Las noticias sobre José Antonio se fueron apagando en ambas zonas. Después de las matanzas de agosto no pocos estimaron que probablemente había sido asesinado. Por otra parte, las autoridades frentepopulistas alicantinas mantenían a José Antonio en un aislamiento absoluto y en una clara opacidad informativa. En la zona nacional se había creado en julio un organismo con escasa autoridad real, la Junta de Defensa, pero lo cierto , es que los rebeldes carecían de estado, de aparato institucional administrativo, de institucionalidad, y, desde el principio la propia evolución del conflicto condujo a una territorialización en base al mando militar. Hasta principios de septiembre no contarían con un territorio comunicado, estabilizado y prácticamente seguro.
La Junta de Defensa Nacional tenía su sede en Burgos, siendo presidida por el general Cabanellas. Franco tardó algunas semanas en ser incorporado a la misma. Los diversos estados de guerra proclamados en todo el territorio, con ligeras variantes según la autoridad militar que los hubiera realizado, no prohibían la actividad de los partidos políticos que, sumados a la rebelión, actuaban en la zona nacional. La retaguardia nacional se llenó de mítines, actos de apoyo a los combatientes, desfiles y publicaciones. Esta tensión político-bélica estuvo presente, como es lógico, en las dos zonas.
La Falange, tal y como había previsto José Antonio, crecía exponencialmente convirtiéndose en principal catalizador político en la zona nacional; en esto la evolución política de los sublevados iba a diferir de la que se vivió en la zona frentepopulista. Si comparamos la expansión de la Falange con el crecimiento del Partido Comunista, que también fue un catalizador pero no el único, pues tuvo que compartir esa función con socialistas y anarquistas, esta nunca se dio con la fuerza que adquirió el partido de José Antonio.
El partido de Primo de Rivera, con ambición de partido único, prácticamente monopolizaba el trasvase de militantes, simpatizantes y votantes de lo que fue la derecha española hasta 1936. Su principal problema era la ausencia de sus dirigentes principales, unos asesinados y otros prisioneros en la zona republicana[1]. La Falange había vuelto a ser legal, a emerger a la legalidad, desde el mismo día en que se inició la rebelión. Si su estructura como partido era muy débil antes de la guerra, ahora el crecimiento desbordaba su capacidad de organización, formación y asimilación. También florecía, por razones propias de la situación bélica, un cierto cantonalismo falangista.
A falta de cualquier otra referencia cabría estimar que fue Agustín Aznar, jefe nacional de milicias del partido, quien primero intentó recomponer la estructura orgánica del partido, para ello reunió a diversos dirigentes en Valladolid el 1 de agosto. Aznar asume la iniciativa de organizar la cadena de mando de las milicias en toda la zona sublevada nombrando a los mandos en todas las provincias. La contribución a la guerra y la organización de unidades de combate parece ser su primer objetivo. Era el embrión de la nueva junta del partido. En Burgos quedo establecida, unas semanas después, una diarquía de facto entre Manuel Hedilla y Agustín Aznar hasta que los jefes falangistas volvieron a reunirse en Sevilla el 30 de agosto. Allí se planteó por vez primera la necesidad de establecer un mando provisional desechándose la posibilidad de establecer un triunvirato. Nuevamente volverían a encontrarse el 2 de septiembre en Valladolid donde Aznar defendió la necesidad de establecer, en concordancia con lo propuesto por José Antonio, una Junta de Mando, siendo su candidato a presidir la misma Manuel Hedilla, dado que él quería tener las manos libres para intentar rescatar a José Antonio.
Era algo lógico, seguían el mismo camino emprendido por los militares a la hora de estructurarse. Hedilla había demostrado su capacidad como organizador, no se planteó, que sepamos, probablemente por la situación bélica, que la Falange se estaba transformando en un partido de masas que demandaba una nueva organización. Pero en esos momentos el partido estaba volcado en la puesta en pie de unidades de milicianos para ir al frente a combatir.
