos otros más que hicieron célebres sus nombres en uno de los periodos más agitados de nuestra historia.
Dos generales hemos dejado de citar porque no hemos encontrado a mano la fecha concreta de sus ascensos al generalato, y que, sin embrago, fueron de los que más pronto llegaron al término de su carrera, alcanzando uno de ellos el entorchado todavía muy joven: nos referimos a don Juan de la Pezuela y Ceballos, conde de Cheste, el cual nació en 1809, y en 1848, 37 años después, ostentaba el tercer entorchado; y don Diego de León, la primera lanza del reino, nacido en 1807, y teniente general a los 33 años, lo cual de poco le sirvió, pues en 1841, siendo teniente general, y por tomar parte en un pronunciamiento, fue fusilado en Madrid, ocupando el poder el general Espartero»[2].
El 18 abandonaba Ceuta en el vapor correo, acudieron a despedirle al muelle «numerosos jefes y oficiales del Tercio y otros Cuerpos, le acompañaba su esposa[3]. Mientras tanto, como sabemos, en Ferrol se rinde un homenaje a ambos hermanos en la persona de su madre y su abuelo materno, instalándose la placa que aún hoy se conserva[4].
La siguiente parada es Madrid donde le espera el encuentro en palacio con el rey el 19 de febrero. Acude acompañado del coronel Liniers y del comandante González Badía. Todos con el uniforme de la Legión. Ese mismo día se anuncia el pronto regreso de su hermano[5]. Tanto a la entrada como a la salida de palacio atendió brevemente a los periodistas:
«Los periodistas felicitaron a Franco por su ascenso y le preguntaron que cuándo había llegado a Madrid.
Franco contestó:
–Llegué ayer por la mañana, y hoy vengo a cumplimentar a Su Majestad y darle las gracias por mi ascenso.
–¿Volverá usted a África? –le dijo un periodista.
–No, creo que no; pero siempre estoy dispuesto a ir donde me manden –repuso–, como he hecho toda la vida. Yo nunca he tenido voluntad propia.
El general Franco y sus acompañantes estuvieron en la cámara regia por espacio de hora y media y a la salida nuevamente habló con los periodistas, diciéndoles que había dado las gracias al Monarca por su ascenso y que este había estado deferentísimo con él.
–He cumplimentado al Monarca y le he dado las gracias por mi ascenso. También he estado cumplimentando a la Reina doña Cristina[6].
–¿Va usted a estar muchos días en Madrid? –le preguntó un repórter.
–Ahora no –contestó– me voy al Ferrol para abrazar a mi madre y después regresaré a Madrid en donde permaneceré en expectación de destino porque creo que me van a destinar por aquí.
–Sin embargo –dijo un repórter– usted volverá a Marruecos.
–Probablemente creo que ahora no volveré a África. Esa es mi esperanza, pero repito que haré lo que me manden[7].
Y dichas estas palabras el joven general se despidió amablemente marchando al Hotel que se hospeda en unión de sus acompañantes»[8].
También se entrevistó en los días siguientes con el presidente del Consejo de Ministros, general Primo de Rivera[9], con el ministro de Fomento, conde de Guadalhorce[10] y con el general Gómez Jordana en presidencia del gobierno[11]. Se rumoreó que podría ser nombrado ayudante a las órdenes de Alfonso XIII[12]. Pilar Franco declarará, en fechas próximas, que creía que «ingresará en el Cuarto Militar del Rey»[13]. El comentario toma cuerpo por el hecho de que el general Molins, ayudante del Rey, va a pasar en breve a la reserva. En algunos medios se debate sobre el destino de Franco, así lo recoge en un artículo Joaquín López Pérez:
«En Marruecos, desde 1909, se han dado muchas recompensas: unas legítimas, bien ganadas; otras, el país considera que se dieron en plan distinto al de la justicia.
Pero si hubiera un plebiscito en España, para determinar quién debía merecer y ostentar, cuantas existen, el voto nacional diría, que se diesen todas a Franco, a Paco Franco, al coronel Franco, al jefe de la Legión, quien cuando en una acción dudosa se ponía al frente de sus bravos, comunicaba a todo el Ejército la sensación de victoria.
