INTRODUCCIÓN
El debate sobre la memoria histórica y el reconocimiento público de figuras culturales se ha intensificado en España durante las últimas décadas. Calles, estatuas y homenajes dedicados a escritores, artistas e intelectuales han sido objeto de revisión a raíz de su vinculación política o ideológica durante periodos convulsos como la Guerra Civil Española y el posterior régimen de Francisco Franco.
En este contexto, algunos autores han sido retirados del espacio público mientras otros continúan siendo ampliamente homenajeados. Esta situación ha generado un intenso debate sobre los criterios con los que se juzga el legado de los intelectuales: si deben valorarse exclusivamente por su obra cultural o si también deben tenerse en cuenta sus posicionamientos políticos y su actuación durante los acontecimientos históricos.
Analizar las trayectorias de distintos escritores y artistas permite reflexionar sobre cómo se construye la memoria cultural y qué figuras reciben reconocimiento institucional en el presente.
Hemos visto recientemente como los comisarios políticos de la izquierda no sólo condenan al ostracismo al escritor, novelista, poeta y periodista, José María Pemán (1897-1981), sino que además le retiran calles y bustos, no por su Obra intelectual sino por su adscripción política ligada al conservadurismo católico español y al movimiento nacional franquista, como en su momento lo estuvo toda la España contrarrevolucionaria. Del mismo modo vamos a juzgar a sólo algunos intelectuales que merecen el beneplácito del régimen inquisitorial del Marxismo Cultural instalado en España, y así hacernos una idea de la doble vara de medir, incluso llegaremos a darnos cuenta de que la vida de Pemán carece de algunos capítulos siniestros de los siguientes personajes.
MIGUEL HERNÁNDEZ, EL POETA QUE ARENGABA A MATAR SIN PIEDAD
Miguel Hernández, poeta al servicio del Partido Comunista en el Ejército Popular durante la Guerra Civil Española, quien en sus poemas glorificaba a la Rusia de Stalin y a la dictadura del proletariado. Siendo comisario político arengaba a los milicianos a matar sin piedad, pero siempre desde la retaguardia y a salvo. Fue autor de versos tan elocuentes contra el jefe de la oposición y de tan elevada profundidad poética como los siguientes:
«MANDADO QUE MANDO A DON GIL DE LAS CALZAS DE CEDA, a ese que lleva robles a las espaldas del Gil y a las del corazón caca.
Al Gil, gili, gilipo, gilipolla,
campana sin metal y sin badajo,
mando un millón de veces al carajo,
pues tanto pus episcopal apoya.
Su estupidez de carne de cebolla,
su ensotanada hiel, su alma de ajo
y su cara de culo y de gargajo
han de ser más quemados que fue Troya.
Vete, mariconazo: se te ha visto
bajo los pantalones el roquete
y bajo la mirada el ano hambriento.
Algún día estarás, me cago en Cristo,
dentro del purgatorio de un retrete
enunciando la mierda con tu aliento.»
Puede apreciarse la agudeza de las figuras literarias dirigidas al que fuera presidente de la CEDA, José María Gil Robles, que subió a las cumbres de la lírica de Miguel Hernández calificado de “mariconazo” tras ganar las elecciones de 1933. Por no hablar de las blasfemias tan irrespetuosas como el sonoro «me cago en Cristo», muy propio de aquellos años de persecución religiosa. A ver si les gusta más estos versos, extraídos de un poema dedicado a la “democrática” URSS de Stalin:
«Ah, compañero Stalin: de un pueblo de mendigos
has hecho un pueblo de hombres que sacuden la frente,
y la cárcel ahuyentan, y prodigan los trigos,
como a un inmenso esfuerzo le cabe: inmensamente.»
La izquierda ha hecho de Miguel Hernández uno de sus iconos antifranquistas, pues pasó por la cárcel de Ocaña, pero lo que oculta esa misma izquierda, con Alberti a la cabeza y con Neruda entremedias, es que estos ilustres comunistas no incluyeron al poeta de Orihuela entre las personalidades que habían de recibir protección diplomática en cuanto las tropas nacionales entrasen en Madrid, pues en vida de Miguel Hernández sus compañeros, como Cernuda, le dedicaron un profundo desprecio, negándole la condición de artista
Pero el colmo de la tergiversación es que últimamente se dice, o se da a entender, que este poeta fue fusilado por el ejército nacional, sin embargo aunque fue condenado a muerte más tarde se le indultó a una condena a 30 años por sus actividades como propagandista y comisario del Partido Comunista. Y de no haber fallecido en una enfermería de la prisión alicantina y de tuberculosis en 1942, Miguel Hernández sólo hubiera cumplido 5 o 6 años de cárcel, gracias a las diferentes amnistías aplicadas por el franquismo y de las que se beneficiaron la inmensa mayoría de presos.