Mirando a Roma
No resulta sencillo precisar, aunque lo apuntamos en nuestro trabajo El último José Antonio, cuándo se iniciaron los intentos de liberación del prisionero de Alicante, de forma autónoma, por los falangistas. De García Venero obtenemos la primera referencia sobre una larga serie de intentos, que, usualmente, no explica satisfactoriamente. Se trata de un proyecto que cobraría vida a finales de agosto de la mano del jefe local de Barcelona José Rivas Seva. Las gestiones se iniciaron en Roma. Celebró entrevistas para interesar por el caso de José Antonio con Magaz, Juan March, el padre Sagarra y Pedro Sainz Rodríguez. Reintegrado a la zona sublevada planteó a Hedilla dar continuidad a estos contactos en el exterior, por lo que fue nombrado delegado de la Falange en Italia y Francia. Sin embargo, no continuó trabajando en ello, permaneció en Burgos a instancias, teóricamente, del propio Hedilla[2]. Las gestiones vía Italia desaparecieron, pero no así las realizadas en Francia que asumió Eugenio Montes. Resulta sorprendente que prácticamente no se buscara la colaboración italiana para conseguir la liberación de José Antonio entre septiembre y noviembre de 1936.
Enviados a Lisboa
La Junta de Mando provisional falangista, constituida el 2 de septiembre, presidida por Manuel Hedilla Larrey, estaba integrada por los dirigentes que aún estaban en la zona nacional y que tenían cierto peso específico en el partido: Agustín Aznar Gerner (milicias), Francisco Bravo (secretario), José Sainz (Toledo), Jesús Muro Sevilla (consejero nacional, provincial de Zaragoza), José Moreno Díaz (jefe provincial de Navarra) y Andrés Redondo (jefe territorial de Castilla y León). Es evidente que una de las primeros temas abordados fue iniciar las acciones para intentar liberar a José Antonio. Hedilla y Aznar van a avalar el primero de los intentos autorizados por la Junta de Mando.
Desde el primer momento todos asumen que la vía para liberar a José Antonio pasa por un soborno o un canje que hay que negociar en Alicante. Esto no es sencillo, pero estiman que podrían hacerlo recurriendo a una vía interpuesta, negociando, abriendo un canal de comunicación en Portugal. En este sentido una de los primeros acuerdos adoptados, al día siguiente de la constitución de la Junta, es enviar a Mauricio Carlavilla del Barrio y a Miguel Primo de Rivera y Cobo de Guzmán al país vecino para abrir los contactos.
FALANGE ESPAÑOLA DE LAS JONS
Jefatura de la Junta de Mando Provisional Burgos
Los falangistas, Julián Mauricio CARLAVILLA y Miguel PRIMO DE RIVERA, llevan plenos poderes de esta Junta para realizar toda clase de gestiones para conseguir la libertad de nuestro Jefe Nacional, JOSE ANTONIO PRIMO DE RIVERA, para lo cual respondemos de los compromisos que adquieran a tal fin.
Burgos a tres de septiembre de mil novecientos treinta y seis.
Por la Junta de Mando Provisional Por la Jefatura de la 1ª Línea
El Jefe El Jefe Nacional
Manuel Hedilla Agustín Aznar
Hedilla tramitó ese mismo día ante la Junta de Defensa Nacional, que también tenía su jefatura en Burgos, la autorización y el aval necesario para la actuación de sus enviados. Los falangistas tenían abierta la posibilidad de negociar con el visto bueno previo de la Junta de Defensa que suscribiría cualquier acuerdo al que llegaran, tenían una autorización en blanco.
«JUNTA DE DEFENSA NACIONAL DE ESPAÑA
Esta Junta de Defensa Nacional considera conveniente manifestar que la misión que llevan a Portugal los Falangistas Don Julián Mauricio Carlavilla y Don Miguel Primo de Rivera, encaminada a entablar negociaciones para lograr la libertad del Jefe de Falange Española de las J.O.N.S. Don José Antonio Primo de Rivera, merece nuestra aprobación.
Burgos 3 Septiembre 1936».
No queda ningún testimonio preciso de lo tratado en Portugal pero podemos reconstruirlo a partir de diversas fuentes, algunas documentales. Cabría pensar que esta gestión se solapara, en su desarrollo, con la posibilidad de canjear a José Antonio por el hijo de Largo Caballero, quien el viernes 4 de septiembre pasaba a ser el presidente del gobierno de la República. Que esta hipótesis pudiera ser correcta lo certifica el hecho de que, más tarde, fuera el propio Carlavilla quien se trasladara a Gibraltar para llevar una carta del hijo del dirigente socialista.
