INTRODUCCIÓN
La literatura ha sido, desde siempre, un espejo privilegiado del alma humana y de las tensiones morales de cada época. Frente a la mera crónica histórica o al análisis filosófico, la obra literaria permite asomarse a la interioridad de los hombres y mujeres que vivieron los acontecimientos, así como a las mentalidades que los interpretaron. En el caso de la Guerra española de 1936, la producción literaria constituye un campo especialmente fértil y, al mismo tiempo, ideológicamente cargado, donde conviven testimonios autobiográficos, novelas de ficción, relatos de propaganda y obras de auténtico valor artístico. Esta selección de libros recomendados no pretende imponer una lectura única del conflicto, sino ofrecer al lector un itinerario crítico por algunas de las obras más significativas, atendiendo tanto a su calidad literaria como al contexto y a la cosmovisión desde la que fueron escritas.
A menudo la literatura es llamada «espejo del alma» pues refleja la dimensión más profunda e íntima del hombre en todos los tiempos. Así como el estudio de la historia se centra en los acontecimientos que han forjado el presente, y el estudio de la filosofía muestra la evolución del pensamiento, del mismo modo el estudio de la literatura revela las inquietudes de los hombres a lo largo del tiempo. Como las demás artes, también la obra literaria pone de manifiesto una determinada antropología en dos sentidos: i) la del autor que la compuso; ii) la de la época en que vivió. No obstante, la obra literaria es capaz de revelar simultáneamente otra concepción del ser humano: la del público que lee e interpreta dicha obra en cada época.
Como publicaciones de una calidad superior, la lectura de los clásicos fortalece el vínculo entre generaciones que es la tradición. A la hora de acercarse a la producción literaria acerca del conflicto español de 1936, ha de evitarse la injusta y falaz relativización de ambos bandos, por supuesto, pero también el maniqueísmo[1]. En la historia literaria de la Antigüedad difícilmente se encuentra la equidistancia entre los enfrentamientos civiles, ni tan siquiera en la épica que evoca a personajes entrados en la leyenda y que parecían antepasados remotos. En sus versos de la Divina comedia, Dante muestra una gran admiración por Tebaida, la obra de naturaleza bélica de Estacio en la que relata el enfrentamiento entre Eteocles y su hermano Polinices, ambos hijos de Edipo. Polinices, apoyado por una alianza de siete caudillos griegos luchará contra su hermano Eteocles por el trono de Tebas. Bajo el peso notable de la influencia de Eurípides, Estacio contempla las emociones humanas, lo que supone también dotar de humanidad a los dioses. En la Tebaida, la acción comparte peso con las digresiones, las descripciones y los diálogos vibrantes, llenos de dinamismo e intensidad.
Una de las particularidades de este tipo de libros no estriba sólo en intentar mostrar un aspecto personal y concreto de la guerra, sino también en procurar entender el contexto que condujo a aquel conflicto y sus consecuencias. Desde el bando nacional cabe destacar algunas obras de referencia. Sin lugar a duda, la novela por excelencia es Madrid de corte a Cheka, de Agustín de Foxá. El autor fue amigo personal de José Antonio y frecuentó los círculos falangistas antes de la guerra, no obstante, tras la contienda acabaría desencantado con la Falange y con el régimen de Franco. Foxá sobrevivió al terror rojo en el Madrid controlado por los milicianos socialistas y comunistas y en este libro deja plasmadas sus vivencias de aquel tiempo.
Al igual que Agustín de Foxá, Wenceslao Fernández Flórez vivió y sufrió el estallido de la guerra en el Madrid revolucionario sumido en la más absoluta anarquía miliciana. Su obra El terror rojo es la crónica de la agónica huida del autor de El bosque animado de la capital de España bajo la constante amenaza de ser detenido y fusilado por los militantes del Frente Popular. El autor plasma los crímenes de los milicianos de los que es testigo, los ajusticiamientos arbitrarios, las torturas en las checas y las angustias de los refugiados en las embajadas extranjeras.
Con todos los defectos propios del tardofranquismo, pero que ayuda a entender la mentalidad que se impone en España desde mediados de los años 60, la obra de referencia continúa siendo la trilogía de José María Gironella Los cipreses creen en Dios; Un millón de muertos; Ha estallado la paz. También muy valiosa es Plaza del castillo, de Rafael García Serrano, un gran escritor e intelectual, falangista navarro que narra las últimas fiestas de san Fermín días antes de iniciarse la Cruzada de Liberación.
Desde el bando del Frente Popular, aunque con enormes dosis de idealización e inexactitudes históricas, siendo generosos y benévolos, la obra análoga a la de Gironella es la trilogía de Arturo Barea La forja de un rebelde; La ruta; La llama. En ella el autor narra con honradez, no por ello carente de errores, su peripecia biográfica e ideológica en el marxismo. Por mucho que los gobiernos socialistas han intentado darlo a conocer con excusa de la Ley de Memoria Histórica, han fracasado al ser demasiadas páginas para las despobladas y lobotomizadas mentes a las que dicha ley persigue adoctrinar.
