INTRODUCCIÓN
La Guerra Civil Española no fue únicamente un conflicto militar o político, sino también una profunda confrontación cultural e intelectual. Durante aquellos años, numerosos escritores, pensadores y artistas tomaron posiciones ante el dramático proceso que vivía España.
La imagen más difundida en el imaginario colectivo suele presentar la contienda como un enfrentamiento en el que la intelectualidad apoyó mayoritariamente al bando republicano. Sin embargo, el panorama fue más complejo. Diversos intelectuales destacados terminaron respaldando al bando nacional o adoptaron posiciones críticas con el rumbo que tomaba la Segunda República Española.
El estudio de este fenómeno permite comprender mejor las tensiones culturales del periodo, el clima ideológico que rodeó la guerra y el papel que desempeñaron figuras relevantes del pensamiento español.
LA PRUEBA DE LORCA
Pregunten a jóvenes y menos jóvenes:
- ¿Cómo murió Lorca?
- ¿Cómo murió Ramiro de Maeztu de la generación del 98 o el dramaturgo Pedro Muñoz Seca?
Descubrirán que esos jóvenes conocen el caso del poeta Lorca, trágicamente fusilado en Granada, pero que no han oído hablar del asesinato de Ramiro de Maeztu y Pedro Muñoz Seca, y que además ni siquiera saben quiénes son.
Y no lo saben porque estos intelectuales fueron fusilados por la izquierda en la II República, al igual que otros muchos, y la izquierda en su dominio propagandístico e ideológico actual los ha borrado de la memoria colectiva y de los planes de estudio. Fueron desterrados del mundo académico que es la mejor manera de silenciar sus muertes, a pesar que en su momento fueron intelectuales reconocidos, y más importantes que Lorca.
LA DOMINACIÓN CULTURAL Y EL AGITPROP DE LA IZQUIERDA
Nuestra sociedad está actualmente dominada por el Marxismo Cultural de la izquierda y su “kultura” con k. Tras el fracaso continuo de la izquierda a lo largo de la Historia, que sólo ha traído muerte, represión y miseria, y debido a la ausencia de la profetizada revolución en los países desarrollados, la nueva estrategia de la izquierda a partir de los años 60, siguiendo a Gramsci y a la Escuela de Frankfurt, se centrará en ir paulatinamente dominando el armazón ideológico cultural, para después conseguir fácilmente la imposición política.
A pesar de que el modelo social y económico de la izquierda ha quebrado continuamente, la izquierda ha conseguido silenciar y sobrevivir manejando un poderoso y continuo agitprop, es decir, un poderoso aparato de agitación y de propaganda, en el que la mentira es un arma revolucionaria y justificada si sirve al sentimiento religioso de la izquierda. En este modus operandi, la manipulación y la ocultación de la Historia juega un papel fundamental, junto al dominio de los medios de comunicación, de las universidades en manos de los hijos de Carrillo, de las reformas educativas, de las publicaciones en el mundo editorial y el control de los planes educativos.
Cuando gobierna la izquierda aumenta las licencias de nuevas televisiones en su línea ideológica, como sucedió con el contador de nubes ZP, que dio paso a la CUATRO y a la SEXTA, para alegría del poderoso aparato de propaganda que censura previamente, antes de que sus gobiernos vayan recortado las libertades con nuevas leyes; unas televisiones sin las que el partido antisistema Podemos no hubiera podido llegar a millones de hogares de España. Desde la Transición la derecha nunca ha parecido entender esta cuestión clave sobre la importancia que da la izquierda al agitprop y a la dominación cultural, entre otras cosas porque parece haber rehusado a dar la batalla de las ideas. Ser un revolucionario hoy en día y defender nuestras libertades significa rebelarse contra esta imposición cultural.
LOS GRANDES INTELECTUALES CON FRANCO
Según el anatema de la propaganda de la historiografía oficial, el gobierno del Frente Popular republicano contaba en su haber con el apoyo de lo mejor y más destacado de la intelectualidad, ya que el bando nacional representaba el atraso y la reacción. Sin embargo en esto como en tantos temas todo es impostura en cuanto profundizamos un poco en la cuestión. Es cierto que muchos intelectuales vieron en la llegada de la II República una oportunidad esperanzadora de solventar los males de la monarquía borbónica. Sin embargo lo más destacado de esos intelectuales terminaron apoyando a la insurrección de la España nacional cuando vieron que aquella República había abierto la puerta a la revolución y a la anarquía.