De lo que queda constancia es que es en Portugal donde alguien les sugiere que se trasladen a Alicante a bordo de un barco para negociar. Las gestiones debieron progresar porque en los días siguientes, tal y como Carlavilla explicó a Gil Mugurza, se cerró el embarque de ambos en Lisboa en el crucero Alfonso de Alburquerque, pero una revuelta en el mismo obligó a paralizar esta vía[3]. Ello les condujo a la representación alemana. Lo que concuerda con las aportaciones de Ángel Viñas y Merkes sobre fuentes alemanas. El 5 de septiembre desde Lisboa se pide autorización para que un delegado español pueda trasladarse a un barco alemán para iniciar las negociaciones para liberar a José Antonio[4]. Alguna confirmación debió de producirse porque Carlavilla, el delegado español, debería subir al barco en Gibraltar tal y como indican los textos germanos.
José Antonio por el hijo de Largo Caballero
Mientras los delegados falangistas salen hacia Portugal las fuerzas de Franco tomaban Talavera de la Reina, el Tajo había dejado de ser un obstáculo natural. Las columnas que manda Franco no han podido ser frenadas. Con ese movimiento el camino hacia Madrid está abierto para unas tropas que, aunque reducidas en número y con problemas de orden logístico y municionamiento, parecen invencibles. La consecuencia directa es la caída del gobierno Giral para ser sustituido por otro de base más amplia, abandonando el predominio republicano-burgués de febrero de 1936. Un gobierno de coalición, con una teóricamente gran fuerza política, presidido por el socialista Largo Caballero, quien además asume la cartera de Guerra y cuenta con la presencia de Indalecio Prieto (Marina y Aire) asegurando así al PSOE el control militar y económico (Juan Negrín en Hacienda); en el mismo se integran los comunistas Uribe y Hernández. La moral de triunfo que mantenían desde la rebelión, fiada en su superioridad en efectivos y recursos, hizo que la propaganda calificara al ejecutivo como el «gobierno de la victoria», apelativo que retomaría cuando, con Franco a las puertas de Madrid, se remodelase el gobierno en noviembre.
La llegada de Largo Caballero al poder acrecentaba la posibilidad de canjear a Primo de Rivera por su hijo Francisco, militante de las juventudes socialistas –luego de la JSU– y que había participado en uno de los grupos que se sublevaron en la revolución de octubre de 1934.
Desde el 1 de julio prestaba servicio en el Regimiento de Transmisiones de El Pardo. En julio, el coronel Juan Carrascosa y la mayoría de los oficiales del mismo estaban dispuestos a sublevarse al conocerse el 19 el mensaje remitido por Franco. El coronel ordenó desplegar las fuerzas y colocar sacos terreros para evitar un asalto al cuartel. El día 20 de julio la rebelión ha sido sofocada en la capital y el general José Riquelme sospecha de la lealtad del Regimiento. En una reunión, ese día, el teniente coronel Hernández Vidal propondrá salir del cuartel y llegar hasta Segovia para unirse a los rebeldes. Es un golpe de audacia, ya que el día 18 habían recibido la visita del propio Largo Caballero, quien se reunió con su hijo, consiguiendo no levantar sospechas. Los oficiales se plantearon hacerle prisionero, pero el teniente coronel Hernández les hizo desistir razonando que «no debía hacerse, pues en aquel momento no era más que un padre que venía a ver a su hijo» y sería una falta al honor. El 20, ante las sospechas del general Riquelme las fuerzas se preparan para huir dirección a Segovia. El día 21 el Regimiento, durante la madrugada, cruzaban las líneas. En la operación solo perdieron un camión[5]. Llegaron a la Granja de San Ildefonso donde el hijo de Largo Caballero quedó detenido, siendo trasladado después a la Academia de Artillería en el Alcázar de Segovia. Desde allí iba a ser conducido a Sevilla escoltado por unos capitanes pertenecientes a Falange Española quedando en el cuartel falangista instalado en el pabellón brasileño de la exposición universal.
¿Quién planteó la posibilidad del canje? Según Antonio Gibello cabría atribuirle la propuesta a Eugenio Montes, quien iniciaría las gestiones en Francia. No solo se ofrecería al hijo de Largo Caballero, también estaban dispuestos a utilizar, para allanar las voluntades, el dinero que hicieran falta junto con el ofrecimiento de una lista en blanco para que las autoridades republicanas pusieran los nombres de las personas que considerasen oportunas para el canje. Lógicamente esta gestión solo pudo plantearse a finales de agosto y ponerse en marcha entrado septiembre de 1936. Es más que probable que el ofrecimiento se hiciera llegar a miembros del gobierno desde Francia y desde Portugal, no descartándose una gestión indirecta vía Gibraltar.
