En 1975 la Universidad Politécnica de Madrid designó al catedrático de Electrónica, Eugenio Andrés Puente y a mí (Guillermo Velarde es quien lo escribe en su libro), como catedrático de Física Nuclear, para que fuéramos a hablar con Juan Antonio Suances para proponerle como Doctor Honoris Causa por nuestra universidad. Ante nuestro asombro, Suances nos dijo que mientras viviese el Generalísimo, él no podría aceptar ningún nombramiento. Como yo le conocía personalmente desde la época de Atomics International, me tomé la libertad de preguntarle el por qué de su negativa. Suances me dijo que ya nos lo explicaría en otra ocasión.
En diciembre de ese año, fallecido Franco, volvimos a su casa con el mismo ofrecimiento y nos dijo que era un gran honor aceptarlo en aquellos momentos en los que el olvido formaba parte de su vida. Nos explicó que, contrariamente a la opinión de muchos, a lo largo de su trayectoria sólo en una ocasión había tenido con el Generalísimo una discusión desagradable y fue por la elección de la sede de la fábrica SEAT. Cuando se decidió que la fábrica, dependiente del INI, con licencia de la casa italiana FIAT construyesen automóviles en España, los ingenieros del INI eligieron para su emplazamiento una zona, por entonces deprimida, situada en la provincia de Almería. La idea era desarrollar industrialmente esta región, no solamente con la fábrica SEAT, sino también con toda la industria auxiliar y las fábricas de componentes y repuestos que se originarían.
Cuando llevó esta propuesta a Franco, éste le dijo que la SEAT se debería ubicar en el puerto franco de Barcelona ya que consideraba que los catalanes eran personas muy trabajadoras y leales. Suances nos dijo que cuando llevó la propuesta de Franco a los ingenieros del INI, éstos se mostraron reacios a hacer el proyecto de la SEAT en Barcelona, alegando que ya era una región desarrollada industrialmente. La segunda vez que le propuso al Generalísimo la instalación de la SEAT, éste volvió a decir lo mismo y ya, a la tercera vez, Suances nos indicó que Franco le contestó que era su decisión y que no quería más discusiones.
