Tenemos voluntad de Imperio. Afirmamos que la plenitud histórica de España es el Imperio. Reclamamos para España un puesto preeminente en Europa. No soportamos ni el aislamiento internacional ni la mediatización extranjera.
Respecto de los países de Hispanoamérica, tendemos a la unificación de cultura, de intereses económicos y de poder. España alega su condición de eje espiritual del mundo hispánico como título de preeminencia en las empresas universales.
El tercer Punto se relaciona mucho con el anterior.
España no podría tener voluntad de Imperio si no tuviera una misión que cumplir en el mundo. Pero como hemos quedado en que España es una Unidad de destino en lo universal, la plenitud histórica será el Imperio.
En estos momentos atraviesa España por una época de quietud o quizás de descanso, debido a la tremenda fatiga que le costó fundar y sostener aquel magnífico Imperio que tuvo y que abarcaba en Europa: España propiamente dicha con Gibraltar y Portugal. Tenía de Francia el Franco Condado; de Holanda, Italia y Bélgica: los Países Bajos, el Flandes, el Milanesado con el Norte de Italia, Nápoles y las Islas de Sicilia y Cerdeña.
En África tenía Orán, Túnez y Marruecos. Y en América: todas las Islas Antillas, Caribe y Bahamas, la mitad de los actuales Estados Unidos, Méjico, toda la América Central, toda la América del Sur, que se compone de veinte naciones, las Islas Filipinas y once mil islas de Oceanía. Esto es lo que dominó España y civilizó durante más de tres siglos.
Pero les sucede a las naciones lo mismo que a las personas, que cuando hacen un esfuerzo demasiado grande, se quedan agotadas y necesitan descansar, sobre todo si en el trabajo han puesto todas sus fuerzas. Claro que eso no quiere decir que estén ya imposibilitadas para nuevos esfuerzos: en cuanto descansan y recuperan las energías, lo mismo las naciones que los hombres están en condiciones de volver a empezar. Y otra vez vuelven a encaminar sus pasos hacia aquello para lo que están destinados, porque así como un poeta aunque se fatigue, en cuanto descanse volverá a hacer versos porque eso es para lo que está llamado, así las naciones que tienen misión de Imperio, en cuanto descansen de las fatigas volverán a hacer Imperio porque es para lo que sirven. Y es ese precisamente el caso de España, a pesar de haberse agotado en el esfuerzo colosal de la fundación de su Imperio, porque como dice este Punto: «La plenitud histórica de España es el Imperio». Y si cualquier persona que no consigue aquello que desea y para lo que tiene vocación considera que se le ha malogrado la vida, así España, si no consigue la plenitud histórica que es el Imperio, será una nación fracasada e insulsa y que se acabará cuando se acabe el mundo, sin que se vuelva a hablar de ella.
Pero para que esto no suceda, la Falange afirma hoy rotundamente que tenemos voluntad de Imperio.
Tiene España además una manera de crear los Imperios distinta a la de todo el resto del mundo.
Cada vez que España emprendía la tarea de civilizar a un pueblo nuevo, no creáis que lo hacía como quien trata a un ser inferior: lo hacía fundiéndose ella misma en aquel pueblo, entregándole su Religión, su lengua y su misma sangre. Porque aquellos indios que encontró España al descubrir América, no fueron ni por un momento esclavos de los españoles, sino que inmediatamente los bautizaron para que conocieran a Cristo, les enseñaron a hablar nuestra maravillosa lengua castellana y los españoles se casaron allí y allí nacieron ya sus hijos, por eso todos los americanos del Sur tienen hoy nuestros mismos nombres, son como una continuación de las familias españolas.
Porque España no podía hacer de América, como hubiera hecho cualquier otra nación, una colonia con el solo fin de explotarla y de sacar beneficios para nosotros. España, en cumplimiento de su misión universal, fué a América para cristianizarla y se entregó de tal manera, que descuidó sus propios cuidados y tanto se consumió en aquella empresa, que precisamente de ese esfuerzo proviene esta época de languidez y de pereza que lleva la Patria desde hace más de un siglo.