Sólo a expensas de una actividad extraordinaria, que solo puede ser mantenida por una salud privilegiada como la mía, puede desempeñarse un bufete tan copioso, tan vario, tan complejo como el mío y que aún quede tiempo, yendo siempre delante de las necesidades de él, para escribir muchos artículos y continuas exposiciones e informes, para andar al año más de 12.000 kilómetros de ferrocarril y para visitar, por afición, todas las zonas de nuestro protectorado en Marruecos, los Arsenales del Estado, y por supuesto las Universidades y el funcionamiento de muchos tribunales de Justicia. Pero hablando ahora de lo que motiva este artículo, mis muchos viajes a Marruecos, me dieron la silueta intelectual, moral y guerrera, del hoy, general Franco.
Franco, al frente de la Legión, ha intervenido siempre, en el momento oportuno: ni antes, ni después.
Por eso, los legionarios, cuando mandan avanzar, aparte del natural desprecio de la vida, que es su característica, viendo al frente a Franco, sabían, que estaban en posesión de la victoria.
Y así marchaban: enloquecidos con su jefe y embriagados de éxito.
Franco estudiaba a sus hombres; estudiaba el terreno; estudiaba el grado de fuerza contraria; sus sitios fuertes; sus puestos útiles; y cuando en raciocinio rápido y sereno, tenía todos esos elementos de juicio, aquilatados en el suyo, a la voz de “adelante la Legión”, dada por el Alto Mando, Franco, a la cabeza de las suyas, iba siempre delante, ocupaba los objetivos que se le habían determinado y sin derramar una gota de sangre, más de la obligada y lamentablemente necesaria, alcanzaba el triunfo.
Y esa indispensable confianza que las tropas deben tener en su caudillo, no la tenían solo los legionarios, en el hoy general más joven del Ejército, es que la infundía él en el resto de nuestras columnas, porque, al verlo avanzar, todos sabían que Franco llegaba donde le había sido señalado.
Y todos iban delante, ebrios de gloria: sentían noble emulación; y los regimientos se convertían todos en Legiones, y desde el más joven alférez, hasta el jefe más veterano, se excedían en el cumplimiento de sus deberes militares.
La digna frase del comandante Benítez en Igueriben, igualmente heroica que la del célebre general francés del 70, Cambronne, es frase que constituye el credo de cada legionario.
Y Franco ha imbuido en cada hombre suyo, como elemento esencial de su propia vida, la creencia de que la Legión es superior a todo y que cada legionario, es invencible.
Y cuando en tal situación de ánimo los ha tenido, los ha lanzado, seguro de saborear el placer de llegar a vencer.
Franco ha llegado a general y viene a España.
Creeréis que es una impiedad lo que voy a decir; pero no lo es.
Creo firmemente, que lo que sabe un sabio debe divulgarlo, porque su ciencia, para nada sirve, si no se divulga.
Un orador debe estar siempre en la tribuna, porque ese don del Cielo, detrás del que pueden ir enardecidas muchedumbres, sino se practica, se pierde.
Un Saurer, debe estar de continuo en el piano: es su sitio. Pues bien; yo creo, que el sitio de Franco, no es Madrid, ni un Gobierno militar, ni cosa que se le parezca.
El sitio de Franco, es, Marruecos.
¿Qué tiene derecho a descansar?
Un hombre como él, peleando descansa.
En Marruecos, él, lo tiene todo estudiado y sabido.
En Marruecos, todo a él, le es familiar.
Las balas, le conocen y le respetan; y… cuidado, que las desafía.
Además, Franco, está haciéndose.
Hoy es un valiente y un experto; pero ya, cada año que pase, si permanece donde se mueven las tropas y mandando brigadas, que las mandará con el mismo buen juicio con que mandó la Legión, Franco subirá en capacidad técnica, en superioridad maniobrera, en dirección de conjunto: virtudes y disposiciones, que solamente se alcanzan en la práctica; de tal manera, que el joven general de hoy, será indispensable mañana, el gran estratega de España. No es esto, que yo diga que apenas bese a su madre se vaya a Marruecos: es que nuestra zona de protectorado, necesita las mayores capacidades militares; y buena prueba de ello nos da Francia, mandando allí al Mariscal Pétain, el célebre defensor de Verdún; y por eso, el puesto de Franco está en Marruecos.
Claro es, que allí esta Sanjurjo, que es una extraordinaria garantía; y que están tantos otros que a su vez lo son, pero Franco, es demasiado joven para dejarlo en España.
No conozco a Franco, y lo conozco.
Franco, tiene que haber sentido punzadas muy hondas en su corazón al dejar el mando de los legionarios.
Al pisar el buque que lo alejó de África, Franco tuvo que sentir el verdadero pesar.