De este modo, el liberal, anticomunista y antifranquista Salvador de Madariaga escribió sobre las presiones en el ambiente de represión y terror que sufrieron los intelectuales en la zona roja:
“En esta atmósfera de violencia la vida del espíritu era imposible. Al comienzo de la guerra se obligó a los intelectuales del país a firmar un manifiesto en favor de la República, es decir de la revolución que por el extranjero circulaba con disfraz republicano. Los tres escritores que habían fundado la Asociación al Servicio de la República en 1931, José Ortega y Gasset, Gregorio Marañón y Ramón Pérez de Ayala, repudiaron este manifiesto en cuanto se vieron libres en la emigración.”
Como decía Madariaga, los padres intelectuales de la II República, es decir, Ortega y Gasset, Gregorio Marañón y Pérez de Ayala pasaron de recibir con entusiasmo a la II República a apoyar abiertamente al ejército nacional y a mandar a sus hijos a combatir en sus filas unos años después, y lo hicieron tras ver como la República había caído en manos de criminales marxistas que habían dinamitado su legalidad. Es sonada la reprimenda que el filósofo Ortega y Gasset le echó a Einstein por predicar a favor del Frente Popular sin conocer fehacientemente la situación española. Y respecto a la persecución de la intelectualidad y a su falta de libertad en la España roja, Ortega y Gasset escribió en La rebelión de las masas (Madrid: Espasa-Calpe, 1972, p. 167):
“Mientras en Madrid los comunistas y sus afines obligaban, bajo las más graves amenazas, a escritores y profesores a firmar manifiestos, a hablar por radio, etc., cómodamente sentados en sus despachos o en sus clubs, exentos de toda presión, algunos de los principales escritores ingleses firmaban otro manifiesto donde se garantizaba que esos comunistas y sus afines eran los defensores de la libertad”.
Pérez de Ayala por su parte se refirió a los líderes del Frente Popular en los siguientes términos:
“Cuanto se diga de los desalmados mentecatos que engendraron y luego nutrieron a los pechos nuestra gran tragedia, todo me parecerá poco. Lo que nunca pude concebir es que hubiesen sido capaces de tanto crimen, cobardía y bajeza”
Y Gregorio Marañón se indignaba al hablar de los partidarios del Frente Popular republicano:
“¡Qué gentes! Todo es en ellos latrocinio, locura, estupidez (…) Tendremos que estar varios años maldiciendo la estupidez y la canallería de estos cretinos criminales, y aún no habremos acabado. ¿Cómo poner peros, aunque los haya, a los del otro lado? (…) Y aun es mayor mi dolor por haber sido amigo de tales escarabajos (…) No tenemos derecho a quejarnos de la dictadura, pues la hemos hecho necesaria por nuestra ayuda estúpida a la barbarie roja”.
El nobel Jacinto Benavente recorrió el mismo camino de los anteriores, pasó de la Asociación de Amigos de la Unión Soviética a manifestarse en la Plaza de Oriente con el Caudillo, como también lo hizo un entusiasta Manuel Machado que le dedicó diversos poemas, motivo por el que ahora ha sido apartado del recuerdo intelectual como otros tantos y sin importar la calidad de su obra.
Algunos pese a su fuerte personalismo apoyaron y financiaron a los nacionales como Unamuno. Los hermanos Álvarez Quintero de naturaleza conservadora apoyaron también a Franco, Dalí lo hizo sin reservas, a Carlos Arniches el nuevo régimen le vino como un guante, Eugenio D’Ors volvió de París para apoyar a la España nacional, de la misma manera que lo hizo Azorín tras salvar su vida del Frente Popular huyendo a Francia. El pintor Ignacio Zuloaga apoyó también sin reservas al bando nacional. Gerardo Diego de la Generación del 27 se comprometió con el bando franquista. Jardiel Poncela, que estuvo a punto de ser depurado en una cheka, escribió algunas de sus mejores obras en el franquismo. Mihura fue franquista y falangista. El catalán Josep Pla, el escritor más relevante en lengua catalana, apoyó como tantos la llegada de la II República, pero tras la deriva revolucionaria acabó recalando en el bando franquista. El pintor catalán Joan Miró que también huyó de la zona roja volvió de Francia tan pronto como pudo en 1940.
Muchos intelectuales pudiendo quedarse a vivir en el extranjero al acabar la guerra volvieron a la España de Franco. Algunos que no se habían significado políticamente como el historiador medievalista Ramón Menéndez Pidal tras abandonar la zona frentepopulista por su seguridad volvió a España y después recibió diversos honores del franquismo; otros que no simpatizaban con la causa nacional como Pío Baroja o Vicente Alexandre también volvieron, ya que el régimen les protegía por ser intelectuales españoles.