Aunque la cronología es confusa contamos con la fecha de la firma de la carta que el hijo de Largo Caballero redacta para su padre, 20 de septiembre. Ello nos indica que la propuesta de canje, en la que la carta debe considerarse un refuerzo, estaba activa cuando un comando falangista llega a las aguas de Alicante para intentar rescatar a José Antonio. Si nos atenemos al contenido de la entrevista que Paloma Lagunero hizo al hijo del dirigente socialista, fue Mauricio Carlavilla quien explicó a este la situación en que se encontraba y que iba a canjeársele por José Antonio[6].
Lo que las diversas memorias publicadas por dirigentes republicanos nos indican es que la propuesta llegó al ministro de la gobernación republicano Ángel Galarza Gago, pues él fue quien la planteó, según anota Zugazagoitia, a los directores de la prensa madrileña, aunque no es descartable que se tratara de un sondeo realizado a instancias del propio Largo Caballero para ver cuál sería la reacción ante una aceptación del canje. Las críticas a estos canjes eran una realidad y en este caso se podía interpretar como un acto de favoritismo al tratarse del hijo del presidente del gobierno. Según Zugazagoitia, Ángel Galarza les hizo la consulta dejando bien claro que no hablaba en nombre de Largo Caballero:
«Copio mi nota de aquel día: la repulsa fue general: ¡Imposible! ¡Ni hablar de eso! Yo me callé. Tenía la sensación de que acababa de dictarse, en aquel momento, la pena de muerte contra Primo de Rivera. Como la conversación se prolongase sobre el mismo tema, hice algunas insinuaciones que se rechazaron con sorpresa: ¡Sería peor! Lo arrastrarían. Se reputaría una traición. Necesité defender lo que consideraba justo. ¿Se quería una muerte simbólica? ¿No acabaríamos arrepintiéndonos tarde de una torpeza irremediable? ¿No sería igualmente consentir que la represalia alcanzase a un hijo de Largo Caballero? El ambiente era cerrado y hostil. Galarza temía que la represalia se produjese, pero su gestión había fracasado. Insistió en que la silenciásemos. Presumo que a Galarza le era indiferente la vida de Primo de Rivera, interesándole mucho, en cambio, la de Paquito Largo, interés al que tenía derecho, ya que debía conocer el torcedor de conciencia que la inseguridad de su hijo representaba para Largo Caballero, incapaz de declarar a ningún confidente, por alta que fuese la confianza, sus sentimientos a este respecto»[7].
Sin embargo, no se cerró la posibilidad del canje. Se cruzaría en diversas ocasiones en el lento caminar hacia la muerte de Primo de Rivera. Sería uno de los argumentos de quienes, en el Consejo de Ministros del 19 de noviembre, apoyaban la no ejecución de la sentencia de pena capital para José Antonio. Lo que resultó contraproducente, porque Largo Caballero, que ya tenía decidido ejecutar al jefe falangista, no podía apoyar una decisión que lastrara su imagen de dirigente duro, algo necesario en medio de una guerra.
Entrado el mes de septiembre, para dar continuidad de la gestión, los delegados falangistas, consiguieron que el hijo de Largo Caballero escribiera una carta a su padre que se remitió vía Gibraltar, desde donde se gestionaban algunos canjes. De la misma no se tiene confirmación que llegara a su destino:
«Querido padre: En el día de hoy he sabido de ti y se me permite escribirte para que sepas que vivo y me encuentro en prisión, pero bien tratado. Hasta ahora no tengo motivo de queja salvo la privación de la libertad.
Te escribo desde muy lejos de Madrid, me han traído donde estoy después de un largo viaje, sin el menor incidente y reinando tranquilidad durante todo el camino.
Paso a decirte el motivo principal de esta carta. No quisiera causarte el menor disgusto ni que vieras en mis palabras temor ni otros sentimientos, impropios de un hijo tuyo que se siente orgulloso de su padre. Se me dice que sería posible entregarme a mí y a otras personas que pudieran interesaros a cambio de José Antonio Primo de Rivera y algunos de su familia que se hallan presos en nuestro poder. Si el realizar este cambio puede perjudicar el triunfo del socialismo, yo sé que tú no lo realizarás ni yo lo pido ni lo deseo, pero si el realizarlo no influye para nada en la marcha de la revolución, como yo creo, pues unas cuantas personas más en un lado o en otro, a los dos meses de la lucha, nada pueden cambiar, te pido que, por este medio, salves varios seres humanos y me salves a mí, como tu amor paternal estoy seguro que desea[8].