PICASSO, EL MILLONARIO COMUNISTA QUE BRINDABA POR STALIN
Picasso, el comunista pero convertido en millonario, el pintor mujeriego que siempre prefirió las modelos y la vida de la Costa Azul que vivir en el «paraíso socialista» de la Unión Soviética, llegó a pintar una figura que decía Staline à ta santé, es decir, a la salud del camarada Stalin, una imagen que apareció en la portada de la revista Les lettres françaises en 1949, folleto cultural y propagandístico del Partido Comunista Francés, y que además combinaba con un poema sentimental al genocida georgiano.
Picasso donó cientos de obras a la causa comunista y se convirtió en un satélite del comunismo internacional. Pero lo más gracioso ocurrió cuando murió Stalin, y le encargaron otra portada en Les lettres françaises, entonces el dibujo dedicado a Stalin apareció con una imagen juvenil y al estilo picassiano que a los jerarcas comunistas franceses les pareció ofensiva con el “Dios rojo” en la tierra, más acostumbrados al realismo socialista. En realidad a Picasso no se le conoce una pintura por el camino de la belleza, pero ese es otro tema.
NERUDA, EL POETA DEL MAL: ODA A STALIN
¿Desconocía el poeta Pablo Neruda que los comunistas habían convertido sus países en cárceles, o los más de 20 millones de asesinados por Stalin que Kruschev denunció ante el Soviet Supremo de la URRS una vez muerto el genocida? Con indiferencia del rastro de muerte que iba dejando la ideología más terrorífica, Neruda siguió activo en la política del Partido Comunista hasta el final de su vida. El poeta chileno, tan vinculado al Frente Popular de la II República española, a la muerte de Stalin acaecida en 1953, le dedicó una Oda al tirano rojo.
Si ustedes se encontrasen una publicación con una Oda a Hitler sin duda les chocaría y les inquietaría, sería extraño que el mundo de la cultura que conocemos hubiera salvado a ese autor. Pero no sucede igual con los comunistas, a pesar del terror rojo cuantitativa y cualitativamente muy superior al de los nacional-socialistas. Sería razonable que si se ha mandado al nacional-socialismo al basurero de la Historia se hiciera lo propio con los apologistas del comunismo. Si bien en el caso de los intelectuales lo que se ha de valorar es fundamentalmente su obra artística, aunque no se haga igual con los intelectuales que apoyaron al bando nacional, que han sido desterrados de las escuelas, cuando no han podido hacerlo por su magnitud internacional, han silenciado sus inclinaciones políticas, como sucede con el franquista Dalí.
Al chileno Neruda sin embargo le dieron el premio Nobel de Literatura en 1971, sin importar que fuera un comunista recalcitrante y estalinista hasta el final de sus días; un premio a una Obra en la que pueden celebrarse sus despolitizados poemas de amor, pero a quien no le falta el ataque directo a la conquista de América por España, agitando la leyenda negra en su Canto General.
A continuación reproduzco algunos versos de Neruda, con los comentarios acertados que hizo José Ignacio del Castillo en un artículo de Libertad Digital, así que también los reproduzco, a modo de acotaciones a la lírica estalinista de Neruda…
“A nadie se le escapa que Pablo Neruda fue un escritor políticamente comprometido. La palabra hasta suena bien, sobre todo si se oculta con quién, y para qué, fue el compromiso. Veamos la siguiente joyita:
«Unión Soviética, si juntáramos
toda la sangre derramada en tu lucha,
todo lo que diste como una madre al mundo
para que la libertad agonizante viviera,
tendríamos un nuevo océano
grande como ninguno
viviente como todos los ríos,
activo como el fuego de los volcanes araucanos.
En este mar hunde tu mano
hombre de todas las tierras,
y levántala después para ahogar en él
al que olvidó, al que ultrajó,
al que mintió y al que manchó,
al que unió con cien pequeños canes
del basural de Occidente
para insultar tu sangre,
Madre de los libres…»
Supongo que los responsables del Premio Nobel de Literatura, los mismos que negaron el premio a Borges por recoger un galardón en el Chile de Pinochet, debieron valorar que bautizar a la Unión Soviética como Madre de los libres, que considerar a Occidente como un basural y que hacer un llamamiento al asesinato de todos aquellos que denunciaran el bolchevismo, significaban méritos extra a la hora de su elección. Si no, que se lo pregunten a Günther Grass, a José Saramago o a Dario Fo.
Como no van a tener la oportunidad de escucharlos en las hagiografías que se avecinan para este aniversario, allá van estos versos, perla de la poesía de habla hispana:
«Stalinianos. Llevamos este nombre con orgullo.