Porque para Franco, Marruecos es su vida: allí se destacó; allí, de ser un oficial más, pasó a ser un jefe querido, un jefe mimado de la fortuna, por su reflexión, por su ciencia, por su valor, por la oportunidad de sus intervenciones; estrella sobre estrella y el galón de plata sobre todas, todo lo obtuvo en Marruecos: su nombre tan querido en España, allí tomó relieve. Para Franco, Marruecos es Academia y es Historia, es los ascensos y es los peligros; es, la formación de su personalidad; es, el basamento de su gloria. Él, indudablemente, no puede vivir sin Marruecos, ni nuestra acción debe carecer de su esfuerzo.
Y al venir él a Ferrol, a ver a su señora madre y a su buen abuelo y a recibir el homenaje de afecto de sus antiguos amigos y de sus queridos paisanos, deseémosle tranquilidad y reposo; pero en Madrid, que esté de paso.
Hombres tan inteligentes, de tan extraordinaria pericia, de tan probado y triunfante valor, donde hacen falta es… en Marruecos».
Es evidente que está debatiendo sobre su destino, inicialmente, y así se comunica el día 27 de febrero, al producirse nuevos nombramientos, queda en situación de disponible en Madrid[14]. Acudirá a la estación de ferrocarril en compañía de otros generales a despedir al general Sanjurjo que marcha a Marruecos como Alto Comisario[15]. En el Tercio no se le olvida y cuando en Melilla, se celebra un banquete de bienvenida a Millán en el acuartelamiento de Ben Tieb, se dejaron dos asientos libres: uno en memoria del teniente coronel Valenzuela y otro para el general Franco[16]. Mientras, en la prensa gallega, y de ahí se transmite a otros medios, se anuncia que el Ayuntamiento de Ferrol ha acordado «tributar un gran recibimiento al general Franco, en su próxima visita», que se demorará hasta el primero de marzo, ya que abandonará Madrid el 28 de febrero. Iba a permanecer allí una semana. Como era habitual numerosos militares acudieron a despedirle a la estación[17]. En Ferrol le aguardaban en una ciudad acosada por la angustia de la crisis en el astillero y el paro:
«En el expreso de mañana, lunes, llega a esta ciudad nuestro ilustre paisano y amigo entrañable, el general Franco Baamonde.
No es ya el rumor público que anuncia el arribo próximo del militar insigne a su pueblo natal, lo que mueve nuestra pluma, sino que es llegada la hora de abrazar al heroico militar en esta tierra de nuestros más santos amores, y con ella el momento de manifestar el júbilo que nos causa pensar en el día solemne de recibimiento.
Franco es todo el espíritu de una raza, porque el joven general ha dado siempre la nota de gran estratega y de insuperable valor en los difíciles momentos de la enconada lucha. Su talento y su arrojo condensan la pericia del mando, y la valentía del patriotismo de todos: es como la figura emblemática, con proporciones de gigante, que se alza sobre la victoria, personificando las más altas ejecutorias de una raza inmortal.
He ahí a Paco Franco, ídolo de la Legión, orgullo del Ejército y gloria de la Patria.
Y Franco, el arrojado hombre de combate, llegaba mañana a esta tierra que le vio nacer y le presenta como ejemplo a las generaciones. Pero nuestro general Franco llega a Ferrol en unos días de dolor y de angustia, cuando los obreros quedan sin trabajo y sus hogares miran de cara, con horror y locura, a la horrible esfinge del hambre.
Íntimamente unidos viven hoy en nosotros dos sentimientos: uno de alegría y otro de dolor. La alegría de ver a Franco entre nosotros; el dolor de contemplar a los obreros sin trabajo.
Franco llega en esta hora que podemos llamar crítica, amenazante, en la cual se abre una triste interrogación, esa interrogación bajo la cual vivimos siempre esperando.
Este Franco que llega mañana a Ferrol, es hermano del Franco que despidieron los obreros de Riotinto en Palos de Moguer, a donde fueron en tren especial con tal objeto; estos obreros de Riotinto son hermanos de los que hoy en Ferrol carecen de trabajo. Acaso estos, por el dolor que sienten, no pueden sumarse a la manifestación popular que recibirá a Franco en la estación, pero estarán todos con su espíritu.
El Ayuntamiento en vista de las circunstancias críticas que el pueblo atraviesa, acordó ir a la estación a recibir al general Franco, pero sin música, que la música canta en el corazón de todos los que ansían abrazar al bravo soldado honra de la ciudad.