Te repito que no he dicho una palabra si con mi libertad corre el menor peligro la revolución y la causa del proletariado.
Si se hace el cambio o no, has de saber que mi vida y la de muchos de los nuestros sólo la salvaremos si la salva Primo de Rivera y los que quedan de su familia, si cae uno no tenemos salvación.
El hecho de dirigirme a ti no quiere decir que olvide a mis hermanos y demás familia, pues no hago más que pensar en vosotros, espero que en tu contestación me dirás cuál es vuestra vida y el estado de salud en que os encontráis.
Sin más que decirte recibe un fuerte abrazo y da besos a Concha, Isabel y Carmen, confiando que si de ti depende harás todo lo posible por salvarme la vida.
Paco
20-9-36
Nota. Las personas que te entregarán esta carta te ofrecerán todas las garantías. Para tratar este asunto has de enviar un delegado tuyo con plenos poderes a Gibraltar. El nombre del delegado y de las personas cuya libertad os interesa, los diréis a quien lleve la presente
Vale».
El propio hijo de Largo Caballero confirmaría, años después, la gestión y la intervención de Mauricio Carlavilla, quien le había visitado en su prisión en varias ocasiones.
Sí sabemos, por un artículo de Rodolfo Llopis, subsecretario de Largo Caballero, que el tema fue planteado en un Consejo de Ministros, lo que debió de suceder antes del 26 de septiembre. Largo Caballero, que en sus memorias trata de esquivar y ocultar su decisoria intervención en la ejecución de José Antonio, no hace una mención detallada de este hecho[9]. El dirigente socialista, en la reunión el Consejo de Ministros de noviembre, según es usual transcribir, aunque bien pudiera ser una de las muchas reelaboraciones de los hechos realizada con posterioridad que tratan de cubrir con una pátina de heroísmo romántico a los personajes, afirmó: «no me obliguen a asumir el papel de Guzmán el Bueno». El hecho final es que canje no fue aceptado ni en septiembre ni cuando posteriormente se planteó nuevamente como opción para evitar la ejecución de José Antonio. Cuando este fue ejecutado, en la zona frentepopulista se llegó a publicar que el hijo de Largo había sido asesinado en represalia:
«He ahí la noticia que lanzan los radios facciosas al mundo. El hijo del presidente del Consejo, asesinado en Segovia. ¿Qué pretenden con tan monstruoso crimen las hordas fascistas? Ni cederá el temple de Largo Caballero ni les olvidaremos esa otra ruindad más, que revela cuánto son capaces. Hoy más que nunca, ya en los estertores de la impotencia, Largo Caballero, presidente del auténtico Gobierno en la única España posible, los antifascistas nos sentimos hoy más unidos a ti, y el crimen cometido con Francisco Largo Calvo es un incentivo que el pueblo siente en estos instantes de la guerra»[10].
Zugazagoitia, director del periódico socialista prietista, se negó a difundir la noticia. Nuevamente en noviembre, el diario de las JSU, AHORA, publicaría la noticia de que el hijo del dirigente socialista había sido asesinado en represalia por la ejecución de José Antonio:
«El hijo del Jefe del Gobierno ha sido inmolado cobardemente por los asesinos fascistas.
Aprehendido en Segovia cuando prestaba servicio en el Ejército, ha sido asesinado por orden de los jefes fascistas Paco Largo Calvo, hijo del jefe de Gobierno, Largo Caballero. Los miserables han querido vengar, según ellos mismos confiesan, el fusilamiento de Primo de Rivera, juzgado por un tribunal legítimo y convicto del crimen de lesa patria. Lanzaron la amenaza de su represalia al padre del joven soldado sacrificado contando con que la debilidad sentimental salvaría al cabecilla faccioso. Y como no lograron su intento se han vengado, sin más formalismos de conciencia que un piquete de fusileros. La sangre joven de Paco Largo caerá sobre Franco y sus secuaces. Y con ella la maldición eterna del pueblo de la nueva España, que tiene que vengar a sus mujeres, a sus hijos y a sus héroes, asesinados por una turba de señoritos y mercenarios».
Pese a los desmentidos y la publicación en la prensa nacional de la foto del hijo de Largo Caballero, en diciembre la revista Estampa volvía a dar la noticia de que el joven había sido fusilado[11].