Stalinianos. Es esta la jerarquía de nuestro tiempo.
En sus últimos años la paloma
La Paz, la errante rosa perseguida, se detuvo en sus hombros
y Stalin, el gigante, la levantó a la altura de su frente.
Así vieron la paz pueblos distantes.»
Supongo que entre los pueblos benditos con la paz estaliniana a los que se refería Neruda se incluían Corea, Lituania, Letonia. Estonia, Rumania, Grecia, Bulgaria, Polonia o Finlandia. No seamos impertinentes. Seguramente se referiría a la paz de los cementerios.
Para concluir, bueno será reproducir los infames, especialmente para las decenas de millones de sus víctimas, versos de “Las uvas y el viento”
«Junto a Lenin
Stalin avanza
Y así, con blusa blanca
Con gorra gris de obrero
Stalin,
Con su paso tranquilo
Entró en la Historia acompañado
de Lenin y el viento…»
¿Recuerda alguien dónde están los poetas que escribieron algo similar de Hitler o Mussolini? ¿Recibiendo homenajes y recuerdos o en el estercolero de los olvidados? En fin, descansen en paz los tres –Lenin, Stalin y Neruda–. Tanta “gloria” se llevaron como paz nos dejaron.”
RAFAEL ALBERTI, EL TORTURADOR DURANTE LA GUERRA CIVIL
En agosto de 2009, el Mundo entrevistaba al religioso Antonio Hortelano a sus 90 años de edad. Le habían diagnosticado un cáncer terminal, le quedaba un mes de vida y estaba a punto de publicar las memorias de su dilatada existencia como agente secreto del Vaticano y del Mossad. Al referirse a Alberti dijo: “Metía a los prisioneros en cabinas de teléfonos con las paredes electrificadas con alta tensión”.
Unas declaraciones que no nos extrañan, pues van en la línea de lo que se ha venido sabiendo de Rafael Alberti en los últimos años sobre su papel en la Guerra Civil Española. Basta recordar que este poeta fue Secretario político de la Alianza de Intelectuales Antifascistas, cuyo trabajo fue más allá del “ámbito cívico-cultural” y de las labores de propaganda, como afirmaba el poeta comunista que siempre militó en el PCE, sino que más bien se ocupó personalmente de la represión de muchos intelectuales, y de otros que no lo eran, que no habían cometido ningún delito salvo el no simpatizar con la revolución del Frente Popular.
La llamada Alianza de Intelectuales Antifascistas en agosto de 1936 dio paso al Comité de Depuración formado por Maroto, Luengo, Abril y el propio Rafael Alberti, cuya labor era “depurar” a todos los personajes del mundo de la cultura que considerase aquel comité sanguinario, basta recordar que consideraban “fascistas” a todos los que no fueran izquierdistas. Para saber cómo actuaban los defensores de la “cultura, la libertad y la democracia” de estos Comités de depuración basta leer la carta que el profesor Manuel García Morente publicó en París el 23 de octubre de 1936 después de escapar de Madrid:
“A poco supe confidencialmente que se había constituido una comisión de depuración (tal era la palabra usada) al profesorado de Universidad. Esa comisión propuso la cesantía de varios catedráticos de la Facultad de Filosofía y Letras. La lista iba encabezada con mi nombre. Los comisionados consideraban urgente el sacrificio de mi persona. En virtud de la comisión llamada depuradora, mi nombre iba a ser publicado como cesante y mi persona entregada a las ruines pasiones de los asesinos; hube de pensar en la necesidad de abandonar Madrid”.
Este poeta, Rafael Alberti, tan venerado por los gili-progres de la “desmemoria histérica”, tuvo una columna en el periódico ABC incautado por el Frente Popular, que se llamaba nada más explícito que “A paseo”, con lo que en la España revolucionaria entonces significaba, en ella se indicaba los intelectuales que habían de ser apartados y asesinados.
Más sentido fue el testimonio de Alfonso Ussía, ante el silencio pasmoso del rebaño de la actual inquisición artística sobre las declaraciones respecto a Rafael Alberti del religioso-espía, Antonio Hortelano. Ussía añadió como el poeta gaditano no movió ni un dedo para sacar de la cheka y salvar la vida a su abuelo, el intelectual Pedro Muñoz Seca, a pesar de los constantes requerimientos de su hermano, Vicente Alberti, y que tenía amistad con la familia Muñoz Seca, pues también era del Puerto de Santamaría.