De haber ganado la guerra el bando rojo, sospecho que la purga y el exilio de intelectuales contrarios hubiera alcanzado niveles estalinistas, y al resto se les habría puesto al servicio de la propaganda del partido comunista.
INTELECTUALES ASESINADOS EN ZONA ROJA Y ACTUALMENTE OCULTADOS
La izquierda ha explotado propagandísticamente hasta el hastío el fusilamiento de Lorca, pero al mismo tiempo se ha ocupado de ocultar, ante una derecha inerme, el gran número de intelectuales asesinados por las fuerzas del Frente Popular durante la guerra, y si en tiempos de Franco se podía comprar sin problemas la Obra de Lorca, no sucede igual ahora con la Obra de aquellos intelectuales contrarios a la izquierda y que han sido apartados, ocultados y llevados al olvido, aunque fueran de primera talla. En teoría existe libertad para comprar sus libros pero no le será nada fácil encontrarlos publicados y recordados.
En la enumeración somera podemos citar una lista elaborada por Verdades que Ofenden con algunos intelectuales “asesinados por los amantes de la libertad, la democracia y la cultura” en tiempos de la II República como titula la publicación:
ENSAYISTAS
-Víctor Pradera Larumbe, natural de Pamplona; asesinado a los 64 años en San Sebastián, el 5 de septiembre de 1936.
-Manuel Bueno Bengoechea, hijo de bilbaínos, aunque nacido en Pau (Francia); asesinado en Barcelona el 12 de agosto de 1936.
-Álvaro López Núñez, natural de León; asesinado en Madrid a los 71 años el 30 de septiembre de 1936.
-Jesús Requejo San Román; asesinado en Madridejos (Toledo) el 17 de agosto de 1936 (antes lo torturaron y mutilaron).
-Emilio Ruiz Muñoz, nacido en Almería; asesinado hacia agosto de 1936, en Madrid.
-José Canalejas Fernández, madrileño; asesinado el 21 de septiembre de 1936 a los 32 años.
HISTORIADORES
-Julián Zarco Cuevas, agustino bibliotecario del Monasterio de El Escorial; asesinado en Paracuellos de Jarama, a los 50 años, el 30 de noviembre de 1936.
-Lorenzo Lafuente Vanrell, natural de Mahón (Menorca); asesinado en la misma población el 18 de noviembre de 1936.
-Fernando de la Quadra Salcedo, vascongado; asesinado el 25 de septiembre de 1936, en Bilbao.
-José Polo Benito, nacido en Salamanca; asesinado en Toledo hacia el 20 de julio de 1936.
-Zacarías García Villada, palentino; asesinado en Vicálvaro (Madrid) el 1 de octubre de 1936.
PEDAGOGOS
-Pedro Poveda Castroverde, natural de Linares (Jaén), protector de gitanos; asesinado en Madrid, junto a las tapias del cementerio de la Almudena, el 28 de julio de 1936.
-Antonio Torró Sansalvador, alicantino; asesinado, probablemente en Alcoy, hacia marzo de 1937.
-Rufino Blanco Sánchez, natural de Montiel (Guadalajara); asesinado el 2 de octubre de 1936, a los 74 años.
PERIODISTAS
-Manuel Delgado Barreto, nacido en La Laguna (Tenerife); asesinado en Paracuellos de Jarama (Madrid) a los 57 años, el 6 de noviembre de 1936 (Paracuellos fue la población madrileña donde los rojos mataron más personas: 8.354).
-José San Germán Ocaña, redactor de La Nación, cubano de nacimiento; asesinado en Torrejón de Ardoz (Madrid) en noviembre de 1936.
-Joaquín Adán, vizcaíno; asesinado en Bilbao el 4 de enero de 1937.
-Enrique Estévez Ortega, madrileño; asesinado en Madrid el 4 ó el 5 de septiembre de 1936, a los 38 años.
-Luis Carlos Viada Lluch, nacido en Barcelona; muerto como consecuencia de los malos tratos recibidos, a sus 76 años, por «una patrulla de control», el 2 de febrero de 1938.
-Juan de Olazábal Ramey, nacido en Irún (Guipúzcoa); asesinado en Bilbao el 4 de enero de 1937.
-Estanislao Rico Ariza, catalán; asesinado en el cementerio de Montcada y Reixac en noviembre o diciembre de 1936, recién cumplidos los 41 años (Montcada fue la población catalana donde los rojos mataron más personas: 1.198).