LA ILUSIÓN MÁS ALLÁ DE LA RAZÓN
A finales de agosto de 1936, Agustín Aznar, jefe de milicias del partido, novio de Dolores Primo de Rivera, dirigente de la Sección Femenina, asume como objetivo y responsabilidad propia la liberación de José Antonio. Informado de lo tratado en Lisboa, probablemente por su cuñado, y de la posibilidad de usar un barco alemán, se dice: ¡Hay que ir a Alicante! ¡Yo voy a ir a Alicante![12]
El 4 de septiembre la prensa republicana desgrana noticias sobre la constitución de los respectivos Tribunales de Urgencia y Tribunales Especiales, entre ellas aparece la de que el sumario contra José Antonio se ha concluido y que la vista de la causa contra el líder falangista y su hermano «se verá en un plazo muy breve»[13]. El tiempo comienza a correr.
Agustín Aznar, hombre de acción se plantea una doble operación aprovechando la puerta abierta por las gestiones de Carlavilla y Miguel Primo de Rivera: por un lado, intentar el soborno, comprar la libertad de José Antonio; por otro, en caso de fracasar la primera opción, asaltar la prisión con un comando falangista dispuesto a todo. Pero, además, asume que el reloj se ha puesto en marcha y el tiempo comienza a jugar en contra.
La primera opción es viable, porque en Alicante existe un tráfico de personas en el que los miembros de la FAI, que son la fuerza de mayor peso, aceptan dinero para dejar salir o facilitar la salida de los perseguidos. Por entre 30.000 y 50.000 pesetas se logra salir de la zona frentepopulista. El precio por José Antonio va a ser, sin duda, más alto y eso sí es una barrera para la Falange en esos momentos.
Aznar se enfrenta a un problema que ya se ha dado en Lisboa, el transporte. Llevar un comando armado en un barco de cualquier país puede tener graves implicaciones diplomáticas, máxime si después del asalto hay que salir con el prisionero. El jefe de la milicia falangista piensa en la marina alemana, que está en las costas españolas, como la vía de transporte más segura y menos problemática, pero necesita llegar hasta el mando naval germano con algún aval que salve unos inconvenientes que no ignora aprovechando las gestiones en marcha. Ese aval es Franco, que tiene enlace directo con los representantes alemanes a principios de septiembre y, además, puede ayudar a conseguir el dinero necesario[14].
En la primera o segunda semana de septiembre Agustín Aznar, y por tanto la Junta de Mando provisional de la Falange, estima que es necesario contar con la intervención del general Franco en apoyo de sus intentos autónomos de liberación de José Antonio. No hay constancia de que la razón para recurrir al general fuera más allá de la fuerza de convencimiento que su apoyo pudiera suponer a la hora de conseguir la colaboración de la marina alemana; quizás también por confiar más en él que otros generales como Queipo de Llano. Por otro lado, en su entorno están el teniente coronel Yagüe y otros que, llegado el momento, pueden facilitar el acceso hasta el general a Agustín Aznar. Súmese a ello que, desde finales de agosto, tanto alemanes como italianos, asumían que el mando decisorio de las operaciones militares está en manos de Franco[15]. Muchos años después, en una entrevista-artículo, Agustín Aznar, que había sido detenido y encarcelado por sus movimientos al decretarse la Unificación, declararía:
«Más tarde intentamos rescatarlo; pusimos lo mejor de nosotros mismos en el empeño, ayudados hasta lo humanamente posible por nuestro Caudillo Franco. Hicimos varios intentos que, desgraciadamente resultaron fallidos. Y José Antonio, el hombre que era la máxima garantía, la garantía absoluta de la España cabal que nuestro corazón anhelaba, moría asesinado el veinte de noviembre de 1936»[16].
Los destinos de Franco y José Antonio se cruzan así de forma definitiva, porque, a partir de ahí y hasta el 20 de noviembre de 1936, todos los intentos de liberación que pudieron haber acabado de forma satisfactoria pasarán por el general, al carecer la Falange, por sí misma, de capacidad para realizarlos. El resultado negativo de los mismos permitió a determinados sectores políticos lanzar, de forma tan intermitente como interesada, la sombra de la duda sobre la actitud del general Franco, para edificar un relato que les permitiera presentar al ya Generalísimo como responsable real de la muerte del fundador de la Falange por displicencia, falta de interés, por ambición de poder, omisión u oposición a las gestiones de rescate.