A la estación debe acudir el pueblo entero a esperar al militar digno y honrado a quien el país aclama, la Patria lo bendice y el Rey lo enaltece. Allí debemos ir todos, en manifestación ciudadana, porque la aspiración de Franco y la nuestra se funden en el pecho común en una sola aspiración noble y generosa: trabajo. Franco, nuestro general Franco, es ya un ideal que levanta nuestra raza y la coloca en las regiones únicamente habitadas por el héroe y el santo.
Bienvenido sea hasta nosotros el general ilustre, el de los gestos heroicos, el de los sacrificios grandes, el de las bravuras formidables, que supo conquistar gloriosamente la reivindicación del honor patrio, de su histórico poderío, de sus grandes espíritus…»[18].
[1] La misma comparativa se podría realizar con los coetáneos de Franco. Con respecto a los militares españoles anotar que Goded, que obtuvo el empleo el mismo año, tenía 44; Emilio Mola y Dámaso Berenguer tenían 40; Vicente Rojo 43; Queipo de Llano, 48; Castro Girona, 49; Antonio Cordón, 43; Sebastián Pozas, 50; Domingo Batet, 53; José Miaja, 54; Carlos Masquelet, 59; Agustín Muñoz Grandes, 43; Enrique Líster, 37. Si nos referimos a los generales europeos, «apellidos sonoros como De Gaulle, Eisenhower, Patton, Graziani, Cuderian, Jold, Pétain, Bradley, Rommel, Doolittle, Tojo, Manstein, Lyautey, Pinochet o Montgomery […] alcanzaron el generalato rondando o sobrepasando los cincuenta años. El carismático general MacArthur lo hizo a los 38 y Maxwel D. Taylor, el general de la 101ª División Aerotransportada americana en Normandía, 41. Más recientemente, en el último tercio del siglo XX, Norman Schwarzkopf superaba también el empleo equivalente a general de brigada y Colyn Powell. Ni siquiera el más brillante general israelí, en una situación bélica prolongada, Ariel Sharon, alcanzó el generalato con menos años que Franco. Solo Moshé Dayán obtuvo el empleo a una edad similar a la de Franco, 34 años». TORRES: La Hoja…, p. 508.
[2] ANTAÑO, Juan de: «A propósito del ascenso de Franco», Las Provincias, 12-2-1926; La Última Hora, 15-2-1926.
[3] El Telegrama del Rif, 19-2-1926.
[4] Región, 28-2-1926.
[5] La Voz, 19 y 20-2-1926; El Correo Gallego, 10-2-1926.
[6] Se refiere a la madre de Alfonso XIII, María Cristina, pero según alguna crónica también cumplimentó a la reina Victoria Eugenia.
[7] En otras versiones: «Creo que no, porque me destinarán cerca de aquí; por lo menos, así lo espero». Levante Agrario, 20-2-1926. O: «Creo que no. Al menos así me han dicho y esa es mi esperanza. Creo que me quedaré por aquí», El Pueblo Gallego, 20-2-1926.
[8] La recreación de las declaraciones la hemos realizado a partir de las diversas crónicas publicadas: La Voz, 19-2-1926; El noticiero gaditano, 19-2-1926; Heraldo de Zamora, 19-2-1926; El Luchador. Diario Republicano, 19-2-1926; Heraldo Alavés, 19-2-1926; ABC, 19-2-1926; La Rioja, 20-2-1926; La Crónica Meridional, 20-2-1926; La Independencia, 20-2-1926; Región, 20-2-1926; El Correo Gallego, 20-2-1926.
[9] La Voz, 20-2-1926.
[10] Diario de Burgos, 23-2-1926.
[11] Diario de Córdoba, 26-2-1926.
[12] Región, 20-2-1926.
[13] Heraldo de Castellón, 3-2-1926.
[14] El Telegrama del Rif, 28-3-1926.
[15] Acude con los generales Goded, González Carrasco, Dolla, Sánchez Ocaña, Gómez Jordana y Latorre. Ejército y Armada, 23-2-1926.
[16] El pueblo Cántabro, 24-2-1926; La Voz, 25-2-1926.
[17] El Telegrama del Rif, 21-2-1926; El Pueblo Gallego, 28-2-1926. También en la nacional se recoge, ABC anota que «la población en masa acudirá» a recibir a Franco: ABC, 28-2-1926.
[18] El Correo Gallego, 28-2-1926.