-Francisco de Paula Ureña Navas, natural de Torredonjimeno (Jaén); asesinado en agosto de 1936 en Madrid junto con uno de sus hijos.
-Santiago Vinardell Palau, natural de Mataró (Barcelona); asesinado en Vicálvaro (Madrid), el 28 de septiembre de 1936.
TÉCNICOS
-José Manuel Aizpurúa Azqueta, arquitecto donostiarra; asesinado en San Sebastián el 6 de septiembre de 1936.
-Mateo Mille García de los Reyes, marino, nacido en El Ferrol (La Coruña), historiador naval; asesinado el 7 de noviembre de 1936 en Paracuellos de Jarama (Madrid), a los 44 años.
-Andrés Manuel Calzada Echeverría, destacado arquitecto y excelente escritor, nacido en Barcelona; asesinado en Garraf, a la vez que otros diecisiete detenidos, el 4 de abril de 1938, a sus 45 años.
POLITÓLOGOS
-Rafael Salazar Alonso, natural de Madrid; asesinado en la Cárcel Modelo de la misma ciudad, a los 40 años, el 23 de septiembre de 1936.
-Ramiro de Maeztu Whitney, nacido en Vitoria; asesinado en Aravaca (Madrid) a los 61 años, el 29 de octubre de 1936.
-José María Albiñana Sanz, médico y abogado, natural de Enguera (Valencia); asesinado en Madrid el 22 de agosto de 1936.
-Melquíades Álvarez González-Posada, decano del Colegio de Abogados de Madrid, nacido en Gijón (Asturias); asesinado en Madrid junto al doctor Albiñana, el 22 de agosto de 1936, no obstante a su firme filiación republicana.
-Ramiro Ledesma Ramos, nacido en Alfaraz (Zamora), creador de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista; asesinado el 29 de octubre de 1936, en Madrid.
TEÓLOGOS
-Juan Bautista Ferreres, natural de Ollería (Valencia); muerto encarcelado en Valencia a los 75 años el 28 de diciembre de 1936.
-Luis Urbano Lanaspa, nacido en Zaragoza; asesinado hacia agosto de 1936, en Valencia, a los 44 años.
-Rafael Alcocer Martínez, madrileño; asesinado el 6 ó el 7 de octubre de 1936.
-Ignacio Casanovas, natural de Sampedor (Barcelona); asesinado el 23 ó el 24 de septiembre de 1936 en Barcelona, a los 64 años.
AUTORES TEATRALES
-Luis Carpio Moraga, natural de Baeza (Jaén); asesinado en agosto de 1936.
-Honorio Maura Gamazo, nacido en Madrid; asesinado en Fuenterrabía (Guipúzcoa) a los 50 años, de un tiro en la nuca, el 4 de septiembre de 1936.
-Pedro Muñoz Seca, gaditano; asesinado el 28 de noviembre de 1936 en Paracuellos de Jarama (Madrid).
POETAS
-José María Hinojosa, nacido en Campillos (Málaga) en 1904. Fue el introductor en España de la poesía surrealista, y el codirector, con Altolaguirre, de la famosa revista Litoral. Murió asesinado en la puerta del cementerio de San Rafael, de Málaga, el 22 de agosto de 1936. Entre sus amigos abundaban los izquierdistas; pero de nada le valió.
-Francisco Vega Ceide (que escribía bajo el seudónimo de Francisco de Fientosa). Había nacido en un pueblo de Lugo, Castro de Rei, en 1912. Antes de pasar a Madrid, para completar sus estudios de Filosofía y Letras, ejerció de Maestro Nacional en Oviedo. La revista Vida Gallega le imprimió numerosos trabajos entre 1933 y 1935. Lo asesinaron en Aravaca (Madrid), en noviembre de 1936, a sus veinticuatro prometedores años. Está comprobada su excepcional sensibilidad, que expresaba mediante una extraordinaria riqueza de vocabulario, tanto en gallego como en castellano, las dos lenguas en que indistintamente escribía.
¿DÓNDE ESTÁ EL PÁRAMO CULTURAL DEL FRANQUISMO?
Según el mito de la propaganda izquierdista, los intelectuales se habrían exiliado masivamente de la España franquista. Pero algo no concuerda cuando se observa el número de intelectuales tanto en cantidad como en calidad que había en esa España franquista, a la que muchos intelectuales habían vuelto del exilio y tras huir en la mayoría de ocasiones de la zona roja. Intelectuales como Ortega y Gasset, Menéndez Pidal, Josep Pla, Gregorio Marañón, Azorín, Pérez de Ayala, D´Ors, Dalí, Miró, Américo Castro, Severo Ochoa, Francisco Ayala, Jorge Guillén, etc.