Se abre así una fase de la vida de José Antonio que ya no se cerrará hasta prácticamente sus últimas horas, cuando se puso en marcha, según la documentación frentepopulista, un último plan para intentar sobornar al piquete de ejecución de guardias de asalto que teóricamente iba a ejecutarle.
[1] Julio Ruiz de Alda fue asesinado en la saca de la Modelo, al igual que Fernando Primo de Rivera, el 22 de agosto; Ramiro Ledesma Ramos, preso en Madrid, sería asesinado el 29 de octubre; Alejandro Salazar sería eliminado en Paracuellos del Jarama el 9 de noviembre; Onésimo Redondo cayó en una emboscada con el enemigo el 24 de julio de 1936. Raimundo Fernández-Cuesta y José Antonio Primo de Rivera estaban presos.
[2] García Venero, op. cit., p. 199.
[3] GIL MUGARZA: España en llamas, Barcelona: Acervo 1968, p. 621.
[4] VIÑAS: Guerra…, p. 69
[5] Declaraciones del sargento Cipriano Fernández Gordo (19-1-1940), del teniente coronel Rafael Martínez Maldonado (8-5-1940), del capitán Luis Berbeito Laura. Causa del Regimiento de Transmisiones de El Pardo, Pieza II, Tomo VIII, Ramo n.º 12. AHN-CDMH/Causa General, legajo 1.517/1.
[6] Según el hijo de Largo Caballero estando en Sevilla un grupo de requetés intentaron sacarlo para ejecutarlo, pero fue defendido por los falangistas.
[7] Transcurridas varias décadas, como es usual, alguno de los exilados de importancia buscó como extender sospechas y negar el origen de la negativa testimoniado por Zugazagoitia. Es el caso de José Antonio Balbotín, que del Partido Radical Socialista pasó al Partido Comunista al iniciarse la guerra accediendo como magistrado al Tribunal Supremo, quien según Ernesto Sánchez mantenía que él había participado en el intento de canje por el hijo de Largo Caballero, pero «alguien -no sé quién- de la alta jerarquía franquista se opuso a este intercambio». Pero en esos momentos no existía ninguna jerarquía franquista. En 1971 Balbotín regresó a España. Cfr. SÁNCHEZ GARCÍA ASCASO, Ernesto: «José Antonio, Azaña y Balbotín», n.º 129 (Enero 1987).
[8] Francisco Largo Calvo, al volver a España tras la muerte de Franco, explicaba que no tenía mucha fe en que aquel canje prosperara: «conociendo, como conocía, a mi padre estaba completamente seguro que nunca accedería a un canje de este tipo».
[9] En 1961 Mauricio Carlavilla publicaba uno de sus habituales cuadernillos, en el que recogía una mención de Largo Caballero al tema, pero la redacción del dirigente socialista revela que se trata de un texto forzado y de lectura equívoca: «alguien hizo circular la especie de que se había propuesto el canje de mi hijo por el jefe Falangista Primo de Rivera; que el general Queipo de Llano lo había rechazado y que por esta casusa se fusiló en nuestra zona a Primo de Rivera. La especie era absolutamente falsa». Correspondencia Secreta de Largo Caballero, Madrid: Editorial Nos, 1961.
[10] «El hijo de Largo Caballero asesinado en Segovia», ABC de Madrid, 26-9-1936.
[11] En nuestro trabajo El último José Antonio cometimos el error de asumir, como anotan algunos autores, que había sido objeto de un canje posterior. Localizados los testimonios del propio Francisco Largo Calvo, hijo de la segunda mujer del líder socialista anotemos que, en febrero de 1937, pasó a la prisión provincial sevillana, por lo que dependía del general Queipo de Llano. Según algunas fuentes se planteó su canje por Rosario, hija del general. Este se consiguió por otras vías en 1937. Al dejar de ser su padre presidente del gobierno su valor de cambió disminuyó. Al acabar la guerra continuaba en prisión no siendo liberado hasta 1943, eligiendo instalarse en Monforte de Lemos. Estuvo detenido 3 meses al sospecharse que colaborara con los maquis. Por vía oficial recibió comunicación de la grave situación de su padre, que había estado recluido en el campo de concentración alemán de Sachsenhausen entre 1943 y 1945, por una enfermedad renal, por lo que decidió romper el confinamiento para llegar a Francia, no llegó a ver con vida a su padre. En 1946 alcanzó la libertad total instalándose brevemente en Madrid para marchar después a México donde estaban sus hermanas. Cfr. Cfr. BELLO LANDROVE, Federico: El Derecho y la guerra de España (VII): Los canjes, en https://quienfueraborges.blogspot.com/2017/09/el-derecho-y-la-guerra-de-espana-vii.html; QUEIPO DE LLANO, Rosario: De la cheka de Atadell a la prisión de Alacuás: impresiones, estampas… y recuerdos de los rojos, Valladolid: Santarén 1939; AIRA, Felipe: «Los hijos monfortinos del histórico político Francisco Largo Caballero», La voz de Galicia, 4-4-2023.