Añade el Punto tercero que la Falange reclama para España un puesto preeminente en Europa. Esta es la fórmula concreta de la que hemos llamado Voluntad de Imperio; la fórmula de lo que en nuestro tiempo es posible alcanzar. En otro tiempo era posible aspirar a la idea absoluta del Imperio que sería en definitiva la de lograr —en torno a una minoría, a un país, a una fe— la unidad de todo el mundo. Para ello, como esto no suele conseguirse por la persuasión, era preciso la conquista. Cierto es que ese Imperio no se ha logrado jamás plenamente, porque siempre ha habido zonas del mundo ajenas a su influencia, pero relativamente en el área de lo que pudiéramos llamar el mundo conocido, lo consiguieron primero Roma, luego el Sacro Romano Imperio (el germánico heredado a última hora por España con Carlos V), y España. Más tarde, hubo otros dos Imperios: el de Napoleón, fundado en el modelo clásico, pero sostenido en las ideas falsas de la Revolución Francesa, y el Inglés, que consiste en una simple agregación de territorios e intereses sin norma de unidad universal y sin fe espiritual determinada.
En nuestro tiempo, la forma posible de Imperio no podría realizarse seguramente por una sola nación, sino por un grupo de ellas que, aportando cada una su influencia y su extensión territorial, pudieran fundar en el mundo un cierto equilibrio. España, por lo tanto, aspira, por lo menos, a ser una de esas tres o cuatro naciones capitanas y aún aspira a que la idea que gobierne al mundo sea la suya, puesto que —por haber sido Imperio en otro tiempo y con la misma naturaleza que ahora— conserva la verdad y la fórmula.
Dice después el Punto núm. 3: «No soportamos ni el aislamiento internacional ni la mediatización extranjera».
Como consecuencia de lo anterior, no podemos soportar ahora que las demás naciones se olviden de que España existe en Europa y hagan todos sus manejos internacionales sin contar con ella para nada.
No queremos ni inspirar lástima porque hayamos venido a menos ni que se nos eche en el olvido. Repetimos que reclamamos para España un puesto preeminente en Europa.
Claro que este aislamiento en que se nos tiene y en el que está España como olvidada, no es culpa de los extranjeros, porque si fuéramos fuertes ya nos tendrían en cuenta. Tienen la culpa los mismos españoles que se han dejado arrebatar toda aquella gloria por mala política, por falta de preparación o por falta de patriotismo.
Porque no tenemos que engañarnos; España, con haber sido todo, ahora no es nada en el mundo.
Y a remediar todo esto es a lo que ha venido la Falange. A arrancar de cuajo la mala política que les hizo perder a los españoles la fe en sí mismos, y ya sin fe, perdieron el Imperio.
Pero como ahora creemos otra vez, como sabemos cierto, porque nos los ha dicho JOSE ANTONIO, que España tiene una misión que cumplir en el mundo, estamos seguros de que España volverá a alcanzar otra vez su plenitud de Imperio o dirección sobre todas aquellas naciones que fueron nuestras, que hablan nuestro idioma y creen en el mismo Dios. Porque, como dice este mismo Punto tercero: «Respecto de los países de Hispanoamérica, tendemos a la unificación de cultura, de intereses económicos y de poder. España alega su condición de eje espiritual del mundo Hispánico como título de preeminencia en las empresas universales».
Y queremos también para nuestra España influencia decisiva sobre aquellas otras naciones que no fueron nuestras, pero que en aquel tiempo oían nuestra voz con respeto.
Lo que no soporta tampoco la Falange es la mediatización extranjera. Nadie crea que porque España está débil vamos a permitir que se nos metan aquí a mangonearnos unos y otros países. España saldrá adelante por sí misma, porque le sobra todavía energía para arrojar de nuestro suelo a todo aquel que quiere dominarnos.
Esto no quiere decir que España no agradezca la ayuda generosa y desinteresada que países amigos como Italia, Portugal y Alemania, le han prestado durante la guerra; ni renunciar a colaborar con ellas en tanto coincidan con nuestras ideas para conseguir una armonía universal.
Una vez que se os han explicado todas estas cosas tenéis que saber quiénes fueron los hombres que consiguieron para España y sostuvieron el Imperio. Para que sepáis agradecerles aquella obra que hicieron por nosotros y no se os borren nunca sus nombres de la memoria.
Isabel I de Castilla y Fernando V de Aragón, que con la conquista de Granada, consiguieron la unidad de España y bajo cuyo reinado Cristóbal Colón descubrió América. Siglo XV.
Carlos I de España y V de Alemania, nieto de estos reyes que ensanchó aún más nuestro Imperio. Y Felipe II, hijo de Carlos V, bajo cuyo reinado llegó a ser tan extenso el Imperio de España que en sus dominios no se ponía el sol. En el siglo XVII, todavía España es una potencia mundial; pero en él comienza la decadencia, por obra de las continuas guerras que hicieron contra España sus enemigos, especialmente Inglaterra y Francia.