Al llegar hasta aquí la propaganda responde que esos intelectuales vivían en un “exilio interior”, algo que no impidió trabajar, publicar y ganar diferentes premios a Buero Vallejo, Gabriel Celaya o Blas de Otero, entre otros intelectuales que no eran afines al régimen. En cambio los intelectuales que tuvieron la desgracia de padecer las dictaduras izquierdistas, como Solzhenitsyn, no tuvieron esa posibilidad, pues en cualquier comparación nos toparíamos con el gulag y con la depuración.
Según el mito de la propaganda izquierdista también durante el franquismo hubo un páramo cultural debido a la represión de la dictadura, pues no habría habido una intelectualidad significativa. Sin embargo basta echar un vistazo a los colaboradores que escribían en la revista Falange Escorial para preguntarnos si ahora sería posible reunir a un elenco de intelectuales de tanta calidad, pues en Falange Escorial escribían los Premios Nobel Vicente Aleixandre y Camilo José Cela, junto a Azorín, Pío Baroja, Dámaso Alonso, Menéndez Pidal, Ramón Gómez de la Serna, Manuel Machado, Sánchez Mazas, Calvo Serer, Eugenio d´Ors, Julián Marías, Gerardo Diego, Gonzalo Torrente Ballester, José Antonio Maravall, Blas de Otero, Luis Rosales, y otros muchos.
En 1977 un indignado Julián Marías escribió un artículo que se llamaba “La vegetación del páramo” en que desmontaba esta falacia, pues a los intelectuales de la generación del 98 que trabajaban en la España franquista se vino a sumar los jóvenes intelectuales, además de otros artistas, que surgieron en aquellos años como Cela, Mihura, Celaya, Ridruejo, Torrente Ballester, Carmen Laforet, Tovar, Aranguren, Juan de Ávalos, el Maestro Rodrigo, Miguel Delibes, García Serrano, Buero Vallejo, Laín, Salisachs, Gerardo Diego, Jardiel Poncela, etc. La lista sería interminable.
Es obvio ante tanta figura intelectual de gran valía que en el franquismo no hubo un “páramo cultural”, en realidad si comparásemos aquel elenco de artistas e intelectuales con los que hay en la actualidad podríamos llegar a preguntarnos si no es ahora cuando existe ese páramo cultural. Del mismo modo sucedería si hablásemos de la II República, que tras vendernos la imagen de que era un santuario de la intelectualidad y la libertad, en realidad en aquella República no surgieron intelectuales de talla, salvo el poeta comunista Miguel Hernández y poco más.
Según la propaganda del discurso que nos rodea, en el franquismo no hubiera sido posible una vida cultural digna de tal nombre, debido no sólo al exilio de la intelectualidad, algo que ya vimos que era falso, sino también a la censura y a la atmósfera de represión… Pero la censura franquista no evitó que saliera a la luz ninguna obra maestra, y en su periodo de mayor rigor, en los años 40, surgieron grandes obras y escritores como hemos visto, más allá de las molestias de esa censura. De hecho en el franquismo participaban en la vida cultural, autores y artistas que aunque se sabía que eran antifranquistas o miembros del Partido Comunista, eran tolerados.
Hay que decir que más allá de las apariencias a los intelectuales de entonces les resultó más fácil trabajar frente a las presiones del régimen que en la actualidad, pues ahora los intelectuales que no se someten a la escala de valores del Marxismo Cultural y a su religión gili-progre sufren el silencio, el apartamiento y la muerte civil.
CONCLUSIÓN
La relación entre los intelectuales españoles y los bandos enfrentados durante la Guerra Civil sigue siendo un tema complejo y objeto de debate historiográfico. Escritores, filósofos y artistas reaccionaron de maneras distintas ante la crisis política y social que vivía España, y sus posicionamientos respondieron tanto a convicciones ideológicas como a las circunstancias del momento.
Algunos intelectuales apoyaron al bando nacional liderado por Francisco Franco, mientras otros defendieron la causa republicana o se mantuvieron en posiciones críticas frente a ambos bandos. Además, la violencia política del periodo afectó también al mundo cultural, con intelectuales perseguidos o asesinados en distintas zonas del país.
Analizar la trayectoria de estos autores y su contexto permite comprender mejor la complejidad cultural de la España del siglo XX y las profundas divisiones que marcaron aquella etapa de la historia.