[12] Conviene al lector, dada la importancia de los testimonios de Agustín Aznar en lo referente a los intentos de rescate, trazar una breve biografía del mismo. Estudiante de medicina se afilió a la Falange junto con sus hermanos Jaime, Rafael y Guillermo. Fundador del SEU destacan en su biografía sus continuos enfrentamientos con la FUE con hechos como el asalto a la sección madrileña de medicina de la FUE que dará origen a un debate parlamentario (enero de 1934); el asalto al local de la FUE de Derecho en Madrid; el asalto a los almacenes del SEPU (marzo de 1935) por el que fue detenido y juzgado, aunque absuelto. Durante la República fue detenido en cinco ocasiones. Solo las obligatorias prácticas al concluir la carrera de medicina le alejaron de la acción directa hasta su regreso a Madrid en febrero de 1936. José Antonio le nombró entonces jefe de la 1ª Línea y miembro de la Junta Política. Dirigió a los activistas falangistas hasta su detención el 26 de mayo. Sería trasladado a la cárcel de Vitoria en junio de 1936. Al estallar la guerra y ser liberado asumió el mando de la 1ª Línea que era en realidad el de toda las milicias falangistas. Su hermano Jaime murió defendiendo el Cuartel de la Montaña, Rafael sería asesinado por los frentepopulistas en septiembre de 1936 y el pequeño Guillermo cayó en acción de guerra en el frente de Santander. En la crisis falangista de abril de 1937, siendo una de las figuras más destacadas del sector legitimistas, con todo lo que significaba su carismático mando sobre las milicias, se posicionó contra Manuel Hedilla. No tuvo una relación fácil con Franco, en diciembre de 1936 mostró su disidencia por el Decreto de militarización de las milicias. Opuesto a la unificación sería detenido el 21 de abril de 1937. En prisión llegó a decirle a Hedilla cuando este le visitó: «que si se entrega a Franco nos encerraremos en una habitación para pelear a tiros. Peso si es fiel a la Falange, estaré a sus órdenes». Sin embargo, en mayo, Franco le nombrará, a las órdenes del general Monasterio, nuevo jefe de las milicias nacionales, asesor político de las mismas. También será nombrado por Franco miembro del I Consejo Nacional de FET de las JONS y de la Junta Política del partido. Con la jura de los consejeros se concluía el proceso de integración en FET de las JONS del sector legitimista opuesto a la unificación en 1937. El 19 de octubre contrajo matrimonio con Dolores Primo de Rivera, hija del teniente coronel caído en Annual al mando del Regimiento Alcántara. En 1938 se vio implicado en una trama difícil de objetivar en la que se le acusó de dirigir un complot contra Franco. Probablemente sus enemigos políticos, dentro de FET, maniobraron contra él en un tiempo en el que no gozaba de las simpatías de Serrano Suñer. Para su biógrafo, Jerez Riesco, fue falsamente acusado. Aznar acabó ante un Consejo de Guerra que le condenaría a cinco años y seis meses de prisión; a consecuencia de la situación su mujer perdió el hijo que esperaba. Cumpliría parte de la condena en prisión hasta que en marzo de 1939 se transformó en arresto domiciliario. En noviembre sería indultado y restituido. En 1941 asumiría el cargo de Delegado Nacional de Salud de FET de las JONS, unos meses después se alistaría voluntario en la División Azul. Con la creación de las Cortes sería nombrado procurador manteniéndose en todas las legislaturas. En 1976 sería uno de los procuradores que votaría no a la Ley de la Reforma Política.
[13] La Libertad (Madrid), 4-9-1936.
[14] Es probable que Aznar planteara previamente esta cuestión al general Mola y que este le indicase que hablara con Franco.
[15] PRESTON: op. cit., pp. 222-256.
[16] ZUASTI, Manuel: «José Antonio en el recuerdo», Baleares. Órgano de Falange Española Tradicionalista y de las JONS, 20-11-1965.