Un tópico, en parte cierto, afirma que la literatura es autobiográfica, por cuanto refleja la personalidad y la experiencia del autor. Entonces unas memorias y una novela vendrían a ser lo mismo, siendo la novela una especie de disfraz de las primeras. Pero al salir de la media verdad en la que se instala el aserto, pues toda persona se refleja en alguna medida en lo que escribe, existe una diferencia esencial. Una autobiografía aspira a dejar memoria de unas vivencias particulares, que se presentan como ciertas y que suelen tener un sesgo autojustificativo, como en el caso de Arturo Barea. Mientras que una novela es una ficción imaginativa, que deriva de los mitos y aspira a tener un valor más amplio, incluso general para los seres humanos. La novela se compone de personajes, sucesos y tramas. Gran parte de la literatura actual funciona a base de personajes vulgares carentes del menor interés, a los que el autor somete a sucesos extravagante o chocantes. Los grandes autores clásicos otorgaban un gran valor a la caracterización individual de los personajes, de la cual deberían derivar sus acciones. Hay otra diferencia entre novela y autobiografía. El valor de unas memorias reside en su veracidad, esto es, en la que la inspiración imaginativa quede lo más posible al margen, mientras que en la novela es esencial la inspiración creativa.
Gozando su autor de una fama infinitamente mayor, el clásico literario sobre la contienda en Barcelona es el de George Orwell Homenaje a Cataluña[2], libro muy útil para conocer las particularidades de la guerra y la represión del Frente Popular en Cataluña, especialmente en Barcelona, pero también su conexión con Aragón. El otro autor famoso que respaldó al bando del Frente Popular fue Ernest Hemingway. Cubrió la guerra como periodista desde la perspectiva de la izquierda, sin embargo, tuvo la suficiente independencia y capacidad crítica como para darse cuenta de que el talante democrático del que presumía el Gobierno republicano ante la comunidad internacional escondía detrás un proyecto totalitario bajo la sombra de Stalin. Su novela Por quién doblan las campanas recoge la misión de un estadounidense enrolado en las Brigadas Internacionales para volar un puente por donde deben cruzar las tropas nacionales en su avance hacia Madrid. Hemingway relata con pelos y señales algunos de los crímenes más atroces cometidos por las indisciplinadas milicias anarquistas.
A pesar de sus preferencias izquierdistas, pero sin llegar a identificarse exactamente con ninguno de los dos bandos está Manuel Chaves Nogales con A sangre y fuego. Héroes, bestias y mártires de España. La obra reúne una serie de cuentos inspirados en sus experiencias personales. El autor, que se reconocía republicano, fue el más imparcial de sus escritores, renegando de la violencia, la anarquía y el totalitarismo en el que cayó la Segunda República en manos de socialistas, anarquistas y comunistas. Desencantado con Manuel Azaña, al que había respaldado, huyó a Francia tras ser encañonado por milicianos comunistas para que cerrara el diario Ahora, del que era director.
El lector puede comprobar que, para no ser tachado de parcial, he incluido un número mayor de obras proclives a la revolución que a la contrarrevolución. Concluyo con J. Sender, Ramón, Réquiem por un campesino español, cuyo título inicial fue Mosén Millán porque sus protagonistas son el párroco de un pueblo aragonés y su amigo Paco, el alter ego del autor. A Sender, de inclinaciones anarquistas con matices y evoluciones, el estallido de la guerra lo cogió en la sierra de Guadarrama, pero del lado segoviano, o sea nacional, por lo que se pasó a la zona controlada por el Frente Popular, mientras que su esposa e hijos marcharon al interior de las regiones bajo dominio de Franco. A pesar de algunas inconsistencias en la trama y simplismos ideológicos, la novela ofrece la visión subjetiva de Sender, pero con la suficiente humanidad y detalles honestos.
CONCLUSIÓN
La literatura sobre la Guerra española no es un mero repertorio de historias ambientadas en un conflicto bélico, sino un vasto campo de interpretación del alma de una nación desgarrada. Cada autor, desde su biografía, su ideología y su sensibilidad estética, ofrece una ventana distinta a un mismo drama histórico. Leer estas obras con espíritu crítico, sin caer ni en la equidistancia relativista ni en el maniqueísmo simplificador, permite comprender mejor no sólo los hechos de 1936, sino también las corrientes culturales, morales y políticas que siguen influyendo en la España contemporánea. Los grandes libros no cierran heridas por decreto, pero sí ayudan a nombrarlas con verdad, a pensarlas con hondura y a transmitir, de generación en generación, una memoria que no se reduzca a consigna, sino que permanezca enraizada en la tradición literaria y en la complejidad de lo humano.
[1] Un libro bien escrito y donde se encuentra gran información literaria en, Trapiello, Andrés, Las armas y las letras. Literatura y Guerra Civil (1936-1939), Austral, Madrid 2011. No obstante, compone un conjunto de medias verdades que deja en lo oculto lo más esencial del conflicto.
[2] Para un conocimiento a fondo de las cuestiones literarias y sus repercusiones políticas véase, Calderón, Manuel, Memoria literaria y guerra cultural en las letras españolas (1942-2020), SND Editores, Madrid 2023. Se trata de una obra enciclopédica y de gran rigurosidad.