Para rematar este artículo veamos el “espíritu democrático” de Alberti leyendo unos versos dedicados al genocida Stalin, que como todo el mundo sabe era otro demócrata de toda la vida, además de un defensor de las libertades y del género humano. Dice así:
“José Stalin ha muerto
Padre y maestro y camarada
Quiero llorar, quiero cantar
Que el agua clara me ilumine
Que tu alma clara me ilumine
En esta noche que te vas”
EL PREMIO NOBEL AL QUE QUISIERON FUSILAR LOS MILICIANOS DEL FRENTE POPULAR
Más benévolo es el caso del poeta Juan Ramón Jiménez y la anécdota que ahora les cuento. Se suele hablar del carácter antifranquista de Juan Ramón Jiménez que se negó no sólo a volver del exilio a España, al contrario de Ortega y Gasset, Dalí y tantos otros intelectuales, sino que también se negó a aceptar ser miembro de la RAE, tal y como le propuso generosamente el mismo franquismo, en voz de José María Pemán, en 1946 y 10 años antes de que fuera premio nobel.
Pero resulta que lo que no se cuenta, es que Juan Ramón Jiménez no se exilió al final de la guerra civil con la victoria de Franco, sino en el primer mes y tras solicitar al desgobierno de Azaña su salida del país, pero dirección a los EE.UU, al parecer al poeta no se le pasó por la cabeza, como a la inmensa mayoría de los ilustres exiliados de izquierdas, el vivir en el paraíso socialista de la URSS, y cárcel de terror para propios y extraños, la misma que quería traer el Frente Poular a España. Y el motivo de esta premura, no es otro que lo detuvieron los milicianos en varias ocasiones, la peor fue en aquella ocasión en que buscaban a un tal Juan Jiménez, que supongo que era alguien que leía el ABC o llevaba un crucifijo, etc; y entonces lo querían fusilar inmediatamente en las calles de Madrid, tras la insistencia del poeta de que él no era ese “Juan Jiménez”, el jefe de aquel grupo de milicianos se le acercó y le pidió que enseñara los dientes y fue el hecho de tener una buena dentadura lo que le salvó la vida porque el miliciano entendió que no era la persona que buscaba, motivo por el que después el poeta dedicó un poema a sus dientes blancos. Juan Ramón Jiménez se refería al hecho en estas palabras:
“Madrid en guerra, el buzón de aquel blancote de anarquista, que me quiso juzgar, con crucifijo y todo, ante la mesa de la Biblioteca que fue un día de Nocedal (don Cándido); murió la tarde aquella con la bala que era para él (no para mí) y la pobre mujer que se cayó con él, más blanca que mis dientes que me salvaron por blancos; más que él, más limpia, el sucio panadero, en la acera de la calle de Lista, esquina de la de Velázquez. No, no era, no era, no era aquel Destino mi Destino de muerte todavía”.
Juan Ramón Jiménez siguió defendiendo la causa proletaria del Frente Popular, pero en Washington lejos del terror rojo que él tan bien conocía y del que guardó silencio para que lo disfrutaran las indefensas víctimas de la ciudad de Madrid y de toda España.
CONCLUSIÓN
No voy a insistir comentando más autores, pues son suficientes para hacernos una idea, y bastará con que el lector se informe fehacientemente sobre cada personaje para comprobar el doble rasero que se aplica actualmente por aquellos que le quitan el nombre de las calles a los intelectuales de la derecha para ponérselos a los de la izquierda, de los que dicen que eran luchadores por la libertad y la democracia. En realidad como vemos eran furibundos estalinistas partidarios de instaurar en España el totalitarismo soviético de los años 30, y comunistas seguidores del régimen más genocida que ha dado la Historia.
Lo razonable sería considerar a los intelectuales por su obra y no por sus inclinaciones y desvaríos políticos, sin embargo no sucede así con aquellos intelectuales que se opusieron a la revolución, o que simplemente fueron asesinados por ella. Ahora se puede acusar a la izquierda dehaber violado el pacto de la Transición que traía la buena intención de construir una España para todos y en la que convivieran las dos Españas, pues actualmente sólo se puede honrar a unos intelectuales y no a otros, y progresivamente le están quitando a los familiares de una de las dos Españas sus calles y monumentos.
El debate sobre qué intelectuales merecen reconocimiento público refleja una cuestión más amplia: la relación entre cultura, política y memoria histórica. Las decisiones sobre nombres de calles, monumentos o homenajes no solo responden a criterios culturales, sino también a interpretaciones históricas y a las sensibilidades ideológicas de cada época.
A lo largo del tiempo, diferentes figuras del mundo cultural han sido objeto de reivindicación o de crítica en función de sus posicionamientos políticos y del contexto histórico en el que vivieron. Esto demuestra que la valoración de los intelectuales no es estática, sino que evoluciona con el paso del tiempo y con los cambios en la sociedad.
Comprender esta complejidad ayuda a analizar con mayor perspectiva el papel de los escritores y artistas en la historia contemporánea de España y el modo en que su legado continúa influyendo en el debate público actual.
